Veinte años después de su partida y con muchas aventuras vividas: raptar una novia para posteriormente abandonarla en las montañas; a enamorar a la hija del rey de las montañas; a viajar a África y a vivir una tormenta que hunde su barco, regresa a su pequeño pueblo para descubrir que la felicidad estaba precisamente allí, en los brazos de Solveig aquella muchacha a la que abandonó hace veinte años y que hoy vieja y enamorada todavía le espera.
La Mañana.
Lo que escuchamos en esta pintura sonora del amanecer, el sol rompiendo entre las nubes y el sonido de la alondra y la corneja cenicienta, que se ríen de Peer Gynt.
Los gnomos, los trolls… son seres peligrosos, que no permiten que nadie se adentre en sus dominios. Pues nuestro querido Peer, os podéis imaginar que lo va a intentar, con la única intención de enamorar a la hija, precisamente del rey de los trolls. Lo conseguirá pero justo en el momento en el que nuestro protagonista huir de forma sigilosa de la cueva se da cuenta de que tiene a cientos de trolls mirándole con la única idea de devorarlo.
La búsqueda de aventuras lleva a nuestro protagonista a África, donde a nuestro querido Peer no se le va a ocurrir mejor idea que enamorarse de la bella Anitra. Aunque las cosas no le saldrán como él quiere porque la joven logrará deshacerse de él, dejándole arruinado y abandonado en el desierto.
Allí le sigue esperando la joven que se enamoró de él cuando eran jóvenes.
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