PINO vs HEIDEGGER: ¿QUÉ ES LA ESENCIA DE LA POESÍA?

En el número 592, de ÍNSULA (Abril de 1996), Antonio Piedra, a la sazón Director del Centro de Creación y Estudios Jorge Guillén, le dedica el artículo de cierre a Francisco Pino (págs. 34-35). Con motivo de la publicación unos meses antes de los tres volúmenes que conforman la obra experimental de Pino: Syno sino Poesía cierta mente ciertamente (obra que se encuentra, por cierto en el CPV). El artículo repasa brevemente los elementos claves de la experimentación poética y del vanguardismo militante de Pino. Para Piedra, “Pino parte de una constatación desoladora: tanto el verso como la palabra que lo expresa apenas sostienen, dice, “una tupida red que retiene poco”.

Piedra, a su vez, contrapone la idea que tiene Pino de la poesía y la palabra a las tesis que mantiene Heidegger acerca de la esencia de la poesía. Para Pino, según el articulista, “la palabra no se vincula en absoluto a la lógica de inasibilidad que tiene la poesía, y por tanto esa palabra es sólo una premisa de adecuación aparente que no define lo que es la esencia de la poesía en oposición a Heidegger”.

Valdría, por tanto, detenerse un poco en Heidegger para ver cómo la experimentación poética de Pino se contrapone al alemán. Por señalar generalidades, podemos recordar que en su conferencia “Hölderlin y la esencia de la poesía”, el filósofo considera a este, el poeta del poeta. Sin ser rigurosos, podemos admitir que su posición defiende que la poesía es un juego en el sentido de que no hay una elaboración o transformación material y técnica de cosas, sino que hay un ocuparse sin finalidad pero creativo, dentro del ámbito del lenguaje. Por esta relación entre ámbito de lo poético y lenguaje, hemos de centrar la mirada en el lenguaje para hallar lo esencial de la poesía. Aunque sería necesario continuar con un análisis de la llamada “diferencia ontológica”, y su famosa crítica a la metafísica, en la que se denuncia que la metafísica clásica, hasta él mismo, no trata del ser, sino del ente (entificación del ser) y que el proceso de instrumentalización de la realidad mediante la repetición en la era de la técnica no ha hecho sino aumentar esta distancia, lo que al final podemos concluir es que el poeta sería un intérprete de lo indecible. Y entonces nos sumergimos en todos esos discursos que apelan a lo inefable, a la capacidad de decir lo indecible por parte del auténtico vate, como en el caso de Hölderlin.

Frente a esta idea que tanto éxito a tenido, la poesía experimental, y la obra de Pino en este caso, aparece como otro modo de entender el poetizar, no desde la esencialidad, sino desde la materialidad de los objetos, no en la era de la reproducción técnica y sin sentido, sino más exactamente como modelo para desnudar la pretendida esencialidad de ese lenguaje poético que toma como paradigma a Hölderlin y que hace de la palabra el único modo de nombrar lo innombrable. No sería descabellado suponer qué pensaría Hölderlin o el propio Heidegger ante la poesía de Pino o la poesía fonética, por ejemplo. Quizás no sería aventurado afirmar que dicha obra y dicha forma de hacer poesía, estaría fuera de los cánones de lo que el alemán considera poesía o la esencialidad de la poesía. Y, sin embargo, ¿cómo no admitir que Pino tiene otra perspectiva más abierta de lo genuinamente poético?, ¿cómo no admitir que la poesía visual o experimental, los poemas-objetos, los poemas-acción, los libros de artista tocan de lleno la esencia de la poesía?

En el texto de referencia del pensador, el autor se pregunta, ¿quién es el hombre? Y se contesta: Aquel que debe mostrar lo que es. Podemos estar equivocados, pero cuando uno conoce las diversas manifestaciones de la poesía experimental, mantiene una duda razonable: la esencia de lo poético no está en la mera palabra, está en otra parte, en más partes, en todas partes. Lo crucial no es el lenguaje, sino la mirada y la perspectiva abierta del que reconoce múltiples variables para hablar de poesía, de experimentar lo poético.

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