Posts Tagged ‘César Moreno’

EL PAPEL JOVIAL DEL SUJETO QUE MIRA Y LEE.

lunes, agosto 12th, 2013

De la DESUBJETIVIZACIÓN a la INTERSUBJETIVIDAD EN LA LECTURA DE POEMAS-VISUALES.

El sujeto, el yo, ha experimentado en la época de las vanguardias una transformación, una metamorfosis radical. No es sujeto en el mundo, lleno de culpa, angustia o hastío existencial, es, si se nos permite la travesura, un yo un tanto extraño, mitad surrealista, mitad dadísta, un yo que yollea, al decir de Oliverio Girondo. (En la Biblioteca Virtual Cervantes existe un audio del poema con la voz del propio Girondo).

            ¿Cómo entender este yo que rompe con los modos tradicionales de presentarse este concepto en metafísica? ¿Es un yo que se extasía aún de su existencia finita porque reconoce en él atisbos de una existencia infinita y omniabarcadora? No sólo yolla. ¿Es un yo que se queja de su situación precaria en el mundo por sentirse abandonado, arrojado sin hallar respuestas salvo su propia libertad? No sólo yolla. ¿Es un yo narcicista, que cree tener en sus manos la capacidad tecnológica de dominar el mundo? No sólo yolla y yolla y yolla. Al modo dadá o del mismo Huidobro y su Altazor (pensamos, sobre todo en el Canto VII), pero que necesita entablar comunicación con otros yos que yollan.

     Lo anterior (es decir, la incorporación en el terreno de la literatura de la lógica del kit, hágalo usted mismo, es decir, el trabajo a partir de una serie de elementos preestablecidos, piezas para armar e instrucciones de uso, responde a una estrategia de des-subjetivación en donde ya no es el escritor el que escribe el texto, sino que este se concreta en la interacción con el lector (tenemos presente del CPV los poemas procesos de Bartolomé Ferrando -por cierto, en twitter pueden buscarse algunas #PropuestasPoéticas, a través de #BartoloméFerrando o de mi @1tristeprofesor).

     ¿La intersubjetividad husserliana iría por este camino? No podemos pensar en ningún caso el problema de la intersubjetividad como mera adicción de sujetos o yoes, o de suplantación azarosa y caprichosa de un sujeto por otro, sino, precisamente, al modo que propone César Moreno, de pensar el Otro como “mi posible ser-de-otro-modo”. Y esto hacerlo inspirado por las estrategias de des-subjetivación señaladas más abajo en los hitos que señala Belén Gaché, en, por ejemplo, sus ESCRITURAS NOMADES.  Esta autora señala tres hitos:

 HITOS:

M. Duchamp, en 1919. Obra: Unhappy ready-made.

(Regalo de casamiento para su hermana. Especie de manual escolar con ejercicios para resolver que debía ser colgado por los recién casados de un balcón, expuesto a la intemperie. Modelos y diagramas precisos, exactos, surgidos de años de investigación y análisis se encontrarían finalmente con la naturaleza que pretendían cartografiar y explicar y que los borraría con toda su contundencia).

 

Bretón, Secretos del arte mágico del surrealismo.

(Ejemplo: Composición surrealista).

 

Grupo Fluxus, en 1950.

(Instrucciones que proponían una serie de acciones mentales o físicas para ser llevados a cabo por el propio espectador/lector).

 

Pero, como hemos dicho más arriba, podrían valer también los poemas-acción de Bartolomé Ferrando. Recordemos, por ejemplo, el PROYECTO I, que podemos encontrar en su Texto Poético 7. (Nos hubieran valido también en este epígrafe muchos de los  poemas de Yoko Ono (por ejemplo: Obra terrestre; Obra para voz de soprano; Strip tease para tres…)

     En este poema de Bartolomé Ferrando no se pretende terminar con la palabras, lo que en el Poema/Proceso o el poema acción reafirma es que el poema se realiza y cobra sentido con el proceso mismo de participación. El camino hacia la intersubjetividad queda también abierto a través de estas experiencias poéticas; que recuerdan dicho sea de paso, sin duda, a los poemas futuristas lanzados desde avionetas en Roma hace ya más de 70 años.

         Apropiándonos de las palabras de Cesar Moreno y salvando todas las distancias, ya que el catedrático está estudiando el objeto surrealista de Man Ray, y, por tanto está interpretando otras realidades, creemos que sus palabras aclaran lo que nosotros intentamos defender en este artículo de hoy:

«La extrañeza de los objetos es posible sólo en relación con una subjetividad que va más allá de los objetos meramente objetivos, cotidianos, utilitarios… y ve-más allá del mero objeto, siente-más, piensa-más: es decir, quiere ver, sentir, pensar más. Así puede comprenderse que el objeto surreal sólo sea posible en una intencionalidad de horizonte en la que la apertura del horizonte va más allá de la estructura de determinación o del eidos, potenciando la indeterminación. Lo que hemos dicho antes sobre la desviación del objeto surreal frente al eidos (de modo que sería necesario pensar una trans-eidética), encuentra su complemento en el exceso o en el mentar-más de la intencionalidad de horizonte.  Así se puede comprender que lo más importante en esta intencionalidad no sería (sólo) la prescripción eidética como juramento u obligación-de-lo-posible, sino sobre todo la apertura descriptiva al Objeto-en-libertad, pues he aquí que aquella plancha de Man Ray, convertida en regalo, ¡es posible!»


 

LA LÍRICA DE LA INTEMPERIE O LA PALABRA HECHA PEDAZOS

jueves, agosto 1st, 2013

   Para ser honestos, este apartado deberíamos presentarlo con un poema que fuera en sentido estricto un collage. Porque en el fondo, el punto de partida que desencadena nuestra siguiente argumentación nace del siguiente comentario que César Moreno expone en su artículo Collage y simultaneidad. Nos referimos a la siguiente cita: «Quizás el fenomenólogo podría recordar a Heidegger -por ejemplo- que todo logos no se agota en acoger o abrigar, sino que es acontecimiento-del-desabrigo de la fenomenalidad, eso sí, al-unísono». Sin embargo, lo hacemos con el Poema de Man Ray, que nos coloca en una situación fenomenológica, cuando menos, incómoda.

 PARA VER/LEER EL POEMA Y PODER ILUSTRAR MI ENTRADA PINCHA AQUÍ

    ¿Qué podemos decir ante este poema de Man Ray? Como mínimo, que no deja de ser otro regalo, otro cadeau, otro “regalito” (como es la plancha con clavos del enlace anterior), diríamos coloquialmente para acertar con la intención del autor. Y, desde luego, contestar con otra pregunta que desafía a la anterior: ¿por qué no?, ¿por qué no un poema como este en una época como la nuestra o en una época que existía con éxito un Cabaret Voltaire?, ¿qué impide la existencia “de hecho” y “de derecho” de tal poema hoy en día? Por citar de nuevo a César Moreno, en el texto sobre Acéfalo, propone lo siguiente: «En efecto. A mi entender, una de las preguntas que mejor caracterizan nuestra época (y estoy seguro de que podríamos aducir muchos ejemplos), no es aquella que pregunta por las razones para admitir algo (¿Por qué sí?), sino aquella otra que pregunta por las razones para excluirlo, esto es, la pregunta ¿Por qué no?»

   Pero debemos decir algo más. Ese “algo” proviene de una tradición lírica de desamparo, una lírica a la intemperie, con motivos poéticos que se alejan del simbolismo y de la modernidad. Aquí, en un poema, y aquí hay que detenerse, la palabra no se nos presenta. Y la tesitura parece ser, precisamente, añadir alguna palabra al poema. Ante nuestra mudez, ¿cómo podemos leer este poema, que a diferencia del Silencio de Gomringer no nos deja siquiera un resquicio para la voz o su ausencia como espacio-en-blanco en el papel? Responder es harto complicado. Porque tal vez el secreto, su misterio se halla en que este poema que no podemos leer se lee: mostrándolo.

   (Cada vez que tengo en mente este poema, me acuerdo de Ángel Crespo, que tanto ayudó a Ángel Carmona en su V2: «Después de todo, es posible que se aporte más poesía en el acto de leer un poema que en el de escribirlo».(En, Ángel Carmona, Poemas V2, poesía compuesta por una computadora, Star, 1976, página10.))

   Y, sin embargo, el poema presenta aún una evidencia fenomenológicamente fecunda, la evidencia de la palabra hecha pedazos. No su ausencia, sino, sin mostrarse como tal, la palabra deshecha, hecha pedazos. De esa encrucijada que define a la poesía vanguardista, surge el recurso entrecortado, espacializado del Poema de Man Ray. Y desde esos pedazos rotos, creados en este poema misteriosamente brotan los interrogantes sobre el tiempo, el sentido de la vida, la resistencia al desencanto que el mundo arroja cotidianamente sobre quienes quieren un mundo más tranquilo y confortable, si se quiere. Pero el Poema va más allá o más acá todavía de estas lecturas propiciadas por una fenomenología existencial, al modo sartreano (posiblemente uno de los mejores lectores de Husserl, ahora que pocos filósofos nos escuchan). El poema de Man Ray nos coloca a la intemperie del mundo y del pensamiento, y paradójicamente, ¿lo nombra? formulado desde una posición que evidencia su fragilidad, no ocultándose en forma de espacio en blanco (cuando afirmo lo anterior, pienso en las posiciones poéticas de O. Paz, por ejemplo, En el arco y la lira; o mejor en su Mono gramático, sin embargo, la lectura de este autor, antes me parecían muchas más solidas que ahora, que nos enfrentamos a otra poética distinta…); sino más bien, trayendo a presencia una ontología de la fragilidad dada por la conciencia irreversible de saberse «afuera», tal vez, como lo pensaba Derrida dicho afuera. (Para un estudio del concepto «afuera» en Derrida, pincha aquí).

¿Cómo se lee un poema visual desde la fenomenología? (Primera Parte).

viernes, julio 19th, 2013

EPOJÉ Y REDUCCIÓN FENOMENOLÓGICA APLICADO A LA PV.

Debemos atrevernos a preguntar por el papel que podrían jugar algunos conceptos de la fenomenología de Husserl, para los casos que aquí traeremos a colación. Cuando uno se acerca a la Poesía Visual, experimental o de vanguardia, obviamente, tiende a hacerlo desde su propia formación. El reto es ver con los ojos del fenomenólogo las posibilidades que brinda la Poesía Visual. Ahora bien, en estas breves acotaciones a la Poesía Visual a través de la fenomenología, no queremos resultar pretenciosos y el acercamiento lo realizaremos desde concepciones fenomenológicas básicas, aunque no exentas de profundidad. Ya que, entendemos, que no es este un encuentro de especialistas en Fenomenología.

Ahora bien, desde el inicio, uno se puede preguntar lo siguiente: ¿No apunta la manera de leer o acercarse a los poemas vanguardistas y visuales al concepto de epojé que Husserl mantiene en el famoso §8 de sus Meditaciones cartesianas? (Husserl, Meditaciones cartesianas, Antrophos, Madrid.)

Edmund Husserl utiliza este término para designar un recurso de su método fenomenológico, mediante el cual pone entre paréntesis el mundo objetivo y establece contacto, por así decir, con su propio yo o cogito. Esta epokhé o esta puesta entre paréntesis del mundo no nos enfrenta a una pura nada ni es expresión de un escepticismo, pero mediante ella nos apropiamos de nuestras propias vivencias y del universo de los fenómenos, en el sentido fenomenológico. En el párrafo al que hacemos referencia, Husserl añade:

La epokhé es, así también puede decirse, el método radical y universal por medio del cual yo me capto puramente como yo, y con mi propia vida pura de conciencia en la cual y por la cual es para mí el entero mundo objetivo y tal como él es precisamente para mí.

Debemos intentar afinar más la cuestión, antes de emitir una respuesta a esta pregunta, ya que sospechamos, que más que de realizar un momento de epojé, se trata más bien de la reducción fenomenológica lo que se pone en juego al leer un poema experimental. Es ésta una cuestión para especialistas, no es el lugar aquí de enredarnos en ella, pero debemos anotarla.

La primera regla para leer un poema experimental, si hacemos caso a Félix Morales Prado, radica en situarse ante el poema borrando de la mente todos los prejuicios adquiridos acerca de lo que debe ser la poesía en general y lo que llamamos un poema clásico en particular (Poesía experimental española (1963-2004), (2004, Madrid)). Y he aquí, la primera conexión: para leer los poemas vanguardistas necesitamos superar la actitud natural, de la que hablaba Husserl y «que se caracteriza básicamente por asumir el mundo predado sin cuestionarse la posibilidad de conocimiento efectivo de su “realidad”» (César Moreno Márquez, en Fenomenología y filosofía existencial, Síntesis, 2000, vol.I. página 95). Sin entrar en discusiones fenomenológicas más profundas sobre estos conceptos, defendemos que no es necesario tener presente para leer o enfrentarse a un poema experimental, de igual modo, ningún tipo de conocimiento teórico previo, y que más bien lo que debemos aportar para la lectura, o recepción de un poema visual (Poesía experimental española (1963-2004), (2004, Madrid), página 130) pasa por considerar, en un primer momento, radicalmente su lectura como una apertura del sujeto al mundo.

Hacer esto, ser capaces de enfrentarse a los poemas visuales, supone un paso necesario para superar la actitud natural. El grito clásico de la fenomenología de Husserl, su “ir así a las cosas mismas”, en este caso a los poemas visuales, resulta ya un salto cualitativo que las vanguardias poéticas favorecen de manera clara. Por poner un ejemplo concreto de lo que estamos intentando explicar, recordamos el poema YOLLEO de O. Girondo. Sólo haciendo epojé puede un lector asumir dicho poema, en su darse como tal, en su realidad. (Para ver este poema visitar, por ejemplo, la siguiente página: www.cervantesvirtual.com/bib_autor/Girondo/index.shtml)

Si no hemos interpretado erróneamente lo que supone la poesía de vanguardia, por ejemplo, si recordamos la editorial de la revista Ínsula (VVAA, Revista ínsula, Nº 603-604, “Ver la poesía: la imagen gráfica del verso”, 1997), debemos afirmar tajantemente que este tipo de poesía no sólo se «lee», sino que, también, se «ve». Esta característica confirma que el «poema» es un objeto de naturaleza real y concreta y no una entidad de naturaleza abstracta como lo es la «poesía». Por lo que de algún modo se estaría invalidado la pregunta metafísica acerca de la esencia de la poesía, v.g., al modo de Heidegger en su obra sobre Hölderlin.

Y, sin embargo, en un segundo momento, el poema apunta hacia un desfondamiento que, si se nos permite la paráfrasis, significa «atenerse al campo despejado que la epojé ha hecho posible» (César Moreno Márquez, Fenomenología y filosofía existencial, Síntesis, 2000, página 98.), por tanto, a la reducción fenomenológica.