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¿Cómo se lee un poema visual desde la fenomenología? (Primera Parte).

viernes, julio 19th, 2013

EPOJÉ Y REDUCCIÓN FENOMENOLÓGICA APLICADO A LA PV.

Debemos atrevernos a preguntar por el papel que podrían jugar algunos conceptos de la fenomenología de Husserl, para los casos que aquí traeremos a colación. Cuando uno se acerca a la Poesía Visual, experimental o de vanguardia, obviamente, tiende a hacerlo desde su propia formación. El reto es ver con los ojos del fenomenólogo las posibilidades que brinda la Poesía Visual. Ahora bien, en estas breves acotaciones a la Poesía Visual a través de la fenomenología, no queremos resultar pretenciosos y el acercamiento lo realizaremos desde concepciones fenomenológicas básicas, aunque no exentas de profundidad. Ya que, entendemos, que no es este un encuentro de especialistas en Fenomenología.

Ahora bien, desde el inicio, uno se puede preguntar lo siguiente: ¿No apunta la manera de leer o acercarse a los poemas vanguardistas y visuales al concepto de epojé que Husserl mantiene en el famoso §8 de sus Meditaciones cartesianas? (Husserl, Meditaciones cartesianas, Antrophos, Madrid.)

Edmund Husserl utiliza este término para designar un recurso de su método fenomenológico, mediante el cual pone entre paréntesis el mundo objetivo y establece contacto, por así decir, con su propio yo o cogito. Esta epokhé o esta puesta entre paréntesis del mundo no nos enfrenta a una pura nada ni es expresión de un escepticismo, pero mediante ella nos apropiamos de nuestras propias vivencias y del universo de los fenómenos, en el sentido fenomenológico. En el párrafo al que hacemos referencia, Husserl añade:

La epokhé es, así también puede decirse, el método radical y universal por medio del cual yo me capto puramente como yo, y con mi propia vida pura de conciencia en la cual y por la cual es para mí el entero mundo objetivo y tal como él es precisamente para mí.

Debemos intentar afinar más la cuestión, antes de emitir una respuesta a esta pregunta, ya que sospechamos, que más que de realizar un momento de epojé, se trata más bien de la reducción fenomenológica lo que se pone en juego al leer un poema experimental. Es ésta una cuestión para especialistas, no es el lugar aquí de enredarnos en ella, pero debemos anotarla.

La primera regla para leer un poema experimental, si hacemos caso a Félix Morales Prado, radica en situarse ante el poema borrando de la mente todos los prejuicios adquiridos acerca de lo que debe ser la poesía en general y lo que llamamos un poema clásico en particular (Poesía experimental española (1963-2004), (2004, Madrid)). Y he aquí, la primera conexión: para leer los poemas vanguardistas necesitamos superar la actitud natural, de la que hablaba Husserl y «que se caracteriza básicamente por asumir el mundo predado sin cuestionarse la posibilidad de conocimiento efectivo de su “realidad”» (César Moreno Márquez, en Fenomenología y filosofía existencial, Síntesis, 2000, vol.I. página 95). Sin entrar en discusiones fenomenológicas más profundas sobre estos conceptos, defendemos que no es necesario tener presente para leer o enfrentarse a un poema experimental, de igual modo, ningún tipo de conocimiento teórico previo, y que más bien lo que debemos aportar para la lectura, o recepción de un poema visual (Poesía experimental española (1963-2004), (2004, Madrid), página 130) pasa por considerar, en un primer momento, radicalmente su lectura como una apertura del sujeto al mundo.

Hacer esto, ser capaces de enfrentarse a los poemas visuales, supone un paso necesario para superar la actitud natural. El grito clásico de la fenomenología de Husserl, su “ir así a las cosas mismas”, en este caso a los poemas visuales, resulta ya un salto cualitativo que las vanguardias poéticas favorecen de manera clara. Por poner un ejemplo concreto de lo que estamos intentando explicar, recordamos el poema YOLLEO de O. Girondo. Sólo haciendo epojé puede un lector asumir dicho poema, en su darse como tal, en su realidad. (Para ver este poema visitar, por ejemplo, la siguiente página: www.cervantesvirtual.com/bib_autor/Girondo/index.shtml)

Si no hemos interpretado erróneamente lo que supone la poesía de vanguardia, por ejemplo, si recordamos la editorial de la revista Ínsula (VVAA, Revista ínsula, Nº 603-604, “Ver la poesía: la imagen gráfica del verso”, 1997), debemos afirmar tajantemente que este tipo de poesía no sólo se «lee», sino que, también, se «ve». Esta característica confirma que el «poema» es un objeto de naturaleza real y concreta y no una entidad de naturaleza abstracta como lo es la «poesía». Por lo que de algún modo se estaría invalidado la pregunta metafísica acerca de la esencia de la poesía, v.g., al modo de Heidegger en su obra sobre Hölderlin.

Y, sin embargo, en un segundo momento, el poema apunta hacia un desfondamiento que, si se nos permite la paráfrasis, significa «atenerse al campo despejado que la epojé ha hecho posible» (César Moreno Márquez, Fenomenología y filosofía existencial, Síntesis, 2000, página 98.), por tanto, a la reducción fenomenológica.

¿Cómo se lee un PV?

miércoles, julio 17th, 2013

En el libro introductorio de FÉLIX MORALES PRADO, Poesía experimental española (1963-2004), (2004, Madrid), en forma de APÉNDICE se nos ofrecen unas Notas para la lectura de poemas experimentales (págs., 129- 133), que reproducimos aquí porque son susceptibles de aplicación a la PV.

 

La primera regla para leer un poema experimental radica en situarse ante él borrando de la mente todos los prejuicios adquiridos acerca de lo que debe ser la poesía. Debe hacerse, en suma, como se mira una puesta de sol por primera vez en la vida.

La lectura de estos poemas requiere una actitud abierta a las sugerencias y evocaciones que pueden derivarse del contacto con ellos. El siguiente texto de Octavio Paz, referido al poema-objeto y aplicable a toda la poesía experimental, puede ilustrarnos en tal sentido:

    …su sintaxis es otra y está hecha de choques, disyunciones, lagunas y saltos sobre el vacío. Pero lo que se pierde en inintegilibilidad se gana en poder de sorpresa e  invención. A veces el choque entre la imagen y el texto escrito se resuelve en opacidad, otras en fuego de artificio; otras en breve llamarada. En el poema-objeto la poesía no opera únicamente como puente sino también como explosivo. Arrancados de su contexto, los objetos se desvían de sus usos y de su significación. Oscilan entre lo que son y lo que significaron. No son ya objetos y tampoco son enteramente signos.  Entonces, ¿qué son? Son cosas mudas que hablan. Verlas es oírlas. ¿Qué dicen? Dicen adivinanzas, enigmas. De pronto esos enigmas se entreabren y dejan escapar, como la crisálida a la mariposa, revelaciones instantáneas.

 

(…).

Ningún tipo de conocimiento teórico previo resulta necesario para la recepción, o lectura, de un poema visual, lo mismo que tampoco lo es para la recepción de un anuncio publicitario, también integrado por diversos códigos.

(…).

Al igual que en cualquier otro texto, pero en el caso del poema visual más, la lectura de éste ha de completarse con los datos aportados por el contexto, es decir, por los elementos que rodean al texto, entre los que cuenta el propio lector y su universo privado. De tal forma, un poema visual no estaría muy lejos de la definición que da el profesor Fernández Serrato en ¿Cómo se lee un poema visual?: “una producción de sugerencias connotativas”. Nos enfrentamos a la recontextualización de una serie de elementos provocadora de sugerencias estéticas que modifican la visión habitual de las cosas.