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PINO vs HEIDEGGER: ¿QUÉ ES LA ESENCIA DE LA POESÍA?

jueves, noviembre 19th, 2015

En el número 592, de ÍNSULA (Abril de 1996), Antonio Piedra, a la sazón Director del Centro de Creación y Estudios Jorge Guillén, le dedica el artículo de cierre a Francisco Pino (págs. 34-35). Con motivo de la publicación unos meses antes de los tres volúmenes que conforman la obra experimental de Pino: Syno sino Poesía cierta mente ciertamente (obra que se encuentra, por cierto en el CPV). El artículo repasa brevemente los elementos claves de la experimentación poética y del vanguardismo militante de Pino. Para Piedra, “Pino parte de una constatación desoladora: tanto el verso como la palabra que lo expresa apenas sostienen, dice, “una tupida red que retiene poco”.

Piedra, a su vez, contrapone la idea que tiene Pino de la poesía y la palabra a las tesis que mantiene Heidegger acerca de la esencia de la poesía. Para Pino, según el articulista, “la palabra no se vincula en absoluto a la lógica de inasibilidad que tiene la poesía, y por tanto esa palabra es sólo una premisa de adecuación aparente que no define lo que es la esencia de la poesía en oposición a Heidegger”.

Valdría, por tanto, detenerse un poco en Heidegger para ver cómo la experimentación poética de Pino se contrapone al alemán. Por señalar generalidades, podemos recordar que en su conferencia “Hölderlin y la esencia de la poesía”, el filósofo considera a este, el poeta del poeta. Sin ser rigurosos, podemos admitir que su posición defiende que la poesía es un juego en el sentido de que no hay una elaboración o transformación material y técnica de cosas, sino que hay un ocuparse sin finalidad pero creativo, dentro del ámbito del lenguaje. Por esta relación entre ámbito de lo poético y lenguaje, hemos de centrar la mirada en el lenguaje para hallar lo esencial de la poesía. Aunque sería necesario continuar con un análisis de la llamada “diferencia ontológica”, y su famosa crítica a la metafísica, en la que se denuncia que la metafísica clásica, hasta él mismo, no trata del ser, sino del ente (entificación del ser) y que el proceso de instrumentalización de la realidad mediante la repetición en la era de la técnica no ha hecho sino aumentar esta distancia, lo que al final podemos concluir es que el poeta sería un intérprete de lo indecible. Y entonces nos sumergimos en todos esos discursos que apelan a lo inefable, a la capacidad de decir lo indecible por parte del auténtico vate, como en el caso de Hölderlin.

Frente a esta idea que tanto éxito a tenido, la poesía experimental, y la obra de Pino en este caso, aparece como otro modo de entender el poetizar, no desde la esencialidad, sino desde la materialidad de los objetos, no en la era de la reproducción técnica y sin sentido, sino más exactamente como modelo para desnudar la pretendida esencialidad de ese lenguaje poético que toma como paradigma a Hölderlin y que hace de la palabra el único modo de nombrar lo innombrable. No sería descabellado suponer qué pensaría Hölderlin o el propio Heidegger ante la poesía de Pino o la poesía fonética, por ejemplo. Quizás no sería aventurado afirmar que dicha obra y dicha forma de hacer poesía, estaría fuera de los cánones de lo que el alemán considera poesía o la esencialidad de la poesía. Y, sin embargo, ¿cómo no admitir que Pino tiene otra perspectiva más abierta de lo genuinamente poético?, ¿cómo no admitir que la poesía visual o experimental, los poemas-objetos, los poemas-acción, los libros de artista tocan de lleno la esencia de la poesía?

En el texto de referencia del pensador, el autor se pregunta, ¿quién es el hombre? Y se contesta: Aquel que debe mostrar lo que es. Podemos estar equivocados, pero cuando uno conoce las diversas manifestaciones de la poesía experimental, mantiene una duda razonable: la esencia de lo poético no está en la mera palabra, está en otra parte, en más partes, en todas partes. Lo crucial no es el lenguaje, sino la mirada y la perspectiva abierta del que reconoce múltiples variables para hablar de poesía, de experimentar lo poético.

¿Cómo se lee un poema visual desde la fenomenología? (Primera Parte).

viernes, julio 19th, 2013

EPOJÉ Y REDUCCIÓN FENOMENOLÓGICA APLICADO A LA PV.

Debemos atrevernos a preguntar por el papel que podrían jugar algunos conceptos de la fenomenología de Husserl, para los casos que aquí traeremos a colación. Cuando uno se acerca a la Poesía Visual, experimental o de vanguardia, obviamente, tiende a hacerlo desde su propia formación. El reto es ver con los ojos del fenomenólogo las posibilidades que brinda la Poesía Visual. Ahora bien, en estas breves acotaciones a la Poesía Visual a través de la fenomenología, no queremos resultar pretenciosos y el acercamiento lo realizaremos desde concepciones fenomenológicas básicas, aunque no exentas de profundidad. Ya que, entendemos, que no es este un encuentro de especialistas en Fenomenología.

Ahora bien, desde el inicio, uno se puede preguntar lo siguiente: ¿No apunta la manera de leer o acercarse a los poemas vanguardistas y visuales al concepto de epojé que Husserl mantiene en el famoso §8 de sus Meditaciones cartesianas? (Husserl, Meditaciones cartesianas, Antrophos, Madrid.)

Edmund Husserl utiliza este término para designar un recurso de su método fenomenológico, mediante el cual pone entre paréntesis el mundo objetivo y establece contacto, por así decir, con su propio yo o cogito. Esta epokhé o esta puesta entre paréntesis del mundo no nos enfrenta a una pura nada ni es expresión de un escepticismo, pero mediante ella nos apropiamos de nuestras propias vivencias y del universo de los fenómenos, en el sentido fenomenológico. En el párrafo al que hacemos referencia, Husserl añade:

La epokhé es, así también puede decirse, el método radical y universal por medio del cual yo me capto puramente como yo, y con mi propia vida pura de conciencia en la cual y por la cual es para mí el entero mundo objetivo y tal como él es precisamente para mí.

Debemos intentar afinar más la cuestión, antes de emitir una respuesta a esta pregunta, ya que sospechamos, que más que de realizar un momento de epojé, se trata más bien de la reducción fenomenológica lo que se pone en juego al leer un poema experimental. Es ésta una cuestión para especialistas, no es el lugar aquí de enredarnos en ella, pero debemos anotarla.

La primera regla para leer un poema experimental, si hacemos caso a Félix Morales Prado, radica en situarse ante el poema borrando de la mente todos los prejuicios adquiridos acerca de lo que debe ser la poesía en general y lo que llamamos un poema clásico en particular (Poesía experimental española (1963-2004), (2004, Madrid)). Y he aquí, la primera conexión: para leer los poemas vanguardistas necesitamos superar la actitud natural, de la que hablaba Husserl y «que se caracteriza básicamente por asumir el mundo predado sin cuestionarse la posibilidad de conocimiento efectivo de su “realidad”» (César Moreno Márquez, en Fenomenología y filosofía existencial, Síntesis, 2000, vol.I. página 95). Sin entrar en discusiones fenomenológicas más profundas sobre estos conceptos, defendemos que no es necesario tener presente para leer o enfrentarse a un poema experimental, de igual modo, ningún tipo de conocimiento teórico previo, y que más bien lo que debemos aportar para la lectura, o recepción de un poema visual (Poesía experimental española (1963-2004), (2004, Madrid), página 130) pasa por considerar, en un primer momento, radicalmente su lectura como una apertura del sujeto al mundo.

Hacer esto, ser capaces de enfrentarse a los poemas visuales, supone un paso necesario para superar la actitud natural. El grito clásico de la fenomenología de Husserl, su “ir así a las cosas mismas”, en este caso a los poemas visuales, resulta ya un salto cualitativo que las vanguardias poéticas favorecen de manera clara. Por poner un ejemplo concreto de lo que estamos intentando explicar, recordamos el poema YOLLEO de O. Girondo. Sólo haciendo epojé puede un lector asumir dicho poema, en su darse como tal, en su realidad. (Para ver este poema visitar, por ejemplo, la siguiente página: www.cervantesvirtual.com/bib_autor/Girondo/index.shtml)

Si no hemos interpretado erróneamente lo que supone la poesía de vanguardia, por ejemplo, si recordamos la editorial de la revista Ínsula (VVAA, Revista ínsula, Nº 603-604, “Ver la poesía: la imagen gráfica del verso”, 1997), debemos afirmar tajantemente que este tipo de poesía no sólo se «lee», sino que, también, se «ve». Esta característica confirma que el «poema» es un objeto de naturaleza real y concreta y no una entidad de naturaleza abstracta como lo es la «poesía». Por lo que de algún modo se estaría invalidado la pregunta metafísica acerca de la esencia de la poesía, v.g., al modo de Heidegger en su obra sobre Hölderlin.

Y, sin embargo, en un segundo momento, el poema apunta hacia un desfondamiento que, si se nos permite la paráfrasis, significa «atenerse al campo despejado que la epojé ha hecho posible» (César Moreno Márquez, Fenomenología y filosofía existencial, Síntesis, 2000, página 98.), por tanto, a la reducción fenomenológica.