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EL POEMA VISUAL INTENTA LO IMPOSIBLE: PRESENTAR (QUE NO REPRESENTAR) LA AUSENCIA.

domingo, julio 28th, 2013

Es un lugar común en los manuales de la literatura consultados, señalar que en las vanguardias el lenguaje debe admitir su condición de artificio. Ahora bien, la cosa se complica ontológicamente si prestamos atención al hecho de que en la poesía de vanguardia o experimental lo que se busca, a modo de artificio, si se quiere, o a modo de juego, es el intento de hacer un lugar para la ausencia. O por decirlo más llanamente, un intento de presentar la ausencia en el poema. Este intento es por antonomasia un tema clásico del pensamiento fenomenológico de Heidegger, por ejemplo, y no podemos soslayar los análisis sesudos del autor de Ser y tiempo al respecto,  sobre todo en los artículos dedicados a Hölderlin y a la esencia de la poesía.

No obstante no nos vamos a detener en él en este artículo, porque queremos ir directamente al poema clásico de Gomringer. Para ver la imagen y los comentarios de Padín, pincha aquí.

 ¿Cómo no admitir que con el poema concretista de Gomringer se presenta ante nuestros ojos la ausencia misma?

 Si hacemos caso a uno de los disidentes del grupo brasileño Noigrandes, donde aparece el concretismo por vez primera, lo que se busca no es acentuar las relaciones mecánicas entre las palabras, sino más bien acentuar el vacío entre ellas, de aquí, dicho con toda precaución, la aparición del silencio. Para Ferreira Gullar, que es el autor al que tenemos en mente al ver/leer el poema anterior, en la poesía en general, y para nosotros, en este poema en particular, la página se torna, a nuestra mirada, “silencio materializado». En un texto que lleva por título «Teoria del No-Objeto» (el título no puede ser más evocador para un filósofo y para la fenomenología), este autor, (1960) define lo «no-dicho» como la única fuente de la poesía que se trasmite a través del no-objeto. No es «un anti-objeto sino un objeto especial en el cual se pretende realizada una síntesis de experiencias sensoriales y mentales: un cuerpo transparente al conocimiento fenomenológico, íntegramente perceptible, que tiende a la percepción sin dejar resto. Una pura apariencia» -como comenta magistralmente Clemente Padín al explicar el concretismo (por ejemplo, en este artículo en BOEK).

Podríamos admitir sin aspavientos, que la formulación poética que tenemos ante nuestra mirada se sostiene no porque aparezca a la manera de la destrucción del verso, si no en el hecho que se replantea la primacía de la sintaxis visual. Admitir ingenuamente que en todo poema las palabras se sustentan por el blanco de la página, y que dicho andamiaje podría convenir con la representación del silencio, sería absurdo, cuando no malintencionado. El silencio, en tanto representación de la ausencia, no funciona como un espacio simbólico de ampliación del referente “silencio”,  sino que, bajo nuestro punto de vista amplía el significado mismo del silencio. En el poema de Gomringer, el espacio vivencial de las palabras se suma o intensifica el espacio existencial, tanto del objeto que aparece como del sujeto ante el que aparece. Es decir, nosotros mismos. Como reconoce Clemente Padín en los estudios sobre este movimiento.

Pero, ¿podemos ir un poco más lejos en nuestra mirada? Claro, pero en otro momento, en otra entrada…

EL EXTRAÑAMIENTO EN LA PV. NO ES DEL REFERENTE, SINO DEL SENTIDO

sábado, julio 27th, 2013

   Como creemos sospechar, la técnica del caligrama apunta, si no nos esquiva una complejidad ontológica mayor. No se trata de pensar, de buscar, de asirnos, por así decirlo, al referente del poema. Es decir, el caligrama es un poema como un pájaro (Apollinaire), un poema como una campana de iglesia (Huidobro), que  parecen apuntar siempre al referente. Pero si traemos a presencia otros poemas que, gracias a los anteriores, derivan en una abstracción formal, el problema del referente deja de tener importancia a favor del problema del significado o del sentido. Dicho de otra manera, reducir la cuestión al plano del referente sería reconocer que podemos racionalizar el poema mecánica o técnicamente. Con lo que el desafío para el pensamiento se debilita, incluso queda reducido o supeditado a la manipulación tecnológica, industrial, etc. Ya que, en cuanto se conoce el referente la conciencia reposa, descansa en ese objeto representado y el reto quedaría encuadrado en discusiones lingüísticas y formales, perdiéndose, no en vano, el espíritu de las vanguardias, que en nuestro caso identificamos con el espíritu de Hugo Ball, entre otros, y lo que ocurría y planteaba el Café Voltaire: lo que podría denominarse la hipótesis Voltaire.

   Sin embargo, lo que está por pensar a partir de los caligramas y la poesía visual o experimental es el extrañamiento, propiamente hablando, del sentido. Por ejemplo, esto debemos tenerlo en cuenta para el siguiente caso de temáticas líricas tradicionales, como pueden ser el “Poema de Amor”, de Antonio Gómez, que se encuentra en los archivos del CPV.

   De nada nos sirven los psicologismos, ni reducirlo todo a una subjetividad débil ante la presencia de esto nuevo y extraño objeto poético. Por otra parte, este poema, y hemos cogido este, como podíamos coger otros, certifican que la poesía visual, al querer alejarse todo lo posible del lenguaje verbal (tajante en el poema tratado), practica una economía de expresiones lingüísticas, que cae a menudo en el uso de muy pocas palabras con lo cual sus posibilidades de emplear recursos retóricos complejos se ve muy reducida, limitándose en general, al empleo en muchos casos de una fuerte carga metafórica, que aprovecha de la técnica del collage. En otra entrada volveremos a decir algo sobre el collage, que nos parece crucial para las vanguardias, pero también para el reto de pensar fenomenológicamente la PV.