VIAJE DE 1º DE BACHILLERATO

Como cada año por estas fechas aprovechando el puente de Andalucía, los alumnos de primero de bachiller de nuestro instituto han realizado el anhelado viaje de estudios con el que llevaban soñando desde principio de curso. En esta ocasión acompañaron los profesores de francés Don Rubén y Dña Lola, Dña Ayelén de Dibujo y Dña Ana Azanza de filosofía.
Ha sido un poco más largo de lo habitual, nos hemos beneficiado del año bisiesto.
La excusión la formaban 72 alumnos además de los profesores y la novedad es que no se trataba del tradicional viaje a Italia sino de un crucero por el Mediterráneo Occidental. El barco Costa Smeralda construido en Finlandia en dos años, entre 2017 y 2019, es una maravilla de la técnica y un auténtico monstruo marino. Basta decir que la tripulación a bordo está compuesta por más de 1600 profesionales, que cuenta con 18 cubiertas y tiene capacidad para 5000 pasajeros, aunque un poco más apretados pueden llegar a ser 6000. Funciona con gas natural licuado y es el quinto crucero más grande del mundo. La actriz Penélope Cruz fue madrina de su bautizo celebrado en el 20 de febrero de 2020.
Para muchos era su primer viaje en un barco de estas características. Tanto la tripulación como el resto del pasaje presentaban un aspecto multicultural y multirracial, predominaban asiáticos: indios, filipinos, malayos entre los camareros y personal de a bordo. El barco es de bandera italiana y ese fue el idioma predominante que se pudo escuchar de azafatas, azafatos y viajeros. Albert, el responsable de los turistas de habla española, explicó que sabiendo inglés no es difícil enrolarse entre los trabajadores del Costa Smeralda. En un momento se entrevistó con los profesores por una “rotura” y “pequeñas gamberradas” supuestamente realizadas por nuestros alumnos. Indescriptible alegría cuando se dio cuenta de que se había tratado de un error y que los chicos y chicas del Sierra Mágina no van por el mundo destrozando el mobiliario.
El primer día vivieron la fuerte impresión de tomar contacto visual con la ciudad flotante llamada Costa Smeralda. Hubo que esperar horas al embarque pues todo se hace con gran protocolo, sacan una foto a cada pasajero que sirve para identificar a la persona en las diversas subidas y bajadas del barco que se realizan en el crucero. Nada más dejar las maletas en los camarotes pudieron disfrutar del bufet libre del que es complicado quejarse por la variedad y abundancia de los alimentos convenientemente cocinados. Siempre hubo alumnos que prefirieron visitar la pizzería, el maestro pizzero fabrica la pizza delante del cliente, o la hamburguesería además de la heladería. La oferta gastronómica de bares y restaurantes es apabullante: 15 y 17 respectivamente. Los amantes del Wellness y diversos deportes que no sean la montaña ni la escalada, aunque las escaleras de los 18 pisos eran una oportunidad, cuentan con 10 gimnasios y saunas de distintos estilos.
Se podrían seguir dando números, y más allá de las cantidades y medidas, el barco está decorado a la última, los medios técnicos en los espectáculos ofrecidos en teatros y escenarios también merecen una mención. Cada noche se propone al pasaje un color en la vestimenta, la noche de blanco, los colores de Italia, noche de gala…etc. Y así mismo los espectáculos varían.
La primera escala fue Palma de Mallorca, el barco atraca lejos del centro de la ciudad y en lugar de subirnos al autobús urbano en el que no podía caber toda la excursión, fuimos a pie. Bajo la lluvia aun nos dio tiempo a echar algunas carreras por el puerto deportivo, y quizás pasamos al lado del Bribón real sin enterarnos. Cerca de la catedral nos esperaba la hermana de dña Ayelén que vive y trabaja en esta ciudad y nos sirvió de improvisada guía. Admiramos el gótico catalán de la catedral desde fuera y alguna otra iglesia cercana desde la puerta.
Tras día y medio de navegación ininterrumpida el Costa Smeralda atracó en Palermo. El peligro estuvo en la conexión a Internet en cuanto se llegó al puerto, imposible hacer llamadas en el barco si no era contratando la wifi de a bordo o conectando con el satélite. Fue arriesgado pasear por una ciudad desconocida, buscando el camino gracias al google maps de Don Rubén, cruzando pasos de cebra distraídos por conversaciones y video llamadas . Hubo suerte y los dioses nos protegieron de un atropello. En algún momento nos pusimos muy nerviosos porque el grupo se partió y la angustia de perderse revoloteó sobre las cabezas. Tras el susto nos reunimos en la plaza de la catedral dedicada a Santa Rosalía, patrona de la ciudad, por haber salvado a sus habitantes de una peste hace 4 siglos.
El regreso se hizo acompañando a un simpático y animado vendedor callejero que organizó un desfile musical con la participación de nuestro alumnado bailando y cantando, interrumpiendo el tráfico y poniendo una nota alegre en la vida de personas que viajan pero parecen pasear su aburrimiento por el mundo. Muchos viandantes sacaron sus dispositivos para grabar la improvisada “procesión”. Quedan huellas de la dominación española en algunos lugares de la ciudad así como de todas las culturas y pueblos que han pasado por aquí, las iglesias y edificios presentan inverosímil mezcla de estilos: bizantino, árabe, normando, gótico, renacentista, romano.
La escala más esperada, Civitavecchia, el puerto de Roma, aunque la ciudad eterna se encuentra a 80 km. Evelina, excelente guía turística, explicó que Ostia es el puerto natural de Roma, se enarenaba con frecuencia, por lo que los barcos no podían atracar. El emperador Trajano de origen bético, preandaluz, construyó el puerto de Civitavecchia en el s. II, en la zona litoral rocosa más cercana a Roma. Pasamos algunos apuros porque fue preciso un bus para enlazar con el que nos llevaba a Roma y descubrimos que si no queríamos morir en el intento lo mejor para caminar sin perdernos ni ser atropellados era dividirnos en dos. Llovió a mares, casi graniza, en el Coliseo saludamos a los padres de Lucía y tras el helado y moneda de Fontana de Trevi continuamos el paseo que nos llevó al Vaticano. La kilométrica cola para entrar a la basílica de san Pedro nos disuadió de visitarla. Luego de la foto en la plaza nos dispersamos para comer y regresar al barco a primera hora de la tarde.
Nos quedaban Génova y Marsella. Además de la historia de la república genovesa donde dan por hecho que Cristóbal Colón nació en la ciudad e incluso enseñan los cuatro muros de su casa medieval, aprendimos que si el Costa Smeralda no atraca en el histórico puerto se debe a problemas políticos. Por lo visto la empresa de cruceros, que perteneció a una familia de genovesa antes de pasar a los norteamericanos, pretendía un muelle exclusivo. No hubo acuerdo con la municipalidad, por lo que se añaden 50 km de carretera al viaje para visitar la supuesta patria del descubridor. Que por cierto, tiene una placa en Jaén en la calle de la Campana, subiendo a la catedral, pues si no es seguro que fuera genovés, si lo es que fue en el palacio del obispo de Jaén donde se entrevisto con la reina Isabel para hablarle de su loco proyecto. Magnífica la iglesia de san Lorenzo con su fachada de dos colores cuyas escalinatas pedían foto.
Marsella ciudad visitada el domingo, última excursión pasada por agua. Subimos a Notre Dame de la Garde, iglesia sobre una colina desde donde se domina esta población de mas hectáreas que París y el palacio de Longchamp, monumento conmemorativo de la traída de las aguas a Marsella. Aprovechamos para las compras del jabón típico y otros recuerdos. Y también aprendimos que la Marsella no se compuso en Marsella sino en Estrasburgo para el ejército del Rin, cuando los revolucionarios de 1792 se enfrentaban a las monarquías europeas.
Tras la fiesta de despedida para los estudiantes en la piscina que tuvo lugar esa noche, solo nos quedaba llegar a Barcelona y secarnos con el sol de España. Largo recorrido hasta Mancha Real no sin antes disfrutar de una estupenda paella en un restaurante de carretera Area Mauros, en la A7 sentido Barcelona a la altura de El Puig de Santa María.
En definitiva, una experiencia inolvidable, de compras, cultura, tiempo en el jacuzzi y la piscina haciendo amistades y abundantes bailes y fiestas donde se quien pudo lució modelitos de noche y disfraces.
Para no perderse: los amaneceres desde la cubierta 18, siempre que no llueva.
😄😄😄
Ana Azanza.
En el siguiente enlace os dejamos uno de los muchos vídeos que se hicieron en el viaje: IMG_0
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