Análisis y comentario soneto V Garcilaso

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Escrito está en mi alma vuestro gesto,

y cuanto yo escribir de vos deseo;

vos sola lo escribisteis, yo lo leo

tan solo, que aun de vos me guardo en esto.

 En esto estoy y estaré siempre puesto;

que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,

de tanto bien lo que no entiendo creo,

tomando ya la fe por presupuesto.

 Yo no nací sino para quereros;

mi alma os ha cortado a su medida;

por hábito del alma mismo os quiero.

Cuanto tengo confieso yo deberos;

por vos nací, por vos tengo la vida,

por vos he de morir, y por vos muero.

Se trata de uno de los poemas en los que Garcilaso alude a su amor por Isabel Freire, dama de la corte portuguesa a la que ama con locura. Ella, como musa literaria, marcará los vaivenes sentimentales de su poesía. Será su norte, su estrella, su razón de ser.

Garcilaso encarna el perfecto cortesano del Renacimiento: soldado, hombre de palacio, poeta y amante. Es decir, hombre de armas y de letras.

En este poema, se reflejan unos sentimientos que guardan un gran equilibrio (es decir, nada de exageraciones o arrebatos); y las ideas platónicas sobre el amor también quedan patentes en el texto (amor platónico e ideal, amor superior).

El tema es, evidentemente, el amor. Ese amor platónico e ideal, un amor de naturaleza superior y arrebatador.

Se trata de un soneto petrarquista clásico, formado por dos cuartetos más dos tercetos con rima consonante ABBA ABBA CDE CDE.

En los cuartetos se nos muestra la importancia de este amor con dos metáforas: 1. el alma como papel en el que la amada escribe y 2. la amada como motivo de fe, al igual que Dios.

En los tercetos esta idea se refuerza mostrando el poeta que su existencia sólo tiene sentido por su amada.

Primer cuarteto:

 Escrito está en mi alma vuestro gesto,

y cuanto yo escribir de vos deseo;

vos sola lo escribisteis, yo lo leo

tan solo, que aun de vos me guardo en esto.

Nos encontramos con la aliteración del sonido /S/: debemos pensar que el poeta está revelando un secreto en voz baja, susurrando casi, ya que se trata de algo que no quiere revelar ni a la misma amada.

 En este primer cuarteto, aparece la metáfora más audaz y original del poema: el alma del poeta como papel donde la amada va plasmando los sentimientos que dan origen al poema («escrito está en mi alma vuestro gesto»). El poeta entonces ha interiorizado y es un reflejo de la amada, que dicta las palabras de este poema («vos sola lo escribisteis»). Es esta una idea del amor platónico, esto es, superior e ideal; mujer como ideal a la cual rendir vasallaje y adoración.

Segundo cuarteto:

En esto estoy y estaré siempre puesto;

que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,

de tanto bien lo que no entiendo creo,

tomando ya la fe por presupuesto.

Este segundo cuarteto se halla entrelazado al primero a través de una anadiplosis (repetición de la última palabra de un verso y la primera del siguiente) con el fin de no abandonar el tema: el poeta hace hincapié en la permanencia eterna de este sentimiento mediante la repetición del verbo estar y el adverbio siempre. La metáfora alcanza aquí un nuevo plano casi místico, puesto que el poeta está extasiado por su dama, al igual que los cristianos lo están o estamos ante Dios («de tanto bien (..) tomando ya la fe por presupuesto»). Y al igual que los cristianos, la fe es ciega e irracional (tópico amoroso): no se entiende, pero se cree.

 Nos encontramos con una hipérbole que señala que es tan grande («de tanto bien») la presencia de la amada que el alma del poeta no puede asimilarla (visión cristiana de Dios).

 Primer terceto:

Yo no nací sino para quereros;

mi alma os ha cortado a su medida;

por hábito del alma mismo os quiero.

Aquí hay un giro, pues mediante una nueva hipérbole en el primer verso («yo no nací sino para quereros») el poeta aparece sin libertad, predestinado a querer eternamente a esta mujer, mostrándose otra vez una estrecha relación con el cristianismo, que entiende que el hombre existe para amar a Dios, aunque el cristiano es más libre que Garcilaso en este poema. Esta falta de libertad queda también reflejada en una personificación, la del alma que, con autonomía propia, sin la participación de la voluntad del poeta, no copia ni calca ya, sino que se recorta a sí misma siguiendo el patrón de la amada.

 Segundo terceto:

Cuanto tengo confieso yo deberos;

por vos nací, por vos tengo la vida,

por vos he de morir, y por vos muero.

Es ya al final del poema cuando el sentimiento desborda el equilibrio del amor renacentista. Si bien el poeta debe la vida a su amor, este, a su vez, le da la muerte. Estos dos magníficos últimos versos están construidos sobre la anáfora y el paralelismo y dos imágenes antitéticas: la vida y la muerte.

Conclusión: Tenemos entonces una clara y bella muestra de lo que fue el amor cortesano y renacentista, aunque con reminiscencias de la canción castellana del siglo anterior: el sufrimiento y muerte voluntarios del enamorado. Garcilaso superó a Petrarca en saber desvelar elegantemente sus pasiones y sentimientos, dando muestras de su maestría en la construcción de sonetos, pues aunque es una estrofa muy rígida, aparece (casi) en todo momento equilibrada y fluida.

«Diccionario del habla del Rincón de Ademuz, Valencia» (estudio introductorio)

 

  1. Introducción

El presente trabajo analiza el léxico español hablado en la comarca valenciana del Rincón de Ademuz, principalmente a través de un diccionario donde se reflejan las palabras que han conformado (desde un punto de vista histórico, hasta hace muy poco tiempo), el carácter lingüístico de la comarca. Muchas de ellas ya no tienen continuidad en la praxis. El tiempo ha transformado radicalmente el paisaje lingüístico de la zona, en especial porque los campos léxicos que aludían a ciertas realidades, tales como la agricultura, la siega, la matanza del gorrino, etc., ya no existen y si lo hacen, de forma residual y distinta; es evidente que se han producido cambios radicales en tareas agrícolas como la siembra y la siega, y ya solo forman parte del recuerdo.

Con este trabajo he puesto en práctica, o al menos lo he intentado con el mejor de los propósitos, los conocimientos adquiridos en el máster de la UNED «Elaboración de diccionarios y control de calidad del léxico español», y lo he hecho, como el título del máster indica, elaborando un diccionario de mi tierra, el Rincón de Ademuz, y estableciendo controles de calidad para incorporar una palabra o no hacerlo, y de hacerlo, en qué condiciones y bajo qué premisas. En otras palabras: he elaborado un diccionario que recupera el léxico del Rincón de Ademuz y lo he hecho estableciendo controles de calidad del léxico, todo ello aplicando los conocimientos del máster universitario.

En primer lugar, hablaré sobre las particularidades del Rincón de Ademuz como comarca, pues es un enclave valenciano entre Castilla y Aragón (el enclave más extenso geográficamente de España) y presenta un contexto dialectal que podría enmarcarse en el castellano-aragonés, compartido con otras comarcas aledañas o cercanas, pero con personalidad propia, pues resulta ser una encrucijada lingüística entre Castilla, Aragón y Valencia, con las cuales comparte no pocos rasgos.

Dedicaré un amplio apartado para hablar acerca del diccionario que he realizado: la metodología utilizada para su elaboración, qué pasos o métodos me han conducido a un diccionario de estas características, sin olvidar el principal estudio lexicográfico realizado sobre la zona: el libro Habla y cultura popular en el Rincón de Ademuz (2004), de Gargallo Gil, obra que está basada en su tesis doctoral, a la cual corrige y mejora, según sus palabras.

  También explicaré, respectivamente, la macroestructura y microestructura del mismo, en comparación con el DRAE y con otros diccionarios particulares, aplicando con ello, de forma fehaciente, mis conocimientos adquiridos durante el desarrollo de las asignaturas del máster.

Finalmente expondré unas conclusiones, para, acto seguido, dar paso al diccionario propiamente dicho.

 

 

  1. El Rincón de Ademuz: comarca lingüística de estudio
  • El Rincón de Ademuz: enclave valenciano entre Castilla (Cuenca) y Aragón (Teruel)

El Rincón de Ademuz, que pertenece a la provincia de Valencia, es uno de los 26 enclaves administrativos de España, siendo el mayor de todos ellos, con sus 370,48 km2. Además, lo abrazan tierras pertenecientes a dos comunidades autónomas distintas.

Municipios del Rincón de Ademuz por situación geográfica.

Son siete los municipios del Rincón de Ademuz: Ademuz, Casas Altas, Casas Bajas, Castielfabib, Puebla de San Miguel, Torrebaja y Vallanca. Cuenta además con algunas aldeas habitadas: Ademuz, el pueblo más grande, acoge las aldeas del Val de la Sabina, Mas del Olmo y Sesga. Castielfabib contiene las aldeas de Arroyo Cerezo, Cuesta del Rato, Los Santos, Mas de Jacinto y Mas de los Mudos. La comarca tiene unos 2.400 habitantes, siendo Ademuz el pueblo que contiene, con alrededor de 1.100 habitantes, prácticamente la mitad de la población. Es la comarca más deshabitada de cuantas conforman la Comunidad Valenciana.

La mengua demográfica general caracteriza el actual paisaje humano del Rincón. Exceptuando la estación más calurosa, en especial el mes de agosto, y ciertas fechas señaladas, existen muy pocas casas habitadas durante la mayor parte del año. Desde hace ya mucho tiempo son pueblos de turismo o veraneo.

MUNICIPIO POBLACIÓN SUPERFICIE
ADEMUZ 1.149 100’4
TORREBAJA 435 4’7
CASTIELFABIB 275 106’3
CASAS BAJAS 188 22’6
CASAS ALTAS 146 15’9
VALLANCA 149 56’6
PUEBLA DE S. MIGUEL 72 63’6

Población del Rincón de Ademuz detallada por municipios. Año 2015

Al despoblamiento continuo del medio rural, con especial virulencia allá por los años 60 y 70, muy acusado en nuestra comarca, se han unido los cambios tecnológicos, sociales y económicos acontecidos en la sociedad, de la que también forma parte la rural. Todo ello ha llevado aparejado un cambio en su dialecto, en su forma de hablar, debido a una pérdida importante de su vocabulario. Perviven, como no podía ser de otra forma, todavía ciertos giros lingüísticos, frases hechas y palabras; el cambio más drástico o las pérdidas más relevantes se han producido en expresiones, palabras y significados que aluden a campos léxicos relacionados con antiguas formas de vida, como explicaré en el siguiente apartado.

  • Contexto dialectal: castellano-aragonés en el interior de Valencia

No somos aragoneses, ni tampoco castellanos; estamos entre ‘mojones’, pero somos valencianos.

El Rincón de Ademuz es una de las comarcas castellanoparlantes del interior valenciano. Su modalidad de castellano presenta, como las de su entorno más inmediato (Teruel, Cuenca, las tierras altas de la comarca valenciana de la Serranía), algunos dialectismos de filiación aragonesa, que hay que relacionar con la proximidad geográfica y, seguramente, con la repoblación mayoritaria de la zona con aragoneses tras la conquista cristiana del siglo XIII. De ahí que la dialectología tradicional identifique con la etiqueta de castellano-aragonés las hablas del extremo meridional de Aragón y tierras aledañas. El Rincón de Ademuz se halla más distante del área valencianoparlante, a casi un centenar de kilómetros por carretera. Por consiguiente, los valencianismos léxicos son menos abundantes que en otras regiones castellanoparlantes más cercanas, aunque también existen en grado importante. El habla del Rincón participa de algunos orientalismos léxicos peninsulares, así como de dialectismos de distinto signo (arcaísmos, vulgarismos).

Los nombres de Castilla, Aragón y Reino (Valencia) siempre han estado presentes entre los habitantes de la comarca. No en vano, es una zona fronteriza, de confluencia y transición, entre tres regiones: Castilla, Aragón y Valencia. A pesar de la frase hecha, con tendencia uniformadora, “no somos aragoneses, ni tampoco castellanos; estamos entre “mojones” (en el sentido de estar en la frontera de un territorio), pero somos valencianos”, el sentimiento valenciano no ha sido unánime, tampoco, por lo general, profundo, más bien ‘de frontera’. Una parte de los vecinos del lugar sienten que sus raíces están más próximas a las de Aragón, y esa es al menos la realidad geográfica y, en cierto modo, lingüística. Confluencia lingüística en el oriente peninsular, el  léxico del Rincón de Ademuz nos ofrece un elenco variado: muchísimos aragonesismos, algunos catalanismos y valencianismos de adstrato y un nutrido grupo de arcaísmos y vulgarismos  o coloquialismos del castellano. 

La actividad agrícola y su asociación con la climatología han tenido bastante importancia en el léxico por ser la actividad económica principal. El habla de estos territorios se ha ido adecuando en los últimos tiempos a la normativa gramatical castellana, fundamentalmente por un cambio drástico en las formas de vida, así como por la influencia de las comunicaciones, mucho más fluidas. En otras palabras: esta utilización del castellano ha tendido a desaparecer en las zonas del interior de Valencia, dando lugar al uso generalizado del castellano estándar o coloquial, y actualmente solo sigue vivo, de forma residual, en los municipios o aldeas más aisladas o en las personas de mayor edad.

Queda en el Rincón de Ademuz, exactamente igual que en cualquier otra zona de montaña, una importante generación adulta ya envejecida y muy menguada. Hoy en día, solo estas personas de mayor edad pueden guardar un tipo de habla como el que refleja mi diccionario, pero la muerte ha acotado ya mucho el terreno. Las antiguas formas de vida (matanza del cerdo, siembras y trillas, mulos como principal instrumento agrícola, aperos, arados) han desaparecido. Solo la ganadería, sobre todo ovina, todavía pervive, aunque es escasa. Todos estos cambios en el modo de vida llevan aparejados un olvido del lenguaje propio; las nuevas generaciones del Rincón y no digamos ya las de los descendientes o veraneantes que ni siquiera habitan la comarca, han perdido este vocabulario.

 

  1. Metodología

Soy oriundo del Rincón de Ademuz, llevo allí censado toda la vida, y he convivido en una relación directa con las palabras. Mi principal bagaje es el conocimiento de la realidad de mi comarca (el Rincón de Ademuz), conocimiento que también incluye, como no podía ser de otra manera, su léxico y cultura.

También en su momento he estado inmerso en la mayoría de las actividades que hoy en día han quedado relegadas al ámbito de la memoria, pues no son tareas ni labores que hayan tenido continuidad en el tiempo: jornadas de labranza, siegas y trillas, matanzas del cerdo (‘matagorrino’ o ‘muertegorrino’), mulo (‘macho’), labores de pastoreo, de acarreamiento, etc. Este conocimiento me sirvió para publicar en el año 2003 una novela ‘El zarzal’ (2003), Madrid. Ed. Sekotia, basada en la realidad de mi comarca. En ella aparecen la mayoría de estas antiguas formas de vida y unos pocos dialectismos de los que figuran en el diccionario.

El Diccionario del habla Rincón de Ademuz, de más de mil lemas o entradas, se ha beneficiado de los sabios conocimientos de personas vinculadas a la comarca, entre los que cabe resaltar a Francisco Blasco Jarque, Francisco Valentín Antón, Francisco Valentín Moreno, Pedro Vicente Valentín y Teófila Moreno Rodríguez, así como de coleccionistas de palabras:

– Libro Habla y cultura popular en el Rincón de Ademuz (2004), de Gargallo Gil.

– Página web de Maximiliano Jarque Blasco Blasco, donde hay un apartado llamado Diccionario básico casasbajero: http://www.uv.es/~jarquem/dicb.htm

– El trabajo Léxico y cultura popular de la Sierra de Albarracín, de José Manuel Vilar Pacheco, que sirvió para corroborar el parecido léxico-semántico del vocabulario de la comarca valenciana del Rincón de Ademuz con respecto a sus vecinas de Aragón.

Como tamiz principal se ha utilizado el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), ya que el objetivo no ha sido otro sino mostrar las diferencias y equivalencias con el diccionario normativo. Se ha descartado la práctica totalidad de las palabras que ya existieran como tales en el DRAE, pues se ha buscado la diferencia, el carácter peculiar y la idiosincrasia de un pueblo con respecto a la normativa o al lenguaje estándar. La pretensión no ha sido acumular palabras, pues ni han interesado aquellas que ya aparecieran en el DRAE, ni aquellas otras que, aun sin aparecer, no fueran reconocidas o atestiguadas por parte de las personas mayores que me asesoraban. A pesar de ello, hay excepciones, y estas se refieren fundamentalmente a aquellas que hacen referencia a las formas de vida y a la toponimia de la zona.

Toda la información gramatical, incluida la vinculación con el DRAE, queda registrada en el presente Diccionario del Rincón de Ademuz, y aparece después del lema o entrada, en letra cursiva, con su correspondiente abreviatura.  

Letra a letra, palabra por palabra, todas han pasado por la criba del DRAE, de mis conocimientos o, en su caso, de los conocimientos de personas ya mayores, más familiarizadas en el uso de ciertos términos. Palabras que no he podido atestiguar o que suenan peregrinas, como RETIRADA, ZAPILIGREÑA, ZARABALLO, GÜINA, FUENSOMERA, etc., no han tenido cabida en mi diccionario.

Con relación a lo mentado, en el trabajo ‘La macroestructura del diccionario’ de María Auxiliadora Castillo Carballo se puede leer lo siguiente:

Se suele tener en cuenta, para la elaboración de diccionarios de regionalismos, de lenguaje popular, de jergas, de tecnicismos, etc., el criterio de la diferenciación frente a un diasistema de referencia, es decir, cuando se estudian las variantes  diatópicas, diastráticas o diafásicas frente a la lengua estándar.

Esta contrastividad es importante, también, para determinar la selección de entradas en un repertorio lexicográfico de neologismos, en la medida en que se ponen en relación dos sistemas.

Y así ha sido; puesto que se trata de un diccionario dialectal, lo que se intenta es tener un marco de referencia o comparativo, y el DRAE ha desempeñado esa función.

 

Me encontré con que una buena parte de las palabras del diccionario en línea de Maximiliano manifestaban, fiel y literalmente, la definición o las acepciones del DRAE, y que estas coincidían con la definición en el Rincón, de tal modo que una ingente cantidad de palabras formaban ya parte indisoluble de nuestro castellano y no tenían ningún rasgo peculiar ni original, propio de la comarca; otra buena parte de las palabras, a pesar de tener una significación distinta en la zona, se presentaban, en su significado, como un fiel reflejo del diccionario normativo. Estas palabras han sido rescatadas para el Diccionario del Rincón de Ademuz con la significación propia de la comarca; dejo algunos ejemplos:

– CARRASPERA: El señor Jarque copia la definición literal del DRAE: ‘Cierta aspereza de la garganta, que obliga a desembarazarla tosiendo’, sin parar mientes en que no es ese el significado que se le confiere en el pueblo o en la comarca, sino esta otra:

‘1. Enfermedad larga y de cierta importancia. 2. Por extensión, cualquier dificultad seria que una persona está pasando en su vida. Estoy pasando una carraspera con este problema.

– GRUMO: La correcta significación en la zona es ‘repollo de la col’, no la genérica que recoge el DRAE.

– MOÑIGO: El DRAE no reconoce la palabra ‘moñigo’, pero sí ‘boñigo’, cuya definición (‘cada una de las porciones o piezas del excremento del ganado vacuno’), dista algo (excremento de vaca) de ser la apropiada para la zona (excremento de caballería), que es en verdad esta: ‘Cada una de las porciones o piezas del excremento de la caballería’.

– MUDAR: Significa, específicamente, en la comarca ‘Endomingarse; vestir bien’, la acepción de cambiar la piel o el vestido se comparte con el DRAE.

A pesar de ello, son varias las palabras del DBC que han podido plasmarse en el Diccionario del Rincón de Ademuz a grandes rasgos como él las planteaba, entre otras las siguientes:

AJOATAO, ALCAHUETEAR, EMPANTANAO, EMPANTANAR, ESARMENTAR, GARDACHO, HARDACHO, GARRUCHERA, GOSETEAR, GOSETERO, MALVAR, MEDIANEGA, MIGOTES, MODORRINA, MOJITIAR, MOLONDRO, MOÑIGO, MORETE, OSCUA, OSTIEN, PROBATINA, RASMIAZO, RASMIÓN (DE ~), REVOLTINA, REVUELTA, ROPÓN, RUIDERA, SABANAZAS, SAGATEAR, TASTARILLO, TASTARRAZO, TENTÓN (A~), TOROZAR, TOSCA, TOSTE, TOZOLÓN, TRASCOLADERA, TRASCOLAR, TRENTENO, TRENZADERA, VERDE, ZARPEAR.

 

  • Habla y cultura popular en el Rincón de Ademuz, de Gargallo Gil

También todas y cada una de las palabras que hace constar Gargallo Gil pasan por el tamiz del DRAE. Del mismo modo que en el DCB, aparecen varias palabras que son ya patrimonio del DRAE, con igual significado, cito algunas con la letra S como ejemplo: SACAR, SANMIGUELADA, SAPO, SARGA, SARGATILLO, SENTIR, SOCARRAR, SOLADA, SOMIER.

Otras palabras tienen un sentido, a mi entender, distinto al que le confiere el profesor Gargallo. Dejo constancia de algunas:

MADEJA (no es el significado del DRAE sino uno figurado, de llevar su hilo, su historia…), MANDRIA (no sería pereza como en catalán, sino el reflejado en el DRAE),  LLEVARLA BUENA (no alude tanto al significado que Gargallo muestra sino, a mi humilde parecer, se aplica a alguien cuando no le van bien las cosas o bien cuando está inmerso en un proyecto caótico o exagerado). El ‘INAJADO’ que Gargallo escribe sin H, debería escribirse con H, pues esta palabra no vendría de ajos, o al menos no solo de ajos como afirma Gargallo en su libro, sino que deriva de hinojo, ya que este era parte fundamental de los ‘HINAJAOS’. Asimismo, respecto a la palabra TRUL o TRULL no tengo ninguna constancia en el Rincón de que sea LAGAR, y sin embargo las tengo todas de que corresponde al TROJ o TROJE castellanos, pues siempre la he conocido como lugar para guardar el grano.

Y así la reflejo en el diccionario que he elaborado:

TRUL: m. Troj, troje; espacio limitado por tabiques, dentro de la vivienda, destinado a guardar almendras y otros frutos y especialmente cereales. Var. Trull.

El ALEANR anota dos transcripciones, trul y trull (que adapto ortográficamente) para Ademuz (mapa 202: Lagar). Y en otra parte del atlas (mapa 917: compartimentos del desván), el plural trulles. Pues bien, no reconozco el primer significado, ‘lagar’, y tampoco el plural trulles sino trules. Es una palabra, tanto en forma como en contenido, con la cual estoy muy familiarizado.

Las palabras que modifiqué del original de Gargallo, por no estar de acuerdo, en todo o en parte, con el sentido o significado que les otorgaba, son palabras o expresiones que existen en la comarca y no están reflejadas en el DRAE (son acepciones o significaciones que fueron cambiadas al menos en parte), y son, entre otras, las siguientes:

BAQUE, BAQUEAR, CAIDA, CARRASPERA, CHARRERA, COLLERA, COLLERÓN, DE ALMA, ENCAÑADURA, ENGARBARSE, ESBARAR, ESBARIZAR, ESCLAFAR, ESCORRER, ESTAR MÁS ALLÁ QUE ACÁ, FANEGA (MEDIA~),  FOLLA (TENER MALA~), FORCACHET, GANCHERO, GARRÓN, GAVETA, DAR GOZO, HINAJA(D)O, HUECARRÓN, JOPARSE, LEBA, LLEVARLA BUENA, MADEJA, MALAGANA (ENTRAR, COGER, TENER~), MALFACHA(D)O, A, MALTRAZA(D)O, A, MANFLORITO, MEDIARROBA, MOCADOR, MOSTRO, MOTOSIERRO, MOZO, MUDARSE, PITO, PICARZO, PIEZA, PLATERADA, PLEGAR, PULSE, REBAILAR, RECINCHO, REGIRAR, RENGLIJA, REPLEGAR, RETÉN, REVENIR, RIAL, ROMO (MACHO ~), SALTIQUIAR, SERÓN, SOMERO, SUDADA, TABLEAR, TEMPLADO, TIENTOS (SABER LOS ~), TOPETARSE, TOQUITIAR, TORCIDA, TORNAJO, TRAPACERO, TRULL, VAGO, VENCEJO, VOLADA, ZAMARRO, ZAMBURRIO, ZORRITONTO.

            Pese al gran número de palabras ofrecidas en su libro, lo cierto es que un gran número de ellas no han podido ser aprovechadas para el presente ‘Diccionario del habla del Rincón de Ademuz’. Mis ayudantes, personas ya mayores, que han vivido toda su vida en la comarca y completamente familiarizadas con su lenguaje, han señalado los lemas y definiciones cuya exactitud y existencia han reconocido y comprobado fehacientemente.

Aun así, el libro que nos ocupa (Habla y cultura popular en el Rincón de Ademuz (2004)), es, con mucho, el libro más importante, seguramente el único, que trata sobre el léxico de la comarca; libro basado en su tesis doctoral, como él mismo afirma en el apartado Justificación (prólogo de la obra):

Esta obra se basa en mi tesis doctoral, Una encrucijada lingüística entre Aragón, Valencia y Castilla: El Rincón de Ademuz, presentada el 1987 en la Universidad de Barcelona y dirigida por el Dr. Joan Veny […] Ofrezco en primer lugar una Introducción […]  A continuación, el grueso del libro, repartido en cuatro bloques (Fonética, Morfología y Sintaxis, Derivación, Léxico y cultura popular), y las Conclusiones. Completan la obra un vocabulario ordenado alfabéticamente, con las correspondientes remisiones para facilitar la consulta.

En efecto, el profesor Gargallo presenta un vocabulario (índice) al final del libro; cada palabra de las señaladas, por orden alfabético, viene numerada y remite con dicha numeración al apartado correspondiente. En ocasiones, una misma palabra aparece numerada dos o tres veces, ya que surge en varias secciones (fonética, morfología y sintaxis, derivación o léxico y cultura popular). Así, por ejemplo, la palabra ‘abercoque’ viene así marcada:

“Abercoque (var.: albercoque): 2.2.3.3, 5.6.5”.

El punto 2.2.3.3 corresponde al campo fonético, y en concreto se llama “Disimilación entre nasales (n/m) y entre líquidas (r/l). Otros casos”. Poco después encontramos la referencia explícita a esta palabra del siguiente modo: “Disimilación eliminatoria: abercoque y abercoquero suelen alternar respectivamente con albercoque y albercoquero (en castellano albaricoque y albaricoquero)”.

Por su parte, el punto 5.6.5 pertenece al campo léxico y cultura popular, concretamente dicho punto se llama “Frutos”. Siete líneas abajo del título hallamos esto: “Albercoque/abercoque, por albaricoque (2.2.3.3)”.

Otro ejemplo, ahora con una palabra que ha manifestado Gargallo y que sí la he hecho constar en mi diccionario:

“Aguarrujo: 4.1.1.33, 5.11.2.1”.

El punto 4.1.1.33 pertenece al campo de la derivación, específicamente al titulado “Otros casos de sufijación más particulares”. Después del título aparece la palabra del siguiente modo: “Aguarrujo (‘aguacero’)”.

El otro punto, el 5.11.2.1 está dentro del campo léxico y cultura popular y así nos es mostrado: “Aguarrujo (‘aguacero’) es derivado de agua que recogen otras obras no lejos del Rincón”.

En las fuentes bibliográficas actuales lo único que tenemos es este libro de Gargallo Gil, que consiste fundamentalmente en una agrupación del vocabulario por campos léxicos, por ejemplo, el punto 5.6.2.3 nos habla de los “Ajos y cebollas”:

Enrastrar [ajos o cebollas] es hacer rastras (rastra se aplica genéricamente a cualquier sarta de fruta seca). Más específico es el uso de las garras (cada garra equivale a 50 ajos) y los horcos (cada horco, 100 ajos; sobre su género gramatical masculino vid. 3.1.1.1). Por su parte, las cebollas se enrastran en rastros. Se llama aja al ajo grande que generalmente se emplea como simiente (sobre su género gramatical vid. 3.1.1.5); babosa, a la cebolla añeja que se planta y produce otra.

O, por ejemplo, el punto 4.1.1.11 trata de palabras terminadas en “-udo”:

Muy en común en castellano antiguo para la terminación de participios, actualmente da lugar casi exclusivamente a formaciones adjetivas (cito los representantes masculinos): calmudo (en lugar de calmoso), cojudo (‘macho cabrío’), continuación regular de un lat. vg. COLEUTU; coexiste con el sinónimo cegajo (5.3.2); cuartudo (‘corpulento, fornido’) parece adaptación del val. quartut, tal como induce a creer otro cuartudo contiguo a la frontera lingüística; sentenciudo (‘quien habla sentenciosamente, quien da sobre cualquier asunto su parecer a modo de sentencia’).  

Según explica Castillo Carballo, M.A. (2003) se pueden diferenciar dos tipos fundamentales de ordenación del léxico: el orden onomasiológico y el semasiológico, también conocidos, respectivamente, como coloquial y formal. En el criterio de ordenación onomasiológica, se parte de las ideas para llegar a las palabras, por lo que su finalidad esencial es la codificación, en la medida en que ayuda al usuario a disponer de los vocablos que designan con exactitud las ideas que quiere expresar. En este sentido, Günther Haensch ha señalado lo siguiente:

La idea fundamental de la agrupación onomasiológica es la de tener en cuenta las asociaciones que existen entre contenidos, tanto desde el punto de vista de la lengua como desde el de las cosas. Estas asociaciones se pueden tener en cuenta de distintas maneras; pero los sistemas de ordenación así creados nunca tendrán el mismo rigor que el del alfabeto. Por esto, es conveniente poner, al fin de los diccionarios onomasiológicos (generalmente no alfabéticos), un índice alfabético de todas las voces registradas.

Y, efectivamente, de este modo realiza el profesor Gargallo su trabajo: por contenidos. Y al final del mismo, dispone un índice alfabético con todas las voces registradas. Como ya apunta Günther Haensch, el rigor que proporciona el alfabeto no se halla en las agrupaciones onomasiológicas, entre otras razones porque, si de lo que se trata es de rescatar palabras de un acervo cultural casi olvidado, no hay mejor forma de llevarlo a cabo que dando protagonismo a la palabra, pues es esta, la palabra utilizada y que poco a poco cae en desuso, la razón misma y el objeto último del rescate.

Siguiendo a la profesora Castillo Carballo, la ordenación semasiológica consiste exactamente en lo contrario del criterio onomasiológico, pues el punto de partida son las palabras, y a través de ellas llegamos a las ideas. Su utilidad se centra, de este modo, en la descodificación del mensaje. Y será el orden alfabético el que caracterice los diccionarios confeccionados desde un punto de vista semasiológico.

Por lo que respecta al Diccionario del Rincón de Ademuz, se ha creído interesante utilizar el estudio lexicográfico de Gargallo Gil, junto con otras fuentes, para realizar un diccionario con criterio semasiológico por las siguientes razones:

            – Soy oriundo del Rincón de Ademuz, allí sigo censado, y he vivido y convivido en una relación directa con las palabras. Se considera que este legado de palabras debe quedar reflejado a modo de diccionario con un criterio semasiológico, pues es la mejor manera de presentar un listado de palabras y rescatarlas del olvido con el máximo rigor posible.

            – Sería deseable que el diccionario fuera un texto de referencia para toda persona que quiera consultar una palabra, y qué mejor modo de presentar cada una de ellas que siguiendo un estricto orden alfabético, con sus correspondientes marcas y acepciones, así como informaciones complementarias. Del mismo modo, cuando alguien busca una palabra, se intenta que en ella encuentre toda la información que se precise, sin tener que recurrir a otras páginas o fuentes. De esta forma, la palabra a rescatar adquiere todo su protagonismo: es a ella a la que se presta atención, ubicada y reintegrada a la memoria en su correspondiente y particular posición dentro del diccionario.

            – Otra razón, quizá más “terrenal” pero no menos cierta: este trabajo es resultado del máster que realicé por la UNED  “Elaboración de diccionarios y control de calidad del léxico español”, y es una buena forma de plasmar los conocimientos adquiridos, elaborando un diccionario y ejerciendo un control de calidad del léxico. La teoría es buena y sirve como base, pero es en la práctica donde adquiere su razón de ser.

En el criterio de ordenación onomasiológica, se parte de las ideas para llegar a las palabras, por lo que su finalidad esencial es la codificación, en la medida en que ayuda al usuario a disponer de los vocablos que designan con exactitud las ideas que quiere expresar. Vamos a intentar, con este diccionario, que sea la palabra la piedra angular de este proceso, sin enmarcarla a priori en encorsetamientos de ideas o campos léxicos, desentrañar su esencia sin limitaciones o constricciones previas.

 

  • Léxico y cultura popular de la Sierra de Albarracín de José Manuel Vilar Pacheco

He revisado también el diccionario que incorpora este trabajo de José Manuel Vilar Pacheco: existen muchas palabras que comparte la comarca del Rincón de Ademuz con la zona de la Sierra de Albarracín, no en vano existe una proximidad geográfica y el número de aragonesismos en el Rincón ha sido muy elevado, por citar solo unas pocas, compartimos ESCLAFAR, ABABOL, GUARÁN, ABORTÍN, MADERISTA, ABRIDERA, MORRERA, ALADRO, PAJUZO, ALJEZÓN, AMUGAS, ANSA, ARGUELLA(D)O, ASCLA, BANDEAR, BIMBRE, BISALTO, BOLCHACA, CANALERA y un largo etcétera. Es cierto que algunas palabras no las había escuchado nunca y otras me sonaban algo lejanas.

He constatado, gracias al trabajo léxico de la Sierra de Albarracín, el importante número de aragonesismos que pueblan el habla de la comarca. Cada uno de los artículos de este pequeño diccionario cuyo significado venía a significar lo mismo que en la comarca de Ademuz, me ha facilitado la redacción y el trabajo de los artículos. Con esta disposición del artículo lexicográfico (dos parágrafos, uno definitorio y otro explicativo) se beneficia la reflexión, de tal modo que he intentado plasmar en cada artículo de mi diccionario la definición más precisa. Así es, la presentación de la información que presentaba el diccionario de Albarracín ha sido un aspecto muy importante, como he comentado anteriormente, para la redacción y la microestructura del Diccionario del Rincón de Ademuz. Dejo aquí un ejemplo:

ganado. m. Suele referirse al conjunto de ovejas, que ha sido el más habitual en la Sierra.

No indica un número específico de animales (bajé el ganao; antes había diez o quince ganaos; está con el ganao). Aunque el DRAE precisa que se trata del ‘conjunto de bestias que se apacientan y andan juntas’, distinguiéndose a través de un adjetivo el tipo concreto de animales reunidos (ovino, cabrío, vacuno); otros diccionarios, como el de Covarrubias, indican que se llama así al conjunto de ovejas. Es normal que en las zonas rurales especifique este término su significado, según la ganadería dominante (Garcés, 1984: 389). Con este mismo sentido (`rebaño de ovejas’) registra esa forma el ALEANR (IV, 527) en parte de Teruel.

También mi artículo constará de una marca gramatical después del lema (m., f., adj., v., loc.v, etc.), y a continuación el significado o acepciones pertinentes. Tras la definición, se explica en letra cursiva cuantas anotaciones o disquisiciones sean necesarias para el mejor aprendizaje de la palabra. No hay que olvidar que se toma el DRAE como principal tamiz o quizá fuera mejor llamarlo ‘espejo normativo’ en el que se mira mi trabajo, por consiguiente es este apartado en cursiva el destinado a discurrir, analizar u observar en ocasiones esta especial relación con el Diccionario de la Real Academia Española, aunque no solamente, pues también el ALEANR (Atlas Lingüístico Etnográfico de Aragón, Navarra y Rioja) sirve para matizar o corregir informaciones suplementarias que con tan solo la acepción principal resultarían insuficientes.

Añado en los artículos del Rincón de Ademuz más información, por ejemplo, las letras del lema van en mayúscula y en negrita, y los ejemplos, para facilitar la comprensión mediante un contexto adecuado, tras la acepción y precedidos de dos puntos.

Las palabras que presento, las entradas o lemas y sus correspondientes significados quedarían mancos sin este apéndice, puesto que su realidad no es autónoma: son dialectos que forman parte de una unidad mayor, la lengua, y ella es en último término nuestro referente para entender, contextualizar y hacer nuestro el significado.

“Hay autores que consideran que habría que marcar con más generosidad en los aspectos gramaticales y pragmáticos en el convencimiento de que toda información de este tipo es poca a la hora de utilizar el diccionario para la codificación” (Garriga Escribano, 1993).

4. Fuentes propias y no registradas en la zona

Las palabras que mi particular bagaje y memoria han añadido al Diccionario son, entre otras, las siguientes: ARREARSE, BAI SÍ, BAQUEA(D)O, BROZOSO, CALIENTE DE OREJAS (ESTAR ~), CHUMBO, CIROTE, CLAVELLINERA, CONTENTAR, DESMANOTA(D)O, EMPAREJAR, ENJARMAR, GAVINETE, GRANDE (HACERSE EL ~), MALES (HACER ~), NITICOSO, PAJAREL, PALANQUE (AL ~), PARCHAS (HACER ~), PESTILLAR, PEUQUE, RASMIAR, RAYA (SACAR LA ~), RASTRA, RASTRO, REDONDA, RESPALDO, SOMORDO, TARRIÓN, TINGLAZO, TOCOLÓN, VOLTEA(D)O (HABLAR ~), ZORIZA, ZORRERA, ZURRIR.

 

ARREARSE: v. 1. Golpearse, pegarse con violencia: Al de Casas Altas le han arreado de lo lindo. 2. Intensifica vivamente un hecho o una acción digna de ser conocida: Se ha arreado tres platos de gachas hasta arriba.

BAI SÍ: interjección que denota un alto grado de escepticismo e imposibilidad con respecto a cualquier noticia o asunto. Bai sí, no te hagas muchas ilusiones…

Resulta chocante la curiosa forma de esta interjección: ‘bai’, en vasco, es ‘sí’, afirmación en castellano. Ambas, pronunciadas en conjunción, sin solución de continuidad, se niegan mutuamente. 

BAQUEA(D)O: adj. Sin fuerzas, desganado, cansado, fatigado: Anoche se acostó a las tantas y está baqueao.

Posiblemente sea una reminiscencia o derivado de baque (‘batacazo’), no utilizado en la comarca, como tampoco el verbo baquear, cuyo significado lógico (Contender dos procurando cada cual dar con su contrario en tierra’) solo nos ha dejado su participio, baquea(d)o, eso sí: es término muy vivo y utilizado en la comarca.

BROZOSO, A: adj. Dicho de una persona: Que tiene por costumbre trabajar de forma desordenada, débil o sucia y con pobres resultados.

CALIENTE DE OREJAS (ESTAR ~): loc. v. Estar enfadado.

CHUMBO: m. 1. Cualquier recipiente grande y de escaso valor: ¡Vacía el agua de ese chumbo a las patatas! 2. Recipiente donde se calentaba el agua en el matagorrino.

CIROTE: m. Porción compacta de excremento.

CLAVELLINERA: f. Se aplica a la mata o planta herbácea de la familia de las cariofiláceas, de la cual surgen varios vástagos o claveles.

CONTENTAR: 1. Cansarse de algo: Se contenta uno también de tantos días de fiesta.

Este significado ‘cansarse de algo’ no aparece en ninguna de las acepciones del DRAE (s.v. contentar).

DESMANOTA(D)O, A: adj. 1. Que obra sin control ni juicio, con resultados pobres o desastrosos. 2. Derrochador, manirroto, que gasta demasiado.

EMPAREJAR: v. 1. Igualar o poner al mismo nivel dos o más cosas, de manera que no sobresalga una más que otra. 2. Por extensión, se dice del ganado cuando se metía a los rastrojos para que se comiera la hierba. 3. Atar, liar, agrupar sarmientos, alfalfe, mieses, etc., formando gavillas: El recincho sirve para emparejar leña mediante un lazo.  4. Poner en orden cualquier persona o animal, bajo visos de castigo y amenaza: A ese malnacido lo voy a emparejar.

ENJARMAR: v. 1. Endilgar, trasladar a alguien una carga, trabajo o cosa no apetecible. 2. Poner la jalma a una bestia. 3. Hacer jalmas. Var. Enjalmar.

GAVINETE: m. Especie de cuchillo pequeño. Var. Ganivete, gañivete.

Por metátesis, el ganivet catalán deviene en gavinete. El DRAE recoge gañivete como voz desusada.

GRANDE (HACERSE EL ~): loc. v. Fanfarronear, alardear, mostrar soberbia: Se hacía el grande porque tenía un macho más grande que el mío.

MALES (HACER~): loc. v. 1. Hacer (algo o alguien) destrozos. 2. Dicho de los niños: Hacer travesuras.

NIQUITOSO, A: adj. Dengoso, melindroso, minucioso: Es muy niquitoso para ser pobre. Var. Niticoso.

El DRAE localiza la palabra niquitoso en Aragón; una variante minoritaria que a veces he escuchado es niticoso.

PAJAREL: m. 1. Especie de ave. 2. Hombre astuto y sagaz, que suele suscitar recelos: ¡Ay, pajarel! ¡Te vi robándome manzanas!

PALANQUE (AL ~): loc. adj. 1. Se utiliza para indicar que una persona está al cargo o al frente de sus tareas o responsabilidades, generalmente rutinarias: Estar, poner, quedar al palanque. 2. En un sentido más estricto, persona que se halla atenta o expectante respecto a algo (‘al loro’ o ‘al tanto’). 

Con mucha frecuencia se utiliza el verbo ‘estar’ para acompañar esta locución (estar al palanque). Posiblemente se trate de una mala traducción calcada del portugués, en donde palanque significa mando, control, poder: Lula está sendo devolvido ao palanque do Brazil.

PARCHAS (HACER~): loc. v. 1. Congeniar, trabar amistad. 2. Surgir el amor y la pasión, formar una pareja: Yo creo que el Juan y la María van a hacer parchas.

En español la parcha es la fruta de la pasión, quizás de ahí venga la expresión hacer parchas, que en español equivaldría a la locución verbal coloquial: Hacer buenas migas.

PESTILLAR: v. 1. Dícese cuando no se acierta a abrir una puerta con la llave. 2. Por extensión, trabajar o estar inmerso en una actividad de forma insistente con resultado neutro o sin resultado, nunca con éxito: Tu Manuel siempre está pestillando con los tomates y luego no saca nada.

PEUQUE: m. Calcetín de lana para el invierno. Var. Piuque.

RASMIAR: v. Rasguñar, arañar, raspar, rasgar.

RASTRA: f. Ristra; trenza hecha de los tallos de ajos o cebollas.

Aunque el ALEANR (mapa 310: Sarta de cebollas o equivalente) registra un ‘rastro de cebollas’ en Ademuz (V-100); lo cierto es que el sustantivo más común es la variante femenina ‘rastra’, sobre todo aplicada a los ajos.

RASTRO: m. Herramienta más o menos grande de madera, a manera de azada, que en vez de pala tiene dientes fuertes y gruesos, y sirve para recoger y amontonar, una vez trillada, la parva en la era.

RAYA (SACAR LA ~): loc. v. Precio excesivo que se exige por la compra de una cosa o por la prestación de un servicio: Nos sacaron la raya en aquel restaurante.

REDONDA: m. Zona destinada a la protección de las ovejas en la época más fría del año, que se prolongaba de noviembre hasta abril.

RESPALDO: m. Lugar indeterminado donde da el sol y en donde una persona halla cobijo o protección del frío: El Luisito tenía frío y se ha puesto al respaldo.

TARRIÓN: m. Cierta pieza de madera o de hierro, con forma de u abierta, que lleva un enganche a cada lado para fijar sendas cadenas, y que se pone a las caballerías para labrar, trillar, arrastrar maderas, palos, etc., y asegurar la estabilidad del tiro.

TINGLAZO: m. Calambrazo, estremecimiento producido por una descarga eléctrica, un golpe o de forma involuntaria.

 TOCOLÓN: m. Coscorrón.

VOLTEA(D)O (HABLAR, CONTESTAR, REPLICAR ~): loc. v. Se utiliza para indicar que una persona está muy enojada y que levanta la voz de malos modos: Se enfadó mucho y me ‘habló voltea(d)o’.

Se entiende hablar bien al hecho de manifestar, en tono y contenido, cortesía o benevolencia. Hablar volteado significaría todo lo contrario (voltear = poner al revés).

ZORIZA: f. 1. Disputa, discusión, debate muy acalorado: Vaya zoriza han tenido los dos primos, casi se lían a puñetazos. 2. Contienda, riña, suiza: Vaya zoriza han tenido los dos primos, uno de ellos le ha reventado la nariz.

Zoriza es palabra muy viva en la comarca y El DRAE no la reconoce; sí reconoce zuriza pero con la marca ‘poco usado’ y además nos remitía a suiza.

ZORRERA: f. Sueño, cansancio, debilidad: Ha estado segando todo el día a pleno sol y lleva una zorrera que no se tiene.

ZURRIR: v. 1. Tirar, arrojar alguna cosa. 

Además, me he concedido alguna licencia personal (muy pocas), como en el verbo SALTIQUIAR; licencia que por otra parte se halla supeditada a su función didáctica, para facilitar la claridad. Dicho esto, creo que es hora de hablar de las reiteradas críticas que a lo largo de la historia han suscitado ciertas definiciones; aunque pienso que es una deficiencia bastante superada en la lexicografía actual. No sé hasta qué punto hay rasgos de mi subjetividad no solo en las palabras nuevas que antes escribí y que ya he incorporado al diccionario, palabras que no aparecían reflejadas en ninguna colección léxica o diccionario, sino también en todos los cambios o modificaciones realizadas en aquellas palabras cuyas definiciones no las juzgaba satisfactorias, y por tanto trasmuté su sentido o significado con vistas a mejorarlas y a que se aviniesen a presentar de modo fehaciente tal o cual objeto o tal cual concepto o acción. He intentado en ellas reflejar de forma objetiva la realidad, acercarme lo máximo posible a las palabras que pudieran pintar con precisión la imagen a describir. Sé que no lo he conseguido, pues una persona no es un ente vacío, puede dejar, quizá sin siquiera sospecharlo, rastros de sus preferencias, apegos o aversiones, todos estos condicionamientos que apenas se sospechan y que lastran la ecuanimidad necesaria en toda empresa, y más aún en la lingüística.

Con otras palabras, aunque con similar significado, lo expresa Humberto Hernández (1991):

Hoy, todo lexicógrafo conoce de sobra estos riesgos en los que se incurría con cierta facilidad en el pasado. Estas críticas nos hacen pensar que, posiblemente, por nuestro natural afán cientificista de objetivación olvidemos una realidad que no conviene perder de vista: la del carácter social del diccionario. Y que lo que se registra en él no son significados, sino sentidos; sentidos que reflejan muchas veces rasgos connotativos, elementos secundarios al núcleo semántico de las unidades léxicas que, compartidos por toda la comunidad, son portadores de información (no lingüística, sí enciclopédica) de gran interés, sobre todo para el estudiante no nativo; por eso se denomina acepción a la verbalización de cada sentido en la definición lexicográfica.

Hay que partir de esta realidad, la del carácter social del diccionario, que añade dificultad –y provisionalidad– a nuestra labor. Y de este carácter social y de las limitaciones que se derivan de él son conscientes los buenos usuarios del idioma y del diccionario. (cf. Hernández, 1991).

Posiblemente los diccionarios pudieran delatar o revelar, hasta cierto punto, los usos, prejuicios, incertidumbres o fobias, preferencias, etc., del tiempo en que se redactan.

 

  • Problemas encontrados en la redacción del diccionario y soluciones aplicadas

No he podido reflejar la marca de registro (coloquial, vulgar, formal, etc.), al menos de forma continuada y sistemática; pues el problema principal ha sido diferenciar entre lenguaje propio o autóctono de las simples deformaciones y vulgarismos. Este me parece más claro cuando se trata de prótesis, aféresis, metátesis, reducción de diptongos a vocales o viceversa o lo contrario, la conversión de hiatos en diptongos; en todos estos casos tiendo a pensar que se trata de vulgarismos, pues el parecido léxico con la norma castellana hacen que parezcan una deformación; digo vulgarismos, porque, al tratarse de un lenguaje dialectal podría tratarse de un desvío de la norma. Por lo que concierne al lenguaje formal, tampoco logro descubrir, en ninguna de las palabras, marcas de registro que vayan en esta línea. En cuanto a los coloquialismos, quizá tuvieran su razón de ser en un lenguaje más normativo o que marcase con más claridad el registro formal o culto de la lengua.

Otro problema en estrecha concomitancia con el anterior planteado: ¿incluir las prótesis, aféresis, metátesis, la reducción de diptongos a vocales o viceversa y la conversión de hiatos en diptongos? Al tratarse de un lenguaje dialectal sin mayor regulación, un lenguaje vinculado a los oficios del campo, son numerosos estos casos. He optado por incluir en el diccionario solo las palabras más usadas o relevantes. Pero entonces, si los incluyo, ¿cómo reflejarlos como entrada de diccionario? He optado por dos soluciones:

  1. Ejemplo: RETURAR es ROTURAR en castellano normativo (DRAE). Escribir en un primer lugar (después de la entrada o lema y la marca gramatical) la palabra normativa, esto es, ROTURAR, y a continuación la definición tal y como viene expresada en el DRAE. Y así queda:

RETURAR: v. Roturar; arar o labrar por primera vez las tierras eriales o los montes descuajados, para ponerlos en cultivo.

  1. Ejemplo: LAY es LEY en castellano normativo (DRAE). Escribir en primer lugar (después de la entrada o lema y la marca gramatical) la palabra normativa, y no añadir nada más. Y queda así:

LAY: f. Ley.

Por otra parte, en el diccionario, ¿incluir solo el verbo, por ejemplo, RETIZAR, o también los derivados, como RETIZADOR o RETIZÓN? Siempre que ha sido posible y he podido reparar en ello, he incluido todas las formas:

RETIZADOR: m. Tirabrasas; barra de hierro para remover las brasas en los hornos.

RETIZAR: v. Atizar; remover el fuego o añadirle combustible para que arda más.

RETIZÓN: m. Palo a medio quemar en el horno del carbón.

También existen problemas con las marcas gramaticales, pues en una misma palabra, por ejemplo, ROSIGÓN, me he encontrado con que en una acepción es un nombre y en otra acepción una categoría gramatical distinta, en este caso un adjetivo: he marcado primero el 1, correspondiente a la primera acepción, a continuación la marca ‘m.’ (nombre masculino) y después 2 (2ª acepción) y después la marca gramatical ‘adj.’ (adjetivo).

ROSIGÓN: 1. m. Mendrugo de pan. 2. adj. Persona que murmura o se queja. 3. adj. Persona que pide algo con insistencia.

Otro ejemplo:

PIOR: 1. adj. comp. de malo. De mala condición o de inferior calidad respecto de otra cosa con que se compara. 2. adv. m. comp. de mal. Más mal, de manera más contraria a lo bueno o lo conveniente.

Y aún otro más:

GUARÍN: 1. m. Lechoncillo, el último nacido de una camada o lechigada. 2. Adj. Hijo o hija menor de una familia.

El ALEANR (acepción 1) anota dicho tipo léxico en Ademuz y en el sur de la provincia de Teruel. || En la acepción 2, el ALEANR registra guarín en Riodeva (Teruel) y guarino en Santa Cruz de Moya (Cuenca), ambas localidades contiguas al Rincón.

En la primera de las tres palabras presentadas como ejemplo, ROSIGÓN, también he hallado dificultades, pues las acepciones 2 y 3 sin ser idénticas sí son muy parecidas, y es difícil establecer una línea semántica que sirva para dilucidar si ambas definiciones debieran compartir acepción o hay que reservar una para cada una de ellas.

Contrariamente a lo reseñado en las tres palabras anteriores, que han servido de ejemplo para comentar un problema específico, la norma que he utilizado para uniformizar es la siguiente: si todas las acepciones corresponden a una misma categoría gramatical, se coloca en primer lugar la marca (sea nombre, adjetivo, verbo, etc.) y a continuación las acepciones, sin marca: 1.2.3. etc. Ejemplo:

RASPAJO: m. 1. Raspa que queda del racimo después de quitarle las uvas. 2. Figurativamente, lo poco o nada que queda después de un suceso: Marcos se comió todo el arroz, no me dejó ni los raspajos.

Viene de raspa (‘grumo de uvas’); ambos términos (raspa y raspajo) registrados en el DRAE, si bien raspajo nos remite a escobajo.

Al igual que la mayoría de las palabras que aparecen en el diccionario, REVOLVER y REPRETAR (REAPRETAR, en castellano) tienen, también en la comarca del Rincón de Ademuz, más de una acepción: una que es específica de la zona y otras compartidas con las que se explicitan en el DRAE. ¿Qué hacer? ¿Dejo constancia escrita solo la de la comarca, ‘tomar una curva del camino o carretera’ (en el caso de REVOLVER) y ‘ahorrar, economizar, privarse de gastos’ (en el caso de REPRETAR), o también las otras? Se ha optado como norma aplicar solo los significados propios de la zona y no las compartidas o genéricas, con las siguientes alteraciones o excepciones:

  1. Si la acepción, aunque aparece en el DRAE, es anticuada o poco conocida y, sin embargo, de gran relevancia en el Rincón.

DEDIL: m. Cada una de las fundas de cuero o de otra materia, que se ponen en los dedos para que no se lastimen o manchen. 

En el DRAE es voz anticuada. Equivale a dedal.

BANDEAR: v. Mover, voltear las campanas.

El DRAE registra la forma como verbo ant. ‘mover a una y otra banda alguna cosa’ y como propia de Aragón con el significado de ‘columpiarse’. El ALEANR (XI, 1444) la constata como extendida en Aragón y Navarra (‘tañer o sonar las campanas’). Der. m.: bandeo.

  1. Si corresponde a un regionalismo aragonés o valenciano, marcada en el DRAE como tal.

BARRAL: m. Redoma de vidrio usada para beber vino a chorro por el largo pitón que tiene en la panza.

Es voz atestiguada, con este valor o similares, en hablas castellanas del oriente peninsular. El DRAE localiza barral (‘redoma grande y capaz de una arroba de agua o vino, poco más o menos’) en Aragón.

  1. Si la acepción tiene su importancia en la comarca y además sirve para desambiguar o aclarar otras acepciones del diccionario (sin tener que recurrir a otras obras externas).

AZAGADOR: m. Senda que sirve para el paso del ganado, para transportar la cosecha u otros usos.

Es derivado de azagar, que el DRAE define así: ‘(Dicho de las ovejas o de las cabras) Ir una tras otra en las sendas’. Es lugar del término de Casas Bajas.

PIEZA: 1. m. y f. Aplicado a una persona: Malévola, astuta, indigna de fiar: Ten mucho cuidado con Tonico, que está hecho un pieza. 2. topóni. f. Porción de terreno cultivado.

La acepción 2, registrada en el DRAE, tiene su representación toponímica en la comarca, quizá la más importante sea las Piezas Rotas, en el término de Ademuz.

¿Qué ocurre cuando hay una variante de una palabra con igual significado? Entonces aparece como lema o entrada la palabra que se use igual o más, pues tendrá el título de ‘variante’ (Var.) aquella que se use igual o menos. Es decir, como entrada o lema debe aparecer obligatoriamente la palabra que sea más utilizada o característica o al menos que lo sea tanto como la otra. La variante se escribe al final de la acepción o acepciones precedida de la marca ‘Var.’ en cursiva. A continuación aparece la palabra con el mismo significado que la principal, siempre en negrita. Si hay más de una variante, se reflejan todas, una tras otra, separadas por comas. Algunos ejemplos:

ROBINARSE: v. Oxidarse. Var. Rubinarse, arrobinarse, arrubinarse, enrobinarse, enrubinarse, rumientarse.

ROMANCEAR: v. 1. Ir [a alguien] con romances. 2. Protestar, murmurar por lo bajo: Está siempre romanciando. Var. Romanciar.

ESCASCORAR: v. Pelar las almendras y en general los frutos secos provistos de cáscara. Var. Escascarillar.

Ahora bien, si la variante se usa mucho menos, es situada en una explicación.

LEGONA: f. Especie de azada con una hoja bastante ancha la cual forma pieza continua con una prolongación alargada de hierro (a manera de tubo) que encaja en un mango de madera.

Otra variante, menos usada, es ligona, voz que registra el DRAE como voz rural, la localiza en Aragón y remite a legón (‘especie de azadón’).

En ocasiones, también se ha hallado dos palabras iguales en su uso, algo parecidas en la forma o en absoluto semejantes, y no sabría cuál de las dos es más significativa para incluirla como lema o entrada. Así pues, he preferido realizar dos entradas. Ejemplos:

OSCUA/OSTIEN:

OSCUA: interjección usada para expresar disgusto, asombro, sorpresa, admiración, etc.

Al igual que ostien, es eufemismo de hostia.

OSTIEN: interjección usada para expresar disgusto, asombro, sorpresa, admiración, etc.

Al igual que oscua, es eufemismo de hostia.

TONTARRA/TONTILÁN

TONTARRA: adj. Tonto.

Intensifica y da un valor despectivo a tonto.

TONTILÁN: adj. Tonto.

Intensifica y da un valor despectivo a tonto.

En cuanto a las locuciones se han encontrado un par de casos que me han suscitado algunos problemas; paso a referirlos:

  1. En la locución verbal con la palabra ‘malagana’ puede esta ir precedida por, al menos, los siguientes verbos: entrar, coger y tener (entrar malagana, coger malagana y tener malagana). ¿Cómo redactar esta locución como entrada o lema? Lo he dispuesto del siguiente modo:

MALAGANA (ENTRAR, COGER, TENER ~): loc. v. Estar inmerso en un estado de desfallecimiento de fuerzas o desmayo: Le ha entrao malagana y se lo han llevao al médico.

  1. En la locución adverbial TO PLEGAO (muy parecido al catalán TOT PLEGAT), no se sabía si incluir la entrada en la T o en la P. Y el mismo problema se ha tenido con otras palabras. También con las expresiones, como por ejemplo, ESTAR EN LA VERDAD, ¿la incluyo en la E o en la V? ¿Cuál sería la palabra ordenatriz? Es decir, la locución debería aparecer lematizada bajo una de las palabras de la estructura (palabra ordenatriz). Como norma general, la palabra ordenatriz será aquella regida por un sustantivo, de existir dos, será el primero; de no existir sustantivo, la palabra ordenatriz será aquella con mayor valor semántico, aunque se intentará en la medida de lo posible respetar el orden presentado en la locución o expresión verbal.

Algunos ejemplos de locuciones:

TO PLEGAO: loc. adv. En conjunto, en resumen, en definitiva.

Es forma similar al tot plegat catalán. Locución incluida en la letra T.

VERDAD (ESTAR EN LA ~): expresión que indica que alguien ha muerto. Locución incluida en la letra V.

VETA (TIRAR DE ~): loc. v. Gastar sin mesura. Locución comprendida en la letra V.

¿Y los adjetivos cuya D es casi inexistente en la praxis lingüística? ¿Cómo se ha de expresar o escribir estas palabras en el Diccionario del Rincón de Ademuz? Son, igualmente, numerosas estas palabras. En el Diccionario que se ha redactado aparece la D entre paréntesis, simbolizando que su uso lingüístico es opcional o apenas usado. Solamente en las palabras MALFACHA(D)O y MALTRAZA(D)O, se ha indicado que lo más corriente es pronunciarlas sin la letra D, es decir ‘malfachao’ y ‘maltrazao’; aparte también se dice que es bastante más frecuente la forma masculina. Con estas dos palabras se ha elegido presentarlas en entradas distintas para dejar constancia también de dos palabras ‘facha’ y ‘traza’, que forman parte de la palabra mayor o parasintética. Casi siempre la D entre paréntesis nos señala la presencia de adjetivos, pero no siempre, por ejemplo, ‘hinajado’ es nombre masculino.

                 MALFACHA(D)O, A: adj. Se dice de la persona que tiene mal tipo, mala facha, etc.

Aunque es un adjetivo, y se admitiría la forma femenina, es mucho más usual el masculino, y sin ‘d’.

 

                 MALTRAZA(D)O, A. adj. Que tiene mala traza (apariencia o forma de hacer y trabajar).

                 Es mucho más usual la forma masculina. Tiene un sentido algo más genérico que malfachado.

ESBARRIA(D)O, A: adj. Dícese de lo que está esparcido, diseminado o separado: 1. Se han helado las almendras y hay cuatro esbarriadas por los árboles. 2. Mas del Olmo está muy esbarriao; en cambio, Casas Bajas tiene las casas más juntas.

 HINAJA(D)O: m. Adobo con hinojo, vinagre, ajo y especias utilizado para dar sabor a la carne antes de cocinarla. 

¿Y cuándo la palabra tiene varios significados, es decir, consta de varias acepciones? Se dispone la acepción más importante en primer lugar, y en este orden van ejecutándose las demás. En el caso de que no sea del todo posible dilucidar cuál significado es más relevante, regirá seguidamente el principio de equivalencia o parecido semántico, esto es, los significados con cierto contenido semejante tenderán a ser ubicados en posiciones contiguas, más alejados del resto. En la palabra PLEGAR, con varias acepciones, y ninguna equivalencia en castellano, se han puesto las distintas acepciones del siguiente modo:

PLEGAR: v. 1. Hacerse con algo o alguien: Ibas muy rápido andando pero te hemos plegao. 2. Sorprender o descubrir a alguien: Lo ha plegao robando manzanas. 3. Coger o atrapar a alguien: Como te plegue te voy a dar dos hostias. 4. Recoger, reunir, recolectar: Suele plegar muchos allatones. 5. Dejar el asunto que se lleva entre manos por dar este mal resultado. 6. Concluir un trabajo o acabar cualquier cosa. 7. Quedarse dormido. 8. Morir.

En algunos casos ha sido necesario expresar el tipo de verbo, pues de otro modo difícil hubiera sido entender su concepto o significado, por ejemplo en los verbos OLORAR y GOLER, que ambos significan OLER.

OLORAR: v. transitivo. Oler.

Para el verbo oler se utilizan dos variantes en el Rincón: Goler y Olorar: el primer uso es intransitivo, contrariamente a olorar (también utilizado en el Rincón para el verbo oler): 1. Olora esta comida. 2. Las plantas suelen goler bien. En catalán se dice también olorar.

GOLER: v. intransitivo. Oler.

 

 

  1. Macroestructura
    • Número de artículos y caracterización general del diccionario

El diccionario está compuesto de poco más de mil artículos, dispuestos de forma alfabética según el lema o entrada que los encabeza.

El número de lemas según la letra del abecedario es la siguiente:

A 58 lemas. Desde ABABOL hasta AZUELO.

 

B 40 lemas. Desde BAI SÍ hasta BURRA.

 

C 117 lemas. Desde CABRO hasta CULERA.

 

D 32 lemas. Desde DALLA hasta DUELO (HACER ~).

 

E 98 lemas.  Desde ECHAR hasta ESTROZA.

 

F 19 lemas. Desde FÁCIL [SER ~) hasta FUCHINA (HACER/IRSE DE ~).

 

G 57 lemas. Desde GACHAS hasta GUIZQUE.

 

H 27 lemas. Desde HACINAR EN CABELLO hasta HURGACHO.

 

I 13 lemas. Desde IGUAL TIENE hasta INVITE.

 

J 13 lemas. Desde JABALÍN hasta JUSTAMENTE.

 

L 30 lemas. Desde LABRADA hasta LUSTROSO.

 

M 75 lemas. Desde MACHO hasta MUNCHO.

 

N 11 lemas. Desde NEVASCO hasta NUSOTROS

 

Ñ 1 palabra. ÑUDO

 

O 16 lemas. Desde OBISPO hasta OVEJO.

 

P 90 lemas. Desde PADER hasta PUGA.

 

Q 10 lemas. Desde QUEMAZO hasta QUITAO.

 

R 97 lemas. Desde RABOGATO hasta RUMIENTO.

 

S 47 lemas. Desde SABANAZAS hasta SUNSIRSE.

 

T 89 lemas. Desde TABLA hasta TRUMBESCA.

 

U 11 lemas. Desde UBRERA hasta UVA.

 

V 23 lemas. Desde VAGO hasta VOLTEADO.

 

Y 6 lemas. Desde YEGUATO (MACHO ~) hasta YUNTO.

 

Z 24 lemas. Desde ZABORRO hasta ZURUTO.

Estos lemas o entradas están dispuestos según un orden semasiológico. Además, se trata de un orden alfabético directo, según el cual la alfabetización se realiza de izquierda a derecha en la palabra que sirve de entrada al artículo lexicográfico. Con relación a lo mentado, en el trabajo ‘La macroestructura del diccionario’ de María Auxiliadora Castillo Carballo se puede leer lo siguiente:

Se suele tener en cuenta,para la elaboración de diccionarios de regionalismos, de lenguaje popular, de jergas, de tecnicismos, etc., el criterio de la diferenciación frente a un diasistema de referencia, es decir, cuando se estudian las variantes  diatópicas, diastráticas o diafásicas frente a la lengua estándar.

Esta contrastividad es importante, también, para determinar la selección de entradas en un repertorio lexicográfico de neologismos, en la medida en que se ponen en relación dos sistemas.

Puesto que se trata de un diccionario dialectal, ha sido el DRAE el diccionario que ha servido como contraste, como norma, como reflejo, y de este modo se han puesto en relación dos sistemas, sus diferencias y similitudes. Ha sido el DRAE, por consiguiente, la referencia.

 

  • Abreviaturas utilizadas en este diccionario

Hay determinados tipos de marca que no existen en este diccionario. Por ejemplo, están ausentes las marcas de tipo geográfico, ya que se trata de una comarca pequeña, y es complicado discernir con límites exactos qué palabra o expresión se utiliza en tal o cual pueblo.

Lo mismo ocurre con las marcas de uso, tipo ‘coloquial’, ‘vulgar’, ‘formal’, etc., que no se aprecian casi, solo en casos excepcionales.

Eso sí, las marcas gramaticales sí existen, si bien los verbos aparecen de forma genérica, no mostrando la amplia variedad que atesoran y cuya concreción quizá facilitase la comprensibilidad del lema o entrada.

Hallamos también otras abreviaturas que no cabría encasillar en meras marcas de gramática; son las siguientes:

adj. adjetivo

adv. adverbio

cast. castellano

com. nombre común en cuanto al género

despect. despectivo

en sent. fig. en sentido figurado

  1. nombre femenino

loc. locución

loc. v. locución verbal

loc. adv. locución adverbial

  1. nombre masculino

prep. preposición

sust. sustantivo

  1. temporal

topóni. topónimo

Var. variación.

 

  • Nombres geográficos y topónimos

Son varias los lemas o entradas que, aunque tienen un significado, solo se conocen en la comarca como topónimos, como términos del territorio del Rincón de Ademuz. He consignado varios términos, un poco sorprendido no ya de que tuvieran tal o cual significado sino de que en verdad tuvieran alguno, pues pensaba que eran términos hueros, sin ningún contenido semántico; ahora bien, una vez conocidos se comprueba que tienen su lógica, se trata de términos orográficos, muy en consonancia con lo que desean representar, por ejemplo, una HOYA es una concavidad u hondura formada en la tierra, muy parecido a HOYELA o HOYUELA, paraje este último del cual recuerdo perfectamente el gran tajo, hoy ya cubierto de escombros, que dividía la parte del cementerio de la de mi pajar. O CAIDA (sin tilde, es un diptongo) es un declive importante del terreno; si uno visita Peñacaida (sin hiato), encontrará unas pendientes muy acusadas, donde incluso es difícil mantenerse en pie sin hacer un esfuerzo por no caerse. De ahí, ‘caida’ de caer. Siempre es un placer conocer el significado de estas palabras y descubrir esta lógica interna. Son los siguientes, por orden alfabético:

ALMAJAL: m. Terreno pantanoso, ciénago.

Es lugar cercano al río Turia, en el término de Casas Bajas y muy cercano al núcleo urbano.

AZAGADOR: m. Senda que sirve para el paso del ganado, para transportar la cosecha u otros usos.

Es derivado de azagar, que el DRAE define así: ‘(Dicho de las ovejas o de las cabras) Ir una tras otra en las sendas’. Es lugar del término de Casas Bajas.

CANALEJO: m. Chorro de agua que sale de una fuente.

La Canaleja se halla en una zona próxima a Casas Bajas, ya en el término de Santa Cruz de Moya, junto a los Ceñajos. Es una zona escarpada y virgen, muy montañosa.

CAIDA: f. Se dice de un declive importante en el terreno. De caer.

El Rincón de Ademuz es rico en ellas, por lo que no es de extrañar su representación toponímica, como en las Caidas del Val, en el término de Ademuz o como Peñacaida, en Casas Bajas. El DRAE (s.v. caído, da) remite su acepción 12 a ‘añadidura’, y localiza en Aragón; para el Rincón de Ademuz esta acepción ‘añadidura’ no la veo aceptable. Caida viene de caer, quizá por la dificultad de permanecer en el terreno (de pie) sin caerse.

 CARRASCALEJO: m. Carrascal. 

El Carrascalejo es el nombre de dos lugares, en los términos de Ademuz y Casas Bajas.

 CEJA: f. Parte superior o cumbre del monte o sierra.

Con este valor es recogido por el DRAE en su sexta acepción. Es topónimo representado en el terreno de ‘La Ceja’, en Casas Bajas.

CEÑAJO: m. Oquedad que deja un risco grande y vertical en su base que suele servir de abrigo al ganado.

COLLADO: m. Tierra que se levanta como un cerro, algo menos elevada que un monte.

En el término de Casas Bajas, que linda con Santa Cruz de Moya, existe el ‘Collao Milguerra’ que pertenecía a Miguel Collado Guerra. Como no tenía familia, donó sus tierras al Ayuntamiento, de ahí el nombre.

HOYA: f. Concavidad u hondura grande formada en la tierra.

Es forma bien representada en toponimia; sin ir más lejos, en Casas Bajas encontramos la Hoya Somera y las Hoyas, o en Vallanca, la Hoya Madalena.

HOYUELA: f. Hoyo en la parte inferior de la garganta, donde comienza el pecho.

Es voz registrada en el DRAE. La Hoyuela, también pronunciada popularmente como La Hoyela, es término de Casas Bajas. Bien es cierto que hoyuela parece remitirnos a una hoya en miniatura.

LOMA: topóni.  f. Altura pequeña y prolongada.

En Casas Bajas hay un término que se llama ‘Las Lomas’.

 OMBRÍA: m. Umbría; ladera o vertiente en la que no da el sol. Var. umbría.

Es una palabra, ombría, bien representada en la toponimia de la comarca. En Casas Bajas tenemos la ‘Ombría la cera’ y la ‘Ombría la vaca’. Puede explicarse por evolución regular a partir de la familia léxica latina de UMBRA. Ombría alterna con umbría, esta última sería una evolución por cultismo a partir de la familia léxica latina de UMBRA.

PIEZA: topóni. 1. m. y f. Aplicado a una persona: Malévola, astuta, indigna de fiar: Ten mucho cuidado con Tonico, que está hecho un pieza. 2. f. Porción de terreno cultivado.

La acepción 2, registrada en el DRAE, tiene su representación toponímica en la comarca, quizá la más importante sea las Piezas Rotas, en el término de Ademuz.

QUIÑÓN: m. 1. Parte que alguien tiene con otros en una cosa productiva, especialmente una tierra que se reparte para sembrar. 2. Porción de tierra de cultivo, de dimensión variable según los usos locales.

Ambas definiciones en el DRAE. Representado como topónimo en el Quiñoncillo, del término de Castielfabib, y los Quiñones, del término de Casas Bajas.

 SOMERO, A: adj. Poco profundo o muy inmediato a la superficie. Usado también en sentido figurado: Somos pobres, nuestras raíces son someras.

En el término de Casas Bajas se encuentra la Hoya somera; además, se conocía como la Torre somera la hoy aldea de Torre Alta.

VAGO: m. 1. Hondonada, concavidad en el terreno. 2. Erial, solar vacío.

Término representado en la toponimia de la comarca, como el Vago (de) la Erilla (o Vagolerilla, directamente) del término de Casas Bajas, o el Vago (a secas) del término de Ademuz.

VAL: m. Valle.

Es forma apocopada y con despalatización de –ll– (< lat. VALLE), que solo se da en la toponimia, como por ejemplo el Val de la Sabina, el Val del Agua, el Valseco.

 

  • Público al que va dirigida la obra

El objetivo primordial de este diccionario, o mejor dicho, de la elaboración del presente diccionario, ha sido el de tratar de recoger un léxico especializado en el Rincón de Ademuz, ¿y cómo se ha tratado de llevar a cabo?, pues intentando registrar el máximo número de unidades léxicas, y que fueran voces propias de la comarca o bien que pudieran encuadrarse dentro de los regionalismos de los que la comarca forma parte.

Una vez establecidas estas pautas generales, cabe decir que las personas a las cuales puede interesar este diccionario están contenidas fundamentalmente en alguno de estos dos grupos, lejos de los cuales es improbable que este diccionario dialectal tan específico pudiera despertar algún interés:

  1. Grupo de personas que aman la comarca del Rincón de Ademuz o se sienten identificadas con su cultura popular, y que además poseen un mínimo de interés por la lingüística.
  2. Grupo de personas muy versadas en la filología hispánica, amantes y curiosas de distintos registros de palabras.

 

  • Expresiones y locuciones

Las expresiones y locuciones también tienen su espacio en el presente diccionario. Son  unidades más amplias que la palabra, a las cuales se ha dado cabida según un orden alfabético, por tanto, no han sido inventariadas en secciones independientes ni incluidas al final del artículo del diccionario. Han tenido en el diccionario el mismo rango que el resto de las entradas que disponían de una sola palabra,  han tenido igual independencia, y han ocupado, consecuentemente, el lugar que les ha correspondido según la ordenación alfabética. No han formado subentradas, es decir, una entrada dentro de otra entrada, sino que han ocupado rango de lema. A continuación, se puede observar algunos ejemplos tanto de expresiones como de locuciones:

RASMIÓN (DE ~): loc. adv. De pasada, de refilón. 

GOZO (DAR ~): loc. v. 1. Apetecer: Me daba gozo ir a la fiesta. 2. Resultar agradable: Daba gozo aquella muchacha, lo bonica que era y lo bien que cantaba.

GRANDE (HACERSE EL ~): loc. v. Fanfarronear, alardear, mostrar soberbia: Se hacía el grande porque tenía un macho más grande que el mío.

NO SABER/ENTERARSE DE LA MISA LA MITAD: expresión usada para indicar que alguien ignora una cosa o no puede dar razón de ella.

VALER MÁS LA SALSA QUE LOS CARACOLES: expresión que indica que en algo tiene más valor lo secundario que lo principal.

 

  • Índice alfabético de ilustraciones

Como bien afirma Francesc Rodríguez Ortiz, “las ilustraciones constituyen uno de los recursos más discutidos en la metalexicografía. Los reparos teóricos que aconsejan prescindir de las ilustraciones en los diccionarios contrastan con su enorme potencial didáctico”. Y ese, y no otro es el principal motivo de incluir en el diccionario del Rincón de Ademuz algunas imágenes que contribuyan a facilitar la comprensibilidad del texto y aumentar su potencial didáctico. Ello es especialmente importante en las palabras que expresan referentes que pertenecen a otras épocas, alejadas en el tiempo y ajenas a la realidad actual.  La ilustración remite a la cosa nombrada, no a la realidad de esa cosa y resulta más fácil su asociación a referentes visibles, no abstractos, de nombres concretos.

En el presente diccionario hallamos 13 ilustraciones.

Ilustración 1. Conducción del ‘macho’ (mulo) en la labranza.

En esta foto se puede apreciar un momento de la labranza. El labrador sujeta la caballería para que no se desvíe a izquierda o derecha, mientras alguien (que no se ve o aprecia en la foto) mantiene el arado.

Ilustración 2. Muestra del arado. Fotografía del año 2005

En esta foto se puede visionar el arado propio del Rincón de Ademuz, el cual en los últimos tiempos era de hierro.

Ilustración 3 y 4. Detalles de la labranza con el macho.

Desde otras perspectivas, se aprecian unos detalles muy interesante de la labranza. En la primera fotografía da la sensación de que el labrador ara ‘a charnego’ (muy separado un surco del otro).

Ilustración 5 y 6.

Habitantes de la comarca, más concretamente se trata de los padres del autor de este trabajo. Las fotos están tomadas, respectivamente, en la Umbría la Cera y el Colmenar, ambos términos del Rincón de Ademuz comprendidos entre Casas Altas y Casas Bajas.

Ilustración 7, 8, 9 y 10.

Instrumentos y herramientas del campo.

Ilustración 11. El carro.

El carro de llanta, con su cerco metálico exterior en cada una de las ruedas.

Ilustración 12. El tarrión.

Pieza de madera, con forma de u abierta, que lleva un enganche a cada lado para fijar sendas cadenas, y que se pone a las caballerías para trillar, arrastrar maderas, palos, etc., y asegurar la estabilidad del tiro.

Ilustración 13. Municipios del Rincón de Ademuz por situación geográfica.

Donde se aprecian los distintos pueblos que conforman esta peculiar y, al mismo tiempo, envejecida y despoblada comarca. Imagen tomada de Wikipedia.

 

  1. Microestructura
  • Organización del artículo lexicográfico

El artículo lexicográfico del diccionario está organizado de la siguiente forma:

En un primer momento hallamos la palabra de la entrada o lema en negrita y en letras mayúsculas, a continuación la categoría gramatical a la que dicha palabra pertenece en letra cursiva, también el subtipo gramatical, por ejemplo, si es nombre, nos puede venir como m. (masculino), como f. (femenino) o como com. (nombre común en cuanto al género), categoría gramatical; acepciones si las hubiere, con sus correspondientes números; si la categoría gramatical difiere en las distintas acepciones, esta se marca después del número siempre en cursiva, ejemplos, sinónimos y antónimos (si los hubiere), ejemplos ilustrativos, variaciones de la palabra no registradas por el DRAE y dignas de mención, escritas todas en minúscula y negrita. Las acepciones que no lleven indicada la categoría gramatical, heredan la categoría de la acepción anterior. En cambio, la acepción que tenga una categoría gramatical diferente de la acepción anterior, la llevará convenientemente indicada tras su número de acepción.

En un segundo momento puede asimismo existir, siempre en letra cursiva, toda la información aneja y necesaria que no ha podido plasmarse anteriormente, esto es, informaciones complementarias de muy diversa índole, por ejemplo, comparaciones con el DRAE, si es un arcaísmo, si suele aparecer una palabra aislada o inserta en enunciados mayores, en qué lugares localiza el DRAE y el ALEANR la palabra o grupo de palabras de las cuales estamos tratando, si se trata de un catalanismo/valencianismo o es propia de Aragón, o incluso si podría tratarse de una mezcla de ambas (como el caso de allatón y allatonero), informaciones sobre prótesis, metátesis, vacilaciones en el sonido, explicaciones de si se trata de una palabra vulgar o bien una palabra que ya no está en uso, por corresponder a formas de vida anquilosadas, si es un verbo común, si es término de un determinado pueblo, si una palabra se conoce solo por su referente topográfico y no tiene en cambio contenido semántico, y muchas otras informaciones que se pueden encontrar en muchos de los artículos lexicográficos del Diccionario del Rincón de Ademuz. En resumen: en cursiva se comentan, se explican, se amplían informaciones que se consideran relevantes y que, así tratadas, resultan más prácticas, porque se explican asuntos lingüísticos relevantes en cuanto a la palabra en cuestión y, dada su amplitud (no hay que olvidar que estamos ante un diccionario dialectal) la mejor forma, al menos la más práctica, de darla a conocer es mediante este segundo y explicativo párrafo, en el cual, además, las palabras a las que hace referencia el artículo aparecen en negrita. A veces se establecen indicaciones sobre la pronunciación del lema. Y esto es así, porque la pronunciación en el Rincón de Ademuz difiere en ocasiones del estándar castellano que refleja el DRAE. Así, hallamos que una palabra es distinta al lenguaje normativo únicamente por el hecho de pronunciarlo de una manera y no de otra; como por ejemplo la palabra ‘caida’, sin tilde en la i, pronunciada como un diptongo.

En el artículo lexicográfico desempeñan un papel fundamental los aspectos gráficos. Y también en el Diccionario del habla del Rincón de Ademuz ocurre así, pues los diferentes tipos de letra constituyen un recurso para diferenciar las distintas informaciones: el lema aparece en negrita y en letras mayúsculas, también en negrita se presentan las unidades fraseológicas, locuciones o expresiones, es decir, todos aquellos lemas o entradas constituidos por más de una palabra. El hecho de presentar la entrada en mayúsculas y en negrita nos sirve para diferenciarla del cuerpo del artículo; la diferencia es muy marcada y no hay problemas de reconocimiento.

Pero no solo el Diccionario del Rincón de Ademuz contiene esta descripción gráfica en la entrada o lema sino que se sirve también de diferentes convenciones gráficas como por ejemplo la letra cursiva. En efecto, las marcas gramaticales o de otro tipo, como la indicación de variaciones de una palabra, se escriben con cursiva. Es frecuente, sobre todo para las marcas de uso gramatical u otros similares, el uso de abreviaturas, que permiten aprovechar más el espacio y no tener que escribir toda la palabra, pero sobre todo sirven estas abreviaturas para codificar determinadas informaciones y hacer más sistemática la búsqueda o exploración. Pese a todo, mucha información que en otros diccionarios iría codificada mediante abreviaturas, no se presenta en el Diccionario del habla del Rincón de Ademuz del mismo modo, puesto que podría un exceso de información o codificación mediante abreviaturas no ser aprovechada por el usuario y ser antes motivo de rémora o dificultad que de ayuda. Así pues, determinadas palabras como ‘interjecciones’, ‘expresiones’, ‘sinónimos’, etc., se prefiere escribirlas completas y así soslayar una posible confusión o evitación de palabras incompletas, como son las abreviaturas. Únicamente las fáciles, las muy sencillas, se presentan codificadas. También constituye un recurso de gran provecho para el presente diccionario la virgulilla (~) que sirve para sustituir palabras que en el artículo se repiten con frecuencia (como el lema en los ejemplos), así como los paréntesis y los corchetes, muy utilizados para distinguir en los enunciados definitorios los contornos de la definición.

 

  • Acepciones

Sin duda, uno de los aspectos más importantes, por no decir el que más, de un artículo lexicográfico son las acepciones, el significado único o vario de un determinado lema o entrada. Tal y como dice Humberto Hernández, se entiende por acepción «[…] cada uno de los sentidos realizados de un significado, aceptado y reconocido por el uso, que en el diccionario aparece verbalizado por medio de la definición lexicográfíca” (1991: 133).  Varios de los artículos lexicográficos del Diccionario del habla del Rincón de Ademuz están formados por más de una acepción. Estas acepciones van numeradas, no suelen ser muchas, tan solo el lema PLEGAR alcanza las ocho acepciones, y cada una de ellas funcionan autónomamente, de manera que, además de su definición, pueden estar categorizadas, tener sus propias marcas gramaticales, sus ejemplos, sus sinónimos y antónimos, etc. Como ya se explicó anteriormente, después del número de la acepción puede venir a continuación la marca gramatical si esta no coincide en todas, en cuyo caso se muestra una marca para cada una de ellas.

MATUJO: 1. m. pl. Dulces que se preparan para comer en fiestas señaladas; principalmente, rolletes, mantecados y margaritas. 2. m. Matojo, matorral. 

Aunque, lo corriente o habitual es que la marca gramatical sea compartida por todas las acepciones, en cuyo caso se marca gramaticalmente al inicio de la primera acepción, y esta marca sirve para todas las demás. Ejemplos:

AVIAR: v. Preparar o proporcionar a uno lo que le hace falta para algún fin: 1. Avíate, que ya es tarde. 2. ¿Ya has aviao a los animales?

Con frecuencia, aparece acompañado del verbo dar: Dale avío a la comida, que tenemos hambre.

BOTARGAS: com. 1. Persona desaliñada. 2. Individuo enmascarado que amenizaba algunas fiestas.

No aparecen separadas por medio de una pleca o doble pleca (II), ni siquiera por un punto y aparte, sino por algo mucho más simple: por un punto y seguido, de tal modo que el número es el que marca la acepción que se va a explicar seguidamente.

Para determinar el orden de las acepciones dentro del artículo lexicográfico, en las cuales, insisto, he reflejado únicamente el sentido peculiar que se le confiere en la comarca del Rincón de Ademuz (no el compartido y reflejado en el DRAE), he utilizado el siguiente criterio: el de la frecuencia de uso. Si bien, es conveniente puntualizar que esta frecuencia de uso la he entendido según mi criterio, de resultas de lo que he escuchado y también según la importancia que se le confería en los libros ya reseñados sobre el Rincón de Ademuz. En varias de estas ocasiones, decantarse por una acepción u otra no ha sido todo lo fácil que hubiera deseado. Entonces, si eran varias las acepciones, tendía a agrupar, a situar en posiciones contiguas a aquellas que tenían cierto parecido semántico, es decir, que compartían algunos semas. Eso sí, los sentidos figurados, aparecen en todo caso como una acepción posterior al sentido no figurado. Insisto: no ha sido fácil escapar a las dificultades. En otras palabras lo afirma el profesor Cecilio Garriga Escribano:

“Para realizarlo [esta actividad de colocar una acepción delante de otra] con rigor sería necesario disponer de un corpus representativo que permitiera extraer frecuencias por acepciones, no solo por palabras. En la práctica, es el lexicógrafo el que, echando mano de su propia competencia lingüística, decide qué acepciones son las más frecuentes, lo que da lugar a una actividad lexicográfica intuitiva”.

5.3. Etimología y parecidos con las lenguas castellana, catalán/valenciano y aragonés

La información etimológica aparece vinculada o se limita a su parecido con su correspondiente palabra castellana:

REGLOTAR: v. Eructar. 

Forma vinculada en su etimología al regoldar castellano.

O, más frecuentemente, a la palabra valenciana o aragonesa de la cual proviene o con la cual comparte significado, ya que muchas veces no es posible afirmar cuál palabra es derivación o resultado de la otra:

RESOPÓN: m. Segunda cena que se hace a altas horas de la madrugada y normalmente con propósito festivo.

Forma adaptada del catalán ressopó (iterativo de sopar ‘cenar’).

BOBANILLA: f. Muñeca de la mano. Var. Gobanilla.

Tipo léxico emparentado con el valenciano gobanella y atestiguado en hablas castellanas como las del interior valenciano, la Mancha o Murcia.

 ARGUELLA(D)O, A: adj. Persona delgada, pálida, de aspecto enfermizo. 

El ALEANR lo recoge por todo el ámbito castellano-aragonés (y navarro).

Esta información aparece a lo largo del diccionario de forma bastante generosa, lo cual es normal: al tratarse de una posición geográfica entre Castilla, Aragón y Valencia, resulta curioso marcar geográficamente, mediante una explicación en el segundo párrafo del artículo lexicográfico, de dónde proviene la palabra o con cuál lengua comparte significado. En algunas ocasiones, no es posible precisar en cuál de ellas se enmarcaría, por lo cual entramos en el campo de lo hipotético.

ALLATÓN: m. Almeza, fruto del almez. Es una drupa comestible redonda, como de un centímetro de diámetro, negra por fuera, amarilla por dentro y con el hueso también redondo. Var. Gallatón.

Gargallo Gil (2004) registra ‘allatón’; según él es verosímil pensar que se trate de un cruce entre el aragonés latón y el valenciano lladó  (en catalán, lledó), con prótesis ‘ga’. La variante gallatón la registro en Casas Bajas.

 

5.4. Sinónimos, antónimos y otras relaciones semánticas

En el presente diccionario se presta atención a los sinónimos o, mejor dicho, a ciertos sinónimos, pero no a los antónimos en cuanto tales. Si existen otras relaciones semánticas dignas de mención, vendrán representadas o explicadas en el segundo párrafo del artículo lexicográfico. Lo cierto es que la presencia de estas relaciones semánticas, sobre todo los sinónimos, en los diccionarios resulta práctica y puede ser una ayuda importante para la codificación y comprensibilidad.

La sinonimia, bastante más importante en el Diccionario del Rincón de Ademuz que las otras relaciones semánticas, incluidas los antónimos, se presenta en el presente diccionario de tres maneras:

  1. En primer lugar, no como algo buscado sino, muchas veces, como plasmación en castellano del lema o entrada; es decir, vendría a ser el equivalente en lengua castellana de la palabra dialectal que se está “traduciendo”. Esta palabra solitaria, que funciona como sinónimo, es como una sustitución de la acepción, pero condensada en una sola palabra. Se representa, al igual que cuando se trata de una acepción al uso con varias palabras, también en letra normal (sin negrita ni cursiva). Ejemplo:

ZORRITONTO: adj. Tonto.

En este ejemplo, comprobamos como TONTO es el sinónimo en castellano de la palabra dialectal ZORRITONTO.

  1. En segundo lugar, aparece en primer lugar el equivalente en castellano del lema o entrada a “traducir”, y después, tras un punto y coma, la definición. Es, por tanto, una definición algo más completa que la anterior, ya que dispone no solo del sinónimo en castellano, sino también de una definición completa. Ejemplo:

PEZCUÑO: m. Pescuño; cuña gruesa y larga con que se aprietan la esteva, reja y dental que tiene la cama del arado.

 En el presente ejemplo, vemos como PEZCUÑO es en realidad, en castellano estándar, PESCUÑO; y a continuación, tras el punto y coma, viene la definición de la palabra, tan válida para PEZCUÑO como para PESCUÑO.

  1. En tercer lugar, hallamos unos sinónimos que no son sino variantes dialectales del lema o entrada, lo que viene a significar que son otras formas de decir (variantes) de la entrada, que no es sino otro dialecto, a comentar. Vienen descritas al final de la acepción y precedidas por ‘Var.’ en cursiva, que significa variaciones de la entrada. Siempre van en negrita. Ejemplo:

 PEUQUE: m. Calcetín de lana para el invierno. Var. Piuque.

En el tercer ejemplo, percibimos cómo la palabra PEUQUE, perteneciente al dialecto del Rincón de Ademuz, no viene descrita en castellano por un sinónimo sino por una definición.

 

5.5 Marcas

Las marcas se han venido utilizando, y lo siguen haciendo, para indicar ciertas restricciones de uso del lema o entrada. Sirven para codificar y mejorar la comprensibilidad. En el caso del Diccionario del Rincón de Ademuz estas marcas se han reducido, entre otras cuestiones, por temor a caer en un asistematismo sin demasiada regulación y también en una falta de objetividad. Otra razón es que las excesivas marcas o abreviaturas pueden llevar a error, ya que si no se interpretan correctamente, la información podría perderse. En casos como interjecciones, expresiones, etc., se ha preferido escribir la palabra entera.  Entre otras marcas están ausentes las marcas geográficas, porque no era posible presentar todas las palabras o expresiones como pertenecientes a un determinado pueblo o aldea. Las diferencias, al ser pueblos o aldeas tan cercanas, las he juzgado mínimas y en cualquier caso irrelevantes, ya que trazar una línea divisoria entre localidades tan cercanas no era posible. Por otra parte, incluso en una misma aldea, la unidad lingüística es un mito, ni siquiera así sería posible, como ya afirmase el eminente lingüista don Manuel Alvar.

Otras marcas de las que ha debido prescindir el diccionario son las marcas de uso; al tratarse de un diccionario dialectal o comarcal, no era fácil diferenciar entre lenguaje propio o autóctono y deformaciones y vulgarismos. Sí parece más clara esta diferenciación cuando estamos tratando de prótesis, aféresis, metátesis, reducción de diptongos a vocales o viceversa o lo contrario, esto es, la conversión de hiatos en diptongos; en todos estos casos se tiende a pensar que se trata de vulgarismos, pues el parecido léxico con la norma castellana hacen que parezcan una deformación de la norma. Sin embargo, en un diccionario dialectal sería preferible marcar otros tipos de marca; al menos, en mi caso, al elaborar este diccionario me he visto sin referentes de palabras formales o aún, de referentes de palabras ‘normales’ según un registro, y otras que pudieran catalogarse como ‘coloquiales’. Pese a todo, sí que aparecen las palabras malsonantes, pero no codificadas en abreviaturas, sino correctamente explicadas, cuando hay lugar, en el segundo párrafo del artículo lexicográfico.

¡COPÓN!: interjección usada para expresar diversos estados de ánimo, especialmente extrañeza o enfado.

Es uso irreverente y expresión malsonante, pues, en el rito católico, es el vaso sagrado que contiene las hostias consagradas. Copona y también Copín son variaciones eufemísticas sobre la forma anterior.

Las marcas gramaticales sí existen, si bien los verbos aparecen de forma genérica, no mostrando la amplia variedad que atesoran y cuya concreción quizá facilitase la comprensibilidad del lema o entrada. Intentaremos, no obstante, desgranar estas explicaciones iniciales en distintos tipos de marcas: diacrónicas, diatópicas, diafásicas y diastráticas.

 

5.5.1. Marcas diacrónicas

Ha resultado difícil marcar determinadas palabras como anticuadas, desusadas, poco usadas, obsoletas o arcaicas. Palabras que hasta hace poco tenían plena vigencia en la comarca del Rincón de Ademuz son o me parecen, a día de hoy, marginales. Ciertamente algunas las he escuchado poco, incluso en mi niñez, otras me parecen cercanas o que aún gozan de cierta usanza. Sin embargo, la línea que las separa se me antoja demasiado débil para erigirme en árbitro de cuál es más usada y cuál menos. La palabra ESCUSAR me parece todavía, a día de hoy, bastante usada; no obstante, en el DRAE, con un significado distinto por completo al que se le da en la comarca del Rincón de Ademuz, aparece como palabra anticuada.

ESCUSAR: v. Poder evitar, poder dejar de hacer algo; aplíquese especialmente al hecho de no gastar dinero, de ahorrar: No seas gastador, escusa la peseta to lo que puedas. 

Es voz calificada como anticuada por el DRAE con el significado de ‘Esconder, ocultar’.

 

La palabra DESPIZCAR, también bastante usada en la comarca, tiene el mismo significado que en castellano estándar, pero el DRAE lo refleja como voz desusada.

DESPIZCAR: v. Hacer pizcas algo o cortar trozos muy pequeños de una cosa.

El DRAE anota que es una voz desusada.

En resumen, la dificultad que entraña este conjunto de palabras es considerable, pues no es fácil y  menos aún en un diccionario dialectal o comarcal, determinar cuándo una palabra es un arcaísmo, si ya no se usa o está en trance de desaparecer, si aún se mantiene en tal o cual pueblo o incluso en tal o cual persona, etc.

 

5.5.2. Marcas diatópicas

Las marcas diatópicas señalan las restricciones de tipo geográfico en el uso de una palabra. Obviamente, como ya expliqué anteriormente, no me ha sido posible desgranar cuál palabra se utiliza en un determinado pueblo y cuáles no. Por el contrario, puesto que todas las palabras reseñadas en el Diccionario del habla del Rincón de Ademuz se utilizan o se han utilizado en determinados puntos de la comarca, se han señalado las distintas procedencias o similitudes. Por ejemplo, cuando la palabra es un catalanismo, aragonesismo o valencianismo así se indica, no mediante una marca sino mediante una explicación, casi siempre señalada en el segundo párrafo del artículo lexicográfico.

 

5.5.3 Marcas diafásicas y diastráticas

En cuanto a los fenómenos de habla debidos a los diferentes registros lingüísticos o relacionados con el nivel sociocultural de los hablantes, no los he juzgado demasiado relevantes para el diccionario que nos ocupa. En general, el hablar rural no se caracteriza o, mejor dicho, no se ha caracterizado por un nivel elevado del lenguaje; las personas que vivían o sobrevivían del campo, no disponían de cultura académica, aunque ello no ha sido rémora para mantener en boga determinadas palabras que las nuevas formas de vida han prácticamente arramblado. Es cierto que cuando estamos tratando de prótesis, aféresis, metátesis, reducción de diptongos a vocales o viceversa o lo contrario, esto es, la conversión de hiatos en diptongos, parecen deformaciones del castellano estándar; mas en otros casos no es fácil dictaminar cuándo es lenguaje burdo o lenguaje sencillamente distinto. No en vano, como expliqué en el apartado de las marcas diacrónicas, ciertas palabras que en castellano estándar aparecen en el DRAE como anticuadas o en desuso, es decir, pertenecientes a un castellano ya antiguo, han tenido o siguen teniendo en la comarca del Rincón de Ademuz su usanza.

También existen palabras relacionadas con la intención del hablante, o con restricciones en el uso, pero son palabras muy determinadas, casi se podría decir excepciones, por ejemplo, relacionadas con el lenguaje infantil:

GORRINO: m. Ombligo. Var.: Gorrinico.

Tanto gorrino como gorrinico nombran, de manera afectiva y en contexto infantil, el ombligo. Específicamente, el gorrinico lo anota el ALEANR para Ademuz.

 O relacionadas con un tipo de lenguaje jocoso, divertido:

OBISPO: m. Obispillo; estómago del gorrino relleno de pasta de morcilla.

Quizá por alusión jocosa a su gran tamaño y a la fama popular de golosos de que gozan los dignatarios eclesiásticos.

Encontramos, asimismo, palabras o expresiones con sentido familiar o coloquial, como por ejemplo:

BOTONES: m. norm. pl. Familiarmente, eufemismo de testículos. 

O palabras directamente malsonantes o de extracción vulgar:

ARRADIO: m. Radio. 

La prótesis de ‘a’ (prótesis: adición de un sonido al principio de un vocablo) comporta una vacilación en el género gramatical; en este caso, del femenino al masculino: la radio, el arradio. Es una forma muy extendida en el español ‘vulgar’.

Es cierto que hay una palabra, HOGAÑO, con significación culta:

HOGAÑO: adv. 1. En este año, en el año presente. 2. En esta época, a diferencia de antaño, en época anterior. 

Es forma utilizada por hablantes de condición rústica, lo que contrasta con el registro literario que suele acompañar su uso en la lengua culta.

 Así pues, palabras o marcas como <popular>, <<rústico>> y <<rural>>; <poético>>, <<literario>>, <<culto>>, <<elevado>>, <<afectado> y <<formal>; <informal>, <<coloquial>, <jergal>>, <<argot>>, <marginal>>, etc., no han tenido plasmación en el diccionario.  

De los más usados en el presente diccionario suelen ser los del tipo despectivo:

GAYATO, A: 1. adj. Grandullón y desgarbado. Utilizado en sentido despectivo.  2. m. Bastón, garrote de pastor.

TONTARRA: adj. Tonto.

Intensifica y da un valor despectivo a tonto.

TONTILÁN: adj. Tonto.

Intensifica y da un valor despectivo a tonto.

 

5.6. Ejemplos

Los ejemplos constituyen un elemento esencial en la microestructura de un diccionario de lengua. Aclaran, al poner la palabra en funcionamiento, en la praxis, no pocos sentidos que la simple definición no lograría alcanzar del mismo modo. Ni qué decir tiene que en algunos casos su empleo es más necesario que en otros, sobre todo en aquellos que hay que matizar o cuya definición, por su complejidad, pudiera dejar algún contenido manco. En el Diccionario del Rincón de Ademuz los ejemplos vienen escritos después de dos puntos, sin negrita y sin cursiva, y están ubicados tras la acepción.

TOPETARSE: v. Encontrarse [con algo o alguien], casi siempre de manera fortuita y muy cercana: Nada más entrar a misa me topeté con el cura. 

Se ha intentado que los ejemplos sean realmente ilustrativos y reflejen fielmente el contenido de la palabra. En el caso anterior, a pesar de que la definición es más o menos clara, ayuda a la comprensibilidad de la palabra en un contexto, pues es en ella donde adquiere su razón de ser. Las palabras adquieren su protagonismo, su razón de ser, en el discurso, en la praxis lingüística.

Respecto al número de ejemplos que se han escrito en el Diccionario del Rincón de Ademuz, no hay uniformidad, y esa variabilidad abarca desde artículos lexicográficos que carecen de ejemplo hasta artículos donde todas las acepciones disponen de uno.

ARREARSE: v. 1. Golpearse, pegarse con violencia: Al de Casas Altas le han arreado de lo lindo. 2. Intensifica vivamente un hecho o una acción digna de ser conocida: Se ha arreado tres platos de gachas hasta arriba.

Por lo general, hay un único ejemplo por acepción, raramente dos o tres.

AVIAR: v. Preparar o proporcionar a uno lo que le hace falta para algún fin: 1. Avíate, que ya es tarde. 2. ¿Ya has aviao a los animales?

Con frecuencia, aparece acompañado del verbo dar: Dale avío a la comida, que tenemos hambre.

Parece lógico, entonces, que se elijan las palabras o lemas que presentan más dificultades para que estas puedan ser solventadas con los ejemplos, del mismo modo cabría decir de las acepciones: hay que ejemplificar aquellas con mayor grado de complejidad o con cierto grado de ambigüedad, recordando, como ya se apuntó antes, que es en la praxis donde la palabra adquiere verdadero grado de naturaleza. El diccionario, sin praxis ni contexto, y por ende, sin ejemplos, es una realidad fosilizada, sin movimiento.  

 

5.7. Información gramatical

Los diccionarios incluyen diferentes informaciones de tipo gramatical en sus artículos. La más tradicional es la categoría gramatical de la palabra de la entrada, mediante abreviaturas que hacen referencia a estas categorías: sustantivo, adjetivo, verbo, adverbio, preposición, conjunción, etc., así como el género en el caso del sustantivo, y algunas informaciones relacionadas con la subcategorización verbal: transitivo, intransitivo, pronominal…

Toda esta información queda registrada en el Diccionario del Rincón de Ademuz, y aparece después del lema o entrada, en letra cursiva, con su correspondiente abreviatura, si la hubiere. Únicamente la subcategorización verbal no aparece. Por el contrario, otro tipo de informaciones sí tienen lugar: si es plural (pl.), cuándo la palabra se utiliza más (u.m.), cómo se usa normalmente (norm.) o si se usa siempre (u.siemp.).

Esta información gramatical contenida en el Diccionario del Rincón de Ademuz es un recurso útil para la codificación. Así, también hallamos información sobre si un verbo se combina con caer, dormir o estar, o con todos.

 

5.8. Fraseología

Las locuciones, sobre todo, y ciertas expresiones, cuentan con una presencia más o menos importante en el Diccionario del Rincón de Ademuz. Mi preocupación principal respecto a estas unidades léxicas no ha residido en determinar qué unidades debían aparecer o no, puesto que han sido reflejadas las que he considerado para el diccionario, sino dónde situarlas, con qué letra, cuál de estas palabras se consideraría la palabra ordenatriz. Por ejemplo, EN CUATRO BLINCOS, ¿dónde ubicar esta locución? ¿En la letra E, en la C o en la B?

En muchos diccionarios, estas unidades suelen aparecer al final del artículo lexicográfico, tras las acepciones; aunque en el Diccionario del Rincón de Ademuz se presentan como una entrada o lema más, con la misma consideración que una palabra suelta. Todas ellas aparecen categorizadas (loc. adverbial: loc. preposicional; etc.); pueden llevar marcas de uso; pueden tener distintas acepciones; pueden estar ejemplificadas, etc. Aparecen lematizadas bajo una de las palabras de la estructura, llamada palabra ordenatriz. Tipográficamente también aparecen diferenciadas del resto del artículo, como si fuera una entrada o lema de una sola unidad léxica: están escritas todas las palabras en mayúscula y en negrita, por consiguiente, la diferenciación con respecto al resto del artículo es muy marcada.

DE MEMORIA (CAER, DORMIR, ESTAR ~): loc. v. Boca arriba, en posición supina.

ENGANCHÓN (TENER UN ~): loc. v. Discutir o pelear con alguien. 

VALER MÁS LA SALSA QUE LOS CARACOLES: expresión que indica que en algo tiene más valor lo secundario que lo principal.

 

5.9. Otras informaciones

En este apartado incluyo todas aquellas informaciones que no han venido reflejadas en las anteriores secciones. Con la inclusión de un segundo párrafo en cursiva, en el presente diccionario, se ha pretendido dotar de información a una palabra en aquellos aspectos que no era posible codificar o siquiera nombrar en la acepción o acepciones propiamente dichas. De este modo, el Diccionario del Rincón de Ademuz se ha convertido en una especie de diccionario de dudas y aclaraciones, pues todas las palabras no tenían las mismas necesidades de información y es en ese segundo momento donde se registran todas las informaciones relevantes, desde etimológicas hasta opiniones fundamentadas de ciertos estudiosos. Con mucho la información que con mayor frecuencia aparece es aquella que relaciona la palabra con la reflejada en el DRAE o bien con el ALEANR. Valgan los siguientes ejemplos:

VERNETE: m. Arado con dos varas o timones de hierro, provisto de una vertedera, del que tira una sola caballería. Var. Forcal, forcat.

Se diferencia del forcate en que este es de madera y no lleva incorporado una vertedera (‘cierta pala giratoria con que se golpea la tierra’).

ZABORRO: m. 1. Piedra pequeña y redonda. 2. Hombre pequeño y gordinflón.

Atendiendo a Gargallo Gil (2004), etimológicamente, procede del latín saburra (‘arena’), de donde procede el catalán sorra. Esta palabra se ha extraído del femenino zaborra, usado en Aragón con el valor de ‘piedra pequeña’. Por metáfora de la primera acepción, hallamos la segunda: ‘Hombre pequeño y gordinflón’.

DESAPARTIR: v. Separarse un matrimonio. 

El ALEANR registra esta palabra con el significado de ‘separarse los cónyuges’ en Ademuz y en Teruel capital. Equivaldría al castellano despartir, cuyas acepciones en el DRAE no coinciden con la expresada aquí (la primera acepción es ‘separar, apartar, dividir’, bastante más genérica). Desapartidos se dice de los ‘cónyuges separados’.

 

  1. Conclusiones

No es posible trazar una línea divisoria que permita afirmar que una palabra se utiliza en un determinado pueblo y no en otro; es más fácil descubrir cómo una determinada palabra comparte significación y significante con extensiones más amplias, ya que el Rincón de Ademuz es una encrucijada, no solo geográfica, sino también lingüística, donde confluyen acepciones y formas de hablar, en especial de las zonas geográficas valenciano/catalanas y aragonesas. Aun reconociendo la importante influencia valenciano/catalana, es Aragón la comunidad con la cual compartimos más expresiones y palabras.

La historia de una tierra también está hecha de las palabras peculiares que se han venido utilizando durante años; palabras, giros, expresiones lingüísticas que forman parte de la idiosincrasia del terreno tanto como las piedras y casas que la conforman. Igualmente forman parte de mi historia, de la historia de mis padres y de todos mis paisanos. Gracias a este trabajo, he aprendido que los topónimos o nombres de lugares de determinados términos de la comarca tenían su lógica y su razón de ser; y que solo el tiempo los ha relegado a un nombre geográfico sin correlación en la praxis semántica. Asimismo, gracias a este trabajo he aprendido lo que la teoría no alcanzaba del todo a señalar: palabras como ‘ordenatriz’, ‘lexicalizada’, ‘aféresis’, ‘metátesis’, ‘macroestructura’, ‘microestructura’, ‘transitivo’, ‘onomasiológico’, etc., forman ya parte de mi bagaje intelectual, y por supuesto, también todas aquellas palabras del Rincón de Ademuz que dormitaban en el olvido, pues he sentido que las rescataba del abandono en que las había dejado el tiempo. Las rescataba, sí, para posteriormente reflexionar que esta reparación ya no tiene validez práctica, validez en la vida, sino que se trataba de un rescate de algo muerto y fosilizado, de algo que hasta hace poco era y ya no es, a la manera de un arqueólogo que rescata una pieza más o menos antigua que hace tiempo dejó de utilizarse. Se trata, por tanto de un rescate, quizá, del olvido, o de mi olvido, porque estamos deliberando acerca de palabras pertenecientes a campos léxicos que han desaparecido; pocos o nadie, quizá los más ancianos, recuerdan lo que es una ‘madeja’, un ‘marregón’, o lo que es un ‘macho guiñoso’. Perder parte de este peculiar bagaje es perder una parte importante de nuestra historia. Reflejar estas palabras en un diccionario ha sido disecarlas en un papel donde visionarlas y rememorarlas, donde –al igual que nuestros antepasados, ya fallecidos– continuarán viviendo.

 

  1. Bibliografía

 

Abreviaturas bibliográficas. Diccionarios, atlas y obras de referencia más usuales 

ALEANR = M. Alvar, con la colaboración de T. Buesa, A. Llorente y E. Alvar (1979- 1983): Atlas Lingüístico Etnográfico de Aragón, Navarra y Rioja, Madrid – Zaragoza, C.S.I.C.-Institución «Fernando el Católico» (12 vols.). 

DCECH: J. Corominas y J. A. Pascual, Diccionario Crítico Etimológico Castellano e His- pánico, Madrid, Gredos, 1980.

DCT: C. Hernández Alonso (coord.) (2001): Diccionario del castellano tradicional, Valladolid, Ámbito.

DCVB: A. M. Alcover, F. de B. Moll, M. Sanchis Guarner, Diccionari Catalá-Valencià-Balear, Palma de Mallorca, Editorial Moll, 1985. 

Real Academia Española: Diccionario de la lengua española, 23 ed., Madrid, Espasa- Calpe [cit. como DRAE (2001), también en http://lema.rae.es/drae/].

 

Bibliografía general (lingüística y dialectología) 

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GARGALLO GIL, J. E. (1987): Una encrucijada lingüística entre Aragón, Valencia y Castilla: El Rincón de Ademuz, Barcelona, Universidad Central de Barcelona (tesis doctoral; texto mecanografiado). 

GARGALLO GIL, J. E. (1989): Guía de lingüística románica, Barcelona, PPU.

GARGALLO GIL, J. E. (2004): Habla y cultura popular en el Rincón de Ademuz, Madrid, C.S.I.C.

GARGALLO GIL, J. E. (1986): «Problemes en la interpretació d’algunes afinitats léxiques entre el valencià i els parlars `xurros’», en Actes del VII Col.loqui Internacional de Llengua i Literatures Catalanes (1985), Barcelona, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, pp. 647-657. 

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RODRÍGUEZ ORTIZ, F. (2012): Ilustraciones de la técnica en la lexicografía española. Universitat Autònoma de Barcelona

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VILAR PACHECO, J. M. (2008): Léxico y cultura popular de la Sierra de Albarracín. Centro de estudios de la comunidad de Albarracín.

 

IN MEMORIAM

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No sois vosotras, ricas aguas

de oro, las que corréis

por el helecho, es mi alma.

Aguas de oro, como las describe Juan Ramón Jiménez, reflejo onírico de una realidad que no termina en los estrechos márgenes del cuerpo, sino que se dilata, con una acuosidad de esperanza, en los extensos –e imaginados- cauces del alma, allá donde discurre ufana y libertina, trascendiendo el tiempo, el decrepitar de la forma, el cuerpo azotado y humillado por arrugas y achaques.

No sois vosotras, frescas alas

libres, las que os abrís

al iris verde, es mi alma.

Allí, en aquel departamento de tecnología, a solo unos días del deceso de su progenitor, Federico aducía esperanzas que, conforme las desgranaba, caían en pedazos sobre el inflexible abismo de lo inevitable. Habló de una vida, la de su padre, cuya llama hubiera deseado inextinguible. Pero, lenta e inexorablemente, se iba apagando. Y en cada recuerdo, y en cada análisis, surgía la sospecha del desenlace último, que se presumía inminente: la llama mortal, alas libres hacia el iris verde de la nada.

No sois vosotras, dulces ramas

rojas, las que os mecéis

al viento lento, es mi alma.

Lograr la armonía plena, estética y vital, como unas ramas mecidas por un viento lento. Así concibió Juan Ramón Jiménez este asomo a un abismo de plenitud, que lejos de ser una paradoja no es, Federico, sino un equilibrio más o menos imperfecto en donde nuestro vivir, tan impreciso como fortuito, se balancea. La dicotomía entre el hombre y el mundo, entre la vida y la muerte, entre el padre y el hijo, no es tal bajo la mecedora brisa del recuerdo. Porque hay algo, amigo Federico, que la muerte no podrá arrebatarte: el viento del recuerdo al que alude el poeta español de Moguer, el viento que te susurrará en tiempos muertos y espacios baldíos, ese mismo viento que logrará infiltrarse entre rendijas y heridas abiertas para hablarte de tu padre, o acaso sea tu mismo padre quien se acercara a decirte algo.

No sois vosotras, claras, altas

voces las que os pasáis

del sol que cae, es mi alma.

El sol que cae, última estación del día. Voces que ya anuncian la noche, ocasos donde la luz se despide por siempre.

letum non omnia finit,
luridaque euictos effugit umbra rogos.
[«la muerte no acaba con todo
y una sombra pálida vence a la pira y sobrevive»
, Propercio, Elegías, IV, VII].