Nuestra Historia
El CEIP Ardira: Una historia de lucha y educación en Málaga
En el corazón del barrio de la Carretera de Cádiz, en Málaga, se alza el CEIP Ardira, un colegio con una historia que habla de lucha, esfuerzo y comunidad. Aunque no se conoce con exactitud la fecha de su apertura, su origen se sitúa en torno a 1960, en un tiempo en el que esta zona de la ciudad era un extrarradio en expansión, donde las familias trabajaban principalmente en la fábrica de colchones Flex.
Por aquel entonces, el terreno donde hoy se encuentra el colegio no era más que un descampado. Las familias del barrio, muchas de ellas con varios hijos, se enfrentaban a un grave problema: no había un colegio cercano donde pudieran escolarizar a los más pequeños. La única opción era desplazarse largas distancias hasta otros centros, lo que resultaba complicado para muchos.
Cansadas de esta situación, un grupo de mujeres de la zona tomó una decisión valiente y desesperada: se tumbaron en plena carretera, cortando el tráfico como protesta para exigir un colegio en su barrio. La acción no pasó desapercibida y la Guardia Civil intervino, llevándoselas detenidas y pasando una noche en el calabozo. Sin embargo, su sacrificio no fue en vano.
Como respuesta a la presión vecinal, se habilitaron los bajos de los edificios Ardira, ubicados en el pasaje Jack London, para acoger las primeras aulas del barrio. No era una solución definitiva, pero al menos los niños ya tenían un lugar más cercano donde recibir educación.
El cambio definitivo llegó cuando un consejero de educación, que tenía previsto inaugurar un colegio en Antequera, conoció la historia de estas familias y decidió que los fondos destinados a aquel proyecto se invirtieran en la construcción de un colegio en la Carretera de Cádiz. En un solo verano, las obras dieron forma al CEIP Ardira en el descampado que pertenecía a la fábrica Flex, marcando un antes y un después en la historia del barrio.
Décadas más tarde, en 2020, el colegio volvió a transformarse. Con una reforma integral, se modernizaron sus instalaciones y se ampliaron sus aulas para dar cabida a las nuevas generaciones de estudiantes. Hoy, el CEIP Ardira no solo es el colegio más antiguo de la zona, sino también un símbolo de la perseverancia y la unión vecinal, un recordatorio de que la educación es un derecho por el que merece la pena luchar.
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