Nos informa Antonella Nastasia.

En la sesión de Musicoterapia del miércoles 28 de enero, realizada en un contexto grupal escolar, se desarrolló un clima especialmente calmado, tranquilo y silencioso, favorecido por la ausencia de uno de los niños que en sesiones previas había requerido una mayor contención.

La sesión comenzó con una canción de bienvenida en la que se saludó a cada niño de forma individual, nombrándolo y favoreciendo la repetición de su propio nombre por parte de sus compañeros, para promover el reconocimiento de la identidad, la conciencia de sí mismo dentro del grupo, la atención conjunta y el sentimiento de pertenencia.

Posteriormente se realizaron actividades de coordinación y presencia corporal, seguidas de un trabajo rítmico con tambor y música de fondo, centrado en la percepción del ritmo, las pausas y la alternancia de turnos con el cuerpo, estimulando la atención sostenida, la sincronización y el control del impulso; se observó un buen nivel de atención general, incluso en el niño que habitualmente focaliza su interés en una compañera.

Destacó la respuesta de la niña con síndrome de Angelman, quien mostró elevada curiosidad y atención hacia el instrumento ocean drum, generándose una relación significativa basada en la presencia y la atención compartida.

En conjunto, se percibió una mayor complicidad y cohesión entre los miembros del grupo, con una comunicación fluida a través de miradas, gestos y presencia corporal.

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