Partamos de un principio fundamental que todo docente ha de observar…. la película que se propone en el aula no tiene que servir para ocupar un tiempo o para prescindir de una o dos horas de clase. Lo que se proponga a los alumnos ha de estar siempre preparado con delicadeza y esmero, por parte del maestro o del profesor, y debe de tener una orientación clara y concreta. La pregunta que hemos de hacernos es la siguiente: ¿Qué pretendemos con la película que vamos a presentar en el aula?
No todo ha de servirnos; no todo lo que cae en nuestras manos es adecuado; no todo lo que se proyecta en los cines posee un contenido pedagógico que pueda ayudarnos en nuestra tarea. El cine en Educación Primaria trasciende el entretenimiento para convertirse en una herramienta capaz de estimular la imaginación, fomentar el pensamiento crítico y facilitar la educación en valores. Al integrar estímulos visuales, auditivos y emocionales, permite que los alumnos conecten con conceptos complejos de forma significativa y motivadora.
Así, el cine en el aula, cumple una serie de funciones pedagógicas como…
- Instrumento didáctico: Sirve para introducir o reforzar contenidos del currículo, como hitos históricos (dramas históricos) o fenómenos naturales (documentales).
- Objeto de estudio: Permite iniciar la alfabetización audiovisual, enseñando a los niños a «leer» el lenguaje de las imágenes y entender técnicas básicas.
- Transmisor de valores: Facilita el análisis de roles, actitudes y dilemas éticos, promoviendo la empatía y la resolución de conflictos.
Para que se cumplan estas funciones pedagógicas podemos seguir algunas estrategias, como son:
- Cine-foro: Organizar debates tras el visionado para que los alumnos expresen sus ideas y desarrollen habilidades de argumentación.
- Actividades creativas: Proponer tareas como rediseñar el cartel de la película, escribir un diario desde la perspectiva de un personaje o dramatizar una escena clave.
- Selección crítica: Utilizar no solo cine comercial, sino también cortometrajes y animaciones que planteen dilemas sociales y emocionales profundos.
Redundando todo ello en una serie de beneficios para el alumnado, como pueden ser…
- Atención y motivación: Capta el interés del alumnado con mayor facilidad que los métodos tradicionales.
- Desarrollo emocional: Ayuda a los niños a identificar y gestionar sus propias emociones al verse reflejados en las historias.
