El pasado martes nuestro alumnado vivió una jornada llena de emoción en el Laberinto de Arriate. Desde el primer momento, se adentraron en sus pasillos, probando caminos, colaborando entre ellos y utilizando su intuición para encontrar la salida. Entre risas, pequeñas estrategias improvisadas y mucha cooperación, descubrieron que orientarse también puede convertirse en un juego apasionante.
Durante la visita, cada grupo plantó una pequeña planta, un gesto simbólico que conecta con el cuidado del entorno y con la idea de que todo crecimiento necesita atención y cariño. Será bonito ver cómo esas plantas se desarrollan, igual que lo hace nuestro alumnado día a día.
La mañana terminó con juegos al aire libre, compartiendo tiempo, movimiento y convivencia en un entorno natural que invitaba a disfrutar. Una salida sencilla, pero llena de aprendizajes y buenos momentos.
