Nos despedimos de Italia

Vuelve a amanecer en Vernasca. Un día lluvioso en pleno mes de mayo. No sabemos si el valle quiere despedirse de nosotros o si simplemente quiere mostrarnos, una vez más, todos los contrastes y matices de esta tierra. Porque incluso cuando el valle llora bajo la lluvia, sigue manteniendo ese encanto especial que lo envuelve todo y que ya sentimos un poco nuestro.

Llegamos al centro y, de nuevo, nos reciben con esa cercanía que ya forma parte de nuestra rutina aquí: saludos desde los pasillos, sonrisas sinceras y esa sensación de entrar en un lugar donde, aunque vengas de otro país, consiguen hacerte sentir parte de la comunidad desde el primer día.

Más allá de las visitas a las aulas, hoy nos llevamos algo todavía más importante: la reflexión sobre una forma de entender la educación basada en el bienestar, la autonomía, el cuidado de los espacios y el valor de las relaciones humanas. Durante la reunión final con Nadia, coordinadora del proyecto Erasmus, y con la jefa de estudios, compartimos la ilusión de seguir manteniendo el contacto y de abrir las puertas de nuestros centros para futuras colaboraciones y proyectos eTwinning. Porque cuando las experiencias son auténticas, uno no quiere que terminen al coger un avión de vuelta.

También conocimos más profundamente la organización del centro y los pilares que sostienen su proyecto educativo: la conexión con las familias, el entorno, el aprendizaje cooperativo, el desarrollo sostenible y la importancia de crear ambientes donde el alumnado se sienta seguro y protagonista de su aprendizaje.

Y si hay un momento que nos llevamos especialmente en el corazón, ha sido entrar en la clase de Nadia. Una clase llena de pequeños detalles que dicen mucho sin necesidad de palabras. Allí cada alumno tiene su espacio, su voz y su importancia. Nos encantó ver cómo trabajan en grupo, cómo incorporan descansos activos antes de comenzar y cómo el alumnado reflexiona y valora las actividades desde su propio punto de vista. Pero, sin duda, lo más emocionante fue recibir un pequeño detalle hecho por ellos mismos. De esos regalos sencillos que pesan poco en la maleta, pero muchísimo en el corazón.

Ahora toca volver. Y sinceramente, siento que me llevo tantas cosas en la mochila y en mi cuaderno de notas, que voy a necesitar varios días para ordenar ideas, emociones y aprendizajes. Me llevo recursos, metodologías, reflexiones y muchas ganas de implementar en mi aula aquello que realmente me ha llegado y que puede ayudar a crecer a mis alumnos y alumnas, que son, al final, el verdadero motivo de este viaje.

Pero si hay algo que no esperaba llevarme y que ha sido uno de los regalos más bonitos de esta experiencia, son mis compañeros de aventura. El 10 de mayo, a las 8 de la mañana, antes de coger un avión y sin conocernos de nada, empezó este viaje. Y ahora puedo decir que el destino nos unió por algo. Lo que comenzó siendo una movilidad Erasmus ha terminado convirtiéndose también en una historia de compañerismo, apoyo y amistad. Porque hay personas que llegan sin avisar y terminan dejando huella.

Han sido tantas experiencias vividas en tan pocos días que resulta difícil reflejarlas por completo en un diario.

Por eso, esta no es una despedida ni un punto final. Mi diario Erasmus se queda en puntos suspensivos… porque siento que este viaje, en realidad, solo acaba de empezar.

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