Si bien nuestro sistema educativo se estructura en etapas educativas diferentes con identidad propia, éstas no deben ser entendidas como compartimentos aislados e inconexos entre sí, sino como un proceso continuo y gradual que facilita el desarrollo integral del alumno o alumna.
Es ahí donde cobra importancia el programa de tránsito, parte consustancial del sistema, entendido como un conjunto de actuaciones e intervenciones educativas en el que participan toda la comunidad educativa y que ha de garantizar la continuidad curricular, la coordinación entre profesionales de las distintas etapas, el trasvase de información del alumnado, y el conocimiento y búsqueda de respuestas educativas a las necesidades detectadas.