Mujeres en lucha
Por Laura Tortosa Cámara, de 2º de Bachillerato-B.
Una de las últimas actividades voluntarias propuestas en clase de Historia de España en relación con el tema del tardo franquismo y la Transición, fue el de visionar el documental “Mujeres en lucha” realizado por la televisión sueca en 1976 [https://www.youtube.com/watch?reload=9&v=XcunfB2Nj_E]; el más reciente titulado “Por mí y por todas mis compañeras” [https://www.youtube.com/watch?v=uw1TcgNQoPA]; y la lectura de una entrevista a una de aquellas mujeres luchadoras y revolucionarias, Maruja Ruiz Martos [https://mundoobrero.es/2025/04/02/maruja-ruiz-martos-en-las-luchas-vecinales-en-torre-baro-participaban-mayoritariamente-las-mujeres-siempre-luchas-colectivas-en-las-que-estaban-el-psuc-y-cc-oo/]. Con ello podríamos hacernos mejor una idea de lo que fueron los movimientos vecinales y obreros que al final del franquismo exigieron cambios luchando desde las calles, los barrios, las fábricas y las parroquias.
Las primeras frases del primero de los documentales es demoledor: “Bajo el fascismo no puede hablarse de liberación de nadie, pero menos todavía de liberación de la mujer porque el fascismo es la negación más absoluta, el reducirla a su ser biológico en exclusiva. Eso para mí es el significado del fascismo para la mujer”. Y esto no lo dice ningún político o persona con formación académica, lo dice Dulcinea Bellido Carvajal, una de las mujeres protagonistas de este documental que se enfrentaron con decisión y valentía al franquismo y al machismo en su última época.
Tras escuchar los crudos testimonios de las muchas protagonistas de este documental, me doy cuenta del importante y conmovedor papel que tuvieron las mujeres en las huelgas obreras del tardofranquismo en España. Durante el documental, no he podido evitar sentir una mezcla de rabia y admiración. Me ha sido imposible mirar a los ojos de esas mujeres, la gran mayoría amas de casa convertidas en activistas por necesidad, por dignidad, por hambre, y no sentir que me están hablando a mí, y rogándome que no olvidemos.
Me ha quedado claro que ellas no buscaban convertirse en heroínas, sino que se veían obligadas a responder ante el abandono de sus maridos en la cárcel, ante la explotación laboral, ante la represión de la policía y ante el silencio de una sociedad que todavía no reconocía su voz. Pero en medio de todo eso ELLAS construyeron solidaridad en la lucha colectiva. ELLAS se enfrentaron a una dictadura sin más armas que su valor, su cuerpo y la fuerza que les daba el amor por los suyos.
Actualmente ese legado sigue siendo una gran lección para todas nosotras. Y no solo porque nos recuerda que los derechos humanos han sido conquistados con sacrificio, sino porque nos obliga a preguntarnos qué hacemos con esa memoria: ¿La honramos? ¿La olvidamos?
Conocer a estas mujeres y el papel que llevaron a cabo en aquel periodo tan complicado y peligroso, sobre todo para las mujeres, ha sido aceptar una herencia. Una herencia que, para ser honesta, aún nos compromete, o nos debería de comprometer.





