¿Qué es el Mindfulness?

Mindfulness o atención plena, puede definirse como la conciencia que surge al prestar atención consciente a cómo se despliegan las experiencias, momento a momento, con una actitud de aceptación, compasiva, de curiosidad y de apertura al cambio de perspectiva ante los acontecimientos.

Es el enfoque de la atención que nos permite centrar la conciencia en lo que sucede en el presente. Esto nos lleva a poder observar la realidad de una manera más clara y transparente, al poder darnos cuenta de la interpretación subjetiva desde la que la estamos percibiendo. Veremos más adelante la importancia de ese “darse cuenta”.

No supone nada parecido a rechazar las ideas que surgen, intentar fijarlas, suprimirlas o tratar de controlar nada más allá del enfoque y la dirección de la atención.

La atención plena no implica intentar llegar a ningún estado de conciencia, no significa esfuerzo en cambiar nada ni llegar a percibir ni sentir nada. Consiste, sencillamente, en conectar con nuestro momento presente, permitirnos estar conscientes donde ya estamos. Observar con atención, presencia y amabilidad las experiencias que aparecen un momento tras otro en nuestra conciencia. Se trata de autoobservación compasiva.

A través de la práctica de Mindfulness se desarrolla la conciencia de una identidad más esencial, que se coloca como testigo neutral y compasivo de lo que sucede dentro y fuera de nosotros. Despertamos de forma natural e instintiva el cuidado, comprensión y amor por nosotros mismos, y, por dinámica natural, después, con el entorno que nos rodea.

Es una propuesta de desarrollo personal en la que la apuesta es por el trabajo de dentro hacia afuera. Potenciando las bases del autoliderazgo.

Posibilita que nuestros patrones de personalidad no salten de manera automática, haciéndonos reaccionar a lo que percibimos. Nos abre un espacio de libertad desde el que poder observar alternativas de respuesta, que, además, se encuentren en sintonía con nuestro propio equilibrio interior, lo cual es reflejo de un aumento en el nivel de conciencia.

Sin éste “darnos cuenta”, vivimos en la esclavitud de las emociones y pensamientos que surgen espontáneamente al vivir con el piloto automático, dejándonos en manos de la activación de patrones de comportamiento asentados en nuestra mente. La actividad mental dispersa nos lleva a recorrer un pasado con el que permanecemos resentidos, desde el que se proyecta un porvenir que se espera con ansiedad. Observar ese resentimiento y esa ansiedad nos ayuda a no activar el proceso mental de la “profecía autocumplida”, cuando tenemos una creencia firme acerca de algo, activaremos todos los automatismos mentales para que eso se cumpla y, así, demostrarnos a nosotros mismos que teníamos razón.

Mindfulness nos recuerda que, en el aquí y ahora, podemos tener la opción de elegir de forma consciente e intencionada cómo relacionarnos con nosotros y nuestras circunstancias, activando nuevos procesos mentales, a través de nuevas ideas que activan nuevas conexiones sinápticas en nuestra red neuronal.

La práctica de Mindfulness reduce nuestra propia reactividad desactivando nuestros automatismos habituales grabados en nuestra mente y permitiendo manifestar “respuestas” en lugar de “reacciones”. Aumenta nuestra capacidad de verdadera elección al poder optar a nuevos caminos en nuestra forma de actuar.

Nos aporta un medio con el que poder reducir nuestro sufrimiento y aumentar el nivel de bienestar.

Cuando adoptamos una actitud de atención plena, prestamos más atención a todo lo que tenemos alrededor y nos damos cuenta… Observamos lo que experimentamos sin posicionarnos a favor o en contra. Mindfulness implica ser consciente de lo que se ve, se siente, se oye, se huele, se saborea o se palpa, justo en el momento en el que está sucediendo. Ahora.

Lo que se siente puede venir del exterior (sabores, olores, etc.) o del interior (sensaciones del cuerpo o pensamientos). En ambos casos se trata de vivirlo tal cual es, Sin magnificarlo ni minimizarlo en función de nuestros gustos, preferencias, expectativas o temores personales. Experimentar la realidad de manera directa y fresca sin las etiquetas valorativas de nuestras memorias.

La base es mantenerse en una actitud de apertura al presente, de descubrir y dejarse sorprender. Desde esta perspectiva, el presente se hace sentir y apreciamos la satisfacción de habitar en él, esto es lo que da sentido a dejar que la vida fluya y al conocido “carpe diem”. Vivir con atención plena es una decisión personal que renovamos en cada momento del día y que se hace cada vez más recurrente a medida que lo entrenamos. Cada instante tenemos la opción de elegir atender a nuestras experiencias en ese momento, sea lo que sea, disminuyendo las sensaciones de dispersión mental, duda y confusión, además de la esclavitud que conlleva el encadenamiento ininterrumpido de los pensamientos.

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