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Respiración ondulante y «sala de espera»

Finalidad: Profundizar en la conciencia respiratoria y generar un estado interno de calma y atención.

La práctica

 Los participantes se tumban en el suelo o se sientan en la silla con la espalda recta observando con atención el flujo natural de su respiración. Después de unos momentos, les pedimos que sintonicen con el movimiento ondulante de su respiración y que gradualmente ayuden a que la espiración se vuelva cada vez más suave y larga, poniendo su atención en la sensación de relajación que el cuerpo experimenta en esta fase de la respiración. Les pedimos que se den cuenta de que al final de la espiración hay una pausa natural que puede durar algunos segundos. En ese momento se ha terminado la espiración y la inspiración aún no ha entrado en el cuerpo. A esta pausa le damos el nombre de “sala de espera” para indicar que es natural, que no es una retención provocada por una acción muscular.  Es una espera sin esfuerzo que se mantiene tanto como sea confortable y que actúa como detonante para la inspiración. En un momento determinado la inspiración quiere desplegarse sin interferencia alguna, dejando que el cuerpo se expanda de la misma manera que ocurre durante el bostezo. Cuando llegan a la plenitud de la inspiración, permanecen allí por uno o dos segundos y luego, otra vez acompañan la espiración hacia una liberación larga, suave y tranquila.

Tras un periodo de respiración ondulante, les hacemos notar que después de ese tiempo, la “sala de espera” puede volverse una “sala vacía”: un espacio en el que no hay respiración en absoluto, ni la necesidad de inspirar de nuevo. Explicamos que esta “sala vacía” tiene lugar espontáneamente. Queremos que sepan esto, no para buscarla, sino para que no se sorprendan cuando suceda y que la disfruten mientras sea confortable.

Una vez la respiración ondulante está claramente establecida les invitamos a que la lleven a distintas partes del cuerpo. Empezamos pidiéndoles que lleven la respiración al abdomen, pidiendo la expansión y el hundimiento de los tejidos de esa parte del cuerpo. Podemos finalizar pidiendo que los participantes se lleven la atención a la sensación de todo el cuerpo respirando rítmica y lentamente, sintiendo la respiración como las olas de un océano en calma. Visualizar ese movimiento del mar y como nos integramos en él puede facilitar la práctica.

 

 

 

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