El tiempo en nuestra cultura

El ser humano se diferencia del resto de animales y destaca en la naturaleza por varias razones. Una de ellas es el desarrollo de la cultura. El tiempo, interpretado por ella, es y ha sido siempre un concepto clave en la sociedad.
En primer lugar, ¿qué es la cultura? Hace siglos, se creía que era el conocimiento sobre una variedad de campos del aprendizaje al que se llegaba mediante la educación, definición que perdura casualmente en la creencia popular. Sin embargo, la antropología actual estima que todos tenemos cultura. La define como el conjunto de conocimientos, técnicas y valores que un colectivo humano transmite a través del aprendizaje social. Nace de lo que crea un grupo de personas que son influenciadas por su entorno particular, por otras culturas o por sucesos ocurridos. Además, todas las culturas establecen una serie de ideas que las diferencian entre ellas o las hacen similares, como la manera de vestir, de pensar, de actuar, de comunicarse, etc. Existen culturas como la clásica, la española, la rural, la oriental, la andaluza, la aborigen, etc. Dentro de algunas culturas existen subculturas, en ocasiones manifestadas en las tribus urbanas de las ciudades, que dividen la sociedad de esa misma cultura en grupos y, generalmente, muestran su intención de diferenciarse de la cultura dominante: la subcultura skinhead, la punk, la hippie, la heavy, la emo, etc. Claro está que la cultura es algo que nos diferencia de la especie animal y, en ciertos aspectos, nos hace superiores. Esta superioridad del humano no es biológica, sino cultural, ya que este está dotado de razón y técnica, a diferencia de, por ejemplo, un oso. Aun así, la superioridad es parcial porque una persona no podría matar a un oso por sí sola. Aunque los animales tienen cierta cultura (se comunican entre ellos y aprenden de otros), la de los seres humanos es mucho más avanzada por su capacidad de reflexionar, criticar y crear. Poniendo en balanza al ser humano con los de su misma especie, tanto puede él cambiar su cultura como puede ella cambiarlo a él. Razones culturales podrían causar la muerte de una persona a manos de otra o a manos de lo que la cultura en sí ha provocado en la persona en cuestión; todo gracias a las armas que la misma cultura, técnica y razón nos han dado. Son un ejemplo el genocidio o el suicidio, este último, en este caso, por la constante necesidad de entrar en un canon sociocultural, la discriminación o comportamientos suicidas concretos de esa cultura o subcultura.
Uno de los aspectos de la cultura de un colectivo es el tiempo y su interpretación. Es un concepto creado por el ser humano para ordenar y organizar los sucesos y acontecimientos de lo que llamamos pasado, presente y futuro. Estos últimos son, a su vez, ideas también creadas por las personas, como lo son el lenguaje, las matemáticas y las religiones. Los minutos y segundos no existen como tal. Sirven para organizarnos desde tiempos inmemorables. Sólo son derivaciones de lo que podemos medir de manera simple: el día y la noche. El tiempo en nuestra cultura, como ella en sí, ha sido extremadamente desarrollado por la sociedad y el contexto en el que esta se sitúa. Es por eso que hay una hora para comer, para dormir o para trabajar. Este desarrollo es fruto del afán por clasificar y organizar cada cosa que hacemos para que la productividad del sistema incremente. El tiempo se compra, se tira y se regala. El concepto de tiempo, ya sea tiempo libre, de descanso o de trabajo, ha afectado severamente a nuestra natural concepción del mundo. La cultura occidental y nuestro sistema nos pide una organización y un patrón a seguir en sociedad a lo largo de toda nuestra vida. Compartimos “tiempo” juntos, estudiamos ciertos años, celebramos cumpleaños, esperamos eventos, trabajamos ciertas horas a la semana, etc. De todo este conglomerado nacen ideas en nuestro lenguaje como las de productividad o procrastinación. Le damos tanta importancia a qué y cuánto hacemos en vida que ni siquiera hacemos esas cosas por gusto o de manera que no afecten a nuestra salud y bienestar. Las personas llegan incluso a dañarse entre ellas. No es tan “qué” y “cuánto”, sino “para qué”. El único tiempo es la vida, que es presente, y su valor lo mide cada persona y su circunstancia. “Ya descansaré cuando me muera”. Algo que ni siquiera es real para el resto de animales más allá de la presencia o la ausencia de luz, de la luna y el sol, como la lluvia, la nieve, el frío y el calor, nos destroza y nos enriquece al mismo tiempo, o así lo percibimos.
Siempre nos falta tiempo. Por poder, podemos evadir las responsabilidades y problemas que se nos han creado y vivir en el bosque sin reloj ni brújula. El tiempo, el trabajo o el idioma como los conocemos no existen allí, ya que todo constructo social no existe fuera de su sociedad. En esta, nos creamos un problema al que le damos solución, y esa necesidad, de generación en generación, se hace tradición a la que estamos anclados culturalmente. Hay tanto tiempo para hacer tantas cosas y no hay tiempo para reflexionar sobre el porqué de esas cosas. La vida es el tiempo presente, más allá de fragmentos pasados y expectativas venideras.
La vida en tiempo se vive, Tu eternidad es ahora Porque luego no habrá tiempo para nada. Luis Cernuda, Nocturno Yanqui II, Tiempo
Texto de Rosa Soto Crespo (1º B de Bachillerato)