Carnes Procesadas y Cáncer: según la OMS, en el Mismo Grupo que el Tabaco

Comparación visual entre carnes procesadas y tabaco con el texto 'Mismo Grupo, Distinto Riesgo'

En 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS), a través de su agencia especializada en investigación sobre el cáncer (IARC), publicó una clasificación que generó un gran revuelo mediático: las carnes procesadas fueron incluidas en el Grupo 1 de agentes carcinógenos para humanos, la misma categoría en la que se encuentran el tabaco y el asbesto.

Titulares alarmantes como “Comer jamón es como fumar” inundaron los medios, generando una mezcla de miedo y confusión en la población. Sin embargo, la realidad detrás de esta clasificación es mucho más matizada y requiere ser explicada sin alarmismo.

En el siguiente artículo abordamos qué significa realmente que las carnes procesadas estén en el mismo grupo que el tabaco, cuáles son los riesgos asociados a su consumo, y qué dice exactamente la OMS sobre este tema, diferenciando claramente entre nivel de evidencia científica y nivel de riesgo real.

Carnes procesadas y cáncer: Lo que dice realmente la OMS

La clasificación de las carnes procesadas como carcinógenas del Grupo 1 por parte del Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC/OMS) no significa que estas carnes sean “tan peligrosas como fumar”, sino que existe evidencia científica concluyente de que su consumo puede causar cáncer colorrectal en humanos.

¿Qué implica estar en el Grupo 1?

El Grupo 1 incluye agentes para los que existen pruebas suficientes de que causan cáncer en humanos. Esto no mide el grado de peligrosidad, sino la fuerza de la evidencia científica. En este grupo también están:

  • El tabaco
  • El asbesto
  • El alcohol
  • La contaminación del aire

Aunque comparten grupo, el riesgo individual que representa cada uno de estos agentes es muy diferente. Por ejemplo:

  • Fumar un paquete al día conlleva un riesgo de cáncer de pulmón de hasta el 30%
  • Consumir 50 gr. diarios de carne procesada incrementa el riesgo de cáncer colorrectal en un 18% relativo, lo que se traduce en solo 1% más en riesgo absoluto

¿Qué dice la OMS sobre su consumo?

La OMS no recomienda eliminar completamente las carnes procesadas, sino moderar su consumo. Reconoce que este tipo de productos pueden tener valor nutricional, pero sugiere reducir la frecuencia y la cantidad, especialmente en dietas habituales.

¿Por qué se generó tanta confusión?

El problema surgió cuando los medios malinterpretaron la clasificación, sin explicar la diferencia entre:

  • Evidencia científica sólida (clasificación IARC)
  • Nivel de riesgo para la población general (bajo en este caso)

De ahí frases erróneas como “comer embutido es igual que fumar”, que no tienen respaldo en el informe oficial.

¿Es cierto que la carne está en el mismo grupo que el tabaco?

Sí, pero no en el sentido que muchos medios interpretaron o transmitieron. La afirmación de que las carnes procesadas están en el mismo grupo que el tabaco se refiere a una clasificación basada en la evidencia científica que respalda su relación con el cáncer, no a que impliquen el mismo nivel de riesgo para la salud.

En 2015, el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC), dependiente de la OMS, clasificó:

  • A las carnes procesadas como carcinógenas para humanos (Grupo 1).
  • Al tabaco también como Grupo 1, pero con un impacto mucho mayor.

Este grupo incluye todas aquellas sustancias, compuestos o exposiciones para las que existe evidencia concluyente de que causan cáncer en humanos, según estudios científicos rigurosos.

¿Qué tienen en común la carne procesada y el tabaco?

Ambos están en el Grupo 1 de la IARC, pero eso no significa que tengan la misma peligrosidad:

  • La carne procesada ha demostrado aumentar el riesgo de cáncer colorrectal, principalmente.
  • El tabaco, por su parte, se asocia con múltiples tipos de cáncer (pulmón, laringe, vejiga, esófago, etc.) y es responsable de más de un millón de muertes por cáncer al año.

Como aclaró la propia IARC:

«Sí, están en el mismo grupo porque ambos tienen evidencia suficiente de causar cáncer en humanos. No, eso no significa que sean igual de peligrosos.»

Comparativa de riesgos: carne vs tabaco

Sustancia Clasificación IARC Tipo de cáncer asociado Muertes anuales atribuibles (estimadas)
Carnes procesadas Grupo 1 Cáncer colorrectal ~34.000
Tabaco Grupo 1 Varios (pulmón, garganta, etc.) ~1.000.000

🔎 Por tanto, aunque la clasificación es la misma, la magnitud del riesgo y su impacto en la salud pública son radicalmente distintos.

¿Qué debemos hacer entonces?

La recomendación no es alarmista. La OMS sugiere:

  • Reducir el consumo de carnes procesadas
  • Evitar su ingesta diaria o habitual
  • Optar por métodos de cocción saludables
  • Considerar alternativas como carnes frescas magras, legumbres o pescado

El objetivo no es eliminar estos alimentos por completo, sino informar con claridad sobre su riesgo relativo y fomentar una dieta variada y equilibrada.

Riesgos reales del consumo de carnes procesadas: lo que no te cuentan los titulares

Cuando la OMS clasificó las carnes procesadas como carcinógenas del Grupo 1, muchos medios se apresuraron a publicar titulares alarmistas sin explicar lo más importante: el riesgo real para una persona que consume este tipo de carnes de forma moderada sigue siendo bajo.

La cifra más difundida fue que comer 50 gramos diarios de carnes procesadas aumenta el riesgo de cáncer colorrectal en un 18%. Aunque esto es técnicamente correcto, se trata de un riesgo relativo, que puede llevar a confusión si no se contextualiza adecuadamente.

¿Qué significa ese 18% de riesgo?

El riesgo relativo compara dos grupos:

  • Personas que consumen 50g diarios de carnes procesadas.
  • Personas que no las consumen o lo hacen de forma muy ocasional.

Según los estudios analizados por la IARC, el primer grupo tiene un 18% más de probabilidades de desarrollar cáncer colorrectal que el segundo.

Pero este dato no refleja el riesgo absoluto, que es lo que verdaderamente importa para entender el impacto en la salud individual.

El verdadero riesgo para el individuo

La incidencia promedio de cáncer colorrectal en la población general es de aproximadamente 5.6% (es decir, 56 casos por cada 1.000 personas a lo largo de la vida). Con el consumo diario de carnes procesadas, este riesgo aumenta al 6.6%.

Eso significa:

  • Solo un 1% de incremento en riesgo absoluto
  • En términos poblacionales, se traducen en 10 casos adicionales por cada 1.000 personas que consumen carnes procesadas a diario

🔍 Este matiz es clave: el riesgo existe, pero está lejos de ser comparable al de agentes como el tabaco o el amianto, cuyo impacto en la salud es muchísimo más alto.

¿Por qué se exagera en los medios?

Muchos titulares caen en el llamado “truco del riesgo relativo” para generar impacto. Por ejemplo:

  • “Aumenta un 18% el riesgo de cáncer” suena dramático, pero sin el contexto del riesgo absoluto, puede inducir a conclusiones erróneas.

Además, la falta de comprensión sobre la diferencia entre clasificación por evidencia científica y nivel de riesgo real ha contribuido a esta confusión en el discurso público y mediático.

¿Cuál es la recomendación oficial?

Organismos como la OMS y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) no prohíben las carnes procesadas, pero sí recomiendan:

  • Moderar su consumo

  • Evitar la ingesta diaria o en grandes cantidades

  • Elegir fuentes de proteína más saludables (legumbres, pescados, carnes blancas frescas)

👉 En resumen: el consumo ocasional no es motivo de alarma, pero sí es recomendable reducir su presencia habitual en la dieta para minimizar riesgos acumulativos a largo plazo.

Procesos industriales y compuestos cancerígenos en las carnes procesadas

Lo que convierte a una carne en “procesada” no es simplemente su tipo, sino los métodos industriales utilizados para conservarla y mejorar su sabor. Técnicas como el curado, ahumado, salazón o la adición de conservantes son habituales en productos como embutidos, salchichas, jamón curado, bacon o carnes enlatadas.

Estos procesos, aunque efectivos desde el punto de vista sanitario y culinario, pueden generar o incorporar compuestos químicos que están asociados con un mayor riesgo de cáncer, especialmente el colorrectal.

La correcta manipulación de carnes en entornos industriales no solo es clave para evitar contaminaciones, sino también para reducir los riesgos relacionados con su procesamiento. Por eso, la formación adecuada es fundamental. Si trabajas en el sector, puedes realizar este curso de manipulación de alimentos para el sector cárnico que te capacita con los conocimientos esenciales sobre higiene y seguridad alimentaria.

Nitratos y nitritos: entre la seguridad alimentaria y el riesgo

Uno de los elementos más importantes en esta discusión son los nitratos (E252) y nitritos (E249, E250). Estos se añaden por dos razones principales:

  1. Evitar el crecimiento de bacterias peligrosas, como el Clostridium botulinum (causante del botulismo).
  2. Mantener el color y sabor característicos, especialmente en jamones y fiambres.

Sin embargo, en ciertas condiciones —como el calor elevado o el ambiente ácido del estómago— estos compuestos pueden reaccionar con las proteínas de la carne y formar nitrosaminas, algunas de las cuales han demostrado ser carcinógenas en estudios animales.

¿Qué son las nitrosaminas?

Las nitrosaminas se forman cuando los nitritos reaccionan con aminas presentes en las proteínas cárnicas, especialmente:

  • Al cocinar a temperaturas altas (>150 °C)
  • En el ambiente ácido del estómago
  • En presencia de grasa, como ocurre al freír o asar

Aunque la industria cárnica moderna ha implementado medidas para minimizar la formación de nitrosaminas (como añadir vitamina C o eritorbato para bloquear estas reacciones), siguen siendo una preocupación en términos de exposición acumulativa.

¿Qué dice la ciencia sobre su riesgo?

Según la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria), con los niveles actuales de regulación y control, el riesgo por nitrosaminas es bajo en condiciones normales de consumo. Aun así, el principio de precaución lleva a las agencias de salud a recomendar que:

  • Se limite el consumo regular de carnes procesadas
  • Se prefieran versiones sin nitritos añadidos cuando estén disponibles

¿Cuál es la diferencia con la carne fresca?

Las carnes frescas no contienen estos aditivos ni han sido sometidas a procesos como el ahumado o curado, por lo que no tienen el mismo riesgo asociado en términos de formación de compuestos carcinógenos industriales.

Esto explica por qué:

  • La carne procesada está en el Grupo 1 (carcinógena)
  • La carne roja fresca está en el Grupo 2A (probablemente carcinógena)
  • Las carnes blancas (pollo, pavo, etc.) no están clasificadas como cancerígenas

📌 En resumen: los procesos industriales utilizados para transformar y conservar las carnes son un factor clave en su clasificación como carcinógenas. Aunque estos métodos mejoran la seguridad microbiológica y el sabor, también pueden introducir compuestos que, en exposiciones continuadas, aumentan el riesgo de desarrollar cáncer.

¿Qué tipos de cáncer están vinculados al consumo habitual de este tipo de carnes?

La clasificación de las carnes procesadas como carcinógenas del Grupo 1 se basa principalmente en la evidencia sólida de su relación con el cáncer colorrectal. Esta asociación ha sido confirmada por más de 50 estudios epidemiológicos de cohorte, revisados por el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC), dependiente de la OMS.

Cáncer colorrectal: la asociación más clara

El cáncer más directamente relacionado con el consumo de este tipo de carnes es el cáncer colorrectal (colon y recto). Según la IARC:

  • Consumir 50 gramos diarios de carnes procesadas (equivalente a 2 tiras de bacon o una salchicha) aumenta el riesgo relativo en un 18%.
  • En términos absolutos, esto implica un incremento de aproximadamente un 1% en el riesgo de por vida (del 5.6% al 6.6% en la población general).

La evidencia en este caso es tan concluyente que fue el motivo principal para ubicar a las carnes procesadas en el Grupo 1 de carcinógenos.

Además del cáncer colorrectal, se ha estudiado la posible relación entre este tipo de carnes y otros tipos de cáncer. Sin embargo, solo el cáncer colorrectal tiene una relación confirmada con el consumo de carnes procesadas según el estándar científico utilizado por la IARC.

¿Por qué este tipo de carnes aumenta el riesgo?

La explicación no solo se encuentra en el alimento en sí, sino en los compuestos químicos formados o añadidos durante su procesamiento y cocción, como:

  • Nitrosaminas
  • Hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP)
  • Aminas heterocíclicas (HCA)
  • Hierro hemo (presente en carne roja y procesada)

Estos compuestos pueden dañar el ADN, inducir mutaciones celulares o promover inflamación crónica del tracto intestinal, lo que aumenta el riesgo de desarrollo tumoral.

¿Cómo reducir el riesgo?

Si bien el riesgo absoluto es bajo, la exposición continua puede acumularse con el tiempo. Por ello, organismos como la OMS y la EFSA recomiendan:

  • Limitar el consumo habitual de carnes procesadas (evitar el consumo diario)
  • Alternar con proteínas saludables: legumbres, pescado, carnes blancas frescas
  • Optar por métodos de cocción más seguros, como hervido, vapor o microondas
  • Leer etiquetas y elegir productos sin nitritos añadidos cuando sea posible

📌 En conclusión: este tipo de carnes está directamente vinculado al cáncer colorrectal, con una relación respaldada por décadas de evidencia científica. Aunque el riesgo individual es bajo, la suma de hábitos dietéticos poco saludables puede elevarlo significativamente a lo largo del tiempo.

Sergio Serafín Montañés Bayonas

Profesor de Formación Profesional de la Rama Alimentaria y de la Rama de Agraria en la Junta de Andalucía. Licenciado en Veterinaria con Máster en Profesorado y en Medicina Deportiva Equina.

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