De protocolos y dignidades. A propósito del accidente del vuelo 9525 de Germanwings (4U9525/GWI9525) del 24 de marzo de 2015

A propósito del accidente del vuelo 9525 de Germanwings (4U9525/GWI9525) del 24 de marzo de 2015 y mi asistencia al Funeral de Estado como profesor del instituto Giola de Llinás del Vallés.



El remarcar jerarquías y diferencias existe desde que el hombre es hombre: el ocupar lugares más altos o elevados (en sentido rigurosamente físico) es desde siempre uno de los símbolos asociados al poder. En verdad, todo eso que se ha dado en denominar protocolo sirve para indicar no sólo quién es cada cual, sino también quién detenta el más alto rango o categoría, esto es, quién es el que manda. Así pues, en nuestro caso como profesores de secundaria, que el protocolo nos hiciera ocupar una zona secundaria en el Funeral de Estado celebrado en la Sagrada Familia detrás de una columna, en un lateral, lejos de la notoriedad de políticos y reyes, da buena cuenta de nuestra escasa importancia o categoría social, por no decir nula. Entonces, veníanme en tromba aquellas palabras de Antonio Machado sobre lo vano y ridículo de perseguir la gloria: primero, porque después de muerto, de poco sirve; y, segundo, porque para obtenerla en vida antes que hacer méritos importa estar bien colocado. Y nosotros no estábamos bien colocados.
Bien colocados estaban los políticos de rostro grave y bostezo fácil, en la nave central, bien a tiro de cámaras y fotos, de ínfulas y primer planos. A ellos, bien enfocados, era posible visionarlos a través de la pantalla de televisión que teníamos frente a la columna. Pero ¿y las verdaderas víctimas, afectadas como nadie por la tragedia? Pues bien, estaban al lado, detrás de nosotros, como aquel chico alemán cuya mujer había fallecido en el accidente de avión apenas seis meses después de casados. Y el padre de ella, ¿qué hacía en aquellas sombras laterales, junto a nosotros, donde apenas llegaban honores ni dignidades? El protocolo, más que de dolor sincero, entiende de categorías sociales; sí, también de reglas ceremoniales y costumbres para que todo salga correcto, pero sobre todo de diferencias y jerarquías. 
En la retina quedarán la solidez y el civismo mostrados por los alumnos del Giola en su peregrinar de velas y silencios.

QVANDOCVMQVE igitur nostros mors claudet ocellos
accipe quae serues funeris acta mei.
nec mea tunc longa spatietur imagine pompa,
nec tuba sic fati uana querela mei
[«Cuando sea que la muerte cierre mis ojos,
toma las instrucciones que has de observar en mis funerales.
No alargue mi séquito la profusión de iconos,
ni emita la turba vanas quejas por mi hado», Propercio, Elegías, II, XIII, B].

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