La utilidad de adaptar el sitio de trabajo no sale de la nada: tiene una base teórica clara en la enseñanza estructurada del modelo TEACCH (Schopler y Mesibov; Mesibov, Shea y Schopler, 2005), que defiende organizar el entorno para que la tarea sea más comprensible, predecible y manejable. Esto cobra especial sentido en alumnado con TEA ante la presencia de dificultades de función ejecutiva —por ejemplo, en planificación, organización, inicio, flexibilidad o finalización de tareas—, tal y como ya señalaron Ozonoff, Pennington y Rogers (1991) y revisiones posteriores como Kenworthy et al. (2008). Aunque esta medida tiene su eficacia probada en la intervención educativa en el autismo, se trata de un rincón de trabajo que es para TODOS y TODAS.
Por otro lado este tipo de adaptación para el sitio de trabajo en ocasiones es de gran utilidad cuando el alumno muestra una gran capacidad para focalizar su atención en elementos irrelevantes del entorno y no muestra capacidad para cambiar la atención hacia la tarea demandada (baja flexibilidad cognitiva y función ejecutiva).
Esta adaptación encaja con el marco inclusivo andaluz —Ley 17/2007, Decreto 100, 101 y 102/2023, Orden de 30 de mayo de 2023 e Instrucciones de 8 de marzo de 2017— porque busca ajustar la respuesta educativa a lo que el alumno necesita de verdad. Desde el modelo de barreras y rampas, no se trata de “apartar” al alumno, sino de quitar obstáculos del entorno y poner apoyos que le ayuden a participar mejor.
En la línea del DUA planteado por Rose y Meyer, y desarrollado en nuestro contexto por autoras como Alba Pastor, Coral Elizondo o Villaescusa, adaptar el espacio es una forma práctica de ofrecer más accesibilidad, más claridad y más autonomía. Dicho de forma sencilla: si el aula le resulta más comprensible y predecible, el alumno puede estar, participar y aprender con menos sobrecarga.
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«Ten altas expectativas y te sorprenderán»












