El artista disidente chino, Ai Weiwei, inició una original campaña de recaudación de fondos para las personas afectadas por la pandemia de coronavirus. Decidió imprimir sus obras más icónicas en mascarillas, pero no son para el uso diario, sino una expresión artística.
El artista búlgaro, conocido por sus espectaculares intervenciones en edificios y monumentos y que logró acercar el arte contemporáneo a un público masivo, ha fallecido este pasado 31 de mayo.
Christo posa en 2018 junto a su obra ‘La Mastaba’, en el lago Serpentine de Hyde Park, en Londres. En vídeo, el arte conceptual se despide de uno de sus creadores más imaginativos. NIKLAS HALLE’N (AFP) | VÍDEO: JOSÉ PABLO DÍAZ
El artista plástico Christo, conocido por espectaculares intervenciones que le llevaron a envolver edificios y monumentos como el Reichstag de Berlín y el Pont-Neuf de París, falleció este domingo a los 84 años en Nueva York. Su muerte por causas naturales, según confirmó su equipo en un mensaje en las redes sociales, pone fin a una larga trayectoria en la que consiguió acercar el arte contemporáneo a un público masivo. Le gustaba definir sus obras como “perturbaciones” del espacio público, que llevaban al visitante a tomar conciencia de un entorno que, de tan común, se había acabado volviendo invisible.
Nacido como Christo Vladimirov Javacheff en 1935 en Gabrovo (Bulgaria), el artista creció en el seno de una familia acomodada: su padre dirigía una fábrica química y su madre fue administradora de la Academia de Bellas Artes de Sofía, donde él mismo se formó bajo control comunista. En su juventud, Christo participó en algún proyecto de propaganda destinado al medio rural, que decía que le enseñó a lidiar con interlocutores poco familiarizados con lo que era el arte. En 1956, tras la intervención soviética en la vecina Hungría, decidió abandonar su país para poder convertirse en artista. Recaló en Viena antes de instalarse en París en 1958, cuando conoció a su futura esposa, Jeanne-Claude Denat de Guillebon, fallecida en 2009, una joven de buena familia de la que quedó prendado, pese a que ella ya estuviera prometida. Tras su luna de miel, Jeanne-Claude cambió de opinión y se fue a vivir con ese joven excéntrico y con ideas fuera de lo común. Sería el inicio de una larga colaboración artística, pese a que durante las primeras décadas de su trabajo la autoría de sus obras fuera atribuida solo a Christo (a partir de 1994, empezaron a firmar todos sus proyectos como “Christo y Jeanne-Claude”). La pareja se mudó a Nueva York en 1964, cuando sus primeras obras, enmarcadas en el llamado Nouveau Réalisme, variante francesa del pop art, despertaron interés en Estados Unidos. “Terminé encontrando mi lugar en Nueva York. Es una ciudad de inmigrantes, la única donde se acepta que alguien pueda hablar tan mal inglés como yo”, decía el artista en una entrevista con EL PAÍS en 2016.
Su método de trabajo fue poco habitual. Sus intervenciones fueron efímeras, visibles durante un par de semanas antes de ser desmontadas, y se autofinanciaron a través de la venta de dibujos y estudios preparativos, que podían alcanzar los 200.000 euros en el mercado. Christo siempre rechazó las subvenciones públicas y el mecenazgo privado, una manera de protegerse contra las injerencias externas (y contra el peligro de hacer concesiones, solución inimaginable para este artista testarudo e infatigable). Sus intervenciones, de una extrema complejidad logística, tardaban décadas en materializarse. Para convertirlas en realidad, Christo y Jeanne-Claude debían batallar con las administraciones públicas, no siempre interesadas en su trabajo. A Christo no le importaba lo fastidioso que era el proceso: para él, el arte era ese camino tortuoso y no necesariamente el resultado. En total, Christo y Jeanne-Claude lograron ejecutar 22 proyectos, sobre cerca de 60. “Parecerá poco, pero mi obra no es como pintar un cuadro. Más bien se parece a la arquitectura. Y, si un arquitecto dijera que ha logrado levantar la mitad de sus proyectos, a nadie le parecería poco”, afirmaba Christo en 2016.
Sus proyectos más conocidos eran versiones extragrandes de sus obras de los sesenta, cuando ya envolvió objetos y lienzos con distintos materiales. En Surronded Islands (1983) circundó con tela rosa el perímetro de 11 pequeñas islas de Biscayne Bay, al sur de Miami, en una intervención pensada como un simple “gesto poético” que sentaría las bases de su arte en las décadas posteriores. En 1985, logró cubrir de tela el Pont Neuf de París, el más antiguo de la capital francesa, tras largos meses batallando con el alcalde de la época, Jacques Chirac, como relataba el impagable documental Christo in Paris, de Albert y David Maysles. Se convirtió en un nombre conocido y aclamado por el público –aunque menos por la crítica, que nunca acabó de seguir la corriente a un artista alérgico a todo esnobismo–, pero tardó otra década más en concluir su mayor intervención: cubrir el Reichstag de tela de polipropileno, lo que despertó las críticas del canciller Helmut Kohl, que denunciaría un “ataque a la dignidad” del país. The Gates (2005) le llevó a crear un recorrido de 37 kilómetros en el Central Park de Nueva York, puntuado por 7.500 puertas dotadas de cortinas de color anaranjado sacudidas por el viento. Más recientemente, Christo volvió a triunfar con sus Floating Piers (2016), tres kilómetros de pontones flotantes sobre el Lago de Iseo, en la región de Bérgamo (Italia). El artista comunicó la ciudad de Sulzano con dos islas vecinas a través de una pasarela naranja que confería al visitante la ilusión de caminar sobre las aguas.
En el momento de su muerte, Christo tenía otro proyecto en marcha: envolver el Arco de Triunfo de París. Prevista para después del verano, la intervención quedó aplazada hasta septiembre de 2021 cuando estalló la crisis sanitaria. En paralelo, el Centro Pompidou ultima una exposición dedicada a la obra de Christo y Jeanne-Claude, centrada en sus proyectos en París, con la que el museo parisiense volverá a abrir sus puertas en julio. Además, tenía previsto instalar una mastaba de 150 metros de altura compuesta por 400.000 bidones de petróleo, que pensaba erigir en el oasis de Liwa, a un centenar de kilómetros de Abu Dabi. Este proyecto, iniciado en los setenta, debía convertirse en su única obra permanente. “Christo y Jeanne-Claude siempre han dejado claro que sus obras en proceso continuarán después de su muerte”, recordaba el comunicado de sus colaboradores al anunciar su muerte. Durante décadas, la pareja viajó en aviones distintos: si uno se estrellaba, el otro hubiera podido seguir con su trabajo. Su obra deberá encontrar, de ahora en adelante, otras formas de perdurar en el tiempo.
Alumnos del instituto San Juan de la Cruz han elaborado una guía denominada ‘Úbeda, a vista de pájaro’ como parte de un proyecto que tendrá continuidad
‘Úbeda, a vista de pájaro’ es el nombre de un proyecto educativo realizado por alumnos de tercero de ESO del instituto San Juan de la Cruz de la localidad que pretende concienciar sobre la necesidad de preservar el patrimonio histórico y artístico, pero también el patrimonio natural que tiene la localidad. Una iniciativa desarrollada en el presente curso pero que tiene espíritu de continuidad, con actualización de datos así como nuevos contenidos y experiencias a desarrollar en años venideros. Con ello se pretende que sea algo dinámico.
El trabajo ha sido coordinado por el profesor Vicente Ruiz García y ha tenido como primer logro la creación de una guía de la ciudad elaborada por los propios estudiantes, cuya particularidad reside en que incluye los monumentos ubetenses donde anidan especies protegidas, en concreto aves rapaces.
De esta forma, con la guía se pueden descubrir los valores históricos y artísticos de los edificios junto con otros detalles relacionados con las aves rapaces, como la evolución de su presencia en Úbeda o el número de parejas registradas que anida en cada monumento. «Hemos querido difundir los principales espacios donde conviven arte y naturaleza, destacando su condición de ecosistema estacional o permanente de especies amenazadas», explica a IDEAL el profesor que ha dirigido el proyecto, muy satisfecho con el resultado y con la implicación del alumnado.
La guía cuenta con dos narradores de excepción, dos personajes inventados por los propios jóvenes, que son los que aportan los distintos datos de interés, haciendo más amena su comprensión. Por un lado está ‘Plumilla’, un cernícalo primilla que ayuda a descubrir algunos de los edificios más emblemáticos de la ciudad Patrimonio de la Humanidad. Y por otro lado se encuentra ‘Alba’, una lechuza que acompaña a descubrir la presencia de otras aves nocturnas en la ciudad como, por ejemplo, el búho chico o el autillo, desvelando además algunos misterios y leyendas que Úbeda oculta entre sus piedras centenarias, como si fueran una especie de cuentos.
Como indica el título del trabajo, las dos aves rapaces protegidas cuentan a vista de pájaro la historia, el arte, la literatura, la avifauna y los secretos de la ciudad de los cerros. Y a la vez, facilitan el aprendizaje de «buenas prácticas sobre la conservación del patrimonio histórico, artístico y natural», asegura Vicente Ruiz García.
Destaca igualmente que la guía incluye fotos de los edificios en cuestión y de las aves, realizadas por los alumnos o prestadas por naturalistas como José Luis Sánchez Balsera, Francisco Pulpillo o Tania Marín, esta última de la Asociación Medioambiental de La Loma (Amalo), quien también ha trabajado con los jóvenes en alguna observación de las rapaces.
El docente asegura que se ha quedado un trabajo muy completo y que todos los implicados han aprendido mucho, incluso él, que siempre ha sentido interés por el mundo de las aves rapaces pero que hasta ahora no había profundizado en el tema. Así, cuenta que ha podido conocer e investigar al respecto y que incluso aprovechó el periodo de confinamiento para observar a los cernícalos que anidan en la iglesia de San Isidoro, frente a su casa, gracias a unos prismáticos que le habían regalado con anterioridad. Unas aves que, por cierto, estaban «en la gloria» en ese periodo de calles vacías y ausencia de seres humanos. Salvo a las ocho de la tarde, que se asustaban con los aplausos.
Con premio
El proyecto ‘Úbeda, a vista de pájaro’ representó recientemente a la ciudad ubetense en la última convocatoria del programa Aula Patrimonio, una iniciativa que promueve el Grupo de Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España en los quince municipios miembros, cuyo objetivo es implicar a los estudiantes en proyectos relacionados con la conservación y difusión de la riqueza histórica y monumental de estos enclaves. Se trata de fomentar su conocimiento en el aula, trabajando asuntos relacionados con los valores que hicieron posible la declaración de la Unesco.
El trabajo fue seleccionado a nivel local de entre los tres presentados por otros tantos centros educativos de Úbeda. La Concejalía de Educación del Ayuntamiento lo eligió al considerar que era el más atractivo y completo, por lo que representó a la ciudad en la fase nacional de este programa junto a los remitidos por el resto de localidades del grupo. El Consistorio agradeció y felicitó a los centros participantes por el esfuerzo, dedicación e interés demostrados.
«Han llevado a cabo una importante labor de valorar, apreciar y respetar la riqueza patrimonial de la que goza nuestra ciudad», dijo en su día el concejal de Educación, Pedro Jesús López, quien recordó que el programa Aula Patrimonio se dedicó especialmente en este 2020 a secundaria. Finalmente el premio nacional fue para un centro de Toledo. Pero por ser elegidos a nivel local, los alumnos del San Juan de la Cruz recibieron un galardón consistente en mil euros en material informático para el centro.
En peligro
Según deja de manifiesto el trabajo, en la actualidad existen unas 12.000 parejas de cernícalo primilla en España, habiéndose reducido drásticamente su población en todo el conjunto del país. En Úbeda, a pesar de la disminución de ejemplares y de las graves amenazas que se ciernen sobre esta ave, aún se cuenta con una pequeña colonia. Por el contrario, la lechuza pasa por un momento difícil, pues en la última década ha reducido sus poblaciones a la mitad en España, llegando a desaparecer de algunas zonas. Este parece que es el caso de Úbeda, donde esta rapaz nocturna va camino de convertirse en un ave de leyenda. Por este motivo y para evitar que el cernícalo corra su misma suerte surgió la idea de ‘Úbeda, a vista de pájaro’, con el propósito de despertar en el alumnado el interés y la conciencia por el respeto al patrimonio en toda su integridad, incluyendo también a la avifauna urbana protegida.
Pareja de cernícalo primilla que anida en San Isidoro.
«Compongo mi tema como quiero, luego sigo adelante y lo pinto, como un niño… La obra de arte debe apoderarse de ti, envolverte en sí misma, llevarte lejos». Esto creía Pierre-Auguste Renoir. Y esta forma de entender la niñez, la vida y el arte ha inspirado a 20 niños de primaria, de sólo siete y ocho años, de un colegio madrileño…
Los ha impulsado a crear sus propias obras con ellos como protagonistas. Perfectas e imperfectas a la vez, pero suyas. Así, Romeo, de ocho, se transforma en El bebedor de Cezanne…
Para hacerlo ha buscado cada pieza que la compone. Se ha aliado con su madre para hallar un fondo, ha hurtado una mandarina del cesto de frutas.
Se ha colocado un sombrero negro y ha posado a lo Bogart. Han esperado, madre e hijo, la luz y la posición ideal. «Lo más difícil fueron las sombras», dice con maravillosa lucidez.
ROMEO | 8 AÑOS | ‘El bebedor’ | PAUL CÉZANNE
Su profesora, Sandrine Jahan, graduada en Artes Plásticas por la Sorbona y la Universidad de Burdeos-Michel de Montaigne, solo les dio tres indicaciones: descubrir los detalles de las obras, «aprender a valorar el momento» y conectar con su familia. ¿Un reto mayúsculo para niños de esa edad?
«Quizá. Escenificar pinturas había tenido mucho éxito con jóvenes y adultos, como resultado de un desafío lanzado por varios museos del mundo. ¿Por qué no hacerlo con los más pequeños y como herramienta educativa? ¿Por qué no aprovecharlo para unir a padres y a hijos en pleno confinamiento? Y ha funcionado. Comencé a recibir auténticas obras de arte fotográficas».
Llamó a esta aventura Proyecto Renoir (Happening). «Lo propuse con este artista porque solía pintar escenas de la más simple felicidad: luz, flores, animales domésticos, sus seres queridos… Renoir tiene una extraordinaria cercanía con la vida de los niños».
AITANA | 8 AÑOS | ‘La lectora’ | PIERRE-AUGUSTE RENOIR
Así lo entendió, Aitana, alumna del Liceo Francés Molière (Villanueva de la Cañada, Madrid), quien encarna a La lectora. Pizpireta, se hizo unos moños ayudada por su madre. Su padre contenía a la mascota de casa, que no quería ser ignorada…
«Teníamos ya la escena y la posición perfectas y papá le cerró la puerta en la cola». Y a comenzar todo de nuevo…
Anaïs, de siete años, también tuvo que contener a su minino para conseguir ser La mujer con un gato del impresionista galo. «Lo sujeté fuerte, por eso tiene cara de enfado».
ANAÏS | 7 AÑOS | ‘Mujer con un gato’ | PIERRE-AUGUSTE RENOIR
Los avatares del detrás de cámaras se suceden… «A mí se me apareció una avispa», cuenta Irene, 7 años, quien recrea El retrato de Irene Cahen..
IRENE | 7 AÑOS | ‘Retrato de Irene Cahen’ | PIERRE-AUGUSTE RENOIR
A Luis se le entumeció el brazo al imitar a El violonchelista de Gauguin… Al fin al cabo, todo lo que se hace con niños, muta. Igual que Luis, otros escogieron sus propias obras.
LUIS | 8 AÑOS | ‘El violonchelista’ | PAUL GAUGUIN
Sucedió con Emmi que tenía claro que elegiría La joven de la perla, de Johannes Vermeer. Se puso manos a la obra.
«Me gustó mucho ser creativa. Empecé a buscar en toda la casa… Utilicé un mantel que usaba para mis patines como velo. Una camiseta, para sujetar el pelo. La perla es un botón blanco con celo». Voilà.
Gonzalo eligió a Munch y su Grito. Más informático, se ayudó con una app. «Quise hacerlo solo, con el retardo de la cámara. Busqué una camiseta azul y tenía tres segundos para hacer la foto. Pero abría la puerta mi hermanito y siempre salía mirando hacia atrás. Tuvo que ayudarme mi papá y me gustó mucho que así fuera».
GONZALO | 8 AÑOS | ‘El grito’ | EDVARD MUNCH
«Trabajos como estos demuestran que se puede conseguir la continuidad pedagógica a distancia… Y seguir aprendiendo con placer. Ha servido, además, para que, por un momento, padres e hijos se alejen de la preocupación por la pandemia y sus consecuencias. Y se han regalado tiempo juntos alrededor del arte, de un proyecto común a compartir», reflexiona su profesora.
MARÍA (Y SU HERMANA) | 8 AÑOS | ‘Dos niñas leyendo en el jardín’ | RENOIR
JAVIER | 8 AÑOS | ‘Retrato de Madame Renoir’ | PIERRE-AUGUSTE RENOIR
Porque los 20 pequeñajos que han participado -de 21, era completamente voluntario- responden, a coro, que lo más emocionante ha sido pasar tiempo con los suyos.
El Gobierno planea derribar el edificio con la obra ‘Los pescadores’, realizada en colaboración con el escultor Carl Nesjar, que se trasladará a una nueva ubicación
Protestas frente al Bloque Y, donde se encuentra el mural de ‘Los pescadores’ de Picasso, este 12 de mayo. PIERRE-HENRY DESHAYES / AFP
En 1957, los caminos de Picasso, entonces un artista consagrado de 75 años, y un joven escultor noruego de 37, Carl Nesjar, se cruzaron para dar forma a una colaboración de más de tres lustros que se tradujo, entre otras obras, en los cinco murales que decoran varios edificios del barrio gubernamental de Oslo. Sobre una de esas fachadas, la del llamado Bloque Y, reposa el friso conocido como Los pescadores, de 1970, una representación de varios trabajadores dentro de una barca, en plena faena, que atrapan peces con su red bajo un sol que mece las olas. Cuatro décadas después, en 2011, la paz que desprende esa escena marina, enraizada en la tradición noruega, se rompió súbitamente con la explosión del coche bomba que el terrorista de extrema derecha Anders Breivik detonó cerca de ese Bloque Y, donde se despliega la obra que Picasso dibujó y Nesjar ejecutó con la técnica del chorro de arena.
Tanto este edificio como otro adyacente, que también contiene en su interior tres trabajos de ambos artistas –el Bloque H–, se vieron afectados por la deflagración, que acabó con la vida de ocho personas (ese mismo día, el 22 de julio de 2011, Breivik sumó otras 69 víctimas en la isla de Utoya). Solo se tirará el Bloque Y, aunque otro de los murales que se guarda en el H, La gaviota, también se trasladará junto con Los pescadores al edificio A del mismo complejo. Según explica el secretario de Estado Paal Pedersen, del Ministerio del Interior noruego, “existe la necesidad de asegurar las funciones ministeriales” frente a posibles atentados. Por su situación, la desaparición del Bloque Y dejaría hueco para “establecer un complejo de edificios más abierto y mejoraría los espacios exteriores”. “El plan de demolición data de 2017 y el edificio se va a derribar”, zanja el político, que aclara que la Picasso Administration [entidad que gestiona los derechos de la obra del artista] “ha aceptado el reposicionamiento de las dos piezas”.
En estos años desde el ataque terrorista, durante los cuales las construcciones han permanecido vacías, el mural se ha convertido en motivo de encendida controversia en el país nórdico. En las últimas semanas, el debate se ha encarnecido entre los muchos defensores de que la obra se quede en su emplazamiento original y el Gobierno, que ya ha comenzado las labores de demolición en el interior del Bloque Y, de estilo brutalista y diseñado en 1969 por el arquitecto Erling Viksjø.
Arte amenazado
Desde 2015, Los pescadores figura en el listado de la asociación Europa Nostra con los siete monumentos más amenazadas del continente. Solo existen tres murales similares en el mundo: los otros dos se encuentran, uno en manos privadas en Francia, y el otro —el Friso de los Gigantes— en Barcelona.
La sociedad civil noruega lleva tiempo organizándose para intentar frenar la demolición. “Convocamos manifestaciones, marchas, conciertos y charlas frente al Bloque Y, que hemos rodeado dados de la mano. También hemos rodeado el Parlamento y organizado debates públicos”, enumera Kjersti Hembre, miembro del grupo Salvar el Bloque Y, que lanzó una petición al Gobierno noruego en la plataforma change.org que suma casi 50.000 firmas. “En colaboración con Patrimonio nacional, la Asociación de arquitectos de Noruega y la Asociación de arquitectos de Oslo, el otoño pasado contratamos a una abogada para demandar al Estado”, agrega. Esa letrada es Berit Reiss-Andersen, también presidenta del comité noruego del Nobel. “No estamos en posición de proteger el mural como propiedad intelectual”, señala la abogada, que agrega que han perdido el juicio en el solicitaban paralizar la demolición. “Me temo que no quedan alternativas”.
A pesar de contar con los preceptivos permisos, los planes del Gobierno noruego no convencen a organismos como la UNESCO o el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS). Tampoco a Gro Nesjar, hija de Carl, fallecido en 2015. “Si quitan el mural de la fachada, no va a salir de una pieza”, predice Nesjar. “Además, la intención de Picasso era que estuviera ahí, no en otro sitio”. “El mural es parte del edificio y no se puede quitar”, coincide Hanne Sophie Claussen, otra miembro de Salvar el Bloque Y. “Picasso dedicó esta obra al pueblo noruego para que se viera tal y como está hoy: un friso con el cielo detrás. Ahora los políticos la quieren colocar en un lugar totalmente diferente tanto en el sentido estético como en el conceptual. Es una pena”.
CATALUÑA SE SUMA A LA QUEJA DEL MOMA
El Colegio de Arquitectos de Cataluña, en cuya fachada reposa el ‘Friso de los Gigantes’, se sumó hace unos días al llamamiento del MoMA de Nueva York para que el Gobierno noruego reconsidere su decisión. “Destruir una parte de la obra equivale a destruirla en su totalidad”, escriben los miembros del COAC en un manifiesto que han firmado otros organismos catalanes como CCCB, el MACBA, la Fundació Miró, el Museo de Historia de Cataluña y el Museo Picasso.