La investigación exige la inversión de grandes sumas de dinero, por lo que
estas se suelen destinar a campos que, a priori, se consideran rentables. Esta
regla también rige en la investigación médica y farmacológica, y contribuye a
que no todos los individuos del planeta disfrutemos de nuestro derecho a la salud en igualdad de condiciones.
Los países de bajo desarrollo padecen ciertas enfermedades, que causan
una elevada mortandad pero que son raras en nuestra sociedad del bienestar.
Entre estas enfermedades se encuentra la malaria o paludismo, la enfermedad
de Chagas, la lepra…
Como la población de estos países (entre el 80 y el 90% de la población
mundial) no puede pagar los medicamentos que necesita, apenas se investiga y se desarrollan medicamentos contra las enfermedades que padecen; son
enfermedades olvidadas.
La carencia de fármacos adecuados imposibilita el tratamiento de las
enfermedades más extendidas en estos países. A este problema se suman
otros, desgraciadamente muy frecuentes, como la dificultad de acceso a los
medicamentos, al agua potable y al alimento debida a la carencia de infraestructuras y de políticas sanitarias o al hecho de que muchos de estos países se encuentren en guerra, circunstancias todas ellas que colocan a buena parte de la población de la Tierra en estados de emergencia sanitaria.
Según tu opinión, ¿cuál es la respuesta a la pregunta que da título al texto?