Los patios, pasillos y clases de Educación Física son espacios y momentos con alta carga sensorial, social, motriz y de incertidumbre. Para parte del alumnado con TEA, y también para otros alumnos con dificultades de autorregulación, anticipación o comprensión de normas implícitas, estos momentos pueden generar desorientación, ansiedad o desregulación al no comprender con exactitud qué y cuándo se debe hacer algo y hasta dónde o cuándo.
La estructuración de espacios abiertos y actividades mediante zonas visuales, paneles de elección, cajas de juego, pasillos activos, secuenciadores de actividad y marcadores de posición permite hacer el entorno más predecible, comprensible y participativo. Estas medidas se alinean con prácticas basadas en la evidencia como los apoyos visuales, la enseñanza estructurada, las estrategias antecedentes, la intervención mediada por iguales y el uso planificado del movimiento para favorecer la autorregulación (Mesibov, Shea y Schopler, 2005; Steinbrenner et al., 2020; Hume et al., 2021).
Además, esta organización no solo beneficia al alumnado: también ayuda al profesorado a prevenir situaciones de desregulación, reducir instrucciones repetidas, clarificar expectativas y crear rutinas compartidas a nivel de centro.
Estructurar no es limitar el juego o el movimiento, sino ofrecer opciones claras, anticipar lo que va a ocurrir y facilitar una participación más segura e inclusiva.
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«Ten altas expectativas y te sorprenderán»












