UNIDAD 4.- LOS REINOS CRISTIANOS PENINSULARES

UNIDAD 4.- LOS REINOS CRISTIANOS PENINSULARES

  1. LA FORMACIÓN Y EVOLUCIÓN DE LOS REINOS DESDE EL SIGLO VIII AL XII.
    1. La creación del reino Asturleonés.
    2. El nacimiento de Castilla.
    3. El reino de Pamplona-Navarra.
    4. El nacimiento de Aragón.
    5. Los condados catalanes y la Marca Hispánica.
    6. El reino de Portugal.
  2. LA EVOLUCIÓN DE CASTILLA Y ARAGÓN DESDE LOS SIGLOS XIII AL XV.
    1. Aragón.
  3. LA REPOBLACIÓN: TIPOS Y ETAPAS.
  4. EL PROCESO DE RECONQUISTA.

1. LA FORMACIÓN Y EVOLUCIÓN DE LOS REINOS CRISTIANOS DESDE EL SIGLO VIII AL XIII.

La conquista musulmana de la península Ibérica en el siglo VIII no fue completa puesta que en las zonas montañosas del norte peninsular, se mantuvieron fuera del control musulmán varios núcleos de resistencia de población hispanovisigoda. Estos núcleos acabaron organizándose como reinos e iniciaron un proceso de expansión hacia el sur peninsular que dio lugar a la llamada Reconquista. A continuación veremos cómo se fueron creando los diferentes reinos y su posterior evolución.

a) La creación del reino Asturleonés.

Tras la conquista peninsular, los musulmanes impusieron una serie de tributos a los diferentes caudillos locales del norte peninsular a cambio de mantener cierta autonomía. Pronto uno de ellos, Pelayo, se negó a hacer frente a los tributos e ignoró los mandatos llegados desde Córdoba, tanto es así que consiguió vencer a los musulmanes en Covadonga. Este enfrentamiento, que en realidad fue una simple escaramuza, ha sido considerado como el primer hito en el proceso de Reconquista. Posteriormente, los sucesores de Pelayo, Alfonso I y Alfonso II consolidaron su dominio sobre la franja cantábrica. Tanto es así, que Alfonso I amplió el territorio astur e hizo incursiones en la zona del valle del Duero, mientras que Alfonso II trasladó la capital a Oviedo y conquistó zonas amplias de Galicia, además del norte de León y Castilla.

Será en la segunda mitad del siglo IX cuando Alfonso III expandió el reino a los territorios al norte del Duero gracias a las debilidades internas de los musulmanes y la labor repobladora de los mozárabes. Ya en el siglo X, Ordoño II traslada la corte a León y denomina al reino como reino de León, expandiendo su territorio hacia Galicia y el valle del Duero con la toma de ciudades como Astorga y Oporto, además la victoria de Ramiro II en Simancas frente a los musulmanes en 939 supuso el afianzamiento del dominio leonés sobre el valle del Duero. A partir del siglo XI, la historia del reino leonés estará vinculada a la de Castilla, hasta su unión definitiva en 1230.

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b) El nacimiento de Castilla.

En la zona oriental del reino de León, continuamente azotada por las razias musulmanas llegadas desde la zona aragonesa y riojana, se fueron construyendo una red de castillos cuyo objetivo era garantizar la seguridad del territorio. Es por ello que aquella zona fue bautizada como Castilla, tierra de castillos. La lejanía de la capital leonesa provocó que los gobernantes castellanos gozaran cada vez más de cierta autonomía a lo hora de gobernar el territorio, hasta que en el siglo X, uno de esos gobernantes, Fernán González, aprovechando las disputas internas por el trono leonés, unificó todos los condados y creó el condado de Castilla que legaría a sus herederos. Ya en el siglo XI, el condado castellano se integró en la corona de Navarra bajo Sancho III el Mayor, a cuya muerte en 1035, legó el condado a su hijo Fernando quien convirtió el condado en reino y se convirtió en monarca de Castilla con el nombre de Fernando I. Dos años más tarde heredaría el reino de León al suceder a Vermudo III, procediendo a la primera unión castellano-leonesa, y expandiendo el territorio hacia el sistema Central y el valle del Tajo. Tras su muerte se produjo una nueva división territorial al dividir el reino entre sus hijos, sin embargo un enfrentamiento entre estos provocó de nuevo la unión bajo el reinado de Alfonso VI, que expandió el reino más al sur del Tajo con la conquista de Toledo en 1085.

El reino se mantuvo unido hasta 1157 cuando Alfonso VII dividió el reino entre Fernando II de León y Sancho II de Castilla. En este periodo tuvo lugar un hito fundamental en la historia leonesa como fue la creación de las Cortes en 1188. Se trataba de una asamblea consultiva donde se reunían junto al rey los representantes de la nobleza, el clero y las ciudades para tratar asuntos de vital importancia para la marcha del reino. Tras las de León, las primeras cortes de Europa, surgieron instituciones similares en todos los reinos europeos. El destino de ambos reinos quedará definitivamente unido bajo el reinado de Fernando III que procedió a la unión definitiva de Castilla y León a partir de 1230.

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c) El reino de Pamplona-Navarra.

La zona noreste peninsular quedó bajo el dominio franco a través de la llamada Marca Hispánica creada bajo el reinado de Carlomagno. Sin embargo, tras fracasar en el intento de toma de Zaragoza, los francos fueron derrotados, según la tradición, en el desfiladero de Roncesvalles por los vascones en 778, lo que puso en cuestión el dominio del territorio occidental de la Marca Hispánica. Ya en el siglo IX, el conde de Pamplona, Iñigo Arista, ayudado por la familia musulmana de los Banu Qasi zaragozanos, consigue expulsar a los francos de su territorio y crea el reino de Pamplona, cuyos herederos expandirán con la conquista del condado de Aragón. Posteriormente, la llegada al trono de la dinastía Jimena supondrá la expansión territorial del reino a las actuales Álava y La Rioja. Su máxima expansión llegará con el reinado de Sancho III el Mayor en el siglo XI quien unificó los reinos de Pamplona, Aragón y Castilla. Sin embargo, a su muerte en 1035, el reino fue dividido entre sus tres hijos.

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Posteriormente, el reino de Pamplona fue conquistado por los monarcas aragoneses hasta que en el siglo XII vuelven a independizarse con el reinado de García Ramírez. Serán en 1162, cuando Sancho VI el Sabio proceda al cambio de nombre del reino de Pamplona por el de reino de Navarra.

d) El nacimiento de Aragón.

La zona central pirenaica estaba conformada por tres condados, Aragón, Sobrarbe y Ribagorza, los tres bajo el dominio franco de la Marca Hispánica. Será en el condado aragonés, donde la familia del conde Aznar Galindo conseguirá la independencia de los francos, aunque esta duraría poco, ya que pronto caería Aragón bajo el dominio del reino de Pamplona, que se mantuvo hasta el reinado de Sancho III. A su muerte, su hijo Ramiro I heredará el territorio aragonés, convirtiéndolo en reino, y posteriormente conquistando los condados de Sobrarbe y Ribagorza y el reino de Pamplona durante el siglo XI. Rápidamente, el reino de Aragón inicia su expansión territorial hacia el sur destacando la figura de Alfonso I el Batallador quien conquistó la zona central del valle del Ebro destacando la toma de Zaragoza en 1118, convirtiéndose en la capital del reino. Incluso intentó una unificación con Castilla a través del matrimonio con la reina Urraca pero no se consiguió el objetivo final. Sin embargo, tras su muerte sin herederos, Alfonso I dejó su reino a las Órdenes Militares lo que provocó la independencia de Pamplona y que en Aragón se nombrará sucesor a Ramiro II. Este casó a su hija Petronila con el conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV, dando lugar a la unión de aragoneses y catalanes a partir de 1137. Sera su hijo, Alfonso II, quien en 1164 herede ambos territorios que quedarán definitivamente unidos bajo la Corona de Aragón.

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e) Los condados catalanes y la Marca Hispánica.

Será en la zona oriental pirenaica donde los monarcas francos expandirán con mayor fuerza su dominio con las conquistas de Girona y Barcelona, quedando los diferentes condados catalanes bajo el control directo de la Marca Hispánica. De todos los condados catalanes, pronto destacará el condado de Barcelona. Ya en el siglo IX, aprovechando la debilidad franca, el conde de Barcelona Wilfredo el Belloso incorporará a sus dominios los condados de Besalú, Ampurias, Cerdaña, Urgell y Pallars. Aunque será en el siglo X cuando el conde de Barcelona Borrel II convierta sus dominios en hereditarios y niegue el vasallaje a los reyes francos, por lo que logró la independencia plena. Como ya hemos comentado anteriormente, a principios del siglo XII se producirá el matrimonio entre Petronila, reina de Aragón, y Ramón Berenguer IV en 1137, cuyo hijo Alfonso II herede ambos territorios y provoque su unión bajo la Corona de Aragón.

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f) El reino de Portugal.

A principios del siglo XII tras la muerte de Alfonso VI de Castilla, Portugal consigue su creación como condado bajo el dominio del reino leonés. Será bajo el reinado de la reina Urraca, cuando el conde Alfonso Enríquez se proclame rey de Portugal y adquiera la independencia del reino de León, aunque los conflictos con el reino castellanoleonés serán continuos a lo largo de los siguientes siglos. Sin embargo, desde ese momento, Portugal iniciará su andadura de manera independiente y procederá a un proceso de expansión territorial que le llevará a los límites territoriales que mantiene actualmente.

2. LA EVOLUCIÓN DE CASTILLA Y ARAGÓN DESDE LOS SIGLOS XIII AL XV.

a) Castilla.

La unificación definitiva de Castilla y León se logró en el 1230, cuando Fernando III recibió de su madre Berenguela I el trono castellano y de su padre Alfonso IX el de León. Su hijo Alfonso X el Sabio, además de continuar con la labor conquistadora, desplegó una gran actividad cultural, donde destacan la Escuela de Traductores de Toledo y sus aportes a la literatura, cuya principal obra será el Código de las Siete Partidas. En el siglo xiv se produjo en Castilla un cambio de dinastía cuando el rey Pedro I se enfrentó en una guerra civil (1356-1369) a su hermanastro Enrique de Trastámara, apoyado por la nobleza, quien se hizo con la Corona, accediendo al trono la dinastía Trastámara. La nobleza castellana logró un gran poder, puesto que Enrique II pagó el apoyo nobiliario con las llamadas “mercedes enriqueñas”, lo que unido a la debilidad de algunos reyes, provocó guerras civiles, como ocurrió al final del reinado de Enrique IV.

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La Corona de Castilla se organizó en tres instituciones básicas: en primer lugar la monarquía que era hereditaria y vivió un periodo de reforzamiento de la autoridad real con Fernando III y Alfonso X, debilitado con la llegada de los Trastámara. El monarca dictaba leyes, impartía justicia, acuñaba moneda y dirigía el ejército, ayudado por la corte, formada por nobles y funcionarios a su servicio que acabaron constituyendo el Consejo Real, principal órgano asesor del monarca. En segundo lugar, las Cortes, una asamblea consultiva del monarca, formada por representantes de la nobleza, de la Iglesia y de las principales ciudades castellanas, pero que no tuvieron capacidad de dictar leyes. Y en último lugar, los municipios que gozaron de una amplia autonomía gracias a los fueros otorgados durante la repoblación. Estaban encabezados por el cabildo municipal, y controlados por la nobleza y la burguesía.

En lo referido a la economía castellana debemos señalar que la conquista de la Meseta permitió la expansión de la economía y el crecimiento de las ciudades, tras la crisis de mediados del siglo xiv. Por un lado, la agricultura se convirtió en la actividad principal gracias a los  cultivos de cereales, vid y olivo. La mayoría de la tierra pertenecía a las grandes familias de la nobleza y de la Iglesia, por lo que no se creó un grupo de campesinos con tierras que dinamizaran el sector, hecho que lastró durante mucho tiempo el campo castellano. Por otro lado, la ganadería alcanzó gran importancia debido a dos hechos fundamentales: uno, el fuerte desarrollo de la ganadería ovina, por la calidad de la lana de las ovejas merinas, destinada a la exportación y a la industria textil; y dos la práctica de la ganadería trashumante, que desplazaba los rebaños hacia los pastos del norte en verano y hacia el sur en invierno. Para proteger esta actividad se crearon las Mestas, asambleas de ganaderos, que recibieron el espaldarazo definitivo en 1273, cuando Alfonso X fundó el Honrado Concejo de la Mesta que gozó de privilegios y atesoró gran poder en Castilla. Por el contrario, la industria artesanal, sometida al control de los gremios, tuvo un modesto desarrollo, aunque alcanzó importancia la de la confección de paños de lana. Finalmente el comercio también experimentó cierto desarrollo: por un lado el comercio interior que se practicaba en ferias, entre las que destacaron las de Medina del Campo; y por otro lado, el comercio exterior que se realizaba a través de los puertos cantábricos, como Bilbao, Laredo y Santander, donde se exportaba lana, hierro y otros productos hacia Inglaterra y Flandes. Igualmente, la conquista de Andalucía y el control del estrecho de Gibraltar impulsaron el comercio con el norte de África y con el Mediterráneo, desarrollando una creciente industria naval.

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La sociedad castellana se caracterizara por el enorme peso de la nobleza, debido a los privilegios y territorios recibidos en la Reconquista y en las Guerras de Sucesión, lo que favoreció el desarrollo de una alta nobleza con gran influencia en la corte.  Igualmente el clero, el otro estamento privilegiado, siguió exento de pagar tributos y aumentó su riqueza al recibir extensos territorios durante la repoblación. Mientras la burguesía alcanzó cierta importancia gracias a las actividades comerciales mientras que el campesinado empeoró su situación por la crisis del siglo xiv, al sufrir un aumento de los tributos y las obligaciones con los nobles. El descontento de los campesinos provocó revueltas contra el dominio señorial, como la de los irmandiños en Galicia. Además, en Castilla permanecieron dos minorías religiosas, los mudéjares y los judíos, cuya situación fue empeorando por la persecución a que fueron sometidos.

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b) Aragón.

La Corona de Aragón la formaban numerosos territorios que mantuvieron sus propias leyes e instituciones: los condados catalanes, los reinos de Aragón, Valencia y Mallorca y las posesiones mediterráneas. Las Cortes representaban a cada uno de los reinos y tenían más poder que las castellanas. Había además instituciones particulares de cada reino. Cataluña y Valencia contaban con su respectiva Generalidad, que velaba por el respeto a los fueros y las leyes.  En Aragón existía el Justicia Mayor, juez supremo y defensor de los fueros aragoneses. A escala local, los municipios tuvieron gran autonomía, sobre todo los de las ciudades más importantes. El más poderoso fue el de Barcelona, controlado por una asamblea de notables, llamada Consejo de Ciento.

En este periodo debemos destacar la figura de Jaime I que terminó la conquista de Baleares y Valencia por lo que  incorporó los reinos de Mallorca y Valencia a la Corona aragonesa.  Tras  el final de la Reconquista, los intereses comerciales impulsaron una política expansiva de Aragón en el Mediterráneo. El comercio adquirió gran importancia, favorecido por las posesiones aragonesas y la fundación de consulados del mar. A finales del siglo xiii, Pedro III ocupó Sicilia, y en 1325 Jaime II conquistó Cerdeña. Paralelamente, una expedición de mercenarios llamados almogávares dominó los ducados griegos de Atenas y Neopatria. En el 1443 Alfonso V conquistó Nápoles, con lo que la Corona de Aragón lograba un imperio mediterráneo.

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La economía aragonesa tuvo un notable desarrollo en los últimos siglos medievales aunque al estar compuesta por diferentes reinos podemos hablar de distintas realidades económicas. Por un lado Aragón que era un reino poco poblado, que basaba en una economía agrícola y ganadera, puesto que la única ciudad que destacaba era Zaragoza. Por otro lado Cataluña que tenía una gran industria textil y un activo comercio que convirtió al puerto de Barcelona era uno de los principales del Mediterráneo. Por su parte Valencia y Mallorca mantuvieron un activo comercio con los puertos mediterráneos, especialmente cuando, a mediados del siglo xiv, se produjo una cierta decadencia de Barcelona.

Mientras tanto en la sociedad podemos destacar a la nobleza aragonesa, dividida en dos grupos diferenciados. De un lado, los magnates, condes, vizcondes y barones, que controlaban buena parte de la riqueza y disfrutaban de importantes señoríos. De otro, la pequeña nobleza, que era muy numerosa y se vio perjudicada por el final de la Reconquista. Por su parte el clero era muy influyente, y como en Castilla, adquirió importantes riquezas, controladas principalmente por el alto clero. Finalmente, la mayor parte del estado llano eran campesinos, algunos eran propietarios libres, pero la mayoría estaban sometidos al dominio de los señores feudales. Mientras que en las ciudades, los burgueses se beneficiaron de la expansión comercial y controlaron el gobierno municipal, los grupos populares urbanos no mejoraron su situación, dando lugar a conflictos sociales.

La crisis del siglo xiv afectó a la Corona de Aragón, sobre todo a Cataluña. La epidemia de peste negra de 1348 provocó gran mortandad y conflictividad social, con violentas revueltas en el reinado de Juan II (1458-1479). En el campo, los nobles endurecieron las obligaciones y tributos sobre el campesinado. Lo que provocó la sublevación de los payeses de remensa, debido a que estos tenían unas obligaciones llamadas “malos usos”, entre los que se hallaba la “redimensa” o pago de un fuerte rescate para poder abandonar sus tierras.  También en las ciudades, las capas inferiores sufrieron un empobrecimiento, que aumentó la tensión social. En Barcelona, los pequeños artesanos y comerciantes organizados en un partido llamado la Busca se enfrentaron al patriciado urbano que gobernaba la ciudad, agrupado en la Biga.  Ambos hechos desencadenaron una guerra civil entre 1462 y 1472 y en la que la oligarquía catalana, apoyada por la nobleza y el patriciado urbano, se enfrentó al rey, quien contaba con el apoyo de los sectores populares de la sociedad.

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3. LA REPOBLACIÓN: TIPOS Y ETAPAS.

Entendemos por proceso de repoblación a la ocupación efectiva del territorio recuperado a los musulmanes durante el proceso de reconquista llevado a cabo por la población de los reinos cristianos peninsulares y mozárabes huidos de Al-Ándalus. Estas tierras, que por derecho de conquista pertenecían al monarca, eran entregadas a sus repobladores siguiendo diferentes tipos y además pueden ser divididas en diferentes etapas.

En primer lugar tenemos el tipo de repoblaciones libres mediante la presura o aprisio llevadas a cabo entre los siglos IX y X. Mediante este sistema, el rey concedía tierras (alodios) a campesinos libres que se instalaban en ellas y formaban aldeas donde el resto de bienes eran de propiedad comunal. Este proceso se llevó a cabo fundamentalmente en los valles del Duero, el curso alto del Ebro y la plana del Vic. Su influencia aún es notoria porque la estructura de la propiedad en estos lugares sigue siendo el minifundio. En segundo lugar tenemos el tipo de repoblaciones concejiles llevadas a cabo durante los siglos XI al XII, donde los monarcas otorgaron a los concejos existentes, o los nuevos creados por el rey, derechos y privilegios a través de fueros y cartas pueblas, que favorecieran el proceso repoblador en estas zonas. El proceso se llevó a cabo en los valles del Tajo y del Ebro y fue un hecho clave para que los reyes iniciasen el proceso de recuperación de la autoridad monárquica buscando apoyos en las ciudades favorecidas por este proceso. El tercer y el cuarto tipo serán la repoblación a través de las Órdenes Militares o el Repartimiento nobiliario llevadas a cabo durante los siglos XIII al XV. La primera de ellas será la entrega por parte del monarca de grandes extensiones de tierras a las Órdenes Militares, que eran órdenes religiosas que conjugaban la oración y la guerra a través de monjes guerreros, y que se desarrolló fundamentalmente en los valles del Guadiana, el Turia y el Júcar. Mientras que la segunda fue el pago de los monarcas a la nobleza por el apoyo de estos durante el proceso reconquistador. Los monarcas repartieron grandes extensiones de tierras, con sus aldeas y pobladores, a grandes familias nobiliarias que se encargarían de su explotación económica y su administración política. Este proceso se dio fundamentalmente en las zonas de Extremadura, Andalucía, Murcia, Baleares y costa de Valencia. Ambos procesos tienen una repercusión actual porque en dichas zonas predominan fundamentalmente los grandes latifundios.

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4. EL PROCESO DE RECONQUISTA

Entendemos por proceso de reconquista al avance territorial de los reinos cristianos peninsulares frente a los musulmanes de Al-Ándalus. Dicho proceso será bastante complejo y pasará por diferentes periodos donde se alternaran grandes avances territoriales con periodos de pérdidas o estancamiento del proceso reconquistador. Se pueden establecer diferentes fases: la primera transcurrirá entre los siglos VIII y X cuando se forman los diferentes reinos peninsulares en el norte peninsular e inician su proceso de expansión lenta por los valles del Duero en el caso asturleonés y castellano, el curso alto del Ebro en el caso navarro y las zonas norte de las actuales Aragón y Cataluña por parte de Aragón y los condados catalanes. En este periodo destacaremos la batalla de Simancas en 939 que supuso el control del valle del Duero por parte del reino de León, aunque posteriormente sufriría el avance musulmán con Almanzor a finales del siglo X. Será con la decadencia del Califato de Córdoba y el establecimiento de los reinos de Taifas en 1031 cuando asistiremos a un impulso del proceso reconquistador por parte de los reinos cristianos. La segunda fase será la conquista del Valle del Tajo entre 1031 y 1085. Este periodo asistirá a la fragmentación del poder musulmán debido a las taifas y al establecimiento del régimen de parias por parte de los reinos cristianos a las taifas musulmanas. El hito fundamental de este periodo será cuando Alfonso VI de Castilla conquista Toledo en 1085 asegurando el control de Castilla del valle del Tajo, aunque también será un hecho bastante importante la conquista de Valencia por Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid aunque posteriormente fue recuperada por los musulmanes. En este sentido será fundamental la llegada de los Almorávides desde el Norte de África quien tras vencer a los cristianos en Sagrajas en 1086 provocarán un retroceso de la expansión castellana.  La tercera fase será la conquista de los valles del Ebro y del Guadiana entre 1085 y 1195. Durante esta fase,  Aragón procederá a las conquistas de Zaragoza, Tudela, Calatayud y Cataluña la Nueva durante el siglo XI. Será ya en el siglo XII cuando finaliza la conquista del delta del Ebro, destacando también las tomas de Tortosa en 1148 y Lleida en 1149. Como vemos en este momento el proceso reconquistador caerá en manos de Aragón que le llevará a la firma con Castilla del Tratado de Tudilén 1151 donde se produce el reconocimiento del derecho de Aragón a conquistar Denia, Valencia y Murcia. Tras ello se producirá la conquista de territorios al sur de Aragón, destacando la fundación de Teruel. Sin embargo la crisis de la corona aragonesa tras la muerte sin descendencia de Alfonso II fue aprovechada por Castilla quien obligó a Aragón a firmar el Tratado de Cazola en 1179 por el que Murcia queda bajo derecho de conquista de Castilla. Esta procederá en este periodo a la conquista del valle del Guadiana que fue llevada a cabo gracias a las Órdenes Militares de Santiago, Calatrava, Alcántara. Sin embargo, la llegada de los almohades a finales del siglo XII y la derrota de Alarcos en 1195 supuso un freno al avance cristiano. La cuarte fase será la conquista del Valle del Guadalquivir y de Valencia y Baleares entre 1195 y 1350. El hecho clave de este periodo será la victoria cristiana frente a los almohades en Las Navas de Tolosa en 1212 que supondrá el debilitamiento definitivo del poder musulmán en la península Ibérica. Tras ello se procederá a la conquista de Valencia y Baleares por parte de Aragón, quedando su expansión delimitada por los límites que establecía el tratado de Cazola. Mientras tanto, el reino castellano procedía a las conquistas de Jaén, Córdoba, Sevilla y Murcia con Fernando III. Será Alfonso X quien procederá a las conquistas de Cádiz y reino de Niebla  quedando el poder musulmán delimitado al reino nazarí de Granada, que establecerá una paria considerable con Castilla. En la primera mitad del siglo XIV los benimerines del norte de África invadirán la península intentando recomponer parte del poder musulmán, pero su intención no triunfará tras la derrota que sufrieron en la batalla del Salado en 1340. La última fase será la conquista del reino nazarí de Granada entre 1480 y 1492, cuando los Reyes Católicos, debido a su política de unificación religiosa peninsular y la negativa granadina a pagar las parias con Castilla, iniciaron un enfrentamiento con el reino granadino que supuso el final definitivo a la presencia musulmana en la península Ibérica en 1492 cuando se produce la caída de Granada.

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Updated: 10 diciembre, 2019 — 5:58 pm

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