No se ponderan instrumentos, se evidencian aprendizajes

Repensar la evaluación desde la coherencia y la investigación.

En educación hemos normalizado prácticas que rara vez sometemos a análisis. Una de ellas es la ponderación de instrumentos de evaluación como si cada herramienta representara “partes” del aprendizaje. 

Pero los instrumentos no son aprendizajes. Son medios para recoger evidencias. Con los instrumentos pretendemos tener pruebas de un desempeño, tomar un juicio de valor en base de una evidencia objetiva. 

Y si confundimos el medio con el fin, la evaluación pierde sentido pedagógico.

 

Instrumentos: medios, no fines

Un instrumento de evaluación es el dispositivo que utilizamos para recoger información sobre el grado de logro de un criterio. No es la evaluación en sí misma, ni el aprendizaje, ni la competencia.

Desde la teoría de la alineación constructiva, Biggs (1996) y Biggs y Tang (2011) sostienen que la calidad del proceso educativo depende de la coherencia entre:

      • Resultados de aprendizaje
      • Actividades de enseñanza
      • Procedimientos e instrumentos de evaluación

Si el instrumento no se ajusta a la naturaleza del criterio que pretende evidenciar, se rompe la alineación y disminuye la validez de la evaluación. Y aquí conviene introducir el concepto clave procedente de la teoría clásica de la evaluación: la validez.

Aquí es imprescindible acudir a Messick (1989), quien redefinió la validez como un concepto unificado que integra evidencia empírica y fundamentación teórica para sostener las interpretaciones que hacemos de los resultados. No se trata de medir por medir, sino de poder interpretar con rigor y fundamento lo que observamos. Si un criterio exige argumentar, resolver problemas en contexto o demostrar competencia profesional, difícilmente un instrumento centrado exclusivamente en la memoria reproductiva podrá ofrecer evidencias válidas. Por lo que: 

No todos los aprendizajes son observables del mismo modo.

No todos los desempeños pueden capturarse con la misma herramienta.

Un examen tipo test puede ser válido para comprobar reconocimiento de conceptos. Pero difícilmente lo será para evidenciar pensamiento crítico, resolución contextualizada de problemas o desempeño profesional complejo.

La pregunta no es: — ¿Qué instrumento uso?

La pregunta es: — ¿Qué tipo de desempeño exige el criterio?

Black y Wiliam (1998) ya señalaron que la calidad de la evaluación depende de la calidad de la información que recogemos y de cómo la utilizamos para mejorar el aprendizaje. Si el instrumento no es coherente con el aprendizaje que queremos evidenciar, la retroalimentación que ofreceremos será necesariamente limitada.

Un instrumento no crea el aprendizaje. Solo lo hace visible. Y lo hace con mayor o menor precisión en función de su ajuste a aquello que pretendemos observar.

Naturaleza del criterio y nivel cognitivo

La taxonomía revisada de Bloom (Anderson & Krathwohl, 2001) aporta aquí una clave esencial: no todos los procesos cognitivos tienen la misma naturaleza. Recordar no es lo mismo que analizar. Comprender no es lo mismo que crear. Si un criterio exige analizar, evaluar o crear, el instrumento debe permitir observar ese nivel cognitivo. De lo contrario, estaremos midiendo otra cosa distinta.

La incoherencia entre nivel cognitivo esperado y tipo de instrumento utilizado genera una ilusión de evaluación que no se sostiene teóricamente.

No todos los instrumentos son igualmente válidos para evaluar cualquier criterio. La literatura sobre evaluación insiste en que la calidad de una evaluación depende, en gran medida, de la alineación entre criterios, tareas e instrumentos (Sadler, 1989; Black & Wiliam, 1998).

Si un instrumento no permite recoger evidencias claras, suficientes y representativas del desempeño competencial esperado, no debería incorporarse a la calificación, aunque sí pueda tener valor formativo. La calificación, como síntesis del juicio evaluador, solo debería basarse en evidencias válidas, no en la totalidad de actividades realizadas.

Ponderar instrumentos implica, implícitamente, otorgarles un valor intrínseco independiente de su capacidad real para evidenciar el aprendizaje, lo cual contradice los principios básicos de la evaluación educativa.

Evaluación auténtica y desempeño real

Grant Wiggins (1998) introdujo el concepto de evaluación auténtica, defendiendo que debemos evaluar mediante tareas que simulen o reproduzcan desafíos reales del ámbito profesional o social.

Si hablamos de Formación Profesional, pero también de cualquier etapa, resulta difícil justificar instrumentos desconectados del desempeño real cuando los criterios exigen aplicar conocimientos en contextos complejos. La evaluación auténtica no se centra en cuánto sabe el alumnado, sino en qué es capaz de hacer con lo que sabe. Y eso exige instrumentos ajustados a la naturaleza del desempeño.

La inconsistencia de ponderar instrumentos

En muchos centros se distribuyen porcentajes entre exámenes, trabajos y actitud. Sin embargo, esta práctica responde más a una lógica administrativa que pedagógica. Los instrumentos no representan “trozos” del aprendizaje. Son distintas vías para acceder a evidencias, medios para recoger información.

Popham (2017) advierte del peligro de convertir la evaluación en una suma aritmética desprovista de correlación conceptual sin analizar la coherencia entre lo evaluado y que realmente importa en términos de aprendizaje. Si un criterio se evalúa mediante varios instrumentos, estos no constituyen aprendizajes distintos, sino miradas complementarias sobre el mismo aprendizaje.

Ponderar instrumentos puede conducir a situaciones paradójicas: que un estudiante alcance una calificación positiva sin haber logrado determinados criterios esenciales.

Desde el marco normativo actual en España (LOMLOE y en la Ley Orgánica de Ordenación e Integración de FP), los referentes de la evaluación son los criterios. Los instrumentos son subordinados a ellos.

No se ponderan instrumentos.

Se valoran evidencias en relación con criterios.

Evaluar cómo investigar: triangulación y rigor

La evaluación educativa comparte fundamentos metodológicos con la investigación social. Cuando estudiamos un fenómeno complejo, no utilizamos una única técnica de recogida de datos, se recurre a la triangulación.

Denzin (1978) definió la triangulación como el uso combinado de métodos, fuentes o perspectivas para aumentar la credibilidad de los resultados. Flick (2018) profundiza en esta idea señalando que la triangulación no busca confirmar, sino enriquecer la comprensión, integrar miradas diversas para comprender fenómenos complejos.

El aprendizaje es un fenómeno complejo, situado y contextual. Pretender capturarlo con un único instrumento es metodológicamente débil. Triangular en evaluación significa:

      • Utilizar instrumentos diversos y coherentes con el criterio.
      • Recoger evidencias en distintos momentos.
      • Contrastar desempeños en contextos variados.
      • Reducir el sesgo asociado a una única medición.

Stiggins (2005) insiste en que una evaluación eficaz requiere múltiples fuentes de evidencia para apoyar decisiones pedagógicas justas. No se trata de evaluar más. Se trata de evaluar con mayor rigor epistemológico, evaluar mejor.

De la cultura del porcentaje a la cultura de la validez

Quizás el mayor cambio pendiente en muchos centros educativos sea pasar de la cultura del porcentaje a la cultura de la evidencia.

Black y Wiliam (1998) demostraron que la evaluación formativa tiene un impacto significativo en el aprendizaje cuando la información recogida se utiliza para mejorar el proceso. Pero para que esa información sea útil, debe ser válida, coherente y fundamentada. La cultura del porcentaje simplifica. La cultura de la evidencia exige pensar. 

Y pensar implica revisar nuestras prácticas, cuestionar inercias y asumir que evaluar no es repartir números, sino interpretar evidencias con criterio profesional.

Referencias

Anderson, L. W., & Krathwohl, D. R. (Eds.). (2001). A taxonomy for learning, teaching, and assessing: A revision of Bloom’s taxonomy of educational objectives. Longman.

Biggs, J. (1996). Enhancing teaching through constructive alignment. Higher Education, 32(3), 347–364.

Biggs, J., & Tang, C. (2011). Teaching for quality learning at university (4th ed.). McGraw-Hill/Open University Press.

Black, P., & Wiliam, D. (1998). Assessment and classroom learning. Assessment in Education, 5(1), 7–74.

Denzin, N. K. (1978). The research act (2nd ed.). McGraw-Hill.

Flick, U. (2018). An introduction to qualitative research (6th ed.). SAGE.

Messick, S. (1989). Validity. En R. L. Linn (Ed.), Educational measurement (3rd ed.). Macmillan.

Popham, W. J. (2017). Classroom assessment: What teachers need to know (8th ed.). Pearson.

Stiggins, R. J. (2005). From formative assessment to assessment for learning. Phi Delta Kappan, 87(4), 324–328.

Wiggins, G. (1998). Educative assessment: Designing assessments to inform and improve student performance. Jossey-Bass.

Instrumentos de Evaluación de Competencias: Lista de Comprobación, Escala de Comprobación y Rúbrica

En el ámbito educativo, la evaluación de competencias es esencial para medir el progreso y desarrollo del alumnado. Sin embargo, para garantizar la objetividad en este proceso, es fundamental utilizar instrumentos de evaluación adecuados.

En este artículo, exploraremos tres de ellos: la lista de comprobación, la escala de comprobación y la rúbrica. Estos instrumentos nos permiten ser objetivos en la evaluación, proporcionando una visión más clara y detallada del desempeño del alumnado. Además, respaldaremos cada concepto con referencias doctrinales de la psicopedagogía para fundamentar su relevancia y efectividad.

      1. Lista de Comprobación:

La lista de comprobación es un instrumento sencillo pero efectivo para evaluar competencias específicas en las y los estudiantes. Consiste en una enumeración detallada de los criterios o indicadores que deben cumplirse para alcanzar un objetivo o realizar una tarea determinada. Cada ítem de la lista se verifica como «cumplido» o «no cumplido», lo que facilita el proceso de evaluación y minimiza la ambigüedad.

En el enfoque de la Evaluación Auténtica de Grant Wiggins y Jay McTighe, se destaca la importancia de los criterios claros y específicos para una evaluación justa y objetiva. La lista de comprobación cumple con esta premisa al definir criterios concretos y observables para evaluar el desempeño del estudiante en tareas específicas.

2. Escala de Comprobación:

La escala de comprobación es una variante de la lista de comprobación que va más allá de la distinción entre «cumplido» o «no cumplido». En lugar de emplear una respuesta binaria, la escala de comprobación utiliza una gradación para evaluar el grado de cumplimiento de cada criterio o indicador. Generalmente, esta gradación se representa mediante una escala numérica o descriptiva.

La teoría de la evaluación de Lee Cronbach destaca la importancia de utilizar escalas de medición para obtener resultados más precisos y confiables en la evaluación de competencias. La escala de comprobación se ajusta a esta perspectiva al permitir una evaluación más matizada y detallada del desempeño del estudiante.

3. Rúbrica:

La rúbrica es uno de los instrumentos de evaluación más completos y detallados. Consiste en una matriz que enumera los criterios de evaluación en las filas y los niveles de desempeño en las columnas. Cada celda de la matriz describe las características que definen cada nivel de competencia. La rúbrica proporciona una guía clara tanto para el docente como para la o el estudiante, lo que facilita una evaluación objetiva y transparente. Es imprescindible desarrollar con precisión la descripción de los diferentes niveles de desempeño, utilizando un lenguaje adecuado al alumnado que va a ser evaluado.

La teoría de la taxonomía de Bloom, que clasifica los objetivos educativos en diferentes niveles cognitivos, puede vincularse con la rúbrica. Al definir los niveles de desempeño en la matriz, la rúbrica ayuda a evaluar el aprendizaje en términos de dominio de habilidades cognitivas específicas, lo que la convierte en un instrumento de evaluación efectivo y objetivo.

En los tres casos es imprescindible que el alumnado conozca y comprenda el instrumento de evaluación para que la evaluación tenga un carácter formativo. En el contexto educativo, la evaluación de competencias debe ser lo más objetiva posible para asegurar una retroalimentación valiosa y precisa a los estudiantes. La lista de comprobación, la escala de comprobación y la rúbrica son instrumentos fundamentales que nos permiten evaluar de manera imparcial, proporcionando criterios claros y específicos para medir el desempeño de los alumnos. Al fundamentar estos instrumentos con referencias doctrinales de la psicopedagogía, aseguramos una evaluación pedagógicamente sólida y acorde con los principios de la educación contemporánea.

Espero que os haya sido de utilidad.

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