3 ideas para hacer aprender a la generación impaciente

Tuve mi primer móvil, que no smartphone, en mi 21 cumpleaños. Marca Motorola, con una funda de plástico y que se enganchaba en el cinturón o se guardaba en la mochila, ya que era imposible de guardar semejante ladrillo en el bolsillo. La máxima diversión con él era enviar sms o escuchar los tonos de llamada, no incluía ni el juego de la serpiente. Cuando entraba en un autobús le quitaba el sonido, ya que me avergonzaba que sonara en público y si entraba en la biblioteca de la facultad o en el cine lo apagaba, ya que lo que fuera podría esperar. Cuando salía de marcha el fin de semana, de hecho, ni lo llevaba.

En esa época era universitario y tenía muy claro que quería ser profesor, lo que no tenía tan claro era como iba a evolucionar ese aparatito y como iba a influir en las generaciones  a las cuales yo iba a impartir clase.

Como he dicho anteriormente en algunos momentos determinados cualquier cosa podía esperar, y el problema hoy en día es que las cosas no pueden esperar. Los jóvenes de hoy en día viven en un continuo escaparate adornado por filtros de Instagram y en continua competición de «me gusta» o «compartir»,  así como una necesidad de constante retroalimentación por medio de los comentarios. Y en el momento que un nuevo item se expone en su escaparate, hay una necesidad creciente de ir comprobando cual es su efecto en la comunidad que le rodea. Y yo también peco de eso, pese a que no poseo ni Instagram, ni Facebook pero cuando publico un vídeo tutorial en Youtube compruebo las veces que se ha visto, y de vez en cuando también las visitas a mis entradas del blog. Es decir, se ha convertido en algo común, nos guste o no nos guste.

Es casi imposible que un adolescente mantenga un estado de concentración en su rutina diaria de estudio mientras la pantalla de su móvil se va iluminando o si lo que tiene en la cabeza en ese momento es cuantos «me gusta» tendrá la última foto que ha subido a la red o si cierta persona ha visto ya su mensaje de Whatsapp y el doble check está azul. Por lo que pasamos a una necesidad de educar a los jóvenes en cómo controlar su necesidad de recibir información constantemente. Para ello propongo tres ideas:

1) El móvil se puede quedar en casa. Muchos padres y madres difieren en este sentido porque consideran que puede darse una situación en la que se tengan que poner en contacto con sus hijos e hijas mientras están en clase. Otros medios son posibles, como llamar al teléfono del centro. De este modo un adolescente se está mostrando a si mismo que puede pasar más de seis horas sin tener que visualizar como va su escaparate.

2) Proponer a los jóvenes que hagan una excursión sin móviles. El docente puede echar algunas fotos de recuerdo en momentos puntuales de la excursión para que tengan el recuerdo y compartirlas con la clase días después, de este modo puede aprender que los eventos en sus vidas ocurren estén o no retratados en Instagram.

3) Vamos a usar una app para trabajar en casa. El alumnado podrá hacer un mapa mental, crear una infografía, crear una ruta en un mapa, elaborar un plan de trabajo, crear un vídeo etc… y presentar su proyecto en el aula. Habrán dado un uso productivo al móvil, en un momento puntual, dándose cuenta de que es una herramienta más con la que pueden trabajar.

Son solo tres ideas de un sinfín de posibles. Podemos empezar a trabajar.

 

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