SEGUNDO DIAZ DE HERRERA Y SERRANO

Díaz de Herrera y Serrano, Segundo. La Habana (Cuba), 25.II.1836 – Cantavieja (Teruel), 5.VII.1875. Teniente coronel de Infantería de Marina de la Armada, coronel del Ejército de Tierra y héroe de Cantavieja.

Nació en el seno de una familia fuertemente entroncada en la Armada, originaria de Sevilla y en generaciones anteriores de Valladolid. Su padre, Segundo Díaz de Herrera y Mella, teniente general, fue jefe del Apostadero de La Habana, subdirector del Colegio Naval Militar, capitán del puerto de Barcelona, jefe de la División de operaciones en la guerra de África y capitán general del departamento de El Ferrol.

Herrera sentó plaza de guardia marina el 4 de junio de 1848, pero su salud se había deteriorado debido a unos dolores de cabeza sostenidos con efectos de debilidad nerviosa, producidos por la repentina desaparición de una erupción cutánea padecida en su infancia; este no le permite esforzarse en los estudios sin grave perjuicio de su salud. Para remediarlo, el médico del propio colegio le prescribe unos baños minerales sulfurosos, lo que obliga a que su padre tenga que solicitar a la Reina regente licencia para que pueda tomar los baños fuera del colegio durante seis meses, que serían prorrogados por dos períodos de otros seis meses. No quedaría del todo curado, obligándole a solicitar su pase al Cuerpo de Infantería de Marina. Todos sus hermanos varones (que eran cuatro) pertenecieron al Cuerpo General de la Armada.

Por Real Orden de 22 de septiembre de 1849, Su Majestad le concedió gracia de subteniente de Infantería de Marina (sin sueldo ni antigüedad), equivalente a alférez de fragata; aunque tuvo que continuar con el tratamiento hasta 1851.

Díaz de Herrera asciende a capitán (20 de octubre de 1858) y al mismo tiempo desembarca del vapor Vulcano y es destinado como capitán de la 1.ª compañía del 3.er batallón cuya base de estacionamiento se encuentra en Cartagena. A causa de un ataque de cabileños a Ceuta en 1859, España declara la guerra a Marruecos. Herrera asiste a la guerra de África al mando de la guarnición del vapor Vulcano y de las tropas embarcadas en las fuerzas sutiles. Tras la bata lla de Castillejos, con intervención del general Prim y la toma de Tetuán, la victoria de Wad-Ras conduce a la firma de la paz (abril de 1860); Marruecos cede Ifni y una franja costera. El recibimiento tributado a los combatientes es apoteósico; no en vano la guerra ha tenido unas cotas de popularidad difícilmente igualables en nuestra historia.

Al llegar a Cartagena Díaz de Herrera desembarcó del Vulcano y pasó, de nuevo, al 3.er batallón. Allí sufrió un arresto de dos meses de castillo por excederse en castigar a un cabo y dos soldados; cumplió un mes en pabellón y el otro en el de La Cabaña. En 1861 tiene lugar la expedición de Prim a México, a consecuencia de la suspensión de pagos decidida por Benito Juárez, lo que provoca la intervención armada de Inglaterra, Francia y España. Díaz de Herrera forma parte de esta expedición entre 1861 y 1862 porque al acceder el Gobierno mexicano a los pagos, Inglaterra y España se retiran, no así Francia. Al rendir viaje, Herrera pasa destinado al 5.º batallón de la Armada.

Asciende a teniente coronel (26 de agosto de 1873) y es nombrado primer jefe del 1.er batallón del 1.er regimiento.

Para dar un más vigoroso impulso a la guerra civil (9 de mayo de 1875), la Armada dispone que tomen parte en ella los batallones que aún no han concurrido a la campaña. El 1.er regimiento real de Marina sale de operaciones; su segundo batallón, que operaba en la zona de Castro Urdiales, se encontraba al mando del teniente coronel Díaz de Herrera, el cual reagrupa sus fuerzas, al pasar a depender el regimiento del Ejército del Centro (9 de mayo), y embarca en Castro (14 de mayo) en el vapor Bayones para Santander y en el vapor Pasajes (día 15) para El Ferrol, donde recoge noventa hombres, y sale en demanda de Cádiz, donde se les une el 1.er batallón, formando el 1.er regimiento, al mando del coronel Adolfo Colombo; embarcan (28) en el vapor Ciudad de Cádiz hacia Valencia, adonde llegan el 1 de junio y pasan a Sagunto.

Arreciado el combate por la ofensiva carlista y por el dominante fuego enemigo, son obligadas las tropas alfonsinas a retroceder; en ese momento interviene el 1.er batallón del 1.er regimiento, al mando de su valiente teniente coronel Segundo Díaz de Herrera, quien con su ímpetu y decisión logra detener al enemigo, al que le causa ciento cincuenta bajas, pudiendo, con ayuda de otras unidades, consolidar y desalojar a los carlistas de tan importante posición.

Por esta sobresaliente acción, el Ejército le concede el grado de coronel, si bien no llegó a tener conocimiento de la concesión, pues se hizo pública días después de su fallecimiento. Se distinguen en esta acción los soldados Manuel Gómez y Manuel Aurigube, que resultan heridos. Algo despejado el camino a Cantavieja, se aproxima Jovellar con Chacón y Bayle, ayudado por una división del Ejército de Cataluña y el 30 de junio comienza el sitio de la plaza. Ocupa el 2.º del 1.er batallón los puntos más avanzados bajo los fuegos de la plaza y Díaz de Herrera con cuatro compañías se sitúa en el barranco que lleva a Cantavieja, salida natural del pueblo, para impedir que el enemigo se escape en la noche del asalto.

Llegado el momento cumbre de la batalla, se lanza Herrera, en unión de los trescientos cincuenta voluntarios, en su casi totalidad infantes de Marina, derrochando valor y heroísmo, pero cae muerto en el campo de batalla y frente al enemigo a pocos metros de la brecha. Tomó el mando de su unidad el capitán Jaime Togores. Se siguió combatiendo encarnizadamente toda la noche y, al día siguiente (6 de julio de 1875), Dorregaray rinde la plaza.

La Armada premió el heroísmo de Díaz de Herrera, disponiendo que su cuerpo reposara en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando y colocando una placa que perpetúa su memoria para ejemplo de las generaciones futuras y que dice: “A la memoria del coronel del Ejército —teniente coronel de Infantería de Marina— Segundo Díaz de Herrera y Serrano, muerto gloriosamente en el asalto a la plaza de Cantavieja en la noche del 5 de julio de 1875” (por motivos desconocidos sus restos no reposan en el panteón).

Asimismo, por real orden se dispuso que se colocara su retrato en el Museo Naval.

En el momento de su defunción se encontraba en posesión de la Cruz de Marina de Diadema Real y era caballero de primera de la Orden del Mérito Naval.

Había sido condecorado con la Medalla de África, las placas del Mérito Naval y Militar y era Benemérito de la Patria.

 

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