Evaluar: entre la inercia y la reflexión pedagógica

Entre los debates educativos más recurrentes, independientemente de la etapa, se encuentra la evaluación. El profesorado se enfrenta a este proceso de maneras muy diversas: a veces con la seguridad de saber lo que se hace; otras, replicando aquello que vivimos como estudiantes; en ocasiones validando prácticas sin una reflexión profunda; apoyándonos en libros de texto a los que otorgamos una veracidad casi absoluta; copiando propuestas ya existentes; o recurriendo a “guías” oficiales o pseudo-oficiales elaboradas, no siempre, desde un conocimiento riguroso de la psicopedagogía, sino desde la experiencia acumulada de quienes llevan años haciendo lo mismo.

Pero hacer algo muchas veces no lo convierte en correcto, ni en ajustado, ni en pedagógicamente sólido.

¿Cómo aprendemos a ser maestras y maestros?

Quiero empezar este recorrido reflexionando sobre algo que rara vez se cuestiona: cómo aprendemos a ser docentes.

La formación inicial del profesorado de Secundaria y Formación Profesional adolece de carencias estructurales. Se centra, en gran medida, en un modelo de escuela basado en la transmisión de contenidos, un enfoque claramente desfasado en el contexto actual, donde el acceso a la información es inmediato y el ritmo de avances científicos, tecnológicos y sociales es vertiginoso.

Parece que para ser docente basta con dominar la materia que se va a impartir, como si saber mucho de un contenido garantizara automáticamente una buena enseñanza. Sin embargo, esta relación aparentemente lógica es una falacia.

La docencia es una profesión compleja, porque el ser humano lo es. Facilitar aprendizajes no es un acto mecánico, sino un proceso profundamente condicionado por múltiples variables:

      • el contexto externo del alumnado,
      • su contexto interno y momento vital,
      • el ecosistema único que se genera en cada aula,
      • y también los contextos, creencias y emociones del propio profesorado.

Todo ello hace que ejercer esta profesión requiera habilidades, destrezas y conocimientos que no pertenecen exclusivamente a la especialidad que impartimos (aunque esta, por supuesto, sea necesaria). Hablamos de competencias comunicativas, liderazgo pedagógico en el aula (y también en el centro, aunque no se ostente un cargo directivo), nociones de psicología social, psicopedagogía y neurociencia aplicada al aprendizaje.

En definitiva, si vamos a dedicarnos a diseñar experiencias para facilitar que otras personas aprendan, lo lógico es contar con los conocimientos y herramientas que hacen posible que ese aprendizaje ocurra de forma significativa.

Sesgos, creencias y evaluación

El ser humano accede a la información, no siempre en igualdad de condiciones, y lo hace atravesado por sesgos cognitivos que condicionan su forma de aprender, interpretar y decidir. El profesorado no es una excepción.

Ser conscientes de nuestros propios sesgos es el punto de partida real del aprendizaje profesional. Preguntas como estas deberían acompañarnos de forma habitual:

      • ¿Por qué creo que se evalúa así?
      • ¿De dónde procede esta práctica evaluativa?
      • ¿Qué fuentes utilizo?
      • ¿He analizado su origen, su intención y su respaldo científico?
      • ¿Qué pienso yo realmente sobre esta forma de evaluar?

Tener presentes estas cuestiones nos ayuda a minorar el efecto del sesgo de confirmación, ese que nos lleva a buscar solo aquello que valida lo que ya creemos.

Abrimos el debate: preguntas habituales sobre evaluación

Tras este marco de reflexión, en los próximos posts me propongo analizar, desde una perspectiva pedagógica y fundamentada, algunas de las preguntas más frecuentes que surgen en el ámbito educativo cuando hablamos de evaluación, entre ellas:

Ponderación

      • ¿Se deben ponderar los instrumentos de evaluación?
      • ¿Se ponderan los elementos curriculares o los criterios de evaluación?
      • ¿Qué implicaciones pedagógicas tiene ponderar… o no hacerlo?

Instrumentos y técnicas

      • ¿Todo se puede evaluar con rúbricas?
      • ¿Qué diferencia hay entre instrumento y técnica de evaluación?
      • ¿Es obligatorio usar varios instrumentos?

Evaluación y calificación

      • ¿Evaluar es lo mismo que calificar?
      • ¿Cuándo empieza y cuándo termina la evaluación?
      • ¿Se puede evaluar sin poner notas?

Objetividad y justicia

      • ¿Existe la evaluación objetiva?
      • ¿Cómo hacer una evaluación más justa y equitativa?
      • ¿Qué papel juega el contexto del alumnado?

Evaluación competencial

      • ¿Qué significa realmente evaluar por competencias?
      • ¿Cómo se evalúan aprendizajes complejos?
      • ¿Qué cambia respecto a la evaluación tradicional?

Este será un espacio para pensar la evaluación, no como un trámite administrativo, sino como una herramienta poderosa para mejorar los aprendizajes y la práctica docente.

¿Empezamos?

 

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