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Preparando San Valentín (4)

Preparando San Valentín (4)

Para escribir una historia de amor a veces no se necesitan muchas páginas, basta con sólo algunas líneas. Nuestra compañera, Celia Izquierdo, profesora de Tecnología, nos manda aquí un ejemplo, a través de un breve no cuento de Rafael R. Valcárcel.

Amor antes, durante y después de la lluvia 

Me llamó la atención él, por su forma de mirarla, como si no fuese una desconocida que veía por vez primera, pero así era. Él había subido en la misma estación que yo y estaba solo. Recién en la siguiente parada, ella entró al autobús y no se percató de su presencia, pese a que se sentó junto a él. Después, sacó de la mochila un dossier de ilustraciones. Él, como ya dije, la miraba, como si evocase un centenar de momentos compartidos: el otoño en que la lluvia los llevó a refugiarse en el mismo lugar, la excusa para hablarle, un número de teléfono, los días de dudas, la timidez de él para invitarla a salir, los silencios de ella para retrasar la cita, el recital en el que coincidieron, el beso, los besos, las confesiones, los descubrimientos, cenas de dos, reuniones, compromisos, el compromiso, hijos y deseos de seguir soñando. ¿Y si únicamente le recordase a un antiguo amor? O quizá, sin aguzar tanto la memoria, ella era la silueta vacía de sus anhelos, de esa ilusión latente que lo mantuvo despierto, de un desenlace feliz que ya había vivido durante cada noche de insomnio.
Yo no tenía pensado tomar un autobús, ella tampoco. Afuera había dejado de llover. Le pregunté si las ilustraciones eran suyas.
Rafael R. Valcárcel

Si os ha gustado, podeis leer más obras de este autor en su página No Cuento. Cuentos que no son cuentos. Cuentos para sentir y pensar

Preparando San Valentín (4)

Preparando San Valentín (4)

Para escribir una historia de amor a veces no se necesitan muchas páginas, basta con sólo algunas líneas. Nuestra compañera, Celia Izquierdo, profesora de Tecnología, nos manda aquí un ejemplo, a través de un breve no cuento de Rafael R. Valcárcel.

Amor antes, durante y después de la lluvia 

Me llamó la atención él, por su forma de mirarla, como si no fuese una desconocida que veía por vez primera, pero así era. Él había subido en la misma estación que yo y estaba solo. Recién en la siguiente parada, ella entró al autobús y no se percató de su presencia, pese a que se sentó junto a él. Después, sacó de la mochila un dossier de ilustraciones. Él, como ya dije, la miraba, como si evocase un centenar de momentos compartidos: el otoño en que la lluvia los llevó a refugiarse en el mismo lugar, la excusa para hablarle, un número de teléfono, los días de dudas, la timidez de él para invitarla a salir, los silencios de ella para retrasar la cita, el recital en el que coincidieron, el beso, los besos, las confesiones, los descubrimientos, cenas de dos, reuniones, compromisos, el compromiso, hijos y deseos de seguir soñando. ¿Y si únicamente le recordase a un antiguo amor? O quizá, sin aguzar tanto la memoria, ella era la silueta vacía de sus anhelos, de esa ilusión latente que lo mantuvo despierto, de un desenlace feliz que ya había vivido durante cada noche de insomnio.
Yo no tenía pensado tomar un autobús, ella tampoco. Afuera había dejado de llover. Le pregunté si las ilustraciones eran suyas.
Rafael R. Valcárcel

Si os ha gustado, podeis leer más obras de este autor en su página No Cuento. Cuentos que no son cuentos. Cuentos para sentir y pensar

Preparando San Valentín (3)

Preparando San Valentín (3)

En la literatura, como no podía ser de otra manera, abundan las historias de amor, y de todas ellas pocas tan célebres como la que nos contara William Shakespeare en Romeo y Julieta. Representada en innumerables ocasiones, llevada al cine y a la televisión en otras muchas, os dejamos aquí un fragmento  que nos manda nuestra compañera María Gámez, profesora de Lengua y Literatura. Es una de las últimas versiones cinematográficas, quizá no la mejor, pero si una de las más populares entre el público más joven. Se trata de «Romeo y Julieta» (1996) del director Baz Luhrmann, protagonizada por Leonardo di Caprio y Claire Danes.

                 

Preparando San Valentín (3)

Preparando San Valentín (3)

En la literatura, como no podía ser de otra manera, abundan las historias de amor, y de todas ellas pocas tan célebres como la que nos contara William Shakespeare en Romeo y Julieta. Representada en innumerables ocasiones, llevada al cine y a la televisión en otras muchas, os dejamos aquí un fragmento  que nos manda nuestra compañera María Gámez, profesora de Lengua y Literatura. Es una de las últimas versiones cinematográficas, quizá no la mejor, pero si una de las más populares entre el público más joven. Se trata de «Romeo y Julieta» (1996) del director Baz Luhrmann, protagonizada por Leonardo di Caprio y Claire Danes.

                 

Preparando San Valentín (2)

Preparando San Valentín (2)

De La voz a tí debida (1933), de Pedro Salinas, os dejo aquí uno de mis poemas favoritos.

El beso robado. JEAN-HONORÉ FRAGONARD

 

¡Si me llamaras, sí;
si me llamaras!
Lo dejaría todo,
todo lo tiraría:
los precios, los catálogos,
el azul del océano en los mapas,
los días y sus noches,
los telegramas viejos
y un amor.
Tú, que no eres mi amor,
¡si me llamaras!
Y aún espero tu voz:
telescopios abajo,
desde la estrella,
por espejos, por túneles,
por los años bisiestos
puede venir. No sé por dónde.
Desde el prodigio, siempre.
Porque si tú me llamas
«¡si me llamaras, sí, si me llamaras!»
será desde un milagro,
incógnito, sin verlo.
Nunca desde los labios que te beso,
nunca
desde la voz que dice: «No te vayas».
 
Preparando San Valentín (2)

Preparando San Valentín (2)

De La voz a tí debida (1933), de Pedro Salinas, os dejo aquí uno de mis poemas favoritos.

El beso robado. JEAN-HONORÉ FRAGONARD

 

¡Si me llamaras, sí;
si me llamaras!
Lo dejaría todo,
todo lo tiraría:
los precios, los catálogos,
el azul del océano en los mapas,
los días y sus noches,
los telegramas viejos
y un amor.
Tú, que no eres mi amor,
¡si me llamaras!
Y aún espero tu voz:
telescopios abajo,
desde la estrella,
por espejos, por túneles,
por los años bisiestos
puede venir. No sé por dónde.
Desde el prodigio, siempre.
Porque si tú me llamas
«¡si me llamaras, sí, si me llamaras!»
será desde un milagro,
incógnito, sin verlo.
Nunca desde los labios que te beso,
nunca
desde la voz que dice: «No te vayas».
 
Preparando San Valentín

Preparando San Valentín

Como anticipo de los poemas, cuentos y cartas de amor que empezaremos a recibir en unos días en el tradicional concurso por San Valentín, dejamos aquí algunos poemas de amor que ha seleccionado nuestra compañera Pilar Cotorruelo, profesora del Departamento de Matemáticas, uno de Vicente Aleixandre y otro de Pablo Neruda.
El beso. GUSTAV KLIMT

Unidad en ella


Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la región donde nada se olvida.
Tu forma extensa, diamante o rubí duro,
brillo de un sol que entre mis manos deslumbra,
cráter que se me convoca con su música íntima,
con esa indescifrable llamada de tus dientes.
Muero porque me arrojo, porque quiero morir,
porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera
no es mío, sino el caliente aliento
que si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo.
Deja, deja que mire, teñido del amor
enrojecido al rostro por tu purpúrea vida,
deja que mire el hondo clamor de tus entrañas
donde muero y renuncio a vivir para siempre.
Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo,
quiero ser tú, tu sangre, esa lava rugiente
que regando encerrada bellos miembros extremos
siente así los hermosos límites de la vida.
Este beso en tus labios como una lenta espina,
como un mar que voló hecho un espejo,
como el brillo de un ala,
es todavía unas manos, un repasar de tu crujiente pelo,
un crepitar de la luz vengadora,
luz o espada mortal que sobre mi cuello amenaza,
pero que nunca podrá destruir la unidad de este mundo.
Vicente Aleixandre (1898-1984)
No estés lejos de mí un sólo día, porque cómo,
porque, no sé decírtelo, es largo el día,
y te estaré esperando como en las estaciones
cuando en alguna parte se durmieron los trenes.
No te vayas por una hora porque entonces
en esa hora se juntan las gotas del desvelo
y tal vez todo el humo que anda buscando casa
venga a matar aún mi corazón perdido.
Ay que no se quebrante tu silueta en la arena,
ay que no vuelen tus párpados en la ausencia:
no te vayas por un minuto, bienamada,
porque en ese minuto te habrás ido tan lejos
que yo cruzaré toda la tierra preguntando
si volverás o si me dejarás muriendo.
Pablo Neruda (1904-1973) 
Durante los próximos días iremos publicando algunos más y si hay alguno que os guste especialmente y quisierais compartirlo con nosotros, no lo dudes y envíanoslo.
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