
“Viaje al país de los blancos”. Una historia de valores humanos y superación personal
Hoy CEPER Dionisio Montero ha estado en la conferencia educativa “Viaje al país de los blancos” -una historia de valores humanos y superación personal del ghanés Ousman Umar- organizada por la delegación de educación del Ayuntamiento de Chiclana en el Teatro Moderno.

Casa de la Cultura Teatro Moderno
Ha sido una experiencia conmovedora, motivadora y aleccionadora; todo un aprendizaje y una oportunidad para reflexionar.
Como docentes y padres pensamos que esta conferencia debería llegar a toda la población. Ousman Umar es un claro ejemplo de resiliencia, resistencia y fortaleza. Su historia de valores humanos y superación personal es una de las mejores clases a las que podemos asistir a cualquier edad. Desde el CEPER Dionisio Montero queremos hacer llegar el mensaje de Ousman a toda la comunidad educativa y a todas las personas que se acerquen a nuestro blog, aunque también recomendamos asistir a su conferencia en un futuro si tenemos la suerte de que venga por nuestra localidad nuevamente porque él es quien transmite cada emoción que ha experimentado en este largo viaje.
Ousman Umar nació en una tribu de Ghana, una antigua colonia británica que en 1957 consiguió su independencia de Gran Bretaña. Bajo en Imperio Británico el país era conocido como La Costa de Oro (The Golden Coast) y tras la independencia su primer presidente le cambió el nombre por Ghana.
África tiene 54 países y cada uno es un mundo diferente con una realidad muy distinta.
Comenta que su país está formado por distintas tribus, especialmente de la tribu a la que pertenece y algunas de sus creencias, en concreto, la que afecta directamente a su historia. En su tribu creen que si una madre muere en el parto, el bebé es el culpable de dicha muerte y, por ello, hay que matarlo. En su caso, se libró de la muerte porque su padre era el chamán de la tribu y nadie podía tocarlo. Eso le garantizó el derecho a la vida. Su padre lo protegió y se casó con la hermana de su madre, de manera que Ousman creció al calor de su tía como madre.
Ser niño en África implica que prácticamente no tienes oportunidad de vivir la infancia, porque tienes que ayudar a tu familia a rehacer la casa constantemente, a conseguir el alimento diario,… y esa fue su realidad.
Su vida fue mejor porque en su pueblo había un río que garantizaba el agua necesaria para beber y lavarse.
El colegio estaba a 7 kms (un total de 14 kms cada día, como ir de Chiclana a la Barrosa para bañarnos en verano y volver bajo un intenso sol). Él solo pudo ir al colegio dos años ya que su familia lo necesitaba para ayudar en el campo. Por supuesto, en esta situación, es inimaginable que hubiera juguetes ni Reyes Magos; había que agudizar la imaginación y la creatividad para crear los propios juguetes.
El talento no tiene edad ni color.
Siendo muy pequeño, Ousman se fijó en un avión que sobrevolaba su pueblo y desde entonces quería saber cómo los blancos hacían posible la creación de esos pájaros metálicos donde solo podían viajar los propios blancos. Su curiosidad fue lo que le llevó a salir de su casa con 9 años y trabajar en la ciudad como chapista y soldador. A los doce años acabó en el puerto de Acra, la capital de Ghana, porque tenía muchas ganas de conocer a los blancos y sus ingenios.
Pero sin saber leer ni escribir no había opciones al conocimiento.
Durante cinco años recorrió más de 21.000 kms cruzando ocho países con el único objetivo de llegar a España. No era consciente de la realidad y fue llevado de la mano de traficantes junto a otros jóvenes. todos fueron abandonados en medio del Desierto del Sáhara por los traficantes, sin dinero y con muy poca agua. Tuvieron que caminar durante tres semanas con un galón de agua por persona. ¡Una locura! ¡Algo impensable!
Para Ousman, todos somos iguales, tenemos los mismos derechos -sin lugar a duda-, pero no tenemos las mismas oportunidades. Incluso entre los negros hay diferencias porque no es lo mismo un negro del África del Norte que un negro del África tropical (Mali, Senegal,…).
Cuando hablamos de calor en España no tiene nada que ver con el calor del desierto.
Cuando se comienza una aventura se tiene mucha ilusión, pero poco a poco, con las dificultades y la crudeza de la realidad, la ilusión se va perdiendo. De los cuarenta y seis jóvenes que formaban la expedición, solo seis consiguieron llegar a un pueblo, a una aldea de cuatro casas en Libia -donde ser negro era un peligro-.
En Libia trabajó cuatro años “como un negro”, según cuenta Ousman, para poder reunir 1.800 dólares y continuar su viaje al país de los blancos. Y luego volvió a caer en manos de los traficantes quienes en una semana llegaron a cambiarle hasta diez veces de nombre porque Europa paga por cada inmigrante que va a ser acogido, aunque no llegue al continente por los engaños y el negocio de la mafia formada por los propios gobiernos africanos y la policía de esos países que firman los convenios con Europa.
Él aprendió a leer para investigar sobre lo sucedido en 2004, ese año en el que muchos de sus compañeros de viaje murieron en el intento de llegar al país de los blancos.
Existe un negocio con los jóvenes que intenta llegar a Europa, son retenidos en las fronteras hasta que interesa montarlos en las pateras. Es la realidad que la gente no ve.
Él consiguió llegar en patera a Fuerteventura y de ahí a Málaga y posteriormente a Barcelona sin saber nada de español ni catalán. Tuvo que vivir en la calle y comer de lo que encontraba en los contenedores.
La selva del cemento, ya que en la selva tropical había mangos al alcance de cualquiera.
Después de un mes y medio comiendo de la basura, tuvo la gran fortuna de conocer a Montse en una calle de Barcelona. Ella fue la primera persona que se cruzaba en esta larga aventura y le prestaba atención sin poder entenderse por el idioma. Ella llamó por teléfono a su marido, Armando, para que hablara con Ousman porque ella no sabia hablar inglés. Ousman fue acogido por este matrimonio, que le abrió las puertas de su casa y lo acogió como a un hijo.
Su gran pregunta era por qué tanto sufrimiento, pero la cambió por otra: para qué. Y encontró la respuesta: para evitar más sufrimiento a otras personas como él.
En 2005 no sabía ni hablar en español y en 2011 se graduó y entró en la facultad de químicas porque él es hijo de un chamán y quería aprender si el chamanismo tenía bases reales.
Para Ousman, querer es poder y el talento no tiene color porque es una simple cuestión de oportunidad.
Gracias, Ousman, por tu constancia, voluntad, ilusión y ejemplo. Gracias por tu testimonio y tu propósito de vida. Gracias por abrirnos los ojos a una realidad cruel y la oportunidad de volver a ser humanos por encima de todo.
Gracias también a la delegación de educación en el Ayuntamiento de Chiclana.