Relato de terror

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Y vuelvo a escuchar otra vez ese ruido tan estremecedor,  lo compararía con el dolor de una madre cuando pierde a su hijo, es tan intenso . . .

En esta habitación tan blanca con las paredes acolchadas debería sentirme a salvo de las voces en mi cabeza, me atormentan y cada día es un suplicio. Aquí hay otros como yo, aunque me siento muy solo. Los fantasmas de las batas blancas me clavan sus grandes agujas que crean un efecto somnífero en mi. Cuando lo hacen siento un gran dolor y me siento impotente, me tienen totalmente inmovilizado con unas correas que me oprimen tanto que casi me ahogan, los llantos de los demás son música para mis oídos, cada una de sus lágrimas me dan la vida , lo se soy un engendro vivo del dolor de las gentes personas (si es que así se pueden llamar) que habitan en este oscuro lugar, todos huyendo de algo, vuelven las voces de 1000 personas balbuceando en mi interior y otra vez siento ese gran dolor. A veces cuando los fantasmas duermen, recuerdo mi antigua vida antes de ser un animal sin alma, en ese momento reina el silencio y recuerdo aquellos veranos en el barrio, cuando no existían las voces y las sombras que me persiguen , esa sensación maravillosa solo dura unos segundos y luego vuelvo a ser yo, la colmena a la que todos llaman cabeza vuelve a llenarse de ruidos que se mezclan hasta enloquecerme más de lo que ya estaba, pero esto nos pasa a todos ¿no? A ti también, todas las noches . . .  te escucho.

Inmaculada García.

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