FRANCISCO ANTONIO MAURELLE DE LA RUA

El almirante Franciso Mourelle da Rúa nació el 17 de julio de 1750 en la parroquia cormelá de Gondomil, muy cerca de donde se encuentra la Pedra da Serpe, y en donde aun hoy se puede admirar el blasón de la casa familiar. Es, sin duda, una de las figuras más ilustres de la navegación de la historia naval española, descubridor de islas en los Mares del Sur, el archipiélago de Vavao, y explorador de la costa de Alaska.

Ingresó en la Academia de Pilotos de Ferrol (1763), ya que los escasos recursos paternos no le permitieron ingresar en la Real Compañía de Guardia Marinas de Cádiz. Dos años después efectuó su primera navegación como meritorio en el navío Arrogante (1765), y más tarde lo hizo en la urca Peregrina (1766), en la que permaneció veinte meses. Obtuvo el título de pilotín (1768), y embarcó en un buque fletado por Hacienda para llevar tropas a Puerto Rico (1769).

Ascendió al empleo efectivo de teniente de fragata (1787), con lo que ingresaba en el Cuerpo General de la Armada, y fue nombrado secretario del virrey de Nueva España, conde de Revillagigedo (1790). Puesto al mando de la corbeta Mexicana (finales de 1791), para llevar a cabo una nueva exploración del noroeste norteamericano e intentar localizar el paso de Juan de Fuca (un hipotético paso entre el Pacífico y el Atlántico por el norte), no la pudo realizar al caer enfermo.

Ascendió a teniente de navío (1792), cesó como secretario de Revillagigedo y regresó a España (1793).

Entre los años 1793 y 1796 sirvió en los navíos Arrogante, Oriente y San Agustín. Participó en varias comisiones y acciones de armas, sobre todo con la escuadra de Lángara, como la campaña de Rosas (1795) embarcado en el San Agustín, en la que destacó por el ataque realizado con fuerzas sutiles de su barco a dos fragatas francesas.

Destinado a Algeciras (abril de 1797), volvió a estar a las órdenes de Bruno Heceta, jefe de escuadra. Entre el 1 de abril de 1797 y el 14 de marzo de 1800 participó en cuarenta y un ataques realizados por las cañoneras del apostadero contra Gibraltar, de los que veinticuatro estuvieron bajo su mando directo. Apresó o hundió varios barcos ingleses, y liberó buques que éstos habían apresado. Destacó en el combate del 19 de enero de 1799, en el que al mando de catorce lanchas y un místico, combatió contra un convoy enemigo protegido por un navío de setenta y cuatro cañones, un bergantín de dieciocho y tres lanchas cañoneras, y apresó una fragata, dos bergantines y una cañonera, hundió otra cañonera, e hizo ciento veinte prisioneros.

Esta acción le valió el ascenso a capitán de fragata (1799). Continuó en Algeciras hasta que fue nombrado segundo comandante de las fuerzas sutiles basadas en Cádiz (1800). Al cesar en su mando (1801) permaneció en aquella capital.

Cuando estalló de nuevo la guerra con Gran Bretaña, tomó el mando del apostadero de Algeciras y sus fuerzas sutiles (diciembre de 1804). En una posterior reorganización, dicho mando pasó al entonces teniente general Bruno Heceta (junio de 1805), y Mourelle quedó como su jefe de Estado Mayor. Se encontraba en Algeciras cuando tuvo lugar el combate de Trafalgar (21 de octubre de 1805). Participó en combates contra unidades inglesas que entraban y salían de Gibraltar, y apresó una fragata mercante armada (4 de enero de 1806). En febrero de 1806, pasó a mandar el apostadero de Málaga, y tomó el mando del navío Glorioso, con el que participó en convoyes a Cádiz y Cartagena y combatió a los ingleses. Por sus méritos ascendió a capitán de navío (julio de 1806).

En enero de 1809 fue designado vocal de la junta militar y jefe de las fuerzas sutiles de defensa de Cádiz.

Al mando del navío Algeciras (octubre de 1809), hizo un viaje a Veracruz y La Habana para buscar caudales, y regresó a Cádiz con el Algeciras y el Asia (mayo de 1810) con una carga de cuatro mil fusiles y una buena suma de dinero.

Su estado de salud, muy precario en los últimos tiempos, empeoró, y le sobrevino la muerte en Cádiz a las siete de la tarde del 24 de mayo de 1820. Fue enterrado en el cementerio de la ciudad, donde sus restos permanecieron hasta que una disposición del Almirantazgo (1873) decretó su traslado al Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando, lo que tuvo cumplimiento en 1891.

Mourelle contrajo matrimonio en 1798 con Petronila Pardo y Ariza, al parecer mucho más joven que él, y tuvieron al menos dos hijos: Francisco y José María.

Francisco, que era comerciante en Cádiz, en 1854 solicitó a la reina Isabel II el traslado de las cenizas de su padre al Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando.

Más adelante, por escrito de 15 de abril de 1872, su hermano José María, vecino de Algeciras, solicitó de nuevo el traslado de las cenizas de su padre al citado Panteón, afirmando que era el “hijo mayor y único hoy día existente”, lo que presupone que en aquella fecha Francisco ya había fallecido Mourelle fue un gran explorador del siglo XVIII, que para muchos estuvo a la altura de los mejores de la época: Cook, Bouganville, Malaspina o La Perouse.

Destacó por su capacidad para narrar en crónicas escritas las expediciones y los viajes en que intervino.

 

 

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