Charlando con David Trueba

Hoy hemos tenido la suerte de charlar un rato en nuestra biblioteca con el escritor David Trueba. La excusa era tratar su libro El río baja sucio, que el club de lectura «El placer de leer», organizado por el Excelentísimo Ayuntamiento y la Diputación Provincial, ha leído en estos últimos meses. Pero realmente su charla ha ido más allá del comentario de la lectura, para mostrarnos su visión sobre la escritura y la lectura.

A menudo, nos decía, le preguntan cuál es la cualidad fundamental en un escritor. Puede ser la imaginación, la constancia… Pero él cree que es la curiosidad. El escritor no se conforma con la superficie de lo que ve y vive, sino que escarba en ella, se pregunta, piensa… Así, una anécdota cotidiana, como puede ser una mujer que pierde el metro y se queda en el andén, da pie a una serie de preguntas como «¿En qué trabajará?», «¿cómo influirá en su vida este retraso?», «¿por qué el conductor no le ha vuelto a abrir?». Esa actitud curiosa ante la vida es la que habita en la mente de un escritor. No es necesario escribir de cuestiones que nos sean ajenas, o lejanas, o que nos parezcan «importantes» o «complicadas». En lo más cotidiano hay múltiples ocasiones para crear una historia.

Además, considera que escribir es una actividad beneficiosa, pues la memoria no guarda la verdad, sino que tiende a cambiarla con el paso del tiempo. Así, cuando releemos aquello que sentimos o percibimos en su momento, volvemos a recuperarlo sin ese velo que ya nos lo ha ido deformando u ocultando. Él mismo lleva un diario desde hace décadas, aunque no es verdaderamente un «diario», pues no escribe cada día, sino en determinados momentos.

Finalmente, nos reconoce que la escritura empieza y termina en soledad. El escritor es el primer lector de su propia obra, lo cual no impide que haya muchos otros, ni evita que sea necesario que haya un lector ajeno que haga propuestas de cambios o mejoras, tras leerla «desde fuera». Pero el escritor trata de crear un vínculo con su lector, que, a su vez, también estará solo en su acto de leer. Por eso, busca sus mecanismos para introducirlo en su historia y captar toda su atención (contestando a la pregunta de María del Mar, precisamente por eso descubrió que los guiones de diálogo desvían la mirada del lector, y decidió prescindir de ellos).

En cuanto al libro del que nos ocupábamos, reconoce que hay en él un germen autobiográfico, porque, a fin de cuentas, el escritor siempre pone algo de sí mismo en lo que escribe. Pero, más allá de la anécdota (que, en este caso, sí viene a coincidir con el deterioro medioambiental de un río junto al que pasaba temporadas de su infancia), se ve en rasgos de los personajes, pensamientos o miradas sobre lo que se cuenta.

David se interesó por las aficiones literarias de nuestros participantes, especialmente por lo que les gusta escribir, animándolos a buscar su camino como creadores. Nos ha dejado reflexiones sobre la lectura, el cine y la vida en general. Nosotros le dimos nuestra fotito de recuerdo y le deseamos todo lo mejor. ¡Gracias!

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