Se acerca el día de Difuntos y, ya se sabe, el momento de representar, o, al menos, recordar, la obra Don Juan Tenorio, de Zorrilla, que recoge un personaje ya famoso en épocas anteriores. Como es propio del Romanticismo, la frontera entre la vida y la muerte se hace difusa; pero, además, en una versión muy peculiar e hispánica de este personaje, en esta obra la religión y la bondad consiguen vencer al mal, y el malvado se arrepiente. Así, pues, parecía una obra muy propia para estos días.
En la plataforma Intralíneas tenemos un fragmento que recoge la escena más famosa de esta historia, en que don Juan confiesa su amor a doña Inés:
¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?
Esta aura que vaga llena
de los sencillos olores
de las campesinas flores
que brota esa orilla amena;
esa agua limpia y serena
que atraviesa sin temor
la barca del pescador
que espera cantando el día,
¿no es cierto, paloma mía,
que están respirando amor?
Esta escena, reformulada como «¿No es verdad…?», se hizo tan popular y famosa que admitió muchísimas parodias en distintas épocas; una de las más recientes, esta viñeta del pasado 2020 llamada «Don Juan Tenorio (en pandemia)»; o, con sentido político, esta de Forges de 2009.
Aquí aportamos otra parodia bastante conocida:
¿No es verdad, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
están friendo morcillas
y hasta aquí llega el olor?
Proponemos para esta semana, bien en forma de viñeta o bien como poema, hacer una versión de estos versos adaptadas a alguna de las realidades de nuestro mundo. También podemos jugar a sustituir palabras por emoticonos, aunque, como ilustraba esta viñeta del Diario Sur, el amor por WhatsApp ya no es lo que era…
(Imagen destacada: CarlosVdeHabsburgo, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons)
¡Ah! ¿No es verdad, ángel de amor,
que esta apartada silla
la pintó tu prima amarilla
y te quedaste pegado?
Esta tela que pintada queda
de los sencillos colores
y las pobres flores
que miran esa pilla abuela;
con esa manta limpia y buena
que se ríe sin temor
de la tela del pantalón
que llora maldiciendo a tu tía,
¿no es cierto, hija mía,
que debí alertar a tu primo?