¿Es ético “experimentar” con el alumnado? Una reflexión necesaria sobre innovación educativa

“Cuando el aula se convierte en un laboratorio de pruebas, la innovación deja de ser educativa y empieza a ser ética­mente cuestionable.”

La innovación educativa se ha convertido en una palabra omnipresente. Está en los discursos institucionales, en los proyectos de centro, en las formaciones docentes y en las redes sociales. Innovar parece, a veces, un imperativo moral: quien no innova, se queda atrás.

Pero entre tanta urgencia por cambiar, conviene detenerse y formular una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿todo vale en nombre de la innovación?

Porque cuando hablamos de educación, no hablamos de procesos abstractos ni de prototipos neutros. Hablamos de personas en pleno desarrollo personal, académico y profesional. Y ahí, la ética no puede ser un añadido: debe ser el punto de partida.

El aula no es un laboratorio de pruebas

El rol docente conlleva una responsabilidad que no podemos minimizar. El aula no es un laboratorio experimental, y el alumnado no es una muestra sobre la que ensayar ocurrencias metodológicas. Cada decisión pedagógica impacta en la motivación, la autoestima, la percepción de competencia y la relación del alumnado con el aprendizaje.

A diferencia de otros ámbitos, en educación no existe el botón de “deshacer”. Las experiencias educativas dejan huella. Cuando un modelo falla, cuando una metodología se aplica sin criterio o sin sostén científico, no solo falla el proceso: se resiente la persona.

Desde la psicopedagogía sabemos que el aprendizaje está profundamente vinculado a factores emocionales, motivacionales y contextuales (Coll, 2014). Desde la neurociencia educativa sabemos que el estrés, la incertidumbre o la sensación de incompetencia afectan directamente a los procesos cognitivos implicados en el aprendizaje (Immordino-Yang, 2016). Ignorar este conocimiento no es neutral: es irresponsable.

Innovar no es improvisar (ni probar por probar)

Uno de los mayores riesgos del discurso actual sobre innovación es la confusión entre innovar e improvisar. Innovar no significa introducir cambios constantes sin evaluar su impacto, ni aplicar metodologías “de moda” sin comprender sus fundamentos.

Cuando se plantea la innovación como una sucesión de pruebas en el aula “vamos a ver qué pasa” el alumnado pasa a ocupar un lugar peligroso: el de objeto de experimentación. Esta lógica se parece más a un ensayo sin control que a un proceso educativo ético.

La psicopedagogía lleva décadas advirtiendo de la importancia de diseñar situaciones de aprendizaje ajustadas al desarrollo evolutivo, a los conocimientos previos y a la diversidad del alumnado (Ausubel, Novak y Hanesian, 1983; Vygotsky, 1978). La neurociencia confirma que el aprendizaje significativo requiere seguridad, sentido y coherencia (Tokuhama-Espinosa, 2019).

Innovar sin tener en cuenta este conocimiento acumulado supone despreciar la evidencia científica que tanto ha costado construir.

Cuando el alumnado se convierte en “rata de laboratorio”, la innovación deja de ser ética. 

Plantear la innovación educativa como una cadena de pruebas sin fundamento pedagógico ni científico desdibuja una línea ética esencial. En ese momento, ya no hablamos de innovación: hablamos de experimentación irresponsable.

Ningún profesional de otros ámbitos actuaría así. Un cirujano no prueba una técnica nueva sin respaldo científico. Un ingeniero no construye un puente “para ver si aguanta”. Un psicólogo no aplica una intervención sin evidencia previa. ¿Por qué en educación deberíamos aceptar algo distinto?

La metáfora es clara y deliberadamente incómoda: cuando el alumnado es tratado como material experimental, deja de ser sujeto de derecho educativo. Y eso vulnera uno de los principios básicos de la ética profesional docente.

Educar para la creatividad no es lo mismo que experimentar sin base.

Conviene hacer una distinción fundamental. Formar en habilidades creativas, pensamiento crítico, resolución de problemas o innovación es no solo legítimo, sino necesario. El desarrollo de estas destrezas está ampliamente respaldado por la investigación educativa y por marcos europeos de competencias.

Pero una cosa es educar para la innovación y otra muy distinta es innovar sin educación. Fomentar la creatividad implica:

    • Diseñar retos con sentido.
    • Proporcionar andamiajes.
    • Acompañar el proceso.
    • Evaluar de forma formativa.
    • Respetar los ritmos y la diversidad.

Nada de esto tiene que ver con introducir dinámicas, modelos o herramientas sin fundamento, sin adaptación al contexto o sin evaluación de impacto. Confundir ambas cosas banaliza el concepto de innovación y perjudica al alumnado.

La lección que la educación puede aprender de las empresas que innovan bien

Paradójicamente, uno de los mejores espejos para reflexionar sobre la innovación educativa lo encontramos fuera del ámbito escolar. Cuando las empresas innovan de forma responsable, no lo hacen desde la ocurrencia, sino desde la ciencia.

La innovación en las organizaciones se apoya en:

    • Investigación previa.
    • Análisis de riesgos.
    • Prototipos controlados.
    • Evaluación de impacto.
    • Mejora continua basada en datos.

Las ciencias de la administración llevan años insistiendo en que la innovación sostenible se fundamenta en el conocimiento, no en la improvisación (Drucker, 1985; OECD, 2018). Incluso los procesos de design thinking o innovación ágil parten de una comprensión profunda de las personas implicadas y de una validación rigurosa de las soluciones.

Resulta paradójico que aceptemos más rigor para lanzar un producto al mercado que para intervenir en la vida y el aprendizaje de personas en formación.

La ética como marco irrenunciable del diseño educativo

La innovación educativa necesita una brújula, y esa brújula es la ética profesional. Innovar de forma ética implica, al menos, asumir algunos principios básicos:

    • Principio de no daño: ninguna metodología debería generar exclusión, humillación o desmotivación sistemática.
    • Principio de equidad: innovar no puede beneficiar solo a quienes ya parten con ventaja.
    • Principio de evidencia: el diseño debe apoyarse en conocimiento psicopedagógico y neurocientífico.
    • Principio de responsabilidad: el error forma parte del aprendizaje docente, pero no a costa del bienestar del alumnado.

Diseñar experiencias de aprendizaje no es jugar, es asumir una responsabilidad ética y profesional.

Cerrar para abrir: una invitación a la reflexión docente

La educación necesita cambio, revisión y mejora constante. Pero también necesita memoria científica, ética profesional y sentido pedagógico. Antes de introducir una innovación en el aula, quizá convendría detenerse y preguntarse: ¿Para qué innovo? ¿En qué evidencia me apoyo? ¿A quién puede perjudicar este modelo? ¿Qué consecuencias tendrá si no funciona? 

Porque innovar no es hacer cosas nuevas. Innovar es hacerlas mejor, con conocimiento, con cuidado y con conciencia. Y cuando el cuidado desaparece, la innovación deja de ser educativa.

 

Referencias 

Ausubel, D. P., Novak, J. D., & Hanesian, H. (1983). Psicología educativa: un punto de vista cognoscitivo. Trillas.

Coll, C. (2014). Psicología de la educación virtual. Morata.

Drucker, P. F. (1985). Innovation and entrepreneurship. Harper & Row.

Immordino-Yang, M. H. (2016). Emotions, learning, and the brain. W. W. Norton & Company.

OECD. (2018). Innovating education and educating for innovation. OECD Publishing.

Tokuhama-Espinosa, T. (2019). Neuroeducación: solo se puede aprender aquello que se ama. Paidós.

Vygotsky, L. S. (1978). Mind in society. Harvard University Press.

 

Aprendizaje Basado en Retos: Fundamentos Psicopedagógicos, Orígenes y Modelos

El Aprendizaje Basado en Retos (ABR) es una metodología educativa que se centra en el aprendizaje a través de la resolución de problemas y desafíos. Esta metodología se basa en los siguientes fundamentos psicopedagógicos:

    • El aprendizaje significativo: El alumnado aprende mejor cuando se les presenta información relevante y significativa para ellas y ellos. El ABR se centra en la resolución de problemas y desafíos que son relevantes para las y los estudiantes, lo que aumenta su motivación y compromiso con el aprendizaje.
    • El aprendizaje cooperativo: El ABR fomenta la colaboración y el trabajo en equipo entre el alumnado. Las y los estudiantes aprenden mejor cuando trabajan de forma conjunta y se ayudan mutuamente a resolver problemas.
    • El aprendizaje autónomo: El ABR fomenta la independencia y la responsabilidad en su propio proceso de aprendizaje. El alumnado es responsable de su propio aprendizaje y deben tomar decisiones sobre cómo abordar los desafíos que se les presentan.

El Aprendizaje Basado en Retos tiene sus orígenes en la teoría constructivista del aprendizaje, que sostiene que el conocimiento se construye a través de la experiencia y la interacción con el entorno. El ABR se desarrolló como una respuesta a las limitaciones del modelo educativo tradicional, que se centra en la transmisión de conocimientos de forma pasiva.

Existen diferentes modelos de Aprendizaje Basado en Retos, pero todos comparten la idea central de que el aprendizaje debe ser activo y significativo para los estudiantes. Entre ellos destacan el modelo Challenge-Based Learning (CBL) diseñado por APPLE y el de la Universidad de Monterrey.

Aunque ambos modelos de Aprendizaje Basado en Retos comparten algunos elementos en común, también tienen algunas diferencias significativas:

Enfoque temático: El modelo de APPLE se enfoca en resolver problemas a través de la tecnología y herramientas digitales, mientras que el modelo de la Universidad de Monterrey se enfoca en resolver problemas complejos en una variedad de disciplinas.

Personalización del aprendizaje: El modelo de APPLE se enfoca en personalizar el aprendizaje para satisfacer las necesidades individuales de cada estudiante y en utilizar la tecnología para apoyar el aprendizaje, mientras que el modelo de la Universidad de Monterrey se enfoca en el trabajo en equipo interdisciplinario y en la colaboración entre estudiantes.

Alcance geográfico: El modelo de APPLE se enfoca en resolver problemas a nivel local y global, mientras que el modelo de la Universidad de Monterrey se enfoca en resolver problemas dentro de la comunidad universitaria y en la región.

A pesar de estas diferencias, ambos modelos comparten la idea central de que el aprendizaje debe ser activo, significativo y relevante para los estudiantes, y que los estudiantes deben ser capaces de aplicar lo que aprenden en situaciones reales. Ambos modelos también enfatizan el trabajo en equipo, la colaboración y la resolución de problemas complejos.

Asimismo, ambos modelos comparten la idea central de que el aprendizaje debe ser activo, significativo y relevante para el alumnado, y que las y los estudiantes deben ser capaces de aplicar lo que aprenden en situaciones reales. Al utilizar el Aprendizaje Basado en Retos, las y los estudiantes pueden desarrollar habilidades como la resolución de problemas, el trabajo en equipo, la creatividad y la autonomía, lo que les prepara para enfrentar los desafíos del mundo real.

En resumen, el Aprendizaje Basado en Retos es una metodología educativa que se centra en el aprendizaje a través de la resolución de problemas y desafíos. Esta metodología se basa en los fundamentos psicopedagógicos del aprendizaje significativo, cooperativo y autónomo. El ABR tiene sus orígenes en la teoría constructivista del aprendizaje y existen diferentes modelos, como el CBL, PBL y PjBL, que comparten la idea central del aprendizaje activo y significativo para el alumnado.

Espero que os sirva de utilidad esta entrada, ¿Habéis utilizado alguna vez esta metodología?

LA NUEVA LEY DE FP

El pasado jueves 4 de marzo tuve el honor de participar en el ciclo de seminarios web sobre la nueva ley de FP junto a Sergio Banderas, profesor de FP del IES Campanillas, María García Saúco, profesora de FP del centro Teide Hease y Juan Francisco Maroto, vicepresidente y responsable de Relaciones Institucionales de AFOREN.

Yo intervine en segundo lugar, tras mi excelente compañero Sergio Banderas, y tuve que dar mi opinión sobre la necesidad de mejorar el sistema actual de orientación profesional y laboral y fomentar el emprendimiento. 

Un buen sistema de orientación profesional y laboral reduce los índices de abandono escolar, permite acompañar al alumnado en la búsqueda de sus talentos y mejora la motivación y la autoestima del alumnado. Esto, a su vez, está vinculado con el fomento del emprendimiento. El emprendimiento tiene tres dimensiones: personal, social y productivo. El fomento del emprendimiento personal supone el desarrollo de habilidades blandas como la inteligencia emocional, la creatividad, el trabajo en equipo, la capacidad de adaptarse a los cambios y la adquisición de herramientas que nos permiten aprender a lo largo de la vida, habilidad imprescindible en los entornos VUCA en los que nos encontramos.

He querido poner de manifiesto la necesidad de que el nuevo currículo incorpore una apuesta firme en este sentido incorporando resultados de aprendizaje relacionados con las tan demandadas soft skills en los módulos transversales dotándoles de carga horaria para poder trabajar en el desarrollo de estas habilidades y destrezas. 

Así mismo, pude opinar sobre la necesidad de que la nueva Ley de Formación Profesional debe ser más clara sobre su apuesta metodológica y sobre el sistema de evaluación y calificación, no dejando dudas sobre aspectos tan importantes como si se pueden o no ponderar los resultados de aprendizaje de cada módulo por parte del profesorado o los departamentos.

Por si os interesa saber un poco más os dejo el enlace para que podáis visualizarlo: (os recomiendo mucho escuchar las aportaciones de mis compañeros y compañera María).

 

APRENDIZAJE BASADO EN PROBLEMAS

APRENDIZAJE BASADO EN PROBLEMAS. 

Esta metodología sitúa al estudiante como protagonista de un proceso de indagación, comprensión y aplicación de conocimientos en la resolución de un PROBLEMA ABIERTO. Es decir, ante un problema que podamos resolver con diferentes soluciones, un problema de la vida real. Además debe ser un problema conectado con el curriculum y con los intereses del alumnado.

Cuando utilicemos esta metodología debemos enseñar a nuestro alumnado los pasos necesarios para resolver los problemas planteados. Es imprescindible que se aprenda esta rutina de pensamiento, que propicia el desarrollo del espíritu crítico y la competencia de aprender a aprender.

 

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