Innovación Educativa

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La primera entrada de este blog describe el cambio social experimentado desde la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días. Si pensamos en cómo era la escuela hace 50 años, cómo se desarrollaba cada hora de clase entonces, y cómo es ahora, podríamos concluir, siendo optimistas, que más de la mitad del tiempo que pasa en clase un estudiante de secundaria “medio” lo hace respondiendo al mismo esquema: la clase magistral.

más de la mitad del tiempo que pasa en clase un estudiante de secundaria “medio” lo hace respondiendo al mismo esquema: la clase magistral.

Las innovaciones no eliminan los métodos tradicionales; aquello que funcionaba y sigue funcionando siempre ocupará su lugar, pero hemos de reconocer que, gracias a nuestra propia evolución, podemos hacer cosas antes impensables. Hoy sabemos más acerca de qué nos hace llegar a un mejor entendimiento y a comprensiones más profundas. El cono de la experiencia de Edgar Dale  (figura) ya refleja que emoción y aprendizaje guardan un vínculo relevante, conclusión a la que también llegan la Medicina y Neurociencia contemporáneas[1].

Al igual que la PDI no ha acabado, ni acabará, con la pizarra tradicional, la clase magistral seguirá gozando de su espacio y su indudable utilidad. Pero, evidentemente, ha de ceder terreno y tiempo a otras dinámicas y prácticas que ya han demostrado rendimiento y eficacia.

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De las nuevas, y no tan nuevas, tendencias en pedagogía nos vienen denominaciones como Aprendizaje Basado en Proyectos, Cooperativo, Gamificación, Aprendizaje Basado en Retos y en Problemas, Flipped-Classroom, Mobile-Learning, Realidad Virtual y Aumentada, DIY, STEM, impresión 3D y la corriente maker, Aprendizaje-Servicio, Comunidades de Aprendizaje, Emprendimiento, BYOD, Visual Thinking, Pensamiento Computacional, Educación Emocional, Robótica, MOOC, y un sinfín de acrónimos y anglicismos que están siendo tan utilizados por el edumarketing empresarial, que se podrían confundir con marcas comerciales y modas pasajeras, pero en la mayoría de los casos, no es así. Se trata de enfoques y métodos que han sido utilizados en multitud de buenas prácticas educativas en todo el mundo, y que, por tanto, todos los docentes deberíamos conocer, y poder poner en práctica cuando nuestro escenario lo demande y lo permita.

La mayoría de estos nuevos enfoques o prácticas tienen una visión competencial del aprendizaje del alumnado, que a menudo requiere una visión de las asignaturas como vasos comunicantes, y no como departamentos estanco de conocimiento parcelado.

El sentido crítico es esencial ante todas estas tendencias y tanto el docente como la función asesora deben ser muy precavidos y rigurosos, separando el grano de la paja, en lo que son y lo que no son buenas prácticas, o aquello que, como llama Ramón Flecha, son meras ocurrencias.

El profesorado, como profesional del mundo educativo, debe ser formado en nuevas metodologías y ser conocedor de pedagogías emergentes. Se debe velar por enriquecer sus recursos y mejorar su práctica. Una meta de cualquier sistema educativo debe ser garantizar que cuando un docente ingrese a un aula cuente con los materiales, los conocimientos, la capacidad y la ambición de llevar a su alumnado a superar lo hecho el día anterior, y nuevamente el día siguiente [2].  La única manera de mejorar los resultados es mejorando la instrucción [3].

Referencias

  1. Mora, F. (2013). Neuroeducación.
  2. Barber. (2005). Journeys of Discovery.
  3. McKinsay & Company (2007). How the world’s best-performing schools come out on top.
  • Imagen de cabecera de bionet.hu

Manuel A. Jiménez

Asesor de Secundaria Ámbito Científico-Técnico CEP de Córdoba

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