Motivación docente

Este no es un post de difícil lectura, aunque sí creo que pueda llevar a malentendidos. El mensaje que de aquí se saca va dirigido especialmente a aquellos equipos directivos y responsables de formación que agradecerían alguna orientación sobre cómo gestionar sus recursos humanos. Sin más, se trata de concienciar sobre lo importante que es motivar a un equipo y cada individuo, de tener en cuenta lo que sabemos hacer bien y potenciarlo, de conocer a las personas, de velar por que todos rememos en la misma dirección y, cómo no, tener esa dirección clara. No debemos olvidar que si sabemos dónde poner nuestro esfuerzo, ahorraremos también mucha energía. En “La sorprendente verdad sobre lo que nos motiva”, Daniel Pink [1] arroja conclusiones clave sobre el rendimiento de los entornos productivos. Una idea muy interesante que sostiene el autor es que las tareas que requieren de creatividad, inspiración y reflexión (tareas intelectuales de alto nivel) no se mejoran con recompensas económicas, al contrario que las tareas mecánicas o físicas, en las que el paradigma stick-&-carrot (el palo y la zanahoria, de ahí la imagen de cabecera: no se ofendan…) sí funciona.

 

Para alcanzar mejores resultados en las tareas intelectuales se debe promover un entorno cómodo, y contar con tres ingredientes clave: autonomía, maestría y propósito. Llevado a la docencia, podríamos establecer que la motivación docente está basada en elementos intrínsecos del trabajo como son el reto intelectual, la autonomía, la libertad para probar nuevas ideas, el desarrollo de la competencia profesional y la oportunidad de crecer personalmente, el sentir que se beneficia a la sociedad influyendo en la educación de niños y jóvenes, y el desarrollo de la creatividad.

la motivación docente está relacionada con sentir que se beneficia a la sociedad influyendo en la educación de niños y jóvenes

La realidad individual de cada miembro del colectivo docente es muy distinta, pero son muchos los que adolecen, por motivos de sobra justificados, de obstáculos parecidos a la hora de intentar mejorar su práctica: falta de tiempo, de reconocimiento, desconocimiento de prácticas de éxito, falta de recursos… Se requiere de mucho esfuerzo para remar a contracorriente y no son muchos los argumentos que se pueden dar a favor a quienes no cuentan con esta motivación intrínseca. Everett Rogers, proponía en 1983 una distribución normal(siguiente figura) en la que identificaba qué proporciones de personas tienen diversas actitudes ante la adopción de una medida innovadora que ha de transformar sus prácticas profesionales [2]. El autor defiende que tratar de convencer a toda una organización de un cambio es inútil; el esfuerzo debe centrarse en los dos primeros cortes: los más innovadores. El resto necesitan de ejemplos directos y evidencias cercanas para convencerse, incluso podrían requerir de la pedagogía vírica que propone Pepe Arjona [3]. En cualquier caso, el cambio se propagará mucho más rápido una vez se haya alcanzado la “masa crítica” y, aún así, existe un amplio sector rezagado, al que difícilmente se podrá motivar: no malgastemos esfuerzos.

 

Curva de difusión y adopción de la innovación (Everett Rogers, 1983)

Frecuentemente, los docentes nos sentimos blanco de las críticas cuando las cosas no funcionan, pues se dice que si no funcionan es porque no nos adaptamos a nuestros nuevos roles. Desde hace algún tiempo venimos acusando un cierto desprestigio de la profesión, con pérdida de estatus y respeto y aumento de crítica pública. Nos sentimos como marionetas movidos por fuerzas extrañas: la política, el gobierno, los inspectores, las familias, cuando precisamente para la motivación es muy importante sentirse «persona origen”[4].

ninguna reforma educativa tiene éxito contra los profesores o sin su participación

Los docentes vocacionales implican tanto su sentido de identidad personal en el trabajo y se encuentran tan moralmente comprometidos en la enseñanza, que cuando son puestos bajo presión por fuerzas externas, que les llevan a actuar en formas contrarias a sus valores y a su sentido de identidad, se sienten estresados, con sentimiento de culpa y pérdida de autoestima. La motivación del profesorado, por tanto, es un problema necesario de abordar, ya que, como sostiene el informe Delors: “ninguna reforma educativa tiene éxito contra los profesores o sin su participación” [5].

El docente motivado debe contar con apoyo afectivo, hay que poner su trabajo en valor, si cuenta con buenas prácticas, hay que difundirlas, situarlo como referente entre sus iguales, se le debe prestar especial atención, debe ser escuchado, sus opiniones tenidas en cuenta, se debe apoyar su autonomía y se le deben procurar medios para la mejora permanente de su competencia. Estas son metas a alcanzar por el sistema educativo y particularmente por los equipos directivos responsables del “liderazgo transformacional”, por supuesto, con el apoyo de la red de formación de nuestra Comunidad Autónoma.

Referencias

  1. Pink, D.H. (2010). La sorprendente verdad sobre lo que nos motiva.
  2. Rogers, E. M. (1983). “Diffusion of Innovations”.
  3. Arjona, J. (2016). Pedagogía Vírica. Revista Andalucía Educativa
  4. González Torres, M.Cn. (2003). Claves para favorecer la motivación de los profesores ante los retos educativos actuales. ESE. Estudios sobre educación. Nº 5, pp.61-83
  5. Delors, J. (1996). La Educación Encierra un Tesoro.

 

Manuel A. Jiménez

Asesor de Secundaria Ámbito Científico-Técnico CEP de Córdoba

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *