Primer premio Concurso. David Díaz Rebollo. IES La Palma.

IES Delgado Hernández, Bollullos Par del Condado, Huelva.
I Concurso de Ensayos Filosóficos “Cogito ergo sum”.

Curso 2020/2021.

David Díaz Rebollo. Primer Premio Bachillerato.

¿Debe ser la inyección de las vacunas del Covid19 obligatoria?

“Mi libertad se termina donde empieza la de los demás” enunció Jean-Paul Sartre. Y es que son la ética y la libertad las que marcan la respuesta de este controversial tema, o quizás más de una. Cabe pensar que la obligatoriedad de la inyección de la misma está relacionada con la existencia de consecuencias negativas (sanciones administrativas) en el caso de que la persona no ceda a recibir la vacuna. Por tanto, uno de los presupuestos para la libertad no se daría, la ausencia de coerción, siendo el individuo menos libre en su elección y poniéndose impedimentos para que él mismo elija lo que desea (libertad negativa). Por otro lado, también cabe pensar que si la vacuna no es obligatoria y hay un sector en la población que decide no inyectársela se estaría violando la libertad de los demás al poner en peligro su salud.

Es, por tanto, importante conocer el concepto de libertad y lo que implica, para, recurriendo a la alegoría platónica de la caverna, dejar las opiniones y creencias atrás (doxa) para ir más allá de la superficie de las cosas y llegar a la verdad o al menos acercarnos a ella, teniéndola como horizonte. La libertad es la condición necesaria para que haya vida moral, la capacidad del ser humano de elegir entre diferentes opciones sin ser coaccionado por nada ni nadie. Encontramos como presupuestos de la libertad: la ausencia de coerción, el conocimiento, la reflexión y la previsión.

Asimismo, es necesario realizar un breve análisis sobre la sociedad en la que vivimos, ya que es a la que afecta la inyección de la vacuna, la sociedad del “like”, conocedora del falso conocimiento y que toma por verdadero aquello encubierto por apariencias por el simple hecho de ser publicado por un “influencer” (falacia ad hominem) o cualquier bulo. No pensar es cómodo, pero también te hace menos libre (según el concepto anterior). La masa, que no se esfuerza por reflexionar ni contrastar la información que se encuentra, es cautiva de ella misma y a su vez más manipulable, ya que en vez de hacer variado el número de opciones para elegir y consecuentemente ser más libre, se encierra en una burbuja ignorante, llena de opinión y creencia. Una burbuja llena de información externa, para la masa irrefutable, que no pasa por el juicio de la razón y que automáticamente se convierte en verdadero aun siendo información falsa o simples falacias. Y esto puede ser peligroso, ya que al contrario de Descartes, no lo dudan todo, sino que se lo creen todo. Incluso me atrevería a decir que se caracteriza la masa de hoy en día por ser “antirracionalista”. Esto es: no dudo de todo, ni siquiera dudo de que dudo pues no pienso; “no pienso, luego existo”. Por ejemplo, alguien cree que la vacuna es un mecanismo del gobierno para introducir microchips en el cuerpo pero duda de que simplemente cree linfocitos B de memoria, por tanto se niega a inyectársela. El resultado sería poner en peligro la salud de uno mismo y de terceros, fruto de una falta de libertad debido a la ausencia de conocimiento.

Las redes sociales y algunos medios de comunicación son los protagonistas de este proceso, así como los usuarios que actúan como entes “no pensantes”. Entes que relacionan un alto número de seguidores y likes con que la opinión de estas mismas personas influyentes es incuestionable y verdadera, meras apariencias. Un usuario lee información falsa y pseudocientífica de lo que un cantante ha publicado sobre la vacuna del Covid 19 y automáticamente pasa a ser información verdadera para este, sin lugar a

preguntas ni a dudas. Con lo cual, ante el debate de obligatoriedad o no obligatoriedad de la vacuna partimos de una masa esclava, desinformada e ignorante. Una masa prisionera, dentro de la cueva.

Una vez realizado este breve análisis, no sería descabellado pensar que antes de tomar la decisión entre ser o no ser obligatorio, el principal objetivo ahora es hacer más libre a la masa. O lo que es igual en este caso, hacerla menos ignorante, más conocedora de la verdad provisional científica sobre la vacuna y consecuentemente hacerla reflexionar. Siendo el conocimiento y la reflexión dos presupuestos de la libertad, en síntesis, el objetivo antes de elegir entre que sea obligatoria o no la vacuna es hacer más libre al pueblo para elegir. Evitando que los medios de desinformación más que de información difundieran información falsa, lanzando campañas que acerquen la ciencia a la población con un vocabulario más familiar a través de fuentes oficiales del Estado (típico de la pseudociencia el no usar términos técnicos, pero esta vez con el respaldo científico. Simplemente con esto se conseguiría acercar la ciencia a la población con menos tecnicismos, pero siempre sin tergiversar datos desfavorables, descansando sobre la lógica, proponiendo nuevas hipótesis,etc.),… De manera que se lleven a cabo unas “misiones pedagógicas” como hacía Lorca el siglo pasado para hacer al pueblo más culto, más conocedor de la verdad, aunque esta verdad sea provisional (ya que es científica).

Desde un punto de vista biológico, el cerebro está hecho en un principio para sobrevivir, y no para ser felices o para conocer la verdad. El ser humano va a intentar sobrevivir a toda costa. Sin embargo, con un falso conocimiento se puede ver afectada la supervivencia de la especie. Eso sí, va a intentar hacerlo con lo que cree que es beneficioso para que sobreviva. Si un individuo piensa que la inyección de la vacuna va a ser perjudicial evidentemente no va a apoyar introducirla en su cuerpo. Por el contrario, si piensa que es beneficiosa querrá inyectarla en su cuerpo. El problema se hace explícito cuando el individuo actúa de forma que cree que beneficia a la supervivencia pero realmente no es así, sino más bien todo lo contrario. En este caso, teniendo en cuenta que la vacuna es el único medio a través del cual un mayor número de individuos dentro de la especie va a sobrevivir, sería erróneo y perjudicial tomar la decisión de pasar la vacuna por alto. Aquí entra la responsabilidad moral, y se dividiría en dos vertientes.

Por un lado, el individuo que toma la decisión perjudicial para él y para el resto consciente de lo que hace y libre en su elección. Al ser responsable y creador de las consecuencias de sus actos, serían unas consecuencias inmorales. En cambio, si no es consciente y por tanto no es libre en su elección y la acción del individuo tiene consecuencias negativas que afectan a terceras personas, se hablaría de unas consecuencias amorales. Algo queda claro, y es que sean morales o inmorales las consecuencias, afectan negativamente y de igual manera al tercero. Es decir, si un individuo no se inyecta la vacuna ya sea consciente del peligro que conlleva o no lo sea, cabe la posibilidad de, hasta en el peor de los casos, contagiar a un tercero y hacer que muera.

En resumen, se parte de una masa esclava que no abre el rango de opciones para elegir y por tanto se hace menos libre y prisionera ella misma. De una sociedad que no cuestiona y no duda, constituida por medios de desinformación y entes no pensantes encerrados en la caverna moderna: redes sociales, programas de televisión basura, … donde cualquier persona no formada, mal instruida, desinformada,… tiene una completa

autoridad sobre su público. Un público conformista el cual no lucha por ser libre, por ir más allá de sombras y figuras, y desde que no lucha procede a cavar su propia tumba y a ser fácilmente manipulado por élites. La ciencia nunca conseguirá una verdad absoluta, y si así fuera no sería ciencia. Sin embargo, consigue verdades provisionales a través de las comprobaciones formales y materiales de hipótesis hasta deducir una predicción observando experimentos. Atendiendo a la fiabilidad de la vacuna y al peligro que supone la no inyección de esta, así como a todos los factores anteriores, lo más correcto sería que fuera obligatoria. En un Estado de derecho en el que su actividad se regula por las leyes y se vela por el beneficio y bienestar del ciudadano, no es descabellado legitimar la obligatoriedad de la misma para así, como individuos obligados a hacer el bien mayor, beneficiar al mayor número de personas posible. Dejando la decisión de vacunarse o no en una masa ignorante y guiada por sus impulsos sensibles no racionales, las “sombras y figuras” provocarían inevitablemente malestar, enfermedad, muertes y nuevas olas pandémicas.

David Díaz Rebollo

2º Bachillerato C – Ciencias de la salud

IES La Palma

Publicado por

Ignacio Escañuela Romana

Interesado por la filosofía y la economía, que tiendo a mezclar a menudo. Es decir, seguir el lema kantiano: "Sapere Aude".

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