LA CARTA

Querido amigo A.,

Te escribo esta carta, que responde a un reto evocador, porque hace mucho que no se de tí y me gustaría contarte algunas cosas.

Sabes desde hace tiempo que me dedico a la educación, soy maestro de Educación Infantil y Primaria, y he estado en varios colegios durante muchos años. Estuve como tutor de los curos de 3, 4 y 5 años de Infantil y luego, ya en Primaria, en todos los cursos. 

Pues he dado, lo que imagino, un paso adelante y ahora estoy en el Centro de Profesorado como asesor de Educación Primaria. El cambio ha sido grande. Ahora me dedico a organizar la formación de la zona de actuación de nuestro CEP junto a un estupendo equipo.

Lo que más me está haciendo disfrutar en este trabajo está siendo el contacto con tantos y tan estupendos profesionales: maestras, maestros, equipos directivos, personal universitario,… Hay un gran flujo de información, de intercambio de ideas, de verdaderas ganas de mejorar la educación que ofrecemos y construimos. También es sumamente enriquecedor ofrecerte como asesor para ayudar en los temas de formación de los centros. Actualmente recogemos inquietudes, necesidades formativas, intenciones de mejora e intentamos dar forma enmarcándolas en  autoformaciones o en cursos.

Pero hay algunas situaciones que echo de menos. La primera de todas es la relación con el alumando. Los momentos de clase donde percibes que están pasando cosas interesantes y hay aprendizaje. Ya sabes… de clase o de no clase: en el patio, en la calle, en las salidas al campo o al zoo,… Será porque llevo poco tiempo en esta nueva función, pero me acuerdo mucho del colegio, de las niñas, de los niños y de la biblioteca escolar.

Sin embargo, este trabajo nuevo es absorbente. Encuentro dificultades, y tengo que mejorar, en cuesiones de organización de agenda. Sabes que me costaba trabajo organizar los días y las horas. Estoy muy contento con el trabajo en equipo con el resto de las asesorías que forman el CEP y hay un enriquecimiento mutuo. Observo que hay un alto nivel de compañerismo y ayuda mutua, incluso más que en el colegio. Estoy contento ofreciendo mi asesoramiento y ayuda a todo el profesorado de mis centros que contactan conmigo y recibo un buen feedback de ellos y ellas.

Tengo que contarte que todo iba rodado hasta que apareció la dichosa pandemia, COVID-19, y ha sido, como tu habrás vivido también, un tremendo momento en el que hemos tenido que reconvertirlo todo en educación. Pues en esos momentos de confinamiento hubo que estar a la altura de las circunstancias y cerca del profesorado. Ha sido difícil, pero a la vez emocionante. Ha sido un tiempo raro en el que el teléfono, los correos electrónicos y las recien estrenadas videoconferencias se han convertido en nuestras herramientas fundamentales. Pienso que he estado ahí, apoyando y ayudando en lo posible. Ha habido días en los que el asesoramiento ha sido escucha a esa persona que necesita ser oída y días en los que la cuestión organizativa ha habido que transformarla completamente. Al ser imposible la presencialidad hemos reconvertido actvidades formativas y hemos ofrecido algunas en las que el tema central ha sido la gestión situación que estábamos viviendo.

Parece que hablo en pasado, que ya todo está superado, pero el reto sigue. La pandemia no está controlada. Hemos vuelto a los centros de trabajo; la presencialidad de las asesorías en los centros es imposible. Se abre un enorme mundo online que tenemos que gestionar y enriquecer de contenidos. Hay que manejar las mejores y más dinámicas aplicaciones y recursos digitales. Tenemos que acompañar en la reflexión y en el buen hacer adpatándonos a  las grandes limitaciones que se nos han presentado. Estoy convencido que entre todas las personas vamos a salir de esta situación poniendo lo mejor de cada una. Queda mucho por hacer y lo haremos.

Me despido de tí esperando que vaya todo muy bien. Te deseo salud e ilusión.

Mateo.

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