KADESH Y MUSKETEER (SUEZ, 1956) – Francisco Javier Lión Bustillo
Los años 50 fueron la década en la que el mundo respiró tras el fin de la segunda guerra mundial y cambió de nuevo. La descolonización incrementó imparablemente el número de naciones y embajadas, mientras que la decadencia de las potencias europeas trajo la ilusión de un mundo multipolar que el desafío global soviético relanzado por Kruschev convirtió en una política despiadada de bloques enfrentados.En un mundo en cambio constante, Francia e Inglaterra asistían al espectáculo deprimente de su propia decadencia. Cada guerra colonial, cada retirada imperial, las convertía cada vez más en naciones minúsculas y provincianas que se consolaban sólo con el brillo de monumentos que se deterioraban al mismo ritmo de unos imperios que habían sido impresionantes solo una década antes. Arrinconadas por el auge de las nuevas superpotencias, trataban de mantenerse en equilibrio a hombros de imperios en descomposición.
Y en ningún lugar era más evidente esa decadencia que en el canal de Suez. El gozne fundamental de los restos de ambos imperios, el centro del desafío a su hegemonía en los países musulmanes, era Egipto. Y en Egipto gobernaba Nasser, alguien que en otro siglo habría sido poco más que un derviche fanatizado eliminado tras una polvorienta campaña colonial. Pero en tiempos de la radio, el cine, las Naciones Unidas y la guerra fría, era un titán que amenazaba los cimientos de dos imperios que se desangraban sin querer aceptarlo.
Dos imperios que irían a la guerra para tratar de sobrevivir.
Francia e Inglaterra iban a lanzar un último desafío a la instauración de un mundo bipolar en el que las potencias coloniales no tenían lugar ni sentido. Pero su propia debilidad, que no podían ignorar, les obligaba a recurrir a otro jugador con iniciativa y predisposición a asumir grandes riesgos: El pequeño estado de Israel, que tenía menos años de existencia que algunos gabinetes británicos.
A despecho de la realidad, con Inglaterra ignorándo su vital alianza con EEUU, y Francia tratándo de vivir una vez más de espaldas a esa realidad, los tres países traman la caída de Nasser como si aún viviésen en un mundo sin superpotencias.
Tras la introducción a la historia del Canal de Suez y la enrevesada situación internacional que hizo inevitable para Inglaterra y Francia tomar aquella opción, el autor describe la campaña israelí en el Sinaí (Kadesh) antes de pasar a la pequeña y avasalladora operación francobritánica (Musketeer revise). Por un lado, operaciones veloces de pequeñas fuerzas de infantería ligera en el Sinaí, y por otro un desembarco aéreo apoyado rápidamente por la marina. Casi podemos decir que el libro trata el viejo modo de hacer la guerra (la diplomacia de las cañoneras) frente al nuevo (campañas muy rápidas, diseñadas para encajar en la opinión pública internacional y en la diplomacia de las Naciones Unidas).
La campaña del Sinaí librada por Israel nos muestra un ejército torpe, improvisado, con oficiales que planifican sin excesivo cuidado y tropas que asumen bajas excesivas. Combatiendo a tropas egipcias que resisten a pie firme, solo logran el éxito cuando estas tropas se retiran. Los israelíes aprenderán mucho, y construirán un modelo de planificación y dirección del combate revolucionario para vencer en la próxima guerra.
Un libro interesantísimo para estudiar una campaña a medio camino entre la diplomacia y la guerra.