1914-1918: HISTORIA DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL – David Stevenson
Por decirlo sin rodeos: lo que distingue a este libro es ante todo su componente analítico, de amplio espectro y muy bien llevado por el autor. En la tesitura de escribir una historia general de la Primera Guerra Mundial (PGM), David Stevenson optó por un modelo que privilegia el análisis por sobre la narración, con la secuencia cronológica de los acontecimientos enmarcando su desarrollo, y en que el tratamiento de las operaciones militares es sólo uno de los varios aspectos cubiertos a lo largo de la obra. Publicado originalmente en 2004, el de Stevenson es un estudio que apunta a las dinámicas y decisiones que explican el curso de la guerra, enfocándose en cuatro cuestiones fundamentales: a) la gestación y los primeros compases del conflicto (preguerra y el año de 1914); b) su estancamiento y escalada (desde la primavera de 1915 hasta la primavera de 1917); c) cómo acabó la guerra (1917 y 1918), y d) sus consecuencias o la naturaleza de su impacto (la posguerra). El libro consta precisamente de cuatro grandes partes, correspondiendo cada una de ellas a dichas cuestiones, con la particularidad de que la segunda parte procede según un esquema temático en vez de cronológico. En efecto, Stevenson procura responder al doble problema del estancamiento y la escalada del conflicto abordando una serie de factores concomitantes, los que dan cuenta de la complejidad del asunto de fondo, sin duda uno de los más inquietantes entre todos los que conciernen al drama en cuestión: la prolongación de la guerra, que al principio muchos suponían que sería breve, y su extensión cuasicontinental. Devenido un conflicto total que implicó a la mayor parte de Europa y que supuso el fin de una era de ilusiones, el escrutinio de esta faceta de la PGM hace del segundo apartado el más rotundo de todo el libro y el que mejor justifica su lectura, en el entendido de que su conjunto entero merece sobrada atención.
Luego de estudiar los antecedentes y la evolución de la crisis de julio de 1914, así como el fracaso de la guerra de movimientos (que fue en esencia lo ocurrido en los primeros meses de la contienda, especialmente en el frente occidental), Stevenson se aboca a analizar la fase intermedia, que sepultó la idea de una guerra corta y sumó nuevos contendientes a los originales. (Cabe puntualizar que la primera parte, sólida y todo, resulta más bien convencional al contrastarla con Sonámbulos, la brillante interpretación de la génesis del conflicto formulada por Christopher Clark.) La segunda parte se desdobla en ocho acápites temáticos, en los que Stevenson evalúa por separado los elementos que a su entender incidieron en el estancamiento e intensificación de la PGM. Los contenidos de los acápites son los siguientes: 1) la generalización de la guerra, con la entrada de nuevos estados beligerantes y la incorporación de factores extraeuropeos asociados a la condición imperial de las principales potencias; 2) los objetivos bélicos de ambos bandos (su índole y magnitud inicial, su mutación conforme la guerra se alargaba y la forma en que neutralizaron las tentativas de lograr una paz concertada); 3) las estrategias que moldearon las campañas de 1915 y 1916, con la apertura de nuevos frentes (Gallipoli y el frente ítalo-austrohúngaro sobre todo ) y la consumación de grandes batallas de desgaste (Verdún, el Somme, la ofensiva de Brusílov en el este europeo); 4) la interacción de tácticas, tecnologías y factores logísticos, que no sólo incrementó el costo en vidas humanas de las batallas sino que condujo a un punto muerto que impulsó a los contendores a extremos como el uso generalizado de gases venenosos y la guerra submarina sin restricciones de los alemanes; 5) el potencial humano y moral de los estados beligerantes, tema que concierne al reclutamiento y movilización de individuos en proporciones ingentes, y a las causas por las que tantos europeos se avinieron a combatir, exponiéndose a las circunstancias más peligrosas y difíciles; 6) el factor económico (los bandos en liza disponían de enormes recursos financieros, humanos y materiales, lo que contribuyó a un virtual empate y al estancamiento y escalada de la guerra); 7) la guerra naval, orientada a sofocar el aprovisionamiento del enemigo (bloqueo de la Entente a las Potencias Centrales y guerra submarina por parte de Alemania); 8) la disposición de los respectivos frentes internos, con la cohesión variable de las sociedades involucradas (menor en el caso de estados multinacionales como el ruso y el austro-húngaro) y la moral de los civiles en situación de guerra, considerando también la relación entre propaganda y censura, de un lado, y consenso social a favor de la guerra, del otro.
En definitiva, fueron muchos y muy diversos los factores que configuraron el panorama de la fase intermedia de la PGM, tan a contrapelo de las expectativas que muchos se hacían al comienzo. El descomunal costo económico de la guerra y las inútiles matanzas de 1916 llevaron a los contendientes al límite de lo soportable, tanto en el sentido material como en el moral, con el añadido de que el relativo equilibrio de fuerzas y el fracaso de los medios con que se intentó romper la situación de estancamiento y restaurar la movilidad en el combate –incluyendo innovaciones técnicas como el uso de la radio, los gases venenosos y la aviación- disipaban cualquier ilusión sobre la proximidad de un final. Entre los soldados cundía la sensación de que la pesadilla en que se hallaban inmersos no acabaría jamás. Para colmo de males, los dirigentes de ambos bandos estaban dominados por la convicción de que la guerra culminaría en una victoria total, su propia victoria, aun desconociendo los medios para que así ocurriese. El año de 1917 significó un punto de inflexión. Las economías estaban exhaustas, disminuían las reservas de hombres aptas para el combate, decaía la moral de las tropas y el consenso social a favor de la guerra empezaba a romperse, incluso en las potencias en que siempre había sido más fuerte: Francia, el Reino Unido y Alemania. Se fracturaban también las variantes nacionales de la “Unión Sagrada” (Francia), que postergaba las rivalidades políticas y congregaba a los partidos en torno a la causa común de la guerra. Las tres potencias mencionadas disminuyeron sus efectivos al tiempo que incrementaban su potencia de fuego, pasando de una estrategia ofensiva a una defensiva. Entre la primavera y el otoño de 1917 se verificaron algunas tentativas en favor de la paz, las que naufragaron sin remedio. Hubo amotinamientos masivos entre las tropas; Rusia cayó en una espiral revolucionaria que terminó desbancándola del conflicto; los estados reevaluaron sus objetivos de guerra (varios de ellos los redujeron considerablemente). El ingreso de los Estados Unidos, aunque no compensó exactamente el retiro de Rusia, insufló nuevos aires al bando occidental. Después de jugar su última carta en 1918, las Potencias Centrales capitularon, en lo que fue una especie de final anticipado aunque inevitable: las apariencias sugerían que Alemania se mantendría más tiempo en pie (algunos de los líderes occidentales pensaron que el armisticio había sido demasiado precipitado). Este cuadro, el de la fase final de la guerra, es el contenido de la tercera parte del libro, en que Stevenson retoma el formato cronológico y fusiona los temas escrutados en la parte anterior.
La cuarta parte aborda la posguerra, que en términos concretos acabó siendo el camino a una nueva guerra total y de proporciones aun mayores. Stevenson pasa revista –siempre desde una perspectiva crítica- a asuntos como el de las negociaciones que siguieron al final de la guerra; las repercusiones directas e indirectas del conflicto y de los tratados subsecuentes; los hitos históricos que de una u otra manera derivaron en la Segunda Guerra Mundial (la Gran Depresión, la aparición de Hitler y el ascenso del nazismo, el fallido apaciguamiento del Tercer Reich); el impacto de la PGM en la literatura y en la memoria (tema muy pertinente en el caso de Alemania, en que la distorsión del final de la guerra y el revanchismo, en colusión con la crisis económica, propiciaron un clima social altamente receptivo al extremismo nazi). A modo de cierre, el autor hace una recapitulación de las formas en que la PGM entró en el ámbito de la historiografía, cosa que empezó tempranamente –en el mismo transcurso de la guerra, de hecho- pero que experimentó diversos altibajos. Durante un tiempo el estudio de la PGM fue eclipsado por el impacto de la guerra mundial siguiente. El resurgir del conflicto en el foco de las investigaciones académicas durante los años 60, con un fuerte énfasis en los antecedentes políticos y diplomáticos de la PGM, estuvo en buena medida motivado por los temores de la Guerra Fría; la denominada “controversia Fischer”, por el historiador alemán que atribuyó a la Alemania guillermina la responsabilidad mayor en el estallido del conflicto, marcó en adelante la pauta de las investigaciones. En las décadas posteriores estuvo en boga el ejercicio de plantear analogías entre los peligros del momento y la crisis de 1914. Mientras tanto, un nuevo enfoque redobló el interés académico y popular en la PGM: el de la historia cultural, con Paul Fussell (autor de La Gran Guerra y la memoria moderna) como uno de los pioneros fundamentales.
En la afluencia de publicaciones motivada por el centenario de la PGM, el magno trabajo de Stevenson destaca por méritos propios.
– David Stevenson, 1914-1918: Historia de la Primera Guerra Mundial. Debate, Barcelona, 2013. 896 pp.
