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LA LEGIÓN PERDIDA – Santiago Posteguillo

9788408151081Me acerqué con pesimismo —mucho— a esta novela, debido a que las dos anteriores me habían dejado un regusto bastante amargo: demasiado largas, con muchas tramas que no terminaron de interesarme, mismos recursos narrativos una y otra vez, escritura algo pobre y apresurada… Total, no auguraba nada bueno con el tomo final de la trilogía sobre Trajano, pero ya me había leído los dos primeros tochos —los cuales terminé donando a la biblioteca de mi pueblo, de donde tomé prestado el tercero— y quería darle una oportunidad final, aunque era muy escéptico sobre el resultado. Aun así, una pequeña parte de mí, la que aun recordaba lo que me entusiasmé y disfruté con la trilogía de Escipión, deseaba verse de nuevo sorprendida y que La legión perdida pusiera un punto y final capaz de quitarme el mal sabor de boca de las dos primeras. 

Craso error. La novela conserva todos y cada uno de los defectos de las predecesoras, tirando una y otra vez de los mismos golpes de efecto desde el inicio —hacerte creer que un capítulo acaba con la muerte inevitable de uno de los protagonistas para, ¡oh sorpresa!, ver cómo se salva milagrosamente en el siguiente— y de la misma escritura apresurada —me daba la risa floja cada vez que me encontraba repeticiones o los omnipresentes «Aggghhhs», «Daahgs», «Aaaagggs» y similares que se amontonan página tras página (creo que recordar que hay tres en el inicio del libro y… uno en el último párrafo, para muestra un botón)—. El libro se pierde en numerosas tramas que no me generaron interés; si ya Marco el gladiador y familia se me hicieron cansinos en el segundo libro, este potencia aún más la sensación de aburrimiento con una trama inverosímil y totalmente forzada que sirve para despegar exóticos escenarios durante el «periplo» de los protagonistas. No solo eso, desde el comienzo del libro tenemos capítulos dedicados a la China de la época y a la batalla de Carras, que más que picar mi curiosidad o servirme para ponerme en antecedentes me hicieron pasar las páginas más rápido. Y no solo tenemos esos capítulos añadidos, hay también partes de la novela dedicadas a personajes e intrigas en la India, los partos, los persas y los reinos de Oriente y Asia Menor; así, queda bastante sepultado entre tanto relleno lo realmente —lo único— interesante de la novela: Trajano.

Y es que los sucesos del emperador y su círculo, y las intrigas de Adriano, son lo mejor de la narración, lo único salvable, pero terminan ahogados entre tantas historias secundarias, las cuales, además, me dejaron pensando que estaban ahí solo para rellenar cuando acabé la novela. Recordé que el libro era de la biblioteca y no mío antes de ponerme a arrancar páginas y ver cuánto de verdad me había resultado interesante. Ya ni siquiera las batallas me entusiasmaban; alguna estaba bien pero otras me dejaron indiferente.

Eso sí, el enorme trabajo de documentación y una muy buena ambientación no se lo quita nadie, sin duda es otro punto a favor de la novela. Aunque estaría mejor si el exceso de documentación no tomase el control de la narración, como, por ejemplo, cuando Trajano pasea por su foro y le van contando paso a paso qué es cada edificio, o cuando nos aparecen cartas de Plinio con el emperador tal cual y luego su traducción.

Una historia más centrada en los avatares de Trajano —con algunos capítulos dedicados a los partos—, y olvidando la rocambolesca idea de esa «embajada» al Lejano Oriente —ahorrándonos las tramas de China y la reconstrucción de la fallida campaña de Craso, y haciendo que Marco fuese…, no sé, otra cosa, ¿guardaespaldas no oficial de Trajano?, o que simplemente no apareciese más que para ganar el rudus e irse a casa—, nos habría ofrecido una novela que habría sido capaz de poner un punto y final que me dejara buen sabor de boca. Lucio Quieto y Adriano podrían así haber tenido más páginas y terminar de cuajar como buenos personajes; Adriano y su vena conspirativa es de lo mejor de esta trilogía, junto a las luces y sombras del propio Trajano, pero Quieto debía de haber sido un personaje más fuerte, con más garra y más presencia, y no solo un añadido a Trajano.

En conjunto, una trilogía que me ha resultado fallida, una sombra en comparación a la de Escipión, que tiene mimbres interesantes que han sido aplastados por muchas, demasiadas, páginas que aportan poco o nada. El primero de la trilogía, Los asesinos del emperador, me decepcionó pero al menos me entretuvo, los dos siguientes los considero directamente novelas mediocres, siendo esta trilogía trajana un cuesta abajo y sin frenos. Y sí, ya podéis empezar a decirme que soy un cainita, un envidioso —hombre, ojalá hubiese ganado yo la pasta que habrá ganado Posteguillo con esta trilogía, lo que no quita que no sean buenas novelas—, que nadie que no escriba debería criticar a un escritor, que no tengo ni idea de lo que digo, que soy un talibán —o un talibaaggh en este caso—, que estas novelas son las más mejores del mundo mundial y del universo universal, que os habéis quedado con mi cara, que vais a avisar a los Vengadores y sacrificar un perro negro a Hécate…, lo que queráis. Aquí he plasmado mi opinión, mi crítica, mis sensaciones al enfrentarme a su lectura. ¿He sido muy duro? Sí. ¿Esperaba demasiado? Sí. Quizás leída sin pretensiones, como mero pasatiempo o lectura de cama o de verano, pues vale, pero como buena trilogía de novela histórica hace aguas por todas partes.

Mi veredicto: «¡Aagggh!».

Título: La legión perdida
Autor: Santiago Posteguillo
Editorial: Planeta (2016)
Páginas: Demasiadas (1152)

 

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