Alfred Rosenberg, insufriblemente arrogante y pedante, era uno de los nazis más antipáticos. No les caía bien ni a ellos. Atormentado siempre por no poder llegar a la cúpula real del poder, se granjeó el desprecio y las burlas de muchos de sus compañeros de partido, que no hacían sino seguir en eso el ejemplo del propio Hitler. Von Schirach decía de Rosenberg que era el autor que más ejemplares había vendido de un libro que nadie había leído. Se refería a Mythus del XX Jahrhunderts (El Mito del siglo XX), su obra mayor (algo no muy difícil cuando tienes otros títulos como Inmoralidad en el Talmud), y la segunda Biblia nazi después del Mein Kampf.
Mythus, influido por Houston Stewart Chamberlain y una mala lectura de Nietzsche, es un mamotreto de muchas ínfulas que Goering describió sin ambages como “basura” y Goebbels calificó de “escupitajo filosófico”. En ese libro, Rosenberg trató de sistematizar la confusa filosofía oficial que había detrás del movimiento nazi, la espuria amalgama de neopaganismo, mística de la sangre, teorías raciales y pseudociencia que él consiguió convertir en algo que Hitler mismo consideraba demasiado oscuro para entenderlo. Hay que decir en descargo de Rosenberg que su libro fue el único intento serio de poner por escrito la embarullada filosofía nazi.
