Ojos en el Magreb
Magreb dos orillas. Círculo de Bellas Artes. Alcalá, 42. Madrid. Sala Picasso. Hasta el 15 de enero.
Enseñar y aprender Geografía e Historia
Magreb dos orillas. Círculo de Bellas Artes. Alcalá, 42. Madrid. Sala Picasso. Hasta el 15 de enero.

Con todo, más allá de los fastos, toda celebración es simbólica, y la arquitectura que dibujarán los próximos Juegos tiene una gran dosis alegórica. Por un lado supone el regreso de la hija pródiga Zaha Hadid que, tras vivir 35 años en Londres, es por fin reconocida en su ciudad. Su Centro Acuático será la puerta del recinto olímpico y es, casi, su primer edificio en la capital, tras el colegio Evelyn Grace de Brixton, por el que recibió el premio Stirling en 2011. Por otro, unos Juegos Olímpicos son un escaparate abierto al mundo. Y no es asunto baladí que, en esta ocasión, dos olvidados de la arquitectura británica, Hadid y Peter Cook, exmiembro del colectivo pop Archigram, hayan firmado las piezas más destacadas. Algo así parece pensar el alcalde Boris Johnson cuando asegura que el estadio, que ha diseñado Cook junto al estudio Populous, «será el edificio más visto de la historia». Y eso que, frente a la opción maximalista que Ai Wei-wei y Herzog & De Meuron exhibieron en Pekín, el recinto londinense es liviano y nació con la ambición de ser desmontable. Sin uso asignado todavía, tras ser rechazado como sede del West Ham, que permanezca ya no se discute. Lo que se discute es si la arquitectura debe aprender del arte o el arte de la arquitectura. La vecina escultura de Anish Kapoor, Arcelor Mitta Orbit, levantada por el ingeniero Cecil Balmond para «competir con la Torre Eiffel» tiene mucho que aprender de la ligereza y la naturalidad del estadio de Cook, un arquitecto de obra escasa pero de profunda trascendencia.
En una arquitectura hecha con realidad, ideas, restos e ingenio trabajan cada vez más colectivos que no están dispuestos a que la sostenibilidad se convierta en una etiqueta estéril y hacen del reciclaje y la reutilización de contenedores o solares vacíos su trabajo cotidiano. Crecerá el número de grupos como Zuloark, Straddle3 o La Creativa dedicados, en España y en Latinoamérica, a indagar en esa arquitectura.

Frente a las ilusiones y la fiesta, la otra cara del año continuará siendo poderosa, pero ha optado por la discreción. Silenciando sus festejos, los grandes acaparadores de premios en la década pasada son hoy los grandes cuestionados. Ley de vida. Con todo, es natural preguntarse si el antiguo héroe Rem Koolhaas puede seguir dando lecciones de democracia y progresismo mientras firma con una mano el edificio más representativo de Pekín y con la otra el cuartel general de Rothschild en la City de Londres. Juzgando arquitectura sin contexto, el rascacielos es discreto y, lejos de competir con las torres cercanas, elige servir de fondo para la pequeña iglesia St. Stephen Walbrook que había permanecido oculta durante dos siglos. Puede que el hecho de que los banqueros hagan visible lo perdido sea un signo de los tiempos.
Entretanto, el panorama invita a trabajar desde la escasez. Son muchos los profesionales que, como Francis Keré en Burkina Faso, Mass Design Group en Ruanda o Anna Heringer en Bangladesh, llevan ventaja en esa búsqueda. ¿Sabrá valorarla también el jurado del Pritzker, que dejó sin premio al ya fallecido arquitecto egipcio Hassan Fathy pero está a tiempo de galardonar al brasileño Lelé (João Filgueiras Lima)?
Anatxu Zabalbeascoa, Madrid: Un olímpico espectáculo, EL PAÍS, 2 de enero de 2012
Cerca de Jaraba, en el límite oeste de la provincia de Zaragoza, se encuentra unos magníficos cañones u hoces sobre calizas. El río, en sus meandros, crea unos espectaculares paisajes que os enseño en estas fotos. Aún más espectacular es el cañón seco (probablemente sus aguas actuales discurran de forma subterránea) En su origen se […]![]()
El procedimiento que de ordinario se sigue es el de conferencias, en que el profesor relata, los hechos que juzga de interés en cada periodo o asunto. Una veces, la conferencia es mera repetición de un Manual que se designa como libro de texto; otras (las más, aunque no siempre por motivos científicos), se prescinde […]
Eclipsados por la «Gioconda Superstar», cuelgan en una de las galerías anexas del Louvre otras obras de Leonardo cuya presencia pasa desapercibida ante la avalancha de turistas que buscan frenéticamente a la Mona Lisa. Difícil de entender, pues son mucho más bellas. Hablamos de «La Virgen de las Rocas» (una de las dos versiones que existen), «La belle ferronière», «San Juan Bautista», «La Virgen, el Niño Jesús y Santa Ana»… Este último es hoy, con permiso de la Gioconda, el gran protagonista del museo parisino, pero no precisamente por una buena noticia. Hace 17 años, el Louvre abandonó la idea de su restauración por miedo a cómo acometer los trabajos. Se temía que los disolventes empleados para retirar los barnices afectaran al sfumato(célebre técnica inventada por Da Vinci, consistente en crear un efecto difuminado que se obtiene gracias a la superposición de varias capas de pintura, proporcionando a la composición unos contornos imprecisos).
Pero en 2009 se retomó aquella vieja idea y un año después comenzó finalmente la restauración del cuadro. Para ello se designó un comité científico internacional de 20 miembros, que establecieron las pautas de los trabajos, a punto de concluir. Está previsto que la obra vuelva a lucir en público a partir del próximo mes de marzo en una gran exposición. Pero en octubre saltó la polémica: la revista especializada «Journal des Arts» alertaba de los riesgos que suponía para el cuadro el tipo de intervención escogida. En un reportaje alzaban la voz algunos expertos denunciando que la restauración amenazaba con borrar de los rostros de la Virgen y el Niño el sfumatoleonardesco y que proporcionaría a la obra unos brillos que nunca tuvo. Creían que la intervención era demasiado agresiva.
El Louvre se defendió entonces argumentando que las acusaciones no tenían fundamento alguno y que los trabajos eran necesarios y urgentes, pues se estaban borrando los rostros del Niño y de Santa Ana, así como detalles del vestido de la Virgen y del paisaje del fondo. Tuvo que salir al quite el responsable del Departamento de Pintura del Louvre, Vincent Pomerade, quien aseguró que se trataba de «una restauración extremadamente prudente» y que la mano de la restauradora, Cinzia Pasquali, del Centro de Restauración de los Museos de Francia, no se acercaba en absoluto a la capa de pintura original.
Dos reputados miembros del comité científico han abandonado el proyecto. Aunque ninguno ha explicado sus motivos, estaban en desacuerdo con el método seguido en la restauración de la obra. Se trata de Ségolène Bergeon Langle, conservadora jefe de Patrimonio y exdirectora del Instituto francés de restauración de obras de arte, y Jean-Pierre Cuzin, antiguo conservador jefe del Departamento de Pintura del Louvre. Dos pesos pesados del mundo del arte en Francia. La noticia ha caído como un jarro de agua fría en el Louvre. Por si fuera poco, la prensa británica echa más leña al fuego. «The Guardian» y «The Telegraph» destacan en sus ediciones on line que en el comité científico hay dos especialistas de la National Gallery de Londres, Larry Keith y Luke Syson, que han sido muy favorables a esta restauración. Curiosamente, el museo londinense acoge en estos momentos la mayor exposición dedicada hasta el momento a Leonardo. Fuentes del Louvre afirman que el 3 de enero analizarán la obra los expertos y entonces hablarán.
Leonardo comenzó a pintar esta obra inacabada (óleo sobre tabla, de 168 por 130 centímetros) hacia 1503. No se sabe quién la encargó. Se cree que pudo ser el Rey Luis XII de Francia para agradecer a Santa Ana el nacimiento de su hija. El cuadro formó parte de las colecciones de Francisco I hasta su ingreso en el Louvre.
Natividad Pulido, Madrid: El Louvre, en el punto de mira, por la polémica restauración de un Leonardo, ABC, 30 de diciembre de 2011
Mensaje urgente para los alumnos y alumnas de 1º de ESO. Vuestro profesor de ciencias sociales os solicita que enviéis un email con vuestro nombre y curso a la siguiente dirección de correo electrónico ( socialesaxati@gmail.com ). Cuando volvamos d…
La labor excede a la propia disciplina y exige una pérdida de privilegios en la ya vapuleada profesión. Pero es, además de una obligación, una oportunidad. Y en esa línea se mueven muchos estudios prometedores. El arte puede ser la máxima ambición, pero es escurridizo y escaso. Son los hechos, y no la actitud, los que hacen al artista. Y este año Europa, y sobre todo España, han vivido un parón constructivo sin precedentes. El 34,4 % de los arquitectos está en paro. El número se multiplica exponencialmente al llegar a los albañiles. Y obliga a reflexionar.
En medio de esta redefinición profesional cada vez hay más proyectistas que, lejos de aspirar a convertirse en artistas del mundo, intentan hablarle al mundo desde las obras que firman en su región. Tiempo para pensarlas, tiempo para visitarlas y distancias cabales para hacerlo, son las nuevas medidas que barajan los arquitectos. Si la arquitectura de altos vuelos regresa para cuidar nuestras casas mejorarán los barrios. Y habrá mejores ciudades. El Premio Pritzker a Eduardo Souto de Moura refrenda esa idea. El portugués es, tras el suizo Peter Zumthor, el segundo Pritzker con los pies en el suelo tras una hornada de galardonados que coronó el deconstructivismo de Thom Mayne como uno de los caminos a seguir.
Asistimos a un momento de cambio en el que hasta la arquitectura monumental se redefine. Aunque continúa la carrera por los récords Guinness y China densifica con rascacielos sus nuevas ciudades, en Europa se ha instalado la reparación. En esa línea, la reconstrucción del Neues Museum de Berlín, firmada por David Chipperfield, se hizo este año con el Premio Mies van der Rohe de la UE. Y demostró que la restauración del pasado puede hacerse sin pastiches, que los edificios deben hablar de su origen pero también construir su futuro.

En España, Nieto y Sobejano han trasladado el Museo de San Telmo al siglo XXI sin callar su pasado ni negar su topografía. Y Tuñón y Mansilla le han inventado al hotel Atrio de Cáceres una piel de mampostería que lo asimila a la plaza de San Mateo. Con todo, 2011 ha sido el año del icono popular. El auditorio El B de Cartagena, firmado por Selgascano, podría ser el emblema de una nueva arquitectura que busca acercarse a la gente sin concesiones a lo fácil. Recorrer el interior de ese auditorio es adentrarse en un nuevo mundo que invita al conocimiento. También las reciclables e indestructibles sillas Tip Ton (Vitra) de Barber & Osgerby invitan a sentarse. En su empeño por lograr el asiento comodín (útil en interiores y exteriores, y utilizable en restaurantes, viviendas u oficinas) Rolf Fehlbaum, el dueño de la empresa Vitra, ha lanzado un asiento extraordinario por poco más de 100 euros. Este año 2011 ha mostrado que con los ojos abiertos a las necesidades de la gente y más cerrados a la rentabilidad de las decisiones el diseño y la arquitectura pueden crecer desde sus propias dificultades.
Anatxu Zabalbeascoa, Madrid: Arquitectura y diseño hacen pie, EL PAÍS, 29 de diciembre de 2011
La exposición que la National Gallery de Londres dedica a Leonardo Da Vinci, con el mayor número de obras del genio italiano jamás reunidas, es una de las más destacadas muestras del panorama internacional organizadas en 2011, mientras que en España la exhibición que el Museo Thyssen dedicó al manchego Antonio López batió récords de asistencia.
Estas son diez de las exposiciones más destacadas durante este año:
4- «El Hermitage en el Prado»: Desde la riqueza y la suntuosidad de los retratos de Catalina la Grande y de Pedro I hasta el minimalismo del «Cuadrado negro», de Malévich, la exposición «El Hermitage en el Prado», que se podrá contemplar hasta el 25 de marzo del 2012, supone un paseo por algunas de las piezas más representativas de las colecciones del museo de San Petersburgo.
El belga Pierre Lagrange era, hasta este otoño, uno de esos escasísimos afortunados que pueden sentarse en el salón de su casa y deleitarse con piezas de la exclusiva tribu de los expresionistas abstractos, acaso la de más pedigrí en el circo de las subastas de arte moderno. Este coleccionista afincado en Londres adquirió en 2007 Sin título, 1950, una característica action painting de Pollock por 17 millones de dólares (13 millones de euros) en la galería neoyorquina Knoedler & Company. Cuando este año quiso subastarla en Christie’s la obra fue rechazada. No era auténtica, le dijeron. Lagrange buscó entonces la opinión de diferentes expertos y llegó a la conclusión de que le habían engañado. El 2 de diciembre presentó una demanda por falsificación en un juzgado federal estadounidense contra la veterana y respetada galería. Tras 165 años de vida, esta había cerrado tan solo dos días antes.
La demanda, con la que Lagrange reclama la devolución de los 17 millones pero que no incluye cargos criminales contra Freedman, abrió una versión artística de la caja de Pandora que desde hace días mantiene en vilo al mundillo de la Gran Manzana, que observa con horror cómo el FBI investiga la posible falsificación de 18 cuadros vendidos por la misma galerista y por uno de sus antiguos empleados, Julian Weissman.
Valorados entre 10 y 20 millones (de 7,6 millones de euros a 15,2) y firmados entre otros por De Kooning, Pollock, Motherwell y Dieberkorn, los cuadros proceden todos de las mismas manos: Glafira Rosales, la marchante que les vendió a ambos las obras y a la que su abogado defiende alegando que la galerista ha querido convertirla en cabeza de turco.
Curiosamente, el nombre de Rosales, una mexicana de 55 años que reside en Long Island y que a su vez tuvo galería propia en Manhattan y otra en el Estado de Nueva York, está asociado, según The New York Times, a un nombre español: José Carlos Bergantiños Díaz, un empresario y coleccionista español que según la web Artinfo.com aparece descrito en los papeles de la demanda como alguien que lleva implicado en casos de falsificación desde 1999 (extremo que no pudo ser confirmado por este diario).
Todas las obras investigadas llegaron a manos de Freedman y Weissman a través de Rosales, quien comenzó a traer cuadros de autores estadounidenses desde México en 1993. Según una carta fechada en 2007 y citada por el rotativo neoyorquino, esta marchante comerciaba con las obras de un coleccionista mexicano que habría comprado arte estadounidense en los años cincuenta directamente de manos de los propios artistas (y por tanto sin papeles que certifiquen su autoría). El hijo del coleccionista, a quien ella describe en la carta como «un amigo de la familia que reside en México y Suiza», quería vender parte de la colección que había heredado, incluidas obras de Motherwell, Franz Kline, Clyfford Still y Willem de Kooning, pero insistía en mantener el anonimato.
A través de Freedman y Weissman algunas de esas obras llegaron a galerías como Killala Fine Art, que en febrero denunció a Weissman y a la fundación Dedalus por haber certificado la autenticidad de un motherwell después catalogado como falso y titulado, como parte de una de las más célebres series del artista, Spanish Elegy 1953. P.24. A esa denuncia se unió otra de aquella fundación, que maneja gran parte del legado de Motherwell, por mentir sobre su procedencia. El caso se cerró en octubre con un acuerdo que obligaba precisamente a Rosales a desembolsar la mayor parte de los 600.000 dólares que Killala Fine Art pagó por el cuadro, y a Weissman, a cubrir el resto más los gastos judiciales de la fundación Dedalus.
Pero según se supo el 15 de diciembre durante la primera vista del juicio, las dudas sobre la autenticidad de las obras que Rosales vendía a través de Freedman no son nuevas. Según testificó la galerista, en 2003 ella misma accedió a devolverle dos millones de dólares a Jack Levi, ejecutivo de Goldman Sachs al que le vendió el pollock Sin título, 1949. Al parecer, la International Foundation for Art Research se negó a autentificar la obra, así que Levi solicitó anular la venta y la galería Knoedler aceptó. Después la propia Freedman, junto al empresario canadiense David Mirvish, adquirió el cuadro. «Basándome en mi experiencia, considero que Ann Freedman jamás ha vendido una obra de arte que ella no considerara auténtica. Si el pollock de Lagrange no lo es, tanto Freedman como yo hemos sido engañados y demandaremos a otros», aseguró Mirvish, que fue el anterior propietario del pollock ahora en disputa. Por su parte, la galerista se ha defendido asegurando ante el juez: «Tengo todas las razones para creer que estos cuadros son auténticos», y entre ellas destaca que ella adquiriera tres de las obras que ofrecía Rosales: un rothko, un pollock y un motherwell, que aún tiene. «No me estoy defendiendo. Estoy defendiendo el arte en el que creo».
Sobre el coleccionista misterioso del que según Rosales proceden las obras, continúa el silencio. Mientras tanto, el mundo del arte neoyorquino hierve en una continua conjetura.