GEOCRONOS Blog
Bo Nadal e feliz 2012
Bo Nadal e para este ano a piques de comezar esperemos acadar todo isto e moito máis:
LAS BELLEZAS DE AIGUESTORTES
Situada en el Pirineo central, el Parque Nacional de Aigüestortes y lago San Mauricio es un lugar de belleza a veces plácida, a veces terrible. Nos encontramos con un gran macizo granítico de cumbres que superan los 2.500 metros. Son los restos de la antigua cordillera Aquitana de la Era Primaria que fueron reelevados […]![]()
Desvelan el origen de parte de las piedras de Stonehenge
Durante mucho tiempo se ha sospechado que procedían de las rocas de las llamadas colinas de Preseli. Ahora, una investigación del Museo Nacional País de Gales y de la Universidad de Leicester, publicada en la web de la BBC, ha localizado su fuente a 70 metros de Craig Rhos-y-felin, cerca de Pont Saeson. El director del Museo, Richard Bevin, cree que este hallazgo ayudará a averiguar cómo se movieron las piedras desde Wiltshire.
Durante nueve meses, Bevins y Rob Ixer, del centro de Leicester, recogieron e identificaron muestras de afloramientos de roca en Pembrokeshire en su intento por localizar el origen de las piedras con las que se construyó el monumento, que es Patrimonio de la Humanidad. Analizando su contenido mineral y las texturas de las rocas, lo que se conoce como petrografía, comprobaron que el 99% de las muestras se emparejaban a rocas de Pembrokeshire.
Son rocas volcánicas, riolitas, que según ambos expertos se diferencian de las que hay en otros afloramientos del sur de Gales y que se encuentran en unos centenares de metros cuadrados exclusivamente. Dado que incluso hay diferencias en distancias de hasta 10 metros, incluso han podido precisar la zona exacta de Rhos-y-felin de donde fueron extraídas.
Rob Ixer declaraba a BBC que es «inesperado y emocionante» encontrar la fuente de cualquier roca arqueológica. «Si seguimos perseverando, llegaremos a conocer el origen de la mayoría de estas rocas», augura.
Una vez conocido el origen, los arqueólogos tendrán que averiguar cómo las piedras llegaron desde Pembrokeshire a Stonehenge. Durante mucho tiempo, los expertos se han preguntado cómo fue este transporte entre los años 3.000 y 1.600 a. de C. Se pensaba que las grandes losas fueron movidas en balsas, a través del río Avon y el canal de Bristol.
El problema es que Pont Saeson está al norte del Preseli, a cierta distancia de estos cauces de agua, lo que complica esta hipótesis. Una alternativa es que la naturaleza fue la que acercó las rocas a Stonehenge, debido a la trayectoria de un glaciar de la Edad de Hielo, pero no hay otras rocas en esa región de Gales con ese mismo origen, lo que elimina también esa opción.
En abril de 2000 se hizo una prueba real, intentando trasladar una piedra gigante desde País de Gales a Salisbury por tierra y mar, en un viaje de 386 kilómetros, utilizando sólo la fuerza muscular y la tecnología de los humanos de hace 5.000 años. La piedra acabó hundida en el estuario de Milford Haven.
Desvelan el misterio del origen de Stonehenge, EL MUNDO, 20 de diciembre de 2011
Regresa el primer león restaurado al patio más famoso de la Alhambra
Las bajas temperaturas que se registran hoy en Granada no han logrado enfriar ni restar emoción a uno de los momentos más esperados en la Alhambra desde hace años: la vuelta de los leones al patio más famoso del monumento nazarí tras un complejo y laborioso proceso de restauración que comenzó a gestarse en 2002.
Con el retorno de estas míticas esculturas al lugar que fue concebido por el sultán Muhammad V en el siglo XIV como casa real se ha iniciado la fase final de la intervención en este espacio, que se completará en los próximos meses con un nuevo circuito hidráulico y la pavimentación. Será por tanto a partir de la próxima primavera cuando este conocido patio, huérfano de sus «fieras» de piedra desde que en febrero de 2007 fueran trasladadas para su restauración a los talleres del Patronato de la Alhambra y el Generalife, vuelva a lucir su original y recuperada imagen.
El traslado del primero de los leones, el número 8, ha sido supervisado hoy por el consejero andaluz de Cultura, Paulino Plata, quien no ha dudado en inmortalizar con su teléfono móvil este momento histórico retransmitido en directo a través de internet. El león ha sido conducido por técnicos especialistas en una plataforma móvil desde la cripta del Palacio de Carlos V, donde ha estado expuesto al público junto a las otras once figuras animales desde julio de 2010 tras pasar tres años en los talleres. Una vez trasladada la escultura, ha sido colocada con precisión milimétrica en su ubicación original con la ayuda de una grúa, con la que se ha alzado el león que, tras una minuciosa y lenta bajada, descansa ya en el suelo y bajo la gran taza que preside el patio.
Volvrán a funcionar como fuente
A lo largo de esta semana sus once «compañeros» restantes volverán también a la ubicación para la que fueron concebidos y, una vez acabado el proceso, se completará el circuito hidráulico que permitirá que los leones vuelvan a funcionar como fuente. Esta zona dispondrá además a partir de entonces de importantes mejoras para atender a sus necesidades de conservación con la puesta en marcha de una estación meteorológica que evalúe las condiciones climáticas o el registro permanente del agua que discurre allí y su análisis químico. El trabajo completo ha sido desarrollado por un equipo multidisciplinar de más de doscientas personas, integrado por técnicos del Servicio de Conservación del Patronato, Instituto Patrimonial Cultural de España y del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, junto a expertos de las Universidades de Granada y Sevilla.
La actuación, que ha tenido un coste cercano a los 2,16 millones de euros, no sólo ha permitido recuperar los leones, sino que además ha posibilitado conocer el proceso minucioso que se siguió en la ejecución de estas joyas escultóricas y descubrir que, aunque aparenten ser iguales, cada león cuenta con rasgos singulares. Se trata, en definitiva, de garantizar la permanencia de un espacio con el que se han deleitado a lo largo de los siglos millones de personas y que sigue situando a la Alhambra, que hasta octubre de este año había incrementado en un 7,21 por ciento sus turistas (2.051.834), como el monumento más visitado de España.
EFE, Granada: Regresa el primer león restaurado al patio más famoso de la Alhambra, ABC, 19 de diciembre de 2011
Caravaggio en Madrid
Una ventaja indiscutible tuvo la visita del Papa a Madrid el verano pasado: gracias a ella puso verse en el Prado el Descendimiento de Caravaggio, que vino en préstamo de los Museos Vaticanos. Y gracias a las buenas relaciones con otro Estado propenso a la teocracia ahora tenemos en Madrid el Tañedor de laúd, que está en el Ermitage de San Petersburgo. Hay que aprovechar la ocasión. Hay que mirar con cien ojos lo que de otro modo nos resultaría inaccesible, lo que a no ser que viajáramos a miles de kilómetros o hiciéramos colas eternas entre multitudes de turistas solo podríamos conocer en reproducciones. No hay pintor al que una reproducción le haga justicia, pero en el caso de Caravaggio la diferencia entre mirar una fotografía y estar delante del cuadro parece aún mayor, porque su originalidad y su maestría son insuperables, en el sentido más literal de la palabra: nadie ha ido más lejos. O, dicho de otro modo, nadie ha acercado más al espectador la presencia de los seres y los objetos pintados.

Para un estudiante de historia del arte, el Descendimiento del Vaticano es una obra familiar, que remite hacia el pasado a la Piedad de Miguel Ángel y se proyecta en el porvenir en la Muerte de Marat, de David. Pero este verano, cuando uno llegaba a la sala del Prado en la que estuvo expuesto, la primera impresión abrumadora era la de su tamaño, la escala agrandada de esas figuras que sin embargo eran también violentamente terrenales. El brazo de Cristo colgaba con el peso definitivo que solo tiene un cuerpo humano muerto. Y el gesto con el que Nicodemo le sujetaba las piernas no era el de un personaje de cuadro religioso, sino el de un trabajador manual que tiene la costumbre de transportar sobre sus espaldas grandes objetos muy pesados. Sus pies desnudos de ganapán o de campesino eran tan ásperos como tocones de árboles y se plantaban así de firmemente en el suelo: esos pies endurecidos y sucios de los pobres de Caravaggio, que ofendían tanto en su tiempo como sus santas o sus vírgenes en cuyas facciones se reconocía a prostitutas habituales de los callejones sórdidos de Roma.
Una de ellas, Fillide Melandroni, aparece retratada en esa mujer joven que levanta los brazos con un énfasis de duelo antiguo en el Descendimiento. En Madrid podemos verla sin dificultad porque es la Santa Catalina que hay en una sala recogida del Museo Thyssen, dispuesta de tal manera que en cuanto cruzamos el umbral nos encontramos con su mirada. Cuando se ha visto la Santa Catalina de Caravaggio, cualquier otro cuadro de santas mártires, incluso los de Ribera o Zurbarán, se vuelve inverosímil. Él no pinta una figura sobrenatural, esa mezcla de irrealidad y sadismo que suele haber en los cuadros de martirios: pinta a una mujer joven a la que ha puesto un vestido lujoso porque ha de representar a una princesa, a la que ha hecho arrodillarse en una postura incómoda sobre un cojín y quedarse inmóvil durante mucho rato, a la que le ha pedido que sostenga de cierta manera una espada y pose los dedos sobre su filo, en alusión directa a una caricia.
Con la misma delicadeza se posan las manos del joven músico del Ermitage en las cuerdas de su laúd. Está tocando y está fingiendo que toca, manteniendo la postura que se le ha indicado, la más adecuada para mantener un equilibrio exacto entre la claridad y la sombra, para observar las gradaciones que van de la una a la otra. El Tañedor de laúd alude a uno de los dos mundos que Caravaggio frecuentaba de joven en Roma, el de los coleccionistas ricos y cultos, eclesiásticos o banqueros, los palacios en los que se interpretaba la música contemporánea y se discutían hallazgos arqueológicos o teorías o inventos científicos. En el palacio del Cardenal del Monte Caravaggio escuchaba a jóvenes cantores castrados interpretar madrigales exquisitos, pero en cuanto salía a la calle se encontraba en mitad de la vida turbulenta y canalla de Roma. La espada oscurecida de sangre que maneja la Santa Catalina del Thyssen la pintó con el mismo empeño meticuloso que las cuerdas, los trastes, la caja estriada del laúd del Ermitage.
Que Caravaggio fuera al mismo tiempo un gran pintor y un asesino nos atrae irresistiblemente hacia él. Pero no hay leyenda que no esté hecha de malentendidos, y en el caso de Caravaggio es muy fácil además atribuirle anacrónicamente rasgos de la figura del genio solitario y el artista maldito que pertenecen a nuestro tiempo y no al suyo. Su vida es plenamente novelesca sin los añadidos y las exageraciones de la literatura. Su arte es original no porque se adelante a su época -somos tan provincianos de nuestro presente que para admirar a un artista del pasado necesitamos imaginarlo próximo a nosotros-, sino porque pertenece del todo a ella, a lo mejor y a lo peor, a lo más civilizado y a lo más cruel de ella.
Uno de los méritos de la biografía recién publicada entre nosotros de Andrew Graham-Dixon es precisamente mostrar en qué medida Caravaggio es alguien de su tiempo, no del nuestro. De niño vio morir a causa de la peste a todos los hombres de su familia. El realismo de su pintura tiene que ver con una tradición popular de representaciones religiosas muy arraigada en Lombardía durante su infancia, y también con la fe austera la vindicación de la pobreza evangélica de movimientos como el del Oratorio de San Felipe Neri. Y su propensión a los arrebatos de violencia súbita y extrema no es tanto un síntoma de ese descontrol temperamental que a nosotros nos gusta atribuir a los genios como un rasgo de la normalidad de su tiempo. Según una documentación muy abundante que otros biógrafos anteriores a Graham-Dixon ya habían rescatado de los archivos, la Roma de Caravaggio es una ciudad de ajustes de cuentas sanguinarios y guerras territoriales entre bandas de hombres jóvenes provistos de armas letales y códigos de honor: el mundo sin ley de Romeo y Julieta. El choque entre Caravaggio y el adversario al que hirió de muerte no hay que imaginarlo como un duelo ritual de esgrima, sino como una sucia pelea de navajas.
La huida de Roma del pintor condenado a la decapitación que va dejando tras de sí un rastro de obras maestras cada vez más sombrías ha sido contada muchas veces, pero Graham-Dixon la completa rellenando espacios en blanco con impecable erudición y razonables hipótesis y dejándose llevar con gran instinto narrativo por la pura fuerza de los hechos. Caravaggio murió antes de cumplir cuarenta años, pero en su etapa final había logrado un despojamiento expresivo que contenía una amarga meditación sobre los efectos irreparables de la crueldad y la pesadumbre del remordimiento. En Madrid, en una sala del Palacio Real que solo puede visitarse durante menos de un minuto en las visitas guiadas, hay uno de esos cuadros finales, una Salomé que mira de soslayo la cabeza recién cortada de Juan Bautista. No es una escena evangélica, sino una pintura negra de la culpa.
El Hermitage en el Prado. Museo del Prado. Madrid. Hasta el 25 de marzo de 2012. www.museodelprado.es. Caravaggio. Una vida sagrada y profana. Andrew Graham-Dixon. Traducción de Belén Urrutia. Taurus. Madrid, 2011. 584 páginas. 24 euros. antoniomuñozmolina.es
Antonio Muñoz Molina, Caravaggio en Madrid, EL PAÍS / Babelia, 17 de diciembre de 2011
Un equipo de investigadores asegura saber con certeza el origen exacto de algunas de las piedras de Stonehenge, un monumento megalítico de la Edad del Bronce situado cerca de Amesbury, en el condado de Wiltshire (Inglaterra).
