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Curso “Arqueología y Educación Patrimonial en Córdoba”.

Curso “Arqueología y Educación Patrimonial en Córdoba”.

Acabamos de publicar una nueva actividad en el CEP de Córdoba titulada “Arqueología y Educación Patrimonial en Córdoba” con la que ponemos en marcha el Programa “Arqueología y Enseñanza” del que ya dimos noticia y que presentamos en esta semana, como posteriormente diremos. con esta actividad pretendemos introducir al profesorado en el mundo de la […]

VÍDEO: CONSECUENCIAS DE LA GUERRA DE SUCESIÓN ESPAÑOLA. PAZ DE UTRECHT

VÍDEO: CONSECUENCIAS DE LA GUERRA DE SUCESIÓN ESPAÑOLA. PAZ DE UTRECHT

ArteHistoria nos deja este video con las siguientes consecuencias de la Guerra de Sucesión española, en el ámbito internacional.

La Guerra de Sucesión española dividió España entre los partidarios de Felipe V y del archiduque Carlos, ambos candidatos al trono. En apoyo del primero se manifestó Francia, con su rey Luis XIV al frente; a favor del segundo, Holanda, Inglaterra, Austria y Portugal.

En 1713 finalizó la guerra en el exterior, con la firma del Tratado de Utrecht, paz refrendada un año más tarde con los acuerdos de Rastatt. En el interior, la contienda finalizó en 1714, con la caída de Barcelona, ciudad que había resistido en apoyo del pretendiente austriaco y en contra del centralismo borbónico.

Ambos tratados dieron lugar a un nuevo mapa europeo. Inglaterra conseguía Terranova, Gibraltar y Menorca, así como permiso español para enviar anualmente una nave comercial a las Indias y monopolizar el comercio de esclavos.

El Imperio austriaco se quedó con el Milanesado, Flandes, Nápoles y Cerdeña. A Saboya le corresponde una pequeña expansión en su frontera y la isla de Sicilia, que entregará a Austria a cambio de Cerdeña.

El rey francés, Luis XIV, consigue a cambio que las potencias europeas reconozcan a su nieto, Felipe V, como rey de España, aunque en ningún caso las coronas de Francia y España podrán unirse en el futuro.

VÍDEO: LA GUERRA DE SUCESIÓN ESPAÑOLA.-

VÍDEO: LA GUERRA DE SUCESIÓN ESPAÑOLA.-

ArteHistoria nos dice lo siguiente sobre la Guerra de Sucesión española, y nos deja el siguiente vídeo:

La muerte del último Habsburgo español, Carlos II, ocurrida en 1700, genera grandes expectativas de beneficio en dos candidatos a controlar la sucesión, Luis XIV de Francia y el Emperador austriaco, Leopoldo I.

La herencia española, que comprende el dominio sobre diversos puntos estratégicos europeos, como Nápoles, Cerdeña, Sicilia, Milán y los Países Bajos, amén de los territorios peninsulares y americanos, convertirá a su beneficiario en la potencia hegemónica mundial y hará peligrar el precario equilibrio europeo.

Para evitar dicho fin, se llevan a cabo sucesivos repartos y soluciones, optando finalmente Carlos II por testar a favor de Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV, lo que garantizaría la integridad de los
territorios de la monarquía hispánica. La solución, a la que en principio sólo se opuso el Emperador, no tardó en generar el conflicto al confirmar el monarca francés a su nieto como heredero al trono, lo que pondría en sus manos un poder excesivo, a juicio de sus rivales.

La coalición antifrancesa no tardó en formarse, integrando a Inglaterra, Holanda, el Imperio alemán, Portugal, Dinamarca y el Ducado de Saboya, quienes apoyarán al archiduque Carlos como pretendiente al trono español.

La guerra habrá de durar trece años y conocerá una solución de compromiso, de la que Inglaterra será la gran beneficiada: Felipe V será reconocido como soberano de la monarquía hispánica a cambio de no ostentar el trono francés, mientras Francia habrá de renunciar a sus proyectos expansivos sobre los Países Bajos e Italia.

La escultura reducida a su esencia

La escultura reducida a su esencia

El Guggenheim de Bilbao confronta medio centenar de piezas de estos dos grandes maestros

Son dos de los escultores más relevantes del siglo XX. Uno, rumano; el otro, norteamericano. El primero nació en 1876; el segundo, 63 años después, en 1939. Constantin Brancusi y Richard Serra están tan lejos, artísticamente hablando, el uno del otro, que casi llegan a tocarse. Resulta paradójico, pero así queda patente en la gran exposición que dedica a estos creadores el Guggenheim de Bilbao, en colaboración con la Fundación Beyeler de Basilea.

Medio centenar de piezas distribuidas en la segunda planta del museo bilbaíno son suficientes para comprobar cómo en el arte se puede llegar a un mismo fin a través de caminos bien distintos, si no opuestos. A simple vista, uno podría preguntarse qué tienen que ver las torsiones elípticas de acero de Serra, gigantescas, de varias toneladas de peso, con las esculturas en piedra o bronce pulido de Brancusi, tan frágiles y exquisitas que parecen quebrarse con solo mirarlas. Pero si rascamos un poco en ambos trabajos, ni la escultura de Serra es tan dura como la pintan, ni la de Brancusi tan débil como parece. En ambos casos, la idea y la forma se simplifican hasta el extremo: no hay nada accesorio, la escultura se reduce a la esencia.

Una de las tres versiones de «El beso» de Brancusi que hay en la muestra —la más antigua que hizo, de 1907— observa «La materia del tiempo» de Serra desde el balcón superior situado frente a la joya del Guggenheim. Es como si el viejo maestro mirara con orgullo el trabajo del discípulo. Y es que la influencia de la obra de Brancusi es esencial en la carrera del escultor californiano. Éste obtuvo una beca de la Universidad de Yale (1964-65) para estudiar en París. Visitó a diario la reconstrucción del taller de Brancusi, que había muerto siete meses antes, dibujando en su cuaderno, como intentando atrapar en él toda la sabiduría del maestro. Aquella experiencia le marcó profundamente. Lo describió como «un manual de posibilidades». Su taller se exhibe en la explanada de acceso al Pompidou en un edificio diseñado por Renzo Piano. También Piano diseñó la Fundación Beyeler, donde recaló esta muestra. Entonces, la serena arquitectura del italiano dialogó con las esculturas de Brancusi y Serra. En este caso el diálogo a tres bandas se produce con la poderosa y retorcida arquitectura de Gehry.

La exposición de Bilbao reúne un siglo de esculturas. A través de medio centenar de obras, es posible admirar la evolución de cada artista, pues hay trabajos de todos sus periodos. De Brancusi se muestran esculturas que abarcan cuatro décadas: desde sus exquisitas «Musas dormidas» en bronce pulido y cabezas de niños, hasta sus trabajos en mármol. Como «Princesa X», de 1915. Tiene una curiosa historia. Se retiró del Salón de los Independientes porque creían que representaba un falo. En realidad, es una mujer que se mira en un espejo. Brancusi lo demostró aportando el material que utilizó en su ejecución y la obra regresó al Salón. También muy interesantes son sus trabajos en madera, que parecen tótems. Es el caso de «Adán» y «Eva» o «Rey de reyes», que hizo para un marajá. Y, espectacular, la última sala, dedicada a los «Pájaros» de Brancusi. Cinco de ellos, bellísimos, subidos a altos pedestales, parecen echar a volar en una sala de enormes techos y luz natural.

Serra no ha acudido a la inauguración de la muestra en Bilbao, pues se halla en su ciudad natal, donde el MoMA San Francisco dedica una retrospectiva a sus dibujos. Abundan en la exposición de Bilbao trabajos monumentales con planchas de acero de varias toneladas, como «1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8», de 1987, que solo se había expuesto una vez; o «Circuito Bilbao», realizada para la ocasión, aunque es una escultura que hizo en el 72 para el MoMA. También hay una pieza con caucho de 1966-67 —su emblemática serie «Belts» (Cinturones)—, así como trabajos muy recientes: siete obras sobre papel (utiliza barra de óleo negro sobre papel japonés) y cubos en acero autopatinable, realizados este año.

Natividad Pulido, Bilbao: La escultura reducida a su esencia, ABC, 8 de octubre de 2011

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