GEOCRONOS Blog

Miró y su lucha contra la dictadura

Miró y su lucha contra la dictadura

Ubu_roiLa Fundación Picasso-Casa Natal (Málaga) acoge hasta el próximo 2 de octubre Miró. Su lucha contra la dictadura, una exposición que recoge litografías originales y diseños relacionados con la crítica que el artista catalán hizo al general Franco y su régimen a través del personaje de Ubú Rey. Este personaje del surrealista y precursor del teatro de absurdo, Alfred Jarry, centra la muestra de las obras de Miró perteneciente al coleccionista mallorquín y amigo del artista, Pere A. Serra.

La exposición, comisariada por Dolores Durán, muestra, por primera vez en Andalucía, dibujos, grabados, documentos, esculturas y objetos de Miró que reflejan su lucha contra Franco. Además se ve enriquecida con un personaje del espectáculo, diseñado por Miró, Mori el Merma: “Le Chien d’Ubu”, un ninot-escultura que representa el espanto y rudeza de la dictadura. Figuran también varios dibujos preparatorios para los posteriores grabados y litografías, además de una completa carpeta con las fotografías, bocetos y anotaciones sobre los personajes de Ubú.

Ubú, el personaje

Esta muestra es un resumen de la conexión entre Miró y Alfred Jarry a propósito de Ubú, el personaje de diversas obras grotescas escritas por Jarry. El Merma (Ubú) es identificado como el dictador. En 1966 Miró dio forma a su primera serie litográfica en torno a la figura de Ubú, el libro de bibliófilo editado por Tériade, titulado Ubu Roi, que recoge el texto de la farsa central de Jarry y que Miró completó con trece grabados.

En 1971 vio la luz la segunda serie de litografías, la que llevaría el título de Ubu aux Baléares. Son 23 litografías junto a textos alusivos a la obra de Jarry y siete páginas de texto caligrafiado sobre piedra, en los que la temática de Ubú se mezcla con un repertorio de frases populares mallorquinas, que se adaptan al protagonista de esta historia. Cuatro años después, en 1975, Miró trabaja en su último libro sobre el personaje de Ubú. Es L’Enfance d’Ubu, que incluye una serie de 38 obras entre las que se cuenta un grupo de estampas con palabras y textos procaces alusivos a blasfemias y obscenidades propias del acervo mallorquín.

PRESENTACION_DE_LA_EXPOSICION___MIRO._SU_LUCHA_CONTRA_LA_DICTADURA__04

Estos tres cuadernos o libros de bibliófilo se completan con Le Chien d’Ubu, la figura tridimensional realizada por Miró para la representación teatral Mori el Merma. La línea y el color toman el volumen en esta puesta en escena en la que Miró colaboraría con el grupo de teatro La Claca en 1977, bajo la dirección de Joan Baixas. Telón de boca, máscaras y personajes fueron pintados por el artista, como Le Chien d’Ubu, presente en esta exposición.

En la muestra figuran también varios dibujos preparatorios para los posteriores grabados y litografías; y una completa carpeta con las fotografías, bocetos y anotaciones de Joan Miró sobre los personajes de Ubú. Obras originales y poco conocidas que amplían la visión de un Miró polifacético y comprometido.

Picasso y Miró, puntos en común

No es la primera vez que la Casa Natal fija su atención en la temática ya que incorporó, en su primer año de vida, la carpeta de grabados de 1937 Sueño y mentira de Franco, un grito de rabia y dolor que Picasso concibió para denunciar la Guerra Civil española en la que Franco era un monigote ridículo, un monstruo ajeno a la razón. En ese mismo año, Joan Miró recogió la misma óptica de distorsión y burla en la ilustración que realizó para el programa de mano de la representación parisina de la obra bufa Ubú encadenado de Alfred Jarry.

Entre los muchos puntos en común existentes entre Picasso y Miró no sólo se encontraba un mismo posicionamiento para el arte y una amistad basada en el respeto mutuo por el trabajo, sino también un sentimiento político radical en contra de los sistemas fascistas.

En el punto en el que confluyeron sus ideas más rupturistas se encuentra la fascinación, también común, por Alfred Jarry y su personaje más conocido. Por ello, el malagueño realizó una serie de grabados con este personaje, e incluso, se inspiró en esta obra de teatro para la farsa Le Désir attrapé par la queue, escrita en enero de 1941. Por su parte, el mallorquín realizó tres libros ilustrados, con un gran número de grabados dedicados a este asunto y que son la base de esta exposición.

Málaga. Miró. Su lucha contra la dictadura. Sala de Exposiciones de la Fundación Pablo Ruiz Picasso. Hasta el 2 de octubre de 2011. Comisaria: Dolores Durán

Miró y su lucha contra la dictadura, hoyesarte.com, 26 de Junio de 2011

Piedras de un lago sagrado entre las ruinas de la antigua ciudad de Tanis

Piedras de un lago sagrado entre las ruinas de la antigua ciudad de Tanis

Bloque dedicado al rey Osorkon III o IV. | Fotos: Ministerio de Antigüedades de Egipto.
Herido por las crecidas del Nilo, Tanis es un enigma enclavado allá donde las venas del Delta enfilan el último tramo hacia el Mediterráneo. Fue capital de Egipto durante las dinastías XXI y XXII (1069-720 a.C.) y su eco real perduró hasta el siglo VI d.C., cuando su gloria fue abandonada por el miedo a una inundación. Tanis, su denominación en griego, fue Dyanet para los antiguos egipcios; San el Haggar en árabe y Zoán en el relato bíblico del éxodo de los judíos hacia la tierra prometida.

Lago sagrado en el Templo de Mut, en la antigua ciudad de Tanis.

La leyenda de Tanis -guardada por sus antiguos moradores, que levantaron a unos kilómetros de su ubicación el pueblo de Tennis- sobrevivió durante siglos y llegó incluso al celuloide. Un primerizo Indiana Jones descubrió entre los restos de su geografía el Arca de la Alianza, la preciada caja negra que debía albergar las tablas de piedra con los Diez Mandamientos.

Consagrada a Amón (símbolo del poder creador), su esposa Mut (la diosa madre) y el hijo de ambos Jonsu (dios lunar), las expediciones arqueológicas todavía horadan su tierra en busca de sus secretos. Una muralla, templos, colosos, obeliscos, esfinges o tumbas reales -algunas de ellas intactas y repletas de oro, joyas y otras piedras preciosas e incluso las máscaras funerarias de sus difuntos faraones- es el legado de la ciudad.

Un lago de 20 metros de largo

El alter ego de Harrison Ford, el ministro de Antigüedades egipcio, Zahi Hawas, anunció este lunes un nuevo hallazgo en Tanis. Arqueólogos franceses han descubierto cientos de bloques de piedra caliza coloreados y tallados que debieron emplearse en la construcción de las paredes de un lago sagrado ubicado en el templo de Mut. A juicio del egiptólogo, conservan algunos de los mejores relieves encontrados en la tierra de los faraones.

Según Hawas, las piezas podrían haber pertenecido al rey Osorkon II (872-837 a.C) y ser usadas en un templo o capilla. Se cree que la piedra fue reutilizada posteriormente en la época ptolemáica (332 a.C.-30 d.C.). Una vez completada la excavación y el estudio de los bloques, la misión gala reconstruirá el proyecto original para determinar si pertenecía a un templo o una capilla.

Bloque dedicado al rey Osorkon III o IV. | Ministerio de Antigüedades de Egipto.

La piedra permitió construir un lago sagrado que media 20 metros de largo, 12 metros de ancho y 6 metros de profundidad. De los 120 bloques que ya han sido desenterrados por el equipo de arqueólogos, 78 poseen inscripciones. Algunas indican su pertenencia al rey Osorkon III o IV e incluyen menciones a «la maestra Mut del lago Isheru».

Tanis, la ‘Tebas del norte’

Tanis, sita a 125 kilómetros de El Cairo, suma un nuevo hallazgo. Conocida como la ‘Tebas del norte’ por su enorme riqueza arqueológica, la ciudad ha recibido unos 6 millones de euros de las autoridades egipcias en un intento de bajar el nivel freático y controlar el agua superficial y subterránea. El objetivo es convertir las ruinas de una de las ciudades egipcias más antiguas en un museo al aire libre que disponga de centro de visitantes, instalaciones turísticas y un centro de exhibición de restos.

Un siglo y medio separa este último descubrimiento de las primeras incursiones arqueológicas. El pionero fue el célebre egiptólogo Auguste Mariette, que inició la excavación en 1860. Tras su muerte, Flinders Petrie halló el templo de Amón y entre 1928 y 1958 una misión francesa descubrió los templos de Mut y Horus y la necrópolis real, expuesta actualmente en el Museo Egipcio de El Cairo.

Francisco Carrión | El Cairo: Piedras de un lago sagrado entre las ruinas de la antigua ciudad de Tanis, EL MUNDO, 27 de junio de 2011

Antonio López: «Ha sido doloroso hacerme a mí mismo»

Antonio López: «Ha sido doloroso hacerme a mí mismo»

El creador se enfrenta estos días a su pasado durante el montaje de la ambiciosa retrospectiva que le dedica el Thyssen. En esta entrevista habla de su modo de trabajo, de los nuevos derroteros de su obra y de las enseñanzas que extrae del 15-M. Especial en EL PAÍS de la exposición de Antonio López en el Museo Thyssen

Antonio López, con su esposa, la también artista María Moreno, en el jardín de su casa de Madrid. Las dos esculturas formarán parte de la exposición del Thyssen.- ULY MARTÍN

El paso del tiempo, sí, el mismo tiempo que lleva décadas empeñado en detener con sus pinceles, sienta bien a Antonio López. Luce a sus 75 años una mirada tan viva como fresca. Como si envejeciese conservada en el formol de la pasión por la luz y el detalle. También retiene su legendaria minuciosidad. La misma que ayer sacó a pasear por las salas del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. Se acercaba por primera vez a supervisar el montaje de la más ambiciosa retrospectiva nunca dedicada a su obra. La muestra está comisariada por su hija María y el conservador jefe del museo, Guillermo Solana. López se movía en un bosque de cajas de madera y obras cuidadosamente apoyadas en las paredes. Esperaban pacientemente su destino vertical. Y al artista, que parecía dialogar con paciencia con cada una de las 130 piezas de la exposición.

Un par de días antes, en su casa de Madrid, esa que inmortalizó para la historia de la pausa Víctor Erice en El sol del membrillo, explicó que está dispuesto a dar un nuevo rumbo a su trabajo para volver a las personas. «Soy más libre que cuando era joven. Me ha costado mucho llegar a algo parecido a la estima por la vida y por mí mismo. El camino ha sido complicado. Hacerme a mí mismo ha sido doloroso».

Un conmovedor relato de las vueltas de ese camino espera a los visitantes a la exposición Antonio López, que el 28 de junio se abre al público en el Museo Thyssen. Será, sin duda, el acontecimiento artístico del verano. La selección hiperrealista del pintor de Tomelloso se centra en sus últimas pinturas, dibujos y esculturas, con incursiones en un pasado por el que desfilan los «amores de toda una vida»: Madrid, Tomelloso, los frutales, los retratos de su entorno familiar y, en especial, un homenaje de gran hondura a la escultura griega. Este tributo toma la forma de cuatro figuras, copias exactas de dos parejas de piezas rescatadas de las fauces del tiempo en el templo de Olimpia.

Pregunta. Esta exposición se anunció como pequeña… ¿Qué ha sucedido entretanto?
Respuesta. El proyecto nació al recibir el Premio Velázquez, que conlleva una exposición en el Reina Sofía. Desde la antológica que el museo me dedicó en 1993, no había mucha más obra terminada. Guillermo Solana [conservador jefe del Thyssen] me propuso hace más de tres años hacer la muestra con obra nueva, pero con saltos en el tiempo. De hecho, hay dos cuadros de 1953, dos trabajos inspirados en Tomelloso. Si no hubiera sido así, la exposición sería muy pequeña… A lo mejor no habría estado mal… Cuando las cosas se programan con tanta antelación, me equivoco siempre. Creí que iba a tener más obra reciente para mostrar.

P. Lo más reciente son sus siete vistas de la Gran Vía…
R. Están inacabadas. Va a ser como si la gente entrara en un estudio con unas cuantas cosas en marcha. Me parece muy interesante para ciertas miradas. Es una oportunidad para conocer mis procesos. Si la exposición fuera solo de obra comenzada, podría tener quinientas cosas. Empezar no me cuesta. Una vez tengo la idea clara, ponerlo en marcha es cuestión de una semana como mucho. Después entras en un laberinto complicadísimo.

P. ¿En qué fase están las cabezas de Delibes y de Ferlosio?
R. Empezada solo está la de Ferlosio. Dibujos, fotografías y las medidas tomadas tengo de Tàpies, Palazuelo, Delibes… Ahí están, a la espera de poder empezarlas junto con otras cosas más. Me está volviendo el interés por la figura humana. No por el mero retrato, sino por la descripción de la vida que hace la gente: afeitarse, lavarse… Esa parte de la historia que la pintura tiene olvidada y solo está viva en el cine, en la literatura, en la fotografía.

Antonio López, con su esposa, la también artista María Moreno, en el jardín de su casa de Madrid. Las dos esculturas formarán parte de la exposición del Thyssen. ULY MARTÍN

P. ¿Qué ha ocurrido para retomar ese interés?
R. Últimamente vivo mejor entre la gente.

P. ¿Este nuevo momento suyo acelerará el final del cuadro de la familia real? Ha pasado tanto tiempo que hay quien piensa ya en el famoso relato de Balzac, La obra maestra desconocida.
R. ¿Cómo puede dudar? Claro que lo acabaré. Lo he tenido que dejar para trabajar en cosas de la exposición. Tuve que elegir entre todo lo demás y el retrato.

P. Da que pensar que no estén los Reyes en el Thyssen, ni siquiera en la parte dedicada a cuadros inacabados.
R. No, claro. El acuerdo que tengo es que entrego el cuadro a Patrimonio en su destino, en el palacio de Aranjuez. Antes no se puede ver.

P. Fije el hilo conductor de la exposición.
R. No hay orden cronológico. Está dividida en dos espacios: en uno predomina un orden estético con obras esenciales que son mis amores y mi sustento. En el otro confluyen paisajes urbanos, frutales, retratos…

P. La muestra se antoja un autorretrato humano y artístico.
R. No podría hacer otra cosa. En la pintura o en los dibujos vas dejando una sustancia que es lo más íntimo de tu ser. Decirlo da apuro, pero no puede ser otra cosa.

P. No se autorretrata usted mucho en su pintura.
R. Hay una pintura, una pareja, que somos Mari [María Moreno, su esposa] y yo. La empecé, pero no me salió. Me harté y me impacienté porque entonces tenía menos paciencia que ahora. Le dije a mi mujer que utilizara la tela. Ella pintó un paisaje de Ávila nevado que tampoco le salió. La tela ha rodado por casa durante muchísimo tiempo. Hace como un año cogí una cuchilla y empecé rascar el paisaje de Mari y ha aparecido el cuadro que yo hice y que está en la exposición.

P. Será emocionante reencontrarse con tanta obra.
R. Es el mayor privilegio, si lo puedes resistir.

P. ¿Qué le inspira lo que ocurre en la calle, la ocupación de las plazas por los indignados, la desaparición de la izquierda?
R. Me inspiran una reflexión que compartirá muchísima gente: si es posible el camino lógico hacia el socialismo y más allá, se ha roto por la torpeza de estos personajes que ha habido. El hombre va a tener que encontrar una solución que no tenga que ver con bonitas palabras como bondad y generosidad y sí con el sentido común. La cosa se va a poner seria. Habría que escuchar a los hombres de ciencia más que a los banqueros. Así debe de ser por el bien de todos. También hay que hacer una llamada a encontrar el placer en las cosas básicas y renunciar a lo innecesario. La sociedad respondería a ese mensaje. En una especie de acto de justicia misterioso. Esta gran equivocación va a afectar también a los poderosos. O nos salvamos todos, o nos vamos todos al traste.

Ángeles García, Madrid: «Ha sido doloroso hacerme a mí mismo», EL PAÍS, 17 de junio de 2011

Las esculturas de Chillida veranean en la Costa Azul

Las esculturas de Chillida veranean en la Costa Azul

Últimos visitantes en el museo Chillida Leku antes de su cierre.EFE/Javier Etxezarreta


Dos centenares de obras
del genial escultor vasco y maestro del vacío Eduardo Chillida inauguran este domingo, en la Costa Azul francesa, la mayor retrospectiva del artista desde el cierre definitivo del Chillida-Leku, en San Sebastián, hace tres meses. Encaramadas en lo alto de una montaña con vistas al mar, las esculturas y dibujos de Chillida (1924-2002) pasarán el verano en la Fundación Maeght, que apostó por el artista donostiarra cuando era «el más joven» de los que habían expuesto hasta entonces para esa familia de galeristas. El hombre que dedicó su vida a «luchar contra Newton», tal y como explica uno de sus hijos y comisario de la exposición, Ignacio Chillida, encontró en la localidad de Saint Paul de Vence, que ahora vuelve a cobijar sus obras, un lugar de encuentro estival junto a artistas como Miró, Giacometti o Calder.

El evento ha necesitado de un trabajo titánico de preparación, con el traslado de algunas esculturas bajo escolta policial, indica Isabelle, nieta del conocido galerista Aimé Maeght, que destaca la oportunidad de celebrar la exposición «en este momento», después del sonado cierre del museo Chillida-Leku por problemas económicos. La exposición estaba planificada hace dos años
Aunque ya estaba planificada con dos años de antelación, la exposición ha cobrado de forma inesperada un simbolismo especial con el cerrojazo del museo donostiarra, aunque el comisario puntualiza que «lo importante es que la gente se dé cuenta que Chillida es Chillida, con o sin Chillida-Leku«. «Él ya dijo que era una utopía» su idea de museo al aire libre, asegura Ignacio Chillida, que aún cree que se puede llegar a un acuerdo con las instituciones públicas para que asuman parte del coste de la gestión del centro.

Mientras tanto, las obras del Chillida-Leku solo estarán al alcance de visitas privadas, con la excepción de acontecimientos como el que ahora tiene lugar, para el cual han viajado a la costa francesa más de 70 obras desde el museo vasco. Una treintena de esculturas de colecciones privadas y un abultado conjunto que pertenece a los propios Maeght completan la retrospectiva, que recorre el trabajo del artista en materiales que van del papel al hierro, todos ellos con su inconfundible sello. «Lo que es asombroso en su trabajo es que siempre buscaba pasar a través (de la materia), crear una obra con el vacío y con el espacio», resume Isabelle Maeght, quien añade que sus estructuras «siempre tienen una idea de levitación», a pesar de ser a menudo extremadamente fuertes y pesadas.

Se trata de una característica recurrente en la obra de Chillida, que se encuentra tanto en esculturas de papel y madera como de alabastro u hormigón. «Cada material tiene su propia vida«, afirma Maeght, que recuerda que el artista evitaba los materiales que no fuesen nobles. «No hay término medio con Chillida, siempre hay rigor, y para él la importancia de los materiales era capital», agrega. También los ángulos fueron una de sus obsesiones, y aunque decía que los ángulos rectos no le gustaban porque transmitían una sensación de enfado, lo cierto es que se encuentran frecuentemente en las obras de este artista que estudió arquitectura, y que abandonó los estudios a mitad de la carrera porque no sintonizaba con la visión del profesorado.

El peine del viento en San Sebastián, su obra más conocida, ejemplifica otra de sus pasiones, la musicalidad de sus obras una vez acabadas o durante el proceso creativo. El martilleo de los yunques en el caso de los trabajos de forja constituía así una de sus aficiones, recalca la responsable de la fundación francesa, que cuenta cómo Chillida retomó el trabajo con la arcilla tras escuchar por casualidad el ruido que producía su moldeo.

Su extensa obra podría culminar, de solucionarse su financiación, con la realización del proyecto escultórico de Tindaya, en la isla de Fuerteventura, donde el artista planeó horadar esa montaña en un juego de luces, otro de los elementos que sedujeron al vasco. «Se trata de un hombre que quiso ofrecer su obra a la humanidad«, destaca Maeght, en referencia a la idea que tuvo de fundar Chillida-Leku. Una voluntad a la que se ha querido rendir homenaje con la nueva exposición, en el municipio que el escultor nunca abandonó del todo.

EFE – Costa Azul: Las esculturas de Chillida veranean en la Costa Azul, 25 de junio de 2011

Récord para Schiele: 27,6 millones de euros

Récord para Schiele: 27,6 millones de euros

subasta_obra_egon_schiele_nuevo_record

La obra Häuser MIT Bunter Wäsche, «Vorstadt» II, de 1914, del pintor austriaco Egon Schiele (1890-1918), se convirtió anoche en la más cara de ese artista nunca subastada, doblando el anterior récord. La puja por la obra, celebrada en Sotheby’s de Londres, se cerró en los 24,6 millones de libras (27,6 millones de euros).

cuadro_Femme_voix_rossignol_dans_nuit_Joan_MiroAdemás, el cuadro Femme à la voix de rossignol dans la nuit (Mujer con voz de ruiseñor en la noche, 1971), de Joan Miró, se vendió por 4,7 millones de libras (5,3 millones de euros). Esta obra procedía de una colección particular española y salió por primera vez a subasta con un precio de entre 4,5 y 6 millones de libras. Se trata de un lienzo de colores intensos y es una de las composiciones de gran tamaño –130 x 195 cm– que ocuparon a Miró a principios de los años setenta.

Ambos cuadros se incluyeron entre las importantes obras de grandes maestros del siglo XX, como Miró, Picasso, Schiele o Giacometti, y de algunos de los más destacados artistas contemporáneos, entre ellos Bacon, Baselitz y Richter, que se ofrecían al mejor postor en la reputada casa londinense.

La obra de Schiele

El lienzo de Schiele fue comprado, el mismo año en que fue pintado, por el amigo del pintor y suSchiele_415 mayor mecenas, Heinrich Böhler, cuya viuda acabaría vendiéndolo en 1952 a Rudolf Leopold, fundador del Museo Leopold de Viena, que cuenta con la mejor colección del artista.

La pintura, un óleo sobre lienzo, se inspira en motivos sacados de Krumau. Fue en esta ciudad del sur de Bohemia donde nació la madre de Schiele. Hasta allí se trasladaron el artista y su amante Walburga (Wally) Neuzil en 1911 con el fin de escapar de la atmósfera cerrada de Viena. Irónicamente, fueron expulsados de la ciudad por el desacuerdo de sus habitantes con su estilo de vida liberal, y la pareja regresó a Viena un año más tarde.

El dinero obtenido con la venta será utilizado en parte para compensar con 19 millones de dólares (13,27 millones dólares) a los herederos de Lea Bondi Jaray, un comerciante de arte judío que perdió otra obra, que retrataba a Wally, a manos de los nazis cuando huyó de la capital en 1939, tras la anexión del país por Alemania. El Museo Leopold conserva en su colección otros ocho paisajes urbanos de Schiele de excelente calidad.

108,5 millones de euros

Alberto_Giacometti_Trois_hommes_qui_marchent_IIEn total, la venta de Arte Impresionista y Moderno celebrada en Sotheby’s recaudó 96,9 millones de libras (108,5 millones de euros) y 32 de los 35 lotes encontraron comprador.

Sotheby’s también halló comprador para Couple, le baiser (1969), un cuadro de Picasso adquirido por 6,5 millones de libras (7,3 millones de euros). Esa obra representa al artista y a su modelo, un tema recurrente en esos años, unidos en estrecho y erótico abrazo en medio de la naturaleza. También del malagueño suscitó gran interés Homme à la pipe et un couché de Pablo Picasso,vendido por 4,8 millones de libras (5,3 millones de euros).

De otro contemporáneo de Picasso, el también español Juan Gris, se ofreció un elegante bodegón cubista, Le Broc, pintado en septiembre de 1920 y que muestra los lementos claves de la iconografía cubista: una jarra, un vaso, una fruta y una hoja de papel. Alcanzó comprador por 881.250 libras (986.738 euros).

Una escultura filiforme del suizo Alberto Giacometti, titulada Trois hommes qui marchent II, que representa a tres hombres caminando en direcciones divergentes, se subastó por 10,6 millones de libras (11,9 millones de euros).

Entre los maestros impresionistas y postimpresionistas, otra de las obras vendidas, la titulada La liseuse (La lectora), de Toulouse Lautrec, que se puso en venta por primera vez en 70 años, llegó a los 5,6 millones de libras (6,3 millones de euros). El paisaje de Cézanne La rivière (El río) también alcanzó comprador al venderse por 2,5 millones de libras (2,8 millones de euros).

En cuanto a Tamara de Lempicka se superó el record pero solo en dólares, su obra La Dormeuse se vendió por £4.07 millones de libras (4,5 millones de euros). También se estableció un precio record para una obra en papel de Marc Chagall; Au-dessus de la ville dobló su estimación alta al venderse por 1.8 millones de libras (2,05 millones de euros).

Récord para Schiele: 27,6 millones de euros, hoyesarte.com, 23 de junio de 2011
Arte en medio de la violencia

Arte en medio de la violencia

Tras dos años de duras negociaciones, ‘Busto de mujer’, de Picasso, protagoniza en la Academia de Arte Palestina la exposición más pequeña del mundo

Un policía custodiaba el jueves Busto de mujer, en la Academia de Arte de Palestina.- ATEF SAFADI (EFE)

Nunca una exposición tan pequeña creó tanta expectación. Quizá porque nunca una obra de Pablo Picasso viajó a Palestina. El lienzo Busto de mujer, pintado por el artista en 1943, se encuentra ya en la Academia Internacional de Arte Palestina, con sede en la ciudad cisjordana de Ramala. El cuadro es el primero del pintor malagueño en ser mostrado allí, y su traslado ha costado dos años de arduas negociaciones. Desde ayer, y hasta el próximo 22 de julio, preside Picasso en Palestina, la exposición más pequeña del mundo. Será la única obra ofrecida al público a modo de metáfora de las dificultades sufridas por esa población, que alberga la sede de la Autoridad Nacional Palestina.

Busto de mujer es una pintura valorada en cinco millones de euros. Es también una de las estrellas de la colección del museo holandés Van Abbe (Eindhoven), que la ha cedido en nombre de su particular teoría sobre el papel del arte en la sociedad. O como dice Charles Esche, responsable del centro, «para que una colección europea contribuya a buscar una respuesta a las contradicciones de la realidad global en que vivimos». «Nuestro picasso vendrá cambiado de su viaje a Ramala. Y esta peripecia formará parte, para siempre, de la historia del cuadro. Es como si creáramos algo nuevo, preservando al mismo tiempo lo que teníamos», comenta.

Khaled Hourani, director artístico de la Academia Internacional de Arte Palestina, ha añadido aún otro acento al insólito viaje picassiano: «Intentamos arrojar luz sobre la realidad contemporánea de Palestina y darle a este proyecto el poder de lo imposible. Picasso en Palestina habla del valor del arte y también de relaciones humanas».

La idea de la muestra arrancó en 2009, cuando los alumnos de la Academia palestina escogieron el lienzo de pintor español para colgarlo en el centro. No solo señalaron a uno de los grandes nombres del arte moderno. Relatar los problemas de la mudanza -entre permisos de aduanas y seguridad- serviría para discutir el efecto del conflicto de Oriente Medio en el arte mismo surgido en la zona. Según los responsables del museo Van Abbe, durante el periodo de creación de Busto de mujer, en plena guerra mundial y poco después de la guerra civil española, «Picasso dejó claro su rechazo al conflicto bélico». Verlo en Ramala, por tanto, «ayuda a pensar en otras luchas ocurridas en otros lugares y momentos históricos». Para que la exposición cierre el círculo de compromiso artístico y social que ha dibujado, incluye un programa de conferencias que abordarán las repercusiones del intercambio artístico entre instituciones europeas y de Oriente Medio.

Pero tal vez la parte más emotiva de la expedición del cuadro sea su reflejo en el documental dirigido por el cineasta palestino Rashid Masharawi. Hijo de refugiados y nacido en Gaza, en El viaje de Picasso cuenta los detalles de dos años de negociaciones para embarcar la tela en un vuelo entre Ámsterdam y Tel Aviv. También sigue su paso por innumerables controles, y la escolta de agentes de seguridad israelíes que velaron el recorrido hasta Ramala. «Es un momento histórico para nosotros. Es muy importante poder darle al público una obra de este calibre», asegura Tina Sherwell, directora de la Academia Internacional de Arte Palestina. En el museo Van Abbe comparten su opinión. Esche anuncia: «Estamos ampliando las posibilidades de nuestra colección [que suma también varias piezas de Kandinsky] con gestos así».

Isabel Ferrer, La Haya: Arte en medio de la violencia, EL PAÍS, 24 de junio de 2011
Una nueva barca solar de Keops emerge del fondo de la historia

Una nueva barca solar de Keops emerge del fondo de la historia

Egipto desentierra la segunda embarcación del faraón que ha permanecido desmontada 4.500 años en su fosa original junto a la Gran Pirámide

Operarios retiran una de las losas que ocultaba hasta ayer la segunda barca solar de Keops, a las afueras de El Cairo. Zahi Hawass atiende a la prensa en el yacimiento.- KHALED DESOUKI (REUTERS)

Aún quedan misterios por desenterrar en Egipto. Ayer un rayo de luz tocó por primera vez uno que había permanecido bajo las arenas del desierto los últimos 4.500 años. Como dentro de un asfixiante onsen, baño termal japonés, se desarrolló ayer el alzamiento de la primera piedra de la fosa que ha guardado la segunda barca solar enterrada junto a la Gran Pirámide del faraón Keops. Húmedo, vaporoso, caliente. Repleto de cuerpos y cámaras que intentaban atisbar por las rendijas de la lona el movimiento de los trabajadores, mientras el sudor empapaba frentes y ropas.

El cubículo que ocultaba la embarcación se convirtió en el centro del país del Nilo por unas horas. Un lugar que volvía a reclamar la atención del mundo y de aquellos que han dejado de visitarle tras la revolución. Todo esto, en un clima y temperatura controlados. Científicos, ingenieros y operarios accedían cubiertos de pies a cabeza con trajes y máscaras especiales. Mientras el aluvión de periodistas, ávidos por inmortalizar el momento, se apiñaban frente al televisor y lanzaban miradas furtivas al sagrario de lona blanca. En su interior, el sonido de la radial y el olor de la piedra cortada, ahuecada, lo impregnaban todo.

Vigilados de cerca por el doctor Zahi Hawass, el ministro de Estado para las Antigüedades, los trabajadores alzaban un bloque de más de tonelada y media, centímetro a centímetro.

La expectación era mucha bajo la carpa donde el equipo del director de la restauración de la barca solar, Sakuji Yoshimura, profesor de la Universidad Wa-seda en Japón, ha trabajado los dos últimos años codo con codo con un equipo de egipcios. La embarcación fue descubierta en 1954 en un foso contiguo al de la primera barca solar, que se exhibe en el museo situado en la cara sur de la Gran Pirámide. Se decidió preservarla intacta bajo las 41 losas de caliza que la cubrían, para evitar daños.

Solo 30 años después, en 1987, se iniciaron estudios con ondas electromagnéticas y se tomaron muestras para ver su estado. Hawass explicó que la filtración de agua y los insectos que entraron tras una prospección de la National Geographic Society en aquella época con una pequeña cámara, introducida a través de un agujero perforado, contribuyeron al deterioro de las piezas. Por ese motivo «esperaba encontrar la madera en muy mal estado». Algo que al parecer no ha sucedido: «Al levantar la losa hemos podido ver que la situación no es tan grave y confiamos en poder restaurar la barca».

Del constructor de la Gran Pirámide, el segundo faraón de la IV dinastía, que reinó entre el 2609 y el 2584 antes de Cristo, apenas se conserva una imagen. Una pequeña estatuilla de escasos 10 centímetros que se conserva en el Museo de El Cairo. Ahora, además de un segundo barco, los arqueólogos han sacado a la luz un cartucho con su nombre, Keops, y un jeroglífico sin cartucho con el nombre de su hijo Kefrén.

La embarcación, de madera de cedro de Líbano y acacia egipcia, según explicó el ministro, será restaurada por el equipo de Yoshimura en un trabajo cuya conclusión esta prevista para dentro de cuatro años (montar la anterior llevó más de 20). Posteriormente, se expondrá en el nuevo museo en construcción en la meseta y que se inaugurará en 2015. Lo que verán los visitantes es una de las embarcaciones más antiguas del mundo. Una belleza estilizada de tonos marrones y remos como agujas que, si bien fue considerada un barco funerario para trasladar los restos del faraón a la capital, según el egiptólogo Zahi Hawass, «no lo es». En su opinión, «es un barco para el dios, no para el rey». Un barco solar para que Ra pueda recorrer el cielo cada mañana hasta la eternidad.

Nuria Tesón, El Cairo: Una nueva barca solar de Keops emerge del fondo de la historia, EL PAÍS, 24 de junio de 2011

Entre la utilidad práctica y el sentido simbólico

La extracción de la segunda barca de Keops nos devuelve, salvando las distancias (¡cuántas miradas y focos esta vez!), a uno de los grandes momentos de la historia de la arqueología en Egipto. «Como un gato… cerré los ojos. Con los ojos cerrados, olí incienso, un olor sacro. Percibí el olor del tiempo… de los siglos… de la historia. Entonces supe con seguridad que la embarcación estaba allí». Esto escribió -¡hay que ver cómo se emocionan los egiptólogos!- el entonces joven inspector del Servicio de Antigüedades Kamal el Mallakh al hacer un agujero el 26 de mayo de 1954 en lo que parecía una parte de los cimientos de la Gran Pirámide y resultó ser un foso cerrado por enormes lajas de caliza. Metió su antorcha y la luz iluminó lo que semejaba un montón de madera y luego ¡la punta de un remo! Fue un hallazgo colosal: una barca real de la dinastía IV, que pudo ser montada.

La barca de Keops sigue siendo una de las grandes atracciones de Egipto. Pese a que, desde luego, no es la única embarcación faraónica que ha llegado hasta nosotros (hay montones), ni la más antigua. Ese récord lo tienen los 14 barcos hallados en Abydos en 1991 y que datan de los tiempos de la primera dinastía (2950-2775 antes de Cristo).

Las barcas y barcos eran elementos omnipresentes en el Antiguo Egipto, cosa lógica en un país nacido alrededor de un río y con largas costas. Están representados por todas partes en templos y tumbas (recuérdense las numerosísimas maquetas funerarias). Al margen de su utilidad práctica, poseían un enorme significado simbólico: el dios Amón era paseado en una barca sagrada durante sus festividades y el dios solar Ra atravesaba los cielos cada día en el llamado barco del millón de años. El faraón, hijo de Ra, seguía ese celestial destino y, por tanto, necesitaba también su embarcación.

No se sabe a ciencia cierta para que servían los barcos de Keops. El primero está claro que navegó -aunque probablemente remolcado-, así que era un barco de verdad. Se cree que pudo ser empleado para transportar el cuerpo del faraón hasta la zona funeraria. Pero posiblemente también servía simbólicamente para conducir el alma del rey a reunirse con su padre divino. Lo que sí es seguro es para qué emplea ahora Zahi Hawass el segundo barco, que, pese a toda la emoción que nos provoca, estaría mejor dejándolo tranquilo en el sitio donde lleva años: para volver a poner las antigüedades egipcias (y a sí mismo) en el candelero y ayudar a remontar la caída del turismo.

Tiempo y tientos de Antonio López

Tiempo y tientos de Antonio López

Antonio López y su esposa María Moreno, frente a la obra La mujer en la bañera.- GORKA LEJARCEGIEl autor visita en vísperas de su inauguración la gran muestra del verano expositivo madrileño. Y observa al artista pelearse con el pasado mientras da los últimos retoques a la colocación de las 130 piezas incluidas en el recorrido.

En el atareado desorden de las horas finales del montaje de la exposición, Antonio López García va de un lado para otro por las salas del Thyssen, entre operarios, técnicos del museo, electricistas que ajustan focos, cámaras de televisión que toman primeros planos de las obras ya colgadas, algunas de las cuales ya tienen también la etiqueta con el título, la fecha, la técnica y los materiales. A otras solo las identifica un número sobre papel adhesivo pegado al cristal o al marco. Su hija, María López, con una desenvoltura entre erudita y doméstica, ayuda a disponer sobre un expositor aún no tapado por la vitrina de cristal varias hileras de dibujos, cabezas de escayola o de arcilla, pequeños retratos, bocetos de cabezas redondas de bebés que son los nietos sobre los que ha trabajado el artista en los últimos años: bebés dormidos boca abajo, perfiles de bebés con las líneas dibujadas y los números de las proporciones, cabezas calvas de bebés que muestran una serenidad absoluta, con los párpados entornados, en la perfecta quietud de un sueño que tiene algo de suprema contemplación budista.

A la entrada del museo, esos mismos rasgos a gran tamaño y fundidos en bronce convierten el retrato del nieto bebé en una gran divinidad benévola, la misma cabeza de volumen olmeca que lo recibe a uno al llegar de viaje en la estación de Atocha. María López dirige el montaje de las obras de su padre, y como todavía andan medio descabaladas y sin un lugar definitivo en las salas resalta más la variedad y la abundancia del trabajo del artista, los medios tan diversos en los que se ha aventurado, la cualidad de tentativa y proceso y no logro terminado y estático que hay en cada una de ellas. Antonio López García se mueve entre sus propios cuadros, esculturas, dibujos, bajorrelieves, y entre la gente que los va organizando, como un maestro de obras en un edificio a medio hacer, en el que no parece que, en medio de tanta gente que hace cosas específicas, sea él quien lo controla todo, o tenga al menos una autoridad significativa.

Casi a última hora ha retirado un par de cuadros para llevárselos a casa y añadirles algún retoque. La pieza más reciente, y quizás una de las más impresionantes, un hombre de bronce de tamaño natural, desnudo y tumbado como en una mesa de operaciones o de disección, con los ojos muy abiertos, llegó ayer mismo de la fundición. Dice Antonio López que si hubiera tenido más tiempo habría corregido algunas cosas, añadido detalles, quizás incisiones en la zona de la barba; pero ya no fue posible, y ahora, aceptando lo irreparable, da vueltas a la escultura tremenda mirándola desde ángulos diversos, pasando una mano sobre la superficie del bronce, como para asegurarse de su solidez, del misterio de la persistencia de la materia. Un momento después otra obra reclama su atención, el bajorrelieve policromado de una mujer dormida, tapada por el embozo hasta la cintura, con la bata abierta mostrando un pecho desnudo, o bien esa talla en madera de una niña tumbada en el nido con asas de un cochecito. Cada una de estas esculturas las terminó hace muchos años, pero para Antonio López no son definitivas, y las examina con una mezcla de alarma y de remordimiento, las toca, inclinándose sobre ellas, arrepentido de un detalle que añadió y que ahora le parece superfluo, de haber pegado una cremallera real en la capota del nido, en lugar de tallarla. «Eso de que las obras se terminan es una tontería», dice. «Las cosas se abandonan, o se dejan de lado, pero cómo van a terminarse».

Un viaje por sus temas predilectos

– La muestra, la retrospectiva más extensa nunca consagrada a la obra de Antonio López, de 75 años, abrirá sus puertas al público el martes en el Museo Thyssen de Madrid.

– Se titula, a secas, Antonio López, e incluirá 130 piezas entre óleos, dibujos y esculturas con algunos de los temas recurrentes en la obra del artista de Tomelloso. La Mancha, Madrid, la vida cotidiana y la figura humana desfilan en una exposición volcada en sus piezas desde 1993, pero con saltos en el tiempo.

– El conservador jefe del museo, Guillermo Solana, y la hija de Antonio López, María, son los comisarios.

– Entre las piezas más curiosas de la exposición figuran cuatro esculturas, dos parejas de piezas que son copias exactas de unas que el artista encontró en el templo griego de Olimpia.

En un cuadro descubre un detalle que ya no le gusta: «Si pudiera, si el cuadro fuera mío, intentaba arreglarlo». Las cosas no se terminan nunca porque la ambición del arte es atestiguar la realidad visible y tangible del mundo, y esa realidad está cambiando siempre, a cada minuto, es un flujo que no cesa, incluso en las cosas que parecen más sólidas, la firmeza casi mineral de una cabeza humana, los volúmenes de un edificio, el ángulo de una ventana o de una puerta. A lo fugitivo y perecedero el arte le imprime a veces una sugestión de eternidad: una cabeza egipcia de terracota, un busto romano, parecen detenidos en el tiempo y resistentes a él, pero están tan hechos de tiempo como de bronce o de barro, y si conmueven es porque nos muestran a la vez la individualidad irrepetible de un rostro que existió hace milenios y el carácter fugaz, muy pronto anacrónico, que hay en cada retrato.

La lentitud legendaria de Antonio López García no es un empecinamiento en lo bien hecho, una manía anticuada de primor caligráfico: es, como ha escrito Guillermo Solana, la conciencia aguda de que no hay obra verdadera que no esté haciéndose siempre, que no aspire a la tarea imposible de atrapar duraderamente lo que huye, el hecho mismo de la duración. Por eso, con mucha frecuencia, dibuja o pinta lo que está en marcha, en obras, lo provisional, lo todavía inseguro: sus cuartos de baño están dibujados con una atemporalidad de criptas egipcias, pero son casi siempre cuartos de baño inacabados, lugares en tránsito, como los de esa casa siempre en obras y llena de gente pasajera que retrató otro maestro de instantaneidades y lentitudes, Víctor Erice, en El sol del membrillo.

En una cultura obsesionada por la beatería de la modernidad, por la ortodoxia de lo nuevo y lo último, Antonio López García lleva muchos años soportando con ecuanimidad irónica el malentendido del realismo, del acabado artesanal, la condescendencia que en países muy provincianos se reserva para lo que es calificado de autóctono. Pero lo que hace original y grande a Antonio López no es su dominio formidable de las técnicas de la representación visual, sino su decisión y su capacidad de enfrentarse a cuerpo limpio al desafío del tiempo. En las salas del Thyssen se puede apreciar el arco de su vida entera, desde aquellos cuadros casi adolescentes en los que la observación aguda y probablemente instintiva de lo real ya estaba disciplinada por el conocimiento de la tradición artística, desde Mategna y Piero della Francesca hasta el Picasso de las figuras macizas de los años veinte. Pero lo que más asombra, mirando de cerca las obras, con la cercanía feliz de un montaje inacabado, es el temblor del tiempo, la urgencia de la pincelada o la línea, hasta la fecha y la hora apuntadas a lápiz en que se quiso atrapar un instante de luz. Antonio López convive en su imaginación de pintor con un museo imaginario y simultáneo en el que están los retratos egipcios, los bajorrelieves asirios, los bronces romanos, las caras de muertos de El Fayún, los personajes de Velázquez, de Vermeer, de Caravaggio. Pero ese pasado del que se alimenta tiene un filo de puro presente, de urgencia de ver y pintar y modelar y dibujar lo que está sucediendo ahora mismo, lo que hay delante de sus ojos, más vivos que nunca a los 75 años.

El pintor, junto a su esposa María y una de sus hijos, señala uno de los cuadros que componen la exposición en el Museo Thyssen-Bormemiza de Madrid. GORKA LEJARCEGI
El pintor visitó junto con toda su familia la exposición días antes de la inauguración de la muestra.. GORKA LEJARCEGI
El pintor Antonio López ultima los detalles de la exposición día antes de la inauguración.GORKA LEJARCEGI
Antonio López y su esposa Maria Moreno, en la exposición del Thyssen. GORKA LEJARCEGI
Antonio López observa el cuadro Madrid desde Vallecas que adquirió la Asamblea de Madrid. GORKA LEJARCEGI
http://www.elpais.com/recorte/20110623elpepucul_35/XXLCO/Ies/Familia_Lopez.jpg

Antonio Muñoz Molina: Tiempo y tientos de Antonio López, EL PAÍS, 24 de junio de 2011
Your Paintings

Your Paintings

A través de Wwwhat’s new entérome do proxecto Your Paintings co que a BBC, en colaboración con galerías e coleccionistas privados, pretende dixitalizar todos os cadros do Reino Unido. Neste momento hai case 63000 obras e, segundo a gráfica que pod…

Descripción general de privacidad

Este sitio web utiliza cookies para que podamos brindarle la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en su navegador y realiza funciones como reconocerlo cuando regresa a nuestro sitio web y ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones del sitio web le resultan más interesantes y útiles.