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Las Guerras del 14. Cuatro fechas clave para comprender la historia actual: 1714, 1814, 1914 Y 2014.

Las Guerras del 14. Cuatro fechas clave para comprender la historia actual: 1714, 1814, 1914 Y 2014.

Acabamos de publicar una nueva actividad en el CEP de Córdoba. Se trata de una nueva edición de las Jornadas de Historia que, año tras año, hemos ido ofreciendo al profesoradod e nuestro ámbito. Este año estarán dedicadas a cuatro fechas fundamentales en la historia reciente. En este 2014 han coincidido diversas efemérides de gran […]

EL ALGARROBO

EL ALGARROBO

Árbol típico del paisaje mediterráneo aunque la lentitud de su crecimiento y su abandono como cultivo productivo ha hecho que su presencia sea cada vez menor. Perfectamente adaptado a las sequías estivales, su fruto, envuelto en una dura vaina, puede perdurar varios años en el suelo, esperando las situaciones más propicias para germinar. Tradicionalmente sus […]

WILLIAM EGGLESTON: EL COLOR DE LA FOTOGRAFÍA.

WILLIAM EGGLESTON: EL COLOR DE LA FOTOGRAFÍA.

Dar color a un arte en blanco y negro. Esa ha sido la gran labor de William Eggleston, fotógrafo americano que tuvo el valor y la audacia de romper con el dogma de la película monocromática y comenzar a disparar a todo color.


Eggleston nació en Estados Unidos un par de meses antes de que al otro lado del Atlántico el sonido de las bombas y el de los fusiles anunciara con ferocidad el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Creció en el sur del país, en Mississippi, donde las granjas y las pequeñas ciudades están iluminadas por un sol que aviva los colores. Pero su primera cámara, una Kodak Brownie Hawkeye que llegó a sus manos cuando tenía diez años, no conseguía captar la nitidez con la que él veía los paisajes que le rodeaban. Una desilusión. Eggleston y la fotografía no iniciaban su relación con buen pie.


Esta fotografía es considerada por el autor su mejor obra
Durante seis años realizó una travesía por tres universidades diferentes. En ninguna obtuvo un título, pero aprendió mucho de su andadura en los campus. Se acercó a la pintura del pujante expresionismo abstracto y la obra de Kandinsky y de Klee. Y allí también le dio una segunda oportunidad a la fotografía. Comenzó a experimentar con impresiones monocromáticas intentado captar en sus imágenes lo mismo que los pintores atrapan en sus cuadros. Pensaba -y acertaba- que con una cámara fotográfica se podía hacer arte. Quería ir más allá del fotoperiodismo, de la publicidad y de las sesiones con modelos. Quería hacer lo que Henri Cartier-Bresson había hecho con su Leica. El fotógrafo francés parecía ser un buen referente en esto de los negativos y los cuartos oscuros.

La saturación del color es esencial en la obra de Eggleston
Pero Eggleston necesitaba ir más allá. Necesita dar más vida a sus fotografías y parecía que el color tenía la clave. Obviando los convencionalismos se lanzó a retratar lo banal pero siempre con una originalidad marca de la casa. Supo darle alma a escenas de extrema cotidianidad. Supo ponerle voz a ambientes que parecían mudos. Supo recoger la historia oculta de las cosas y demostrar que de cosas triviales está hecha la vida. Y para ello no tuvo que salir del Sur. A fin de cuentas, lo mundano está en todas partes.


A partir de esta primera etapa su producción se volvió imparable. Durante cinco décadas ha sido un constante trabajador de la fotografía. Siempre armado con una cámara ha admitido tomar imágenes a diario.


Algunas fotografías recuerdan al Hiperrealismo de Richard Estes

Sus retratos de la realidad aparentemente vacía recuerdan a trabajos de otros artistas de su época. El Arte Pop o el Hiperrealismo comparten con Eggleston el interés por reflejar la sociedad americana contemporánea. Una sociedad de plástico, de neones y de coches… y de color, de mucho color. Un color que el fotógrafo intensifica de manera exagerada gracias a la técnica de la transferencia de tintes (Dye Transfer) con la que se obtiene una saturación cromática impresionante.


Parece que su fotografía carece de técnica y que sus enfoques no responden más que al apunta y dispara. Pero detrás de la falsa apariencia de casualidad se esconde un complejo trabajo que se revela al analizar con detenimiento sus imágenes.


El MoMA de Nueva York le abrió sus puertas en 1976 y con ello Eggleston alcanzó la fama. Sus magníficos trabajos llevaron a la fotografía a color al campo de las Bellas Artes. Romper moldes y superar tradiciones inamovibles con una maestría única le han hecho ser uno de los fotógrafos más destacados del siglo XX. Pero además William Eggleston ha sido, casi sin quererlo, un excelente cronista de la realidad americana de los últimos cincuenta años a través del retrato de lo ordinario. Y es que a veces, las cosas más triviales se vuelven fundamentales.


Si te interesa saber más sobre William Eggleston no dudes en leer este genial artículo firmado por un profesor de la Universidad Panamericana. También puedes visitar la página web oficial del autor.
WILLIAM EGGLESTON: EL COLOR DE LA FOTOGRAFÍA.

WILLIAM EGGLESTON: EL COLOR DE LA FOTOGRAFÍA.

Dar color a un arte en blanco y negro. Esa ha sido la gran labor de William Eggleston, fotógrafo americano que tuvo el valor y la audacia de romper con el dogma de la película monocromática y comenzar a disparar a todo color.


Eggleston nació en Estados Unidos un par de meses antes de que al otro lado del Atlántico el sonido de las bombas y el de los fusiles anunciara con ferocidad el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Creció en el sur del país, en Mississippi, donde las granjas y las pequeñas ciudades están iluminadas por un sol que aviva los colores. Pero su primera cámara, una Kodak Brownie Hawkeye que llegó a sus manos cuando tenía diez años, no conseguía captar la nitidez con la que él veía los paisajes que le rodeaban. Una desilusión. Eggleston y la fotografía no iniciaban su relación con buen pie.


Esta fotografía es considerada por el autor su mejor obra
Durante seis años realizó una travesía por tres universidades diferentes. En ninguna obtuvo un título, pero aprendió mucho de su andadura en los campus. Se acercó a la pintura del pujante expresionismo abstracto y la obra de Kandinsky y de Klee. Y allí también le dio una segunda oportunidad a la fotografía. Comenzó a experimentar con impresiones monocromáticas intentado captar en sus imágenes lo mismo que los pintores atrapan en sus cuadros. Pensaba -y acertaba- que con una cámara fotográfica se podía hacer arte. Quería ir más allá del fotoperiodismo, de la publicidad y de las sesiones con modelos. Quería hacer lo que Henri Cartier-Bresson había hecho con su Leica. El fotógrafo francés parecía ser un buen referente en esto de los negativos y los cuartos oscuros.

La saturación del color es esencial en la obra de Eggleston
Pero Eggleston necesitaba ir más allá. Necesita dar más vida a sus fotografías y parecía que el color tenía la clave. Obviando los convencionalismos se lanzó a retratar lo banal pero siempre con una originalidad marca de la casa. Supo darle alma a escenas de extrema cotidianidad. Supo ponerle voz a ambientes que parecían mudos. Supo recoger la historia oculta de las cosas y demostrar que de cosas triviales está hecha la vida. Y para ello no tuvo que salir del Sur. A fin de cuentas, lo mundano está en todas partes.


A partir de esta primera etapa su producción se volvió imparable. Durante cinco décadas ha sido un constante trabajador de la fotografía. Siempre armado con una cámara ha admitido tomar imágenes a diario.


Algunas fotografías recuerdan al Hiperrealismo de Richard Estes

Sus retratos de la realidad aparentemente vacía recuerdan a trabajos de otros artistas de su época. El Arte Pop o el Hiperrealismo comparten con Eggleston el interés por reflejar la sociedad americana contemporánea. Una sociedad de plástico, de neones y de coches… y de color, de mucho color. Un color que el fotógrafo intensifica de manera exagerada gracias a la técnica de la transferencia de tintes (Dye Transfer) con la que se obtiene una saturación cromática impresionante.


Parece que su fotografía carece de técnica y que sus enfoques no responden más que al apunta y dispara. Pero detrás de la falsa apariencia de casualidad se esconde un complejo trabajo que se revela al analizar con detenimiento sus imágenes.


El MoMA de Nueva York le abrió sus puertas en 1976 y con ello Eggleston alcanzó la fama. Sus magníficos trabajos llevaron a la fotografía a color al campo de las Bellas Artes. Romper moldes y superar tradiciones inamovibles con una maestría única le han hecho ser uno de los fotógrafos más destacados del siglo XX. Pero además William Eggleston ha sido, casi sin quererlo, un excelente cronista de la realidad americana de los últimos cincuenta años a través del retrato de lo ordinario. Y es que a veces, las cosas más triviales se vuelven fundamentales.


Si te interesa saber más sobre William Eggleston no dudes en leer este genial artículo firmado por un profesor de la Universidad Panamericana. También puedes visitar la página web oficial del autor.
AGUILAS EN GERMANIA – Alberto Raúl Esteban Ribas

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Este es un libro sobre las campañas en Germania durante el gobierno de Augusto y Tiberio. Es un libro sobre el planteamiento de la cuestión germana derivada de la ocupación de la Galia y su inmediata proximidad, las primeras y exitosas operaciones militares de Druso para ocuparla, el establecimiento de la provincia de la Germania […]

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