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La herencia budista de Pakistán se muestra en Nueva York

La herencia budista de Pakistán se muestra en Nueva York

gandharaLa herencia budista de Pakistán: El arte de Gandhara es el nombre de la exposición que acoge la Asia Society desde hoy y hasta el 30 de octubre en su sede neoyorquina. Se trata de una muestra sin precedentes que brinda la oportunidad de conocer el rico patrimonio artístico, heredado de la tradición budista, de la región pakistaní de Gandhara. La muestra comprende tanto ejemplos de escultura monumental, como relieves y pequeñas piezas de oro y bronce, objetos muchos de ellos nunca expuestos con anterioridad en Estados Unidos.

La herencia budista de Pakistán refleja la coyuntura histórica y cultural que vivió Gandhara en la antigüedad, llegando incluso a desarrollar un estilo de arte totalmente original e independiente, fruto de un complejo entramado de influencias.

Tradiciones como la escita, la persa o la grecorromana alimentaron la extraordinaria producción artística de esta región del siglo I a.C. hasta el V d.C. «A pesar de la idea actual de Pakistán como un lugar de un violento extremismo, la región tiene una antigua tradición de tolerancia y pluralismo, como pone de manifiesto la supervivencia de estos espectaculares ejemplos de arte de Gandhara», explica Melissa Chiu, directora del Asia Society Museum.

El budismo y el arte Gandhara

En su época de esplendor, el reino de Gandhara ocupaba un vasto territorio que abarcaba desde Bamiyán en Afganistán–, Bactria y el Hindu Kush, hasta la región india del Punjab. Prácticamente todo el arte legado por esa dilatada región es de origen budista.

El budismo llegó a Gandhara por primera vez en el siglo III a.C., gracias sobre todo a la Ruta de la Seda, que conectaba las culturas del Mediterráneo con China, y que a través de sus largos recorridos expandió esta novedosa religión.

asia_society_new_york_Standing_bodhisattva_MaitreyaSin embargo, fue entre los siglos II y IV d.C., bajo el dominio de la dinastía Kushana, cuando Gandhara vivió su época dorada y el arte alcanzó su mayor esplendor. Los Kushana eran un pueblo procedente de las estepas de Asia Oriental que invadieron Bactria y posteriormente el noroeste de la India y lo que hoy es Pakistán. Si bien no eran inicialmente seguidores del budismo, Kanishka, monarca del siglo II, se convirtió en uno de los mayores mecenas y patrocinadores de esta filosofía. Como consecuencia, fue también una región de gran importancia para el desarrollo de las imágenes de Buda y de su vida, así como por su novedoso concepto de bodhisattvas, que finalmente se convirtió en un componente esencial de la tradición budista Mahayana.

Organización de la exposición

La exposición está organizada en tres secciones atendiendo a su temática. Conexiones con lo clásico, la primera sección, examina los tempranos vínculos con el mundo clásico, en contraste con el arte budista procedente de la India. La influencia de la cultura grecorromana en la región se inició con su conquista por Alejandro Magno, aunque los indo-griegos que ocupaban Gandhara alrededor de 180 a.C. fueron los responsables de la influencia helenística evidente en los primeros trabajos artísticos. Decoración de temática mitológica de Grecia y elementos arquitectónicos occidentales, como capiteles corintios, se pueden admirar en esta sección.

La segunda sección, Narrativa y contexto arquitectónico, examina la combinación de las características locales con elementos derivados tanto de India como de occidente encontrados en la arquitectura de Gandhara. Ejemplo de ello es un estupa característico del arte de Gandhara. Esta sección también incluye relieves narrativos que representan escenas de la vida de Buda, y que proceden de estupas y otros monumentos. Los relatos muestran las grandes diferencias estilísticas entre la obra de artistas de Gandhara con representaciones procedentes de artistas del norte de India.

La tercera sección de la muestra, Budas y Bodhisattvas, explora la diversidad visual de la imaginería de Budas y bodhisattvas en Gandhara y cómo esto se relaciona con el carácter polifacético del budismo en la región. En este apartado encontramos la llamada estela de Mohammed Neri, una enorme talla considerada una de las obras maestras del arte de Gandhara.

Nueva York. La herencia budista de Pakistán: El arte de Gandhara. Asia Society. Del 9 de agosto al 30 de octubre de 2011. Comisaria: Adriana Proser.

Carmen Fernández-Daza: La herencia budista de Pakistán se muestra en Nueva York, hoyesarte.com, 9 de Agosto de 2011

Los budas de Bamiyan estaban coloreados

Los budas de Bamiyan estaban coloreados

Expertos europeos y japoneses estudian los fragmentos de las dos grandes esculturas del siglo VI destruidas por los talibanes en Afganistán hace 10 años

Ilustración de los dos budas de Bamiyan en que se aprecian los colores de sus túnicas. ARNOLD METZINGERLas dos monumentales estatuas de buda del valle de Bamiyan (Afganistán), datadas en el siglo VI y destruidas por los talibanes hace una década, empiezan a desvelar sus secretos a los científicos que están estudiando sus fragmentos desde hace un año y medio. En origen y antes de la conversión de la región al islam, los dos budas eran de colores brillantes (uno de ellos, el mayor, en tonos rojizos y el otro en blanco) y se repintaron varias veces, con diferentes colores en el interior y el exterior de los ropajes, según han averiguado los científicos europeos y japoneses que están examinando los restos. También han logrado una datación exacta de las estatuas mediante espectrometría de los materiales orgánicos intercalados en las capas de arcilla, determinando que la estatua más pequeña (de 38 metros de altura) fue construida entre 544 y 595, mientras que la más alta (de 55 metros), entre 591 y 644.

Las dos estatuas estaban alojadas en nichos en un acantilado de un kilómetro de largo del valle de Bamiyan, en la Ruta de la Seda, y constituyeron, hasta el siglo X, el centro de un gran complejo budista. En 2001, los talibanes las destruyeron a tiros y con explosivos hasta convertirlas en varios cientos de fragmentos que los investigadores, trabajando en nombre de la Unesco, están examinando. Los dos budas apenas habían sido estudiados hasta ahora con técnicas modernas de análisis. Estos estudios, además, permiten evaluar la perspectiva de su reconstrucción, al menos en parte.

Hueco de uno de los grandes budas del valle de Bamiyan vacío tras la destrucción de la estatua por los talibanes hace 10 años.-«Los budas estuvieron durante un tiempo intensamente coloreados», explica Erwin Emmerling, de la Universidad Técnica de Munich (TUM). Sus investigaciones han permitido desvelar que, antes de la conversión de la región al islam, las estatuas fueron pintadas y repintadas, probablemente porque los colores se iban desvaneciendo. Las túnicas estaban pintadas de azul oscuro en su interior y rosa y naranja brillante por fuera. Al final el buda grande estaba pintado de rojo y el pequeño de blanco, con el interior de la ropa en azul pálido en ambos casos, según explican los especialistas de la TUM en un comunicado. Estos detalles de los análisis confirman los relatos del siglo XI, que hablaban de un buda rojo y un monje blanco.

Las dos estatuas (la grande, de 12 metros de fondo, y la pequeña, de dos) fueron esculpidas directamente en la roca del acantilado quedando encajados en nichos. Pero los adornos se hicieron separadamente y se añadieron con diferentes técnicas. Eran adornos de arcilla aplicados en dos o tres capas con maestría que asombra a los científicos actuales: «Las superficies están perfectamente lisas, algo que solo encuentras en materiales elaborados al horno como porcelana», explica Emmerling. Dentro de la arcilla hay paja que absorbe bien la humedad, pelos de animales que estabilizan el material y cuarzo y otros aditivos que evitan el agrietamiento. La capa de abajo está sujeta con cuerdas amarradas a estaquillas de madera. Esta técnica permitía al artesano aplicar capas gruesas, de hasta ocho centímetros de grosor, «que han sobrevivido no solo 1.500 años, sino incluso a los efectos de las explosiones, en algunos fragmentos», dice Emmerling.

La cuestión de la conservación y posible reconstrucción in situ de las dos piezas es controvertida. Se está preparando una simulación por ordenador, en tres dimensiones, de todo el acantilado con las estatuas en su posición original. Emmerling es escéptico acerca de las posibilidades de rehacer la grande, la de 55 metros con 12 de fondo, mientras la pequeña tiene más posibilidades. La idea, en cualquier caso, es recomponer los fragmentos más que intentar una reconstrucción. La misma conservación de los trozos es complicada y la restauración de las figuras podría chocar incluso con obstáculos políticos.

El equipo de Icomos (Consejo Internacional de Monumentos y Yacimientos, de la Unesco), que coordina todos los trabajos, ha recuperado y albergado todos los fragmentos de los budas en almacenes temporales en la zona y las piezas más grandes se han protegido in situ. Pero es una solución solo temporal, porque la piedra es una arenisca muy porosa y frágil. Los especialistas no están muy seguros del resultado que pudiera dar a largo plazo, en las condiciones climatológicas del valle de Bamiyan, las resinas sintéticas habituales en los trabajos de restauración y se están planteando utilizar una nueva técnica de inyección en la piedra de un compuesto de silicio. Las operaciones de conservación de los fragmentos exigirían construir una pequeña planta en la misma zona de Bamiyan; la alternativa sería transportar hasta laboratorios en Alemania unos 1.400 trozos de las esculturas de hasta dos toneladas algunos de ellos para los trabajos.

Las capas inferiores de los adornos de los budas de Bamiyan estaban sujetas con cuerdas y estaquillas de madera.- EDMUND MELZL / ICOMOS

Piezas recuperadas de los dos budas de Bamiyan tras su destrucción en 2001.- CATHARINA BLAENSDORF/ TU MUENCHEN

Alicia Rivera, Madrid: Los budas de Bamiyan estaban coloreados de rojo, blanco y azul, EL PAÍS, 1 de marzo de 2011

Tesoros saudíes en el CaixaForum

Tesoros saudíes en el CaixaForum

El Príncipe, en la inauguración. | EfeEl Príncipe Felipe, junto con el Príncipe Sultán bin Abdulaziz Al-Saud y el Príncipe Saud bin Naif bin Abdulaziz Al-Saud han inaugurado este viernes en el CaixaForum de Barcelona la exposición ‘Rutas de Arabia’, con más de 300 tesoros arqueológicos, la mayoría de los cuales nunca antes habían salido de Arabia Saudí. La muestra, que vio la luz en el Museo del Louvre de París, ha sido coorganizada con la Comisión Saudí para el Turismo y las Antigüedades. Su vicepresidente, Ali Ibrahim Al-Ghabban, ha destacado que es un ejemplo de las relaciones «extraordinarias» entre España y su país.

Con un hilo argumental inspirado en las antiguas rutas comerciales, la muestra reúne básicamente piezas arqueológicas antiguas, anteriores a la irrupción del Islam. El objetivo es informar al mundo de que su territorio «siempre ha sido una tierra abierta al diálogo cultural», según Al-Ghabban. Así, se perciben rastros de las civilizaciones grecorromana, egipcia y mesopotámica. El recorrido arranca con los rastros que dejaron en la piedra las comunidades prehistóricas paleolíticas y neolíticas que se establecieron en el golfo arábigo hace más de 10.000 años, y prosigue con varias muestras de arte nómada funerario del IV milenio a.C. Estas esculturas antropomorfas, que Al-Ghabban ha comparado medio en broma con los modernos dibujos de Picasso, son una de las estrellas de la exposición, que se nutre de los descubrimientos de los últimos 30 años de excavaciones. Avanzando un poco en el tiempo se llega al esplendor de los oasis, convertidos, aViene del Louvre. | Domènec Umbert partir del primer milenio a.C, en epicentros de intercambio cultural. Otras de las piezas centrales de la muestra son tres grandes estatuas que representan a hombres de torso desnudo en arenisca roja de los siglos IV-III a.C. Son tres reyes descubiertos recientemente que ni siquiera se han visto en Arabia. La parte final de la muestra está dedicada al florecimiento del islam, y a la conversión de las rutas comerciales en rutas de peregrinaje hacia la Meca y la Medina. De este periodo se exhiben estelas funerarias de rica ornamentación del cementerio de la Meca y una gran puerta otomana de plata y oro que fue colocada en la Kaaba en el siglo XVII.

«Jamás hemos estado al margen de la historia», ha asegurado Al-Ghabban como síntesis de la exposición. En su opinión, todavía hay mucho «desconocimiento» sobre la verdadera historia de su país, y su responsabilidad es hacer la máxima difusión. «Que el Reino de Arabia Saudí invita al diálogo de civilizaciones es algo que viene de una tradición veterana», ha remarcado. Ha aprovechado para señalar que los árabes que llegaron a España en el siglo VII desde Arabia Saudí no eran «bereberes» sino «gente civilizada».

Los tesoros árabes estarán en Barcelona hasta el 6 de febrero de 2011 y no visitarán ninguna otra ciudad española. Después viajarán a San Petersburgo, Berlín y Estados Unidos. Además de los príncipes saudíes y el de Asturias, al acto también han asistido el presidente de la Generalitat, José Montilla; el delegado del Gobierno en Catalunya, Joan Rangel; el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu; el director general de la Fundación La Caixa, Jaume Lanaspa; y el administrador general del Louvre, Herve Barbaret.

Formada por 300 piezas. | Domènec Umbert

Hasta el 6 de febrero. | Domènec Umbert

Europa Press | Barcelona: Tesoros saudíes en el CaixaForum, EL MUNDO, 12 de noviembre de 2010
Los arqueólogos de los Guerreros de Xi’an, Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales

Los arqueólogos de los Guerreros de Xi’an, Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales

Premio a los guerreros de terracota. O mejor dicho, a los hombres y mujeres que los han devuelto a la vida tras más de dos mil doscientos años enterrados como el ejército de ultratumba del primer emperador chino. El jurado de los premios Príncipe de Asturias ha decidido galardonar la labor del esforzado equipo de arqueólogos y científicos de otras disciplinas que desde que se produjo el primer hallazgo fortuito de guerreros en 1974 no han dejado de extraerlos a millares minuciosamente, estudiarlos, restaurarlos y dar a conocer al mundo sus maravillas. Es especialmente por esta tarea de divulgación de uno de los grandes tesoros representativos del esplendor de la cultura de la antigua China por la que el colectivo de investigadores de los soldados de Xian, que dirige Liu Zhangheng, ha merecido el premio. Esta candidatura fue propuesta por Carlos Blasco Villa, embajador de España en China.

El hallazgo de este mausoleo funerario es uno de los grandes descubrimientos de la antropología, comparable a la tumba de Tutankamón. El lugar de la última parada de los soldados artificiales que protegían el mausoleo del primer emperador de China, Quin Shihuang (221-207 a.n.e.), que unificó los territorios de China y fundó la dinastía Qin y estuvo obsesionado con la inmortalidad; este yacimeinto fue descubierto por campesinos en la primavera de 1974 durante unas obras de regadío a unos treinta kilómetros de la ciudad de de Xi’an, antigua capital imperial en la que hoy es la provincia de Shaanxi. Su hallazgo ha tenido un gran impacto en la investigación de la escultura, la arquitectura y la sociedad china durante ese periodo de formación y consolidación del imperio.

El ejército está formado por más de 7.000 figuras de guerreros y caballos de terracota de tamaño natural que fueron enterradas en formación de batalla, a poca distancia de la tumba del primer emperador de la dinastía Qin. El hallazgo fortuito de una estatua de grandes dimensiones llevó al descubrimiento de lo que hoy se conoce como fosa número 1. Este espacio es una gran cámara subterránea rectangular de 230 metros de longitud, orientada de este a oeste, y 62 metros de anchura de norte a sur; en su interior se encontraron unas 6.000 estatuas de guerreros, carros y caballos de terracota dispuestos en once pasillos de tres metros de ancho y 200 metros de largo. Dos años después, en 1976, se descubrió la fosa número 2, situada a unos 20 metros al norte de la anterior. Más pequeña, alberga una colección de caballería con más de 1.400 piezas, entre caballos y jinetes, distribuidos en 14 filas, y protegidos por arqueros. Al poco tiempo, se encontró la tercera fosa, la más pequeña, con 68 figuras de oficiales, comandantes y generales. En 1980 apareció aún otra fosa con carros de bronce de gala, quizá una copia de los del propio emperador. Parece que estaba previsto que el ejército enterrado fuera aún mayor -se ha encontrado una cuarta fosa vacía- pero la muerte del emperador puso límite a su tropa de ultratumba. Estos guerreros de tamaño natural, rasgos individualizados y completamente equipados, estaban enterrados en un gran foso con pasillos y rampas a un kilómetro y medio del monte Li, el gran túmulo funerario del emperador, y agrupados en orden de batalla: arqueros, ballesteros, infantería, caballería y carros. Todos los rostros de las figuras tienen rasgos distintos, ya que fueron moldeados uno a uno, mientras que bustos y extremidades fueron realizados con moldes. Asimismo, se puede distinguir en las figuras gran diversidad de vestimentas y peinados, en función del personaje que se quisiera representar. Se estima que la construcción del mausoleo duró en torno a 38 años y que en su construcción participaron cientos de miles de obreros y artesanos.

Tras iniciarse la excavación arqueológica de los fosos se construyó un museo en el lugar, abierto al público en 1979, que permite ver en su emplazamiento a los soldados, parte de los cuales, en pequeños destacamentos viajeros, han sido exhibidos en distintas exposiciones por todo el mundo que han atraído millones de visitantes. Algunos de esos soldados itinerantes han despertado ocasionalmente dudas sobre su autenticidad. Los guerreros de Xian figuran desde 1987 en la lista de la UNESCO de Patrimonio de la Humanidad. Desde su apertura, ha recibido más de 60 millones de visitantes de todo el mundo.

Recientemente, en el año 2007, se descubrió un edificio enterrado de 30 metros de altura, que podría encontrarse sobre la tumba de Qinshihuang, bajo una colina artificial de unos 51 metros de altura. El Instituto de Arqueología de Shaanxi reveló que, a través de técnicas de detección remota, se había detectado la estructura de una cámara con cuatro paredes y un grupo de escaleras simétricas, aunque hasta el momento no se ha procedido a su excavación. Los científicos también han detectado la existencia de un avanzado sistema de drenaje, que habría evitado que las filtraciones de agua inundaran la tumba. Quin Shihuang quiso que su tumba reprodujera el universo y encerrara todas las maravillas del mundo, un programa constructivo de aúpa en el que puso a trabajar, se dice, a más de 700.000 personas.

Si el hallazgo de los guerreros es un hito de la arqueología, su excavación, estudio y conservación es una de las tareas más colosales que haya acometido jamás la ciencia. Según los expertos, los descubrimientos realizados hasta el momento son muy importantes, pero todavía quedan muchos trabajos por hacer, ya que se trata de uno de los hallazgos arqueológicos más relevantes de China y su excavación y conservación plantea enormes dificultades técnicas. El túmulo sepulcral del emperador, precisamente, no ha sido excavado todavía por el respeto que provoca la magnitud de la tarea y a la espera del desarrollo de la tecnología adecuada para estudiarlo sin alterarlo. Se ha hecho mucho pero queda un trabajo ingente por realizar. El material es tan abundante que las autoridades y los arqueólogos chinos han sido muy prudentes a la hora de extraer más tesoros. De hecho, las excavaciones en la zona de los guerreros estuvieron veinticuatro años detenidas hasta que se reanudaron en 2009. Entre los objetivos se contaba entonces encontrar la figura del comandante en jefe del ejército. Una de las sorpresas fue el hallazgo de soldados sin barba, lo que según los arqueólogos indica que eran esculturas de reclutas jovencísimos, quizá de 17 años de edad. Este mismo año, el equipo que dirige Xu Weihong ha descubierto 114 nuevos guerreros que conservan su pigmentación en colores vivos.

Arqueólogos chinos trabajan en la reconstrucción de uno de los Guerreros de Xian. EFE

Panorámica de la tumba de Quin Shihuang. EFE

El príncipe Felipe en noviembre de 2000 observa una de las naves donde se conservan los guerreros de terracota en el museo que visitó en la ciudad china de Xian. EFE

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